Aixa Franke

La piba que quiere abrir las pistas para todas

Con un Citroën 3CV modelo 1976 arrancó a darle forma a una pasión que la tiene como una de las referentes del automovilismo femenino. Representante del Racing Girls, sueña con ser la primera campeona del Turismo Carretera.

El cockpit se mueve. Vibra. “El izquierdo es el embrague. El derecho es el acelerador”. Viene la curva. Acelera a fondo. Pasa. La concentración es clave. “El izquierdo es el embrague. El derecho el acelerador”, se repite. Agarra la zona sucia de la pista pero no le afloja al pedal. “El izquierdo es el embrague. El derecho es el acelerador”, sostiene en su cabeza. Se le tuerce el entrecejo. Afina la mirada como un lince. Siente la velocidad. Se pega a la butaca. “El izquierdo es …”. De golpe, el embrujo se rompe. Aixa Franke desconecta su mirada de la puerta del horno, afloja la cuchara de madera que usa de palanca, suelta el plato que oficia de volante, levanta la cabeza y le espeta a la mamá: “Ma, ¿cómo era lo del embrague y el acelerador?”. Tiene 8 años, pero piensa como corredora. Cuando a los 11 se suba por primera vez a un auto ya sabrá todo. La chica que cada verano va a los “fichines” y sólo usa videojuegos de autos sabe, y tal vez eso sea lo único que sabe, que en su futuro hay un pista. El camino, claro, no será fácil.

A los 15 años, en la edad en la que muchas de sus amigas planeaban la fiesta de hadas, llegó el sueño de su primer bólido: un Citroën 3CV modelo 1976. Lo restauró durante dos años. Lo lijó. Lo pintó con convertidor de óxido. Le cambió la bocina. Lo retapizó. Hasta llegó a tener un fierro debajo del asiento con el que le pegaba al burro de arranque para que los carbones que encendían el auto se despegaran. Hizo todo sola. Bah, con una pantalla, ya que aprendió casi todo sobre los autos con tutoriales de YouTube y videitos de Internet. Los que la conocen cuentan que su padre le daba la mamadera mirando la Fórmula 1 y que la pasión se instaló ahí. La herencia del viejo, que falleció cuando ella tenía apenas 7 años, fue una caja de herramientas. Camino marcado.

Aixa Franke a toda velocidad.

Aixa Franke ya cumplió con su proyecto. Muchos años después de aquellas carreras frente a la tapa del horno y otros tantos después del 3CV, la nena de Bariloche se convirtió en una veloz piloto de GT2000, categoría en la que representa a “Racing Girls”, un equipo con mecánicas mujeres. Allí, Aixa comienza a abrir el camino que ella misma relata, el que sufrió en carne propia y el que busca liberar para otras. “Apenas el 2% de las licencias deportivas habilitadas para correr en Argentina son de mujeres”, repite con la certeza de un disparo. Lo acompaña de una sentencia contundente: “A eso lo tenemos que cambiar”.

–¿El automovilismo ya le abrió las puertas a las mujeres o todavía no?

–Falta muchísimo. Yo peleo todos los días por ser más. A mí me llegó por la insistencia. Pero fue difícil. Soy de Bariloche y allá no había autódromos. Resulta que cuando me vine a estudiar, unas compañeras iban al Mouras a ver correr a otro compañero. Yo me moría por ir al autódromo. Entonces, medio que me les sumé. Autos seis cilindros. Escape libre. Entré y me puse a llorar. Directamente. Supe que era para mí. Pero no sabía cómo. El auto que tenía no daba para correr. Mi vieja me había hecho la promesa que si terminaba la carrera me iba a regalar un auto. Y lo cumplió. A la semana, en secreto, me fui a correr el cuarto de milla al autódromo. Sola, de la nada. Llegué, pregunté, pagué la inscripción y me fui al auto. En eso me calzo el casco que había llevado, que era tipo hormiguita, abierto adelante. Y escucho que me gritan: “¡Con eso no podés correr!”. Viene un tipo y me dice que me consigue uno. Me lo calza y estaba todo chivado, con un olor… Encima mi rival ya había calentado neumáticos. Me paré en la línea y aceleré. Tuve la suerte de que a mi rival lo descalificaron. Y fui ganando hasta la final.

–¿Llegaste a la final en tu primer día?

–Sí. A mi rival le decían El Ruso. Quíntuple campeón. Con un 504 todo enfierrado. De película. Me temblaban las patas. Cuando se puso en verde, me paré arriba del pedal. Y le gané. No me voy a olvidar más. Estaba la gente esperándome para felicitarme. Me acompañaron a buscar la copa, que era un trofeo que medía un metro de alto. Gané 2000 pesos. Cuando llegué a casa me decidí a contarle a mamá. Le mandé una foto con la plata a lo Mayweather, re contenta. Pensé que se iba a poner feliz. Me dejó de hablar una semana por haber ido sin avisarle. Se re enojó. Pero yo ya lo supe ahí: esto es lo mío y nadie me va a frenar. Me cambió la vida.

Aixa y su equipo: todas mujeres.

–¿Y cuál fue el segundo paso?

–Empecé a buscar gente por Internet y arreglé para sumarme a los track day, que es cuando vos vas a los circuitos a girar con tu auto de calle. Me compré unas gomas en una página web, medio sin saber, y me mandé. Las cambiaba con mi cricket. Viajé sola a Arrecifes. Estuve un año yendo a esas convocatorias.

–¿Cuántas mujeres había corriendo?

–Ninguna. Ni una. Yo me di cuenta que, igual, sabía mucho más de lo que pensaba. Había visto todo lo que había en Internet. Todo. Coches. Mecánica. Cosas. Manejo. Lo que había lo consumía.

–¿Y cómo te sentías siendo la única?

–Ya con que me vieran era una victoria. Ocupar ese espacio era mi éxito, porque todos sabían que estaba ahí por mi pasión, que no me había puesto nadie. Que me lo iba ganando. Después, muchas veces me ha pasado que me miren raro por ser mujer. Una vez, en un equipo, marcaba que el auto no frenaba bien. Y uno de los encargados de la preparación me decía: “No, es que vos no sabés manejar. El gps me marca que no frenás bien, piba. No sabés”. Entonces, lo encaré y le dije: “¿Y quién de la categoría te gusta cómo maneja?”. Y me marcó a uno. Hombre, claro. Perfecto. Le pagué una prueba al piloto ese para que pruebe el auto. Nos citamos el miércoles en el autódromo. Le di el auto al piloto. Pegó una vuelta y se bajó puteando. “¡Vos querés que me mate! ¡Este auto no frena!”. Mirá hasta dónde tuve que llegar. Yo reconozco que no soy la piloto con más experiencia, pero nadie le pone tanto como yo. Eso te lo aseguro.

–¿Y ahora?

–Abrí las puertas para que muchas se sumen. De eso se trata. Cuando organizamos el cuarto de milla, pusimos 70 cupos para mujeres. ¿Sabés qué pasó? Hubo 70 tipos odiándome por quedarse afuera. O me pasa de escuchar: “Che, para ser mina bastante bien, eh”. Lo mejor que nos pasó es que sumé mecánicas a nuestro equipo. Hay pibas con posgrados en Milán. Otras que laburaron en empresas. Juntas, con el Tano Sena, que es el dueño del equipo, armamos el primer equipo de automovilismo integrado por mujeres. Tienen que venir más.

–¿Tenés un sueño específico de cara al futuro?

–Ser la primera mujer campeona del Turismo Carretera. Ese es mi sueño completo. Me veo ahí, en el top, ganando. Es un sueño. Está lejos. Pero estoy yendo para adelante. Está Ianina Zanazzi, que es una referente y que también me abrió camino a mí. Ojalá algún día haya una mujer campeona del Turismo Carretera. Te aseguro que ese día nuestro trabajo va a estar hecho.

–¿Qué le dirías al tipo que todavía te cierra las puertas?

–Que lo vamos a cambiar. Cueste lo que cueste, a esto lo vamos a cambiar. Hay que romper con el mito de las mujeres y el manejo. Las necesitamos en las pistas. Sin miedo y a toda velocidad. Es sólo cuestión de tiempo. Esto ya está cambiando. Al que no la vea venir, lo vamos a pasar por arriba.