Brian Sarmiento

Acelerar, frenar, enganchar y volver a ser

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La fama que nació con el fútbol se multiplicó con la participación en el show televisivo más popular. Después de subir muy alto y caer muy fuerte, Brian Sarmiento reencontró su esencia en All Boys.

Se bajó de un BMW flamante para subirse a un colectivo SUBE en mano. Cambió las comodidades de los entrenamientos en el fútbol de elite para ponerse a hacer milanesas en la carnicería de su hermano. Dejó una cuenta de Instagram con cientos de miles de seguidores por otra que apenas tiene un pequeño puñado de adeptos. Se precipitó de la alegría eufórica a la depresión desoladora. Hasta que se reencontró con su esencia y volvió del retiro anticipado para, otra vez, serpentear con desparpajo en una cancha. A Brian Sarmiento la sonrisa no lo abandona y la misma picardía que tiene con los botines puestos brota con ingenio en cada frase. El pibe que no quiso dejar de serlo le contó a Enganche los altibajos de una vida que parecen varias.   

“Estoy pasando un momento muy feliz, con el corazón lleno de alegría. Estoy muy contento”, asegura con la mirada diáfana. Y se adentra en la etapa que dejó atrás: “La pasé muy mal en mi último tiempo en Newell´s. Me tocó un momento oscuro, con depresión. Me fui a Grecia y ahí terminé de hundirme del todo. Hoy, en All Boys, que es como mi casa, me estoy divirtiendo mucho. Volví a jugar al fútbol después de un año y medio en el que no quería hacerlo”.  

Parte del volver a ser se lo debe a su hermano, que lo llevó a vivir con él cuando la brújula giraba enloquecida. Recobró entonces el contacto con la realidad cotidiana, la del transporte público, el trabajo en un comercio y los quehaceres de una casa. Ante la rotura del sistema de descarga del inodoro, se dio cuenta que no tenía ni idea de cómo solucionarlo, primero cuando fue a la ferretería para comprar el repuesto y después para colocarlo. Un tutorial de Youtube lo ayudó a cumplir con la reparación.

“Tuve casi tres años de mucha euforia, de mucha fama de un día para el otro. Pasé de vivir normal, como lo hago ahora, a un momento en el que no podía salir a comer tranquilo. Me pasó entonces de no querer relacionarme con la gente, no quería salir de mi casa y me caía mal que me saluden. No salía con mis amigos. Y yo no soy así, sino todo lo contrario: soy súper sociable. Le dije a mi agente que no quería más eso. Había muchos amigos del campeón, aunque yo estaba jugando un juego en el que sabía a lo que iba; pero cuando te cae la ficha de verdad es grosso. No estás preparado para una caída desde tan alto. Entonces decidí alejarme de todo y tomarme un tiempo con mi vida personal y con el fútbol”.   

Tuvo que lidiar con las etiquetas que le colgaron, ninguna vinculada al profesionalismo con el fútbol. Hoy vive en un monambiente, tiene dos pares de zapatillas, no tiene ni quiere tener auto y en Floresta volvió a ser.

“En All Boys tenemos muchos chicos, que son muy buenos y representan el futuro del club. Yo la viví y ellos saben que viéndome a mí, por lo que yo pasé, pueden aprender. Me gusta que me escuchen y ayudarlos a que no se manden las cagadas que me mandé yo. No me arrepiento de lo que me tocó, porque lo disfruté un montón estar en el programa de Marcelo Tinelli. Pero yo me dedico amo el fútbol y me dedico a jugar al fútbol, y esa parte no era compatible. Cuando quise volver a jugar mi representante me contaba que me valoraban como jugador pero que había un perfil que no les gustaba, ¡y yo sabía que no era eso! La gente muchas veces se piensa que por que uno es alegre, canta una canción o hace un baile está de joda”, explica.

Sarmiento en los estudios del Club 947, como invitado en Enganche Radio.

La última parte de mecha que tenía que hacer explotar la bomba que tenía en su interior se consumió en Rosario, la ciudad que paso de ser acaso la más futbolera del país a ser la más desquiciada por el fútbol. “Ir a Newell´s fue mi sueño, que lo cumplí; pero cuando estaba ahí me di cuenta que había sido una cagada ir. La estaba pasando mal. No disfrutaba porque la gente está tan loca y tan enferma que no lo podés disfrutar”. Brian se hizo amigo de Gonzalo Bettini cuando ambos compartieron plantel en Banfield y en el momento en que convivían en la ciudad a orillas del río Paraná, no se podían mostrar juntos porque uno había quedado del lado leproso y otro del canalla.   

El regreso a la actividad se dio de la forma más azarosa. De vacaciones en México, donde había ido a buscar aire y tranquilidad, se encontró con Darío Stefanatto, símbolo de All Boys. Tequila de por medio, lo invitó a sumarse al Albo para regresar al fútbol en el club en el que había estado en 2013. Un brindis y otro más sellaron la vuelta. Después de hablar con Nicolás Cambiasso pero sin avisarle a nadie más, de un día para el otro apareció en el vestuario para entrenarse con los que serían sus nuevos compañeros. Hoy a las órdenes de Pepe Romero, el fútbol volvió a ser lo que era. Los festejos de gol mantienen el festejo del perreo, pero con nueva coreografía.

Tiene una cruzada por desdramatizar al fútbol profesional, por hacer entender que los jugadores puede ir a un bar o a un recital después de una derrota sin que eso implique una inconducta profesional. “Nos cuidamos, descansamos y nos alimentamos bien; salir y disfrutar de otras cosas es algo que también necesitamos, pero que no se acepta”.

Brian Sarmiento no se resignó a vivir sin alegría y supo salir del agujero en el que había caído. Hoy necesita mucho menos de lo que tuvo para sentirse pleno. El fútbol terminó de completarlo otra vez.