Cristian Carrizo

Un veterano juvenil que no se rindió y consiguió su oportunidad

Cuando el polvo de la liga cordobesa parecía el destino final, Cristian Carrizo firmó contrato en Instituto a los 23 años; una historia de esfuerzo y perseverancia.

Atarse los botines y levantarse las medias había sido primero el pasaporte a la diversión. El avance del tiempo hizo que ese ritual alimentase el anhelo del futbolista. Más tarde, se convirtió en un acto de perseverancia, de resistencia, de intentar una y otra vez. A los 23 años y después de 15 en Instituto, Cristian Carrizo firmó su primer contrato. La demora no frustró el sueño, que ahora es realidad y será parte del plantel de la Gloria que arrancará la Primera Nacional.

“No sé si había perdido la ilusión de firmar el primer contrato, porque si uno tiene un objetivo claro no te caés. En estos últimos dos años tuve la mente enfocada únicamente en esto porque a partir de mi edad era quemar las últimas fichas. Se me dio en un momento en el que me siento maduro para compartir un platel profesional. Me siento muy feliz”, le cuenta a Enganche con el inconfundible acento de Córdoba capital.

De los 6 a los 8 años empezó a patear la pelota en Unión Florida y ahí pasó al club que formó en sus divisiones inferiores a Mario Alberto Kempes, Osvaldo Ardiles y Paulo Dybala, entre muchos otros. Después de todo en recorrido por las categorías de AFA no encontró lugar en el primer equipo y su destino fue el equipo rojo y blanco que juega la liga local de la provincia. La mayoría de las veces, ese torneo puramente amateur es un camino sin retorno. Sin embargo, Cristian sí encontró la salido, y fue hacia el mejor destino. Después de varias temporadas, ahora le llegó el momento por el que tanto luchó. “Gracias a Dios nunca bajé los brazos y acá están los frutos”, enfatiza.

“La firma del contrato del Monito Carrizo no es solo un triunfo de él, sino de todos los jugadores olvidados y muchas veces denigrado en la Liga Cordobesa. Los clubes optan por traer refuerzos de dudosa procedencia y muchos de estos chicos terminan en la liga de acá, la última trinchera para seguir detrás sueño que una vez ahí muy pocas veces se cumple. Carrizo aguantó y a una edad que parecía improbable que lo consiga, firmó un vínculo como profesional”, contextualiza los 23 años logra firmar su primer contrato.

Si la siesta s un descanso necesario para los futbolistas y un mantenimiento de la calidad de vida que casi no se negocia lejos del barullo de Buenos Aires, para Navarro dormir en las horas de la tarde era imprescindible, a partir del trabajo nocturno con el que sostenía su hogar. Hasta que la distribuidora de gaseosas que lo empleaba lo echó. Mantuvo el hábito de la siesta, y apenas un par de semanas después de haberse quedado sin trabajo un llamado lo despertó: era del club para contarle lo que hace años deseaba escuchar.      

“Enseguida le mandé un mensaje a mi mamá, que estaba trabajando, porque no quería que se entere por los medios o las redes sociales. Después cuando nos vimos a la tarde nos abrazamos y lloramos juntos”. Mercedes sostuvo a su hijo como solamente una madre puede hacerlo: en los primeros años lo llevaba 15 kilómetros en bicicleta para ir desde el barrio hasta el predio La Agustina y al regreso de los entrenamientos de nuevo había que pedalear.

Dentro del club hubo una persona clave para la forma del contrato: César Zabala, en técnico que había terminado el campeonato pasado como interino tras el alejamiento de Diego Cagna. El entrenador santafesino con un recorrido de 9 años en la institución fue promovido desde la primera local al fútbol profesional. Su progresión fue también la de Carrizo al asegurarles a los dirigentes que el capitán del conjunto amateur era un valor importante para este nuevo proceso.

“Es un jugador que deja todo por cada compañero. Con nosotros jugó de volante central, pero también puede hacerlo de volante por derecha; podés confiar plenamente en él porque tiene buen pase, y también quiste o llega a posición de gol según la función que se le asigne. Traerlo a primera fue por méritos suyos. En el nuevo proyecto de Instituto él es un ejemplo para todos.     Cristian es una excelente persona, con valores de vida muy altos. Jugando en la primera local trabajaba de noche, se acostaba a las cuatro de la mañana y después venía a entrenar. Por acciones como esas, por su liderazgo y por su manera de trabajar era el capitán del equipo”, le explica Zabala a Enganche.     

“El primer sueldo espero disfrutarlo con mi familia y la de mi pareja, que son pilares clave para que haya llegado a esto. Y después quiero arreglar un poco mi casa, para seguir progresando”, se ilusiona el Monito, apodo que le puso un de sus hermanos que quedó para siempre.