Tanzania

A sus plantas rendido un león

En Tanzania el fútbol pretendió ser una herramienta de dominación por la colonización británica, pero devino en un elemento sustancial en la nación que nacería.

Con el mundo cerrado por la pandemia, Dar es Salaam ofreció una imagen totalmente distinta. Hubo un día en el que las calles de la antigua capital de Tanzania se vistieron de amarillo y verde, los tradicionales colores del Young Africans, uno de los dos gigantes del fútbol de ese país. Quien no conociera esa escena, podría pensar que esos hinchas estaban arriesgando su vida para festejar un título, o un clásico ganado. La historia era distinta: simplemente celebraban la llegada de dos jugadores extranjeros. ¿Cómo explicar tremendo fenómeno, tan fuera de la época por recordarnos aquella “vieja normalidad”? Entender lo que significa el fútbol en este país del este africano requiere un fino trabajo de comprender cómo las pasiones se vuelven un tema central en la vida pública de un país. Porque en Tanzania, el fútbol es mucho más que una pasión. Es una cuestión de estado.

El fútbol desembarcó a comienzos del Siglo XX bajo el control del Reino Unido en esa región, que la denominaba en ese momento Tanganyika. En un principio el fútbol estaba reservado sólo para las elites o los soldados del ejército británico, quienes empezaron a crear equipos que disputaban torneos entre si. Sin embargo, los colonos utilizaban al fútbol como un elemento de dominación social. Al introducirlo en la sociedad pretendían, por un lado, inculcar los valores occidentales y, por otro, fomentar divisiones en la estructura social de manera tal que alejara a las distintas etnias de un objetivo común. La pasión prendió muy velozmente entre la gente y la historia terminaría dando un resultado muy distinto al pensado originalmente. Bajo las narices del yugo británico nacían los dos clubes mas importantes del país, uno de los cuales incluso pondría en jaque a los mismos colonizadores.

El Young Africans nació oficialmente en 1938. Surgió de las entrañas populares de Zaramo, una zona de clase baja en Dar es Salaam, donde ya años antes varios jóvenes habían formado equipos amateurs. En un contexto donde la mayoría de los clubes eran de extranjeros, el Young Africans representaba una propuesta contracultural con un equipo de nativos que obtenía sus jugadores de las mismas zonas obreras que eran marginadas diariamente. Así, su popularidad, sobre todo en aquellas barriadas más humildes, fue creciendo rápidamente a la par también de los buenos resultados deportivos que iba logrando. A paso firme, el Yanga (así es su apodo coloquial) rápidamente obtuvo siete títulos de la liga local de Dar es Salaam durante la década del 40. Esa popularidad lo volvió un club muy importante cultural y políticamente. Esta importancia le dio un lugar clave en las últimas décadas de colonialismo británico, y se cifra también en esta identidad local y de clase baja en la cual se originó el club. Para aquella época, por ejemplo, estaban prohibidas las reuniones políticas o partidarias, y su sede oficiaba como punto de reunión para el Tanganyika African National Union o TANU, el partido del movimiento independentista creado por Julius Nyerere, figura clave en la independencia del país.

Otro hito del club y su relevancia política es la asociación formal del Yanga con el Wananchi Sports Club, equipo de la isla de Zanzibar con fuertes vínculos con lo que luego sería el Afro-Shirazi Party (ASP), el partido gobernante de aquella isla. Se podría decir que el vínculo entre ambos clubes premonizaba la posterior unión entre el TANU y el ASP, que daría en primer lugar la creación del partido político que aún sigue gobernando, el Chama Cha Mapinduzi (CCM) y también a la unificación de Tanganica y Zanzibar en lo que hoy conocemos como Tanzania a partir de 1967. Sin ir mas lejos, en la década del 70 el mismo ASP otorgó parte del presupuesto estatal destinado para el Wananchi para que el Yanga pueda construir una nueva sede social.

En esta historia hay otro actor central. En 1936, tras una separación dentro del plantel del Yanga, varios ex jugadores fundaron el Sunderland Football Club, que luego tomaría su nombre actual: Simba Sports Club. Los miembros iniciales del Simba, a diferencia del Yanga, surgieron de la Escuela de Gobierno en Kariakoo, y su origen era de clase media y media alta. Eran principalmente empleados estatales o comerciantes de origen árabe. El Sunderland se hizo pronto su lugar en la escena local de Dar es Salaam, ganando la Copa en 1942 y empezando a crear la rivalidad entre el Simba y el Yanga que perdura hasta la fecha. Dicho clásico hoy representa a la mayoría de los hinchas en Tanzania, teniendo aficionados en todas las ciudades y en todas las clases sociales. Este crecimiento y la popularidad de ambos clubes fueron posibles no sólo gracias a sus buenos resultados, sino también al declive de los equipos de origen británico tras la independencia de Tanganica y la asunción al poder de Nyerere y el TANU en 1961.

Tras la independencia, el fútbol comenzó a quedar bajo la órbita del nuevo gobierno de Nyerere. En la visión del nuevo gobierno, el deporte más popular tenía una importante misión. El fútbol jugaría un rol central en la construcción de la identidad nacional, tan necesaria en una novel nación con un gran número de grupos étnicos que la conformaban. Quizás uno de los grandes legados de Nyerere haya sido subsumir esas diferencias tribales, a diferencia de otros países en África donde esas tensiones están más presentes aún hoy en la sociedad. La forma de cumplir esta misión incluyó, por ejemplo, el despido en 1967 de todos los directivos de la federación de fútbol para poner a miembros alineados con el TANU, haciendo lo propio también en las estructuras dirigenciales del Yanga y el Simba. De esta manera se aseguraban una conducción en los dos clubes más importantes del país alineadas a los deseos y las órdenes del partido. Otro ejemplo surgió tras un clásico entre el Simba y el Yanga que terminó con incidentes. La federación acusó al entrenador del Young Africans, nacido en Zambia, de comenzar los disturbios y acto seguido, el gobierno (y no el club) despidió al entrenador para apuntar a un entrenador nacional, al mismo tiempo que prohibió los jugadores y los técnicos extranjeros en la liga. Según la visión del partido, los jugadores y entrenadores extranjeros eran los responsables de la creciente ola de violencia dentro de las canchas, que iba contra la actitud y los valores que querían transmitir desde el Estado. Finalmente, con el fin de tratar de eliminar todo vestigio de colonialismo, el TANU también exigió que todos los clubes tengan nombres autóctonos. Así, por ejemplo, el Sunderland cambió su nombre al Simba para cumplir esta misiva.

Todas estas cuestiones se inscriben dentro de un término clave: ujamaa. Podríamos traducirlo del swahili como “hermandad” y es una definición muy fuerte dentro del socialismo africano que planteaba Nyerere. Como concepto implicaba un número de prácticas que deberían llevar a los países africanos a la autosuficiencia tanto económica como política. La implementación obligatoria y gratuita de la educación en swahili, el sístema de gobierno de un solo partido, y la centralización de la producción y de los recursos, son solo algunos de los aspectos que se inscriben dentro de esta filosofía. En el fútbol, esto significó que los clubes debían funcionar como una propiedad colectiva, con una dirección centralizada pero valiéndose solo de los aportes de los socios más los recursos que los clubes puedan generar. Debían así reflejar, en especial los dos clubes grandes de la capital, los valores y la importancia de este concepto dentro del deporte para utilizarlo de vidriera a la nación.

Con el pasar del tiempo y el giro del CCM a una política de apertura más capitalista, en especial tras la muerte de Nyerere y con la caída de la Unión Soviética, la filosofía ujamaa iba a mostrar sus falencias en muchos aspectos de la vida política tanzana, incluyendo al fútbol. Los clubes fueron quedando resagados respecto a sus pares en otros países del este africano, como Kenia o Uganda. Sin recursos y sin instalaciones deportivas propias de calidad, también la generación de futbolistas fue mermando a pesar de la pasión que nunca se extinguía. Esto se ve en los resultados de la selección de Tanzania, cuyos dos mayores hitos son haber clasificado a la Copa Africana de Naciones en 1980 y recién casi 40 años después en 2019. Tanzania incluso no pudo aún festejar un título oficial ni con la Copa CECAFA, que nuclea a las naciones de aquella región, algo que sí pudo hacer de manera excepcional Zanzibar (que puede disputar estas competencias pese a no estar afiliada a la FIFA) en 1995.

Más allá de este declive, la pasión por el fútbol local nunca disminuyó en el país, lo que contrastaba con otras ligas con severos problemas económicos. De a poco el pedido de los hinchas fue comenzar a pensar un esquema al menos mixto y que vaya dando lugar a una necesaria modernización de los clubes. Quizás el principal factor de esto fue la creación del Azam FC en 2007, un equipo del Bakhresa Group, la corporación más grande del país. Si bien el club fue fundado por trabajadores, rapidamente fue tomado por la empresa Azam, que tiene también los derechos televisivos de la liga. Su profesionalización y los recursos dados, rapidamente dieron resultados y se hicieron fuertes en la liga, llegando a ganarla en 2014. Esto supuso un golpe para el Simba y el Yanga. El primero en acusar recibo fue el Simba. En 2018, Mohammed Dewji, uno de los hombres más ricos de África y CEO de la multinacional MeTL Group, compró el 49% de las acciones del club. La modernización del club fue llevada a cabo por el CEO Senzo Mbatha. De origen sudafricano, Mbatha no sólo dispuso de los nuevos fondos de los que disponía el club de la mejor manera reforzando al equipo, sino que también comenzó un fuerte trabajo de marketing y redes sociales para afianzar y expandir el alcance del club. Este trabajo dio sus frutos. El Simba no sólo domina el fútbol tanzano hoy, sino que logró por primera vez en 20 años clasificar a fase de grupos en la Champions Africana, haciendo de la localía una fortaleza con llenos totales de sesenta mil personas.

Ante la notoria superioridad del Simba, el Yanga respondió este año. Una mañana de agosto, Senzo Mbatha anunciaba sorpresivamente su renuncia como CEO del Simba para horas después ser confirmado en el mismo cargo en Young Africans. La noticia causó un shock no sólo en el fútbol local, sino en toda la escena africana. Este movimiento demuestra la profesionalización que está tomando el fútbol en ese país, donde la partida y llegada al clásico rival de un gerente es noticia y también marca la importancia personal de Senzo como un actor importante dentro del fútbol africano.

El Simba respondió contratando a la figura del Yanga, el polémico futbolista ghanés Jordan Morrison. Entre estos eventos, los hinchas de ambos equipos llenaban las calles de Dar es Salaam por casi cualquier motivo: la salida de una nueva camiseta, la llegada de algún jugador extranjero al aeropuerto (en Tanzania pueden fichar hasta diez) o el “Día del Equipo”, donde ante un estadio nacional lleno cada equipo presenta a su plantel, juega un encuentro amistoso y ofrece un espectáculo musical a sus hinchas. Todo esto permitido en medio de la pandemia gracias a que su actual presidente, John Magufuli, líder hoy del CCM, eliminó cualquier restricción respecto al coronavirus cuando consideró a la pandemia finalizada y decretó que el COVID había sido eliminado de Tanzania por gracia de Dios. La realidad es distinta: La alta informalidad de la economía tanzana, sumada a su bajo promedio de edad y su relativa suerte al importar pocos casos de Europa, no permitía un lockdown estricto por mucho tiempo. Ante ese riesgo, el fútbol tanzano hoy ofrece imágenes que el mundo del fútbol no suele ver: estadios llenos, una liga que sólo se detuvo por poco tiempo (contrastando con otros países africanos donde aún hoy siguen sin competencia), partidos vibrantes y pasión en las calles. Quizás por eso tomó tanta importancia el fútbol de aquel país y le permita despegar finalmente.

Tanzania es un claro ejemplo de que el fútbol africano puede y debe ser un espectáculo para su gente y no un mero formador de futbolistas para las ligas europeas, y puede serlo si se le destinan los recursos necesarios y se hacen bien las cosas, aunque aún quede mucho trabajo por hacer.