Ana Gallay

Emperadora de la arena

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Es la jugadora de beach voley más representativa de la Argentina y a los 33 años, lejos de pensar en el retiro, sueña con estar en Tokio 2020. La historia de una entrerriana que se hizo jugadora por necesidad.

Nació y se crió en el campo hasta los 8 años. Allí, dicen, forjó su carácter y dio sus primeros pasos en el vóley. Su abuela Coca sabía que cuando encontraba una gallina desplumada era porque, sin querer claro, algún remate de Anita se había desviado. Y no fueron pocas las gallinas que recibieron pelotazos que les daban más que un susto.

En el campo, el esfuerzo y el trabajo son diarios. Casi de sol a sol. No hay frío ni calor que altere la rutina. Tampoco hay mucho tiempo para las palabras. Por eso,  hay  características que los define: rectos, con convicciones fuertes, trabajadores, leales, familieros, frontales. Todo eso es Ana Gallay. Tanto dentro como fuera de la cancha va de frente  y lucha por el deporte que ama. “Este torneo no fue de lo mejor que he vivido. Me pasó de llegar a Lima y querer que se terminara inmediatamente. Nos habían exigido medalla y yo pensaba que si no conseguíamos subirnos al podio el deporte se terminaba y eso era una tristeza muy grande para mí”, dice mascullando un poco de tristeza. Y continúa: “Ese fue el estrés más grande que pasamos. Los primeros partidos los jugamos con mucha tensión y la pasamos muy mal adentro de la cancha”.

Gallay se convirtió en una de las banderas domésticas del beach vóley vernáculo. En todos y cada uno de los logros que ese deporte obtuvo, la nogoyaense  fue protagonista. Llevó por primera vez la disciplina a un Juego Olímpico en Londres 2012 junto con Virginia Zonta. Fue la primera deportista que ganó una medalla en un Juego Panamericano (Oro en Toronto 2015 con Georgina Klug). Se convirtió en la primera deportista argentina que participó en el circuito mundial y hace un puñado de días se colgó la medalla de plata en Lima 2019 con Fernanda Pereyra. A pesar de todo eso, todavía tiene que seguir luchando y buscando sponsors para financiar su carrera. Nada nuevo para los deportistas argentinos que luchan contra la desidia de una dirigencia más propensa a las fotos protocolares con los ganadores de turno que a convertir el deporte, todo el deporte, en un catapulta que se sume como columna vertebral de la Argentina. “Después del partido con Chile, nuestro entrenador Pablo del Coto, que se daba cuenta toda la presión que veníamos arrastrando nos encerró, nos dijo que ya no le importaba la medalla y que él valoraba todo el esfuerzo que veníamos haciendo Fer”, cuenta. Las palbras de Del Coto pasaron a otro terreno: a uno más espiritual, más emocional que tocó sus fibras más íntimas. “No dijo que teníamos que estar orgullosas de salir a jugar el circuito mundial y bancarnos todos porque el Enard nos da para los pasajes y todos los otros gastos corren por nuestra cuenta. Nos pidió que disfrutáramos de lo que estábamos viviendo”, añade. Tras esa catarata de sentidas palabras, ante  Cuba, la dupla nacional jugó su mejor partido. “Seguimos en un gran nivel hasta el final del segundo set en la contra Estados Unidos, donde nos agarró la ansiedad de querer terminarlo”, recuerda.

De esfuerzo, sacrificio y lucha, ya se contó, está hecha la trayectoria de Gallay. Cuando todavía no sabía que existía el beach vóley salía a entrenarse sola por las calles de Nogoyá  y los fines de semana viajaba 120 km hasta Aldea Brasilera para jugar la Liga. Muchas veces, eso viajes los hacía a dedo porque no tenía para solventar los gastos. En verdad, no fue uno sino varios fines de semana en los que se subió a un vehículo ajeno para perseguir sus sueños. Durante cuatro años mantuvo esa rutina. Así también como sus padres organizaban rifas, vendían empanadas y salían a pedir apoyo a los negocios del pueblo para ayudar a su hija porque Anita, a los 13 años, ya estaba en la selección entrerriana.

“Este deporte es extremadamente amateur en Argentina. Necesitamos que, sobre todo, haya más canchas, lo digo como crítica constructiva. Así, habrá más jugadoras. Deseo que próximamente haya diez pibas que me saquen el puesto. Tienen que aprovechar toda la exposición que tiene el deporte en los últimos años”, avisa. En su visión, para que el beach vóley crezca se precisa un circuito nacional que sea fuerte y contenga a los y las jugadoras. “No ha habido desarrollado y si no tenemos eso es difícil que crezca. Cuando nosotros entrenamos mucha gente se acerca porque quiere sumarse al deporte y empezar a practicarlo pero no saben dónde hacerlo”, explica.

Para Gallay, el beah voley apareció en su vida por necesidad. “Yo estaba estudiando educación física y necesitaba ayudar en mi casa para continuar la carrera. En mi ciudad dieron un curso de arbitraje y lo vi como una posibilidad de poder ganar algo de dinero. Como era los fines de semana tampoco me perjudicaba en los estudios. Arranqué como árbitro y me di cuenta que me gustaba que para la segunda fecha del torneo ya estaba adentro de la cancha”, dice con su carcajada tan particular su debut en 2007.

Festejo para Ana Gallay y Fernanda Pereyra

Tan aplicada en la escuela secundaria que portó la bandera en la Escuela Técnica y, un tiempo después, fue la primera de su promoción en recibirse en el profesorado de Educación Física. Cuando logró su título de grado, uno de sus primeros trabajos lo realizó en Crucecita Octava, a 70 km de Nogoyá, en medio del campo. Tenía que salir en moto casi de noche porque debía recorrer caminos de tierra durante una hora y media de pedregoso viaje. A pesar de abrigarse al máximo, en invierno, muchas veces sufrió hipotermia y debió bajarse de la moto para empezar a trotar. De esa manera, recuperaba la temperatura. Sin embargo, cuenta, llegaba casi petrificada a la escuela.

De aquel inicio como jugadora por necesidad a esta que brega por un apoyo más justo y equilibrado, Ana no se olvida que hoy, en medio de las giras europeas, en muchas oportunidades, tiene que dormir con su compañera en un sofá en la casa de algún conocido que les tiende una mano para que no tengan tantos gastos. No se sorprende, pero sueña con un futuro mejor para las generaciones que vienen.

–¿Cuál es tu postura respecto al actual apoyo a los deportistas?

Quizás era mejor el sistema anterior (en referencia a las becas del Enard a través del porcentaje a la telefonía celular que este gobierno dio de baja). Ojalá que se vuelva a como era antes. Yo entiendo que te exijan cuando tenés una beca, pero hay que utilizar parámetros. Nosotros éramos una dupla nueva y nos pedían medallas, sin tener en cuenta que todo lleva un proceso lógico de tiempo y nosotros veníamos marcando una evolución, pero si no obteníamos medalla todo eso se cortaba. Estuve con varias deportistas que por no tener algunos resultados sabían que se les terminaba el apoyo y era muy triste.

Gallay no sólo se ocupa de jugar, de buscar sponsors y hace malabares para concretar que las giras sean lo más redituables posible. También, hace unos años, se ocupó de buscar una compañera cuando Georgina Klug decidió retirarse. “Cuando Geo se retiró yo quería seguir porque me sentía muy bien, pero para ser sincera me costó mucho el arranque porque no estaba acostumbrada a perder en rondas iniciales y en torneos de menor nivel. Eso, lo admito, fue duro. Hoy siento un gran orgullo de ver cómo hemos evolucionado y crecido juntas. Hoy lo pienso y me parece una locura lo que hicimos con Pablo de salir a buscar una jugadora para empezar de cero. Sabíamos que no iba a ser una jugadora de beach porque no había ninguna bloqueadora alta. Bancarse lo que se bancó Fer fue tremendo, porque ella no estaba acostumbrada a jugar con la presión a representar al país y lo manejó muy bien”, analiza.

Exigente y obsesiva por naturaleza, se pasa horas y horas estudiando todos los detalles. Esa autoexigencia la hace pasar muchos meses lejos de su esposo Alfredo, con quien vive en Mar del Plata. “El deseo y las ganas de ser mamá están, pero hoy es imposible. Yo ya estoy enfocada en la clasificación a Tokyo 2020 y eso hace que tengamos que pasar muchos meses afuera. Esta última gira fue de dos meses y a mí se me hace cada vez más difícil. Ya llegará el momento, por ahora seguiré resignando cosas personales por este deporte que amo y  al que le voy a dar hasta el último esfuerzo”, sostiene.

Obsesiva, meticulosa, mandona y con una tenacidad inquebrantable. Ana Gallay, la luchadora que revolucionó el beach vóley en la Argentina.