Andreas Brehme

El otro villano

A 30 años de la final que le quitó a la Selección Argentina de Diego Maradona el bicampeonato mundial, Enganche charló con el autor del único tanto de aquella noche en el estadio Olímpico de Roma.

Pasaron tres décadas y aquel tanto de Andreas Brehme sigue en carne viva. Pero, ¿puede existir el escozor con el alemán que le marcó el penal a Sergio Goycochea? Si en definitiva el tipo sólo convirtió un gol en un partido de fútbol. En una final del mundo, es cierto. Pero, en estas latitudes, se trató de una sanción apócrifa. Casi que se trató de una ofrenda innecesaria para los alemanes. Un penal que aún hoy genera polémica. Pero pasaron 30 años y, aún así, se siente fresca la tristeza que brotó en aquella noche de verano italiano. ¡Pasaron 30 años!, y a Codesal todavía no se lo perdona. Quizás porque a pesar de haber pasado todo ese tiempo, se considera que es muy poco para olvidar las lágrimas de quien cuatro años antes le regaló la segunda máxima alegría futbolera a la Argentina.

Aquel 8 de julio de 1990, en el estadio Olímpico de Roma, Andreas Brehme pasaba de actor de reparto a principal, en un rol más de verdugo. A treinta años de aquella final, Brehme achica las distancias, en una charla con Enganche en la que la grieta futbolera se reduce a nada y la antipatía tácita del mundo de la pelota argentina queda a un costado. El alemán se zambulle y bucea en una máquina de tiempo imaginaria. En Munich, su ciudad natal, relata: “Me quedé la mayor parte del tiempo produciendo un formato regular para el canal deportivo DAZN. Mi vecino, en mi bloque de departamentos, es el editor de este canal y tenemos todas las mañanas un pequeño programa de entrevistas de balcón a balcón. A la gente realmente le encanta y es muy divertido producirlo”.

–Durante esta pandemia fuiste protagonista por una noticia que llegó hasta la Argentina. ¿Realmente decidiste vender la pelota con la que convertiste a Alemania campeón del mundo? ¿Por qué lo hiciste?

–Sí. Pero fueron dos pelotas de la Copa del Mundo del 90. Ambas firmadas por todo el equipo para una subasta de caridad en apoyo a las personas damnificadas en Italia. Siempre me mantuve cerca de ese país y su gente. Así que estoy feliz de ayudar.

–Mencionaste que estás trabajando en una señal de deportes, ¿por qué no pudiste mantenerte en tu papel de entrenador?

–Estaba muy feliz de trabajar como entrenador o como asistente de Giovanni Trapattoni, en Stuttgart. Tuve algunas ofertas para continuar, pero al final me concentré en mi trabajo como experto en televisión y embajador.

–Y en cuanto a tu carrera como futbolista, ¿cómo fue el proceso para abandonarla?

–Tuve una carrera fantástica sin grandes lesiones. Cuando regresé del Real Zaragoza a Alemania, tenía la idea de jugar una temporada más en Kaiserslautern. Y al final me quedé 5 años, y en mi último partido ganamos, incluso, el campeonato alemán. Ahí supe que era el momento perfecto para terminar mi carrera activa ya con 38 años.

“Diego fue el mejor jugador del mundo. Para que se den una idea, era Messi y Ronaldo en una misma persona. Pero en Italia no fue el mismo de México”.

–¿Te quedó algo pendiente o de lo que te arrepientas de tu carrera?

–No me arrepiento de nada. Estoy ciento por ciento feliz por la evolución de mi carrera. Tuve la suerte de jugar hasta los 38 años, ya que nunca tuve una lesión grave. Así que no extraño nada de esa parte de mi vida. Es una etapa cerrada, con grandes recuerdos.

–¿Creés que el futbolista debería prepararse para su retiro?
–Creo que la mayoría de los jugadores de hoy ya se están preparando para cuando se retiren. Debido a los enormes salarios que ganan, están administrando pequeñas “oficinas familiares” para sustentar sus asuntos comerciales.

–¿Cuál es el mensaje que le das, cuando te lo permiten, a los futbolistas de hoy?

–Es muy simple. Que jueguen el mayor tiempo posible porque el privilegio de ganar buenas sumas de dinero con tu hobby, es un privilegio. El futbolista, en el durante, a veces, no se da cuenta, pero vive una vida que no es común, una vida que muchos sueñan y pocos concretan.

–Se comentó bastante tu vida fuera del fútbol. ¿Qué hay de cierto en que tuviste una época complicada a nivel personal una vez que te retiraste?

–Eso no es verdad. Hace poco leí que un periódico español mencionaba que estaba limpiando baños públicos después de que me divorcié. Y eso no es cierto. Tan solo tuve un problema con un antiguo socio y ese tema se llevó a los juzgados y lo gané. Pero, lo que se publicó que estaba limpiando baños no es real. Si fuera cierto no tendría nada de malo contarlo, pero no pasó. El divorcio no fue fácil, pero estoy en muy buenos términos con mi ex esposa española y tenemos dos hijos maravillosos. Y a nivel laboral, siempre estuve muy ocupado. Hoy trabajo mucho en los medios y soy accionista activo en tres empresas. Una de ellas construye canchas de fútbol y es uno de mis grandes orgullos, porque en este rubro trabajamos en la construcción de los canchas de algunos de los clubes más grandes de Europa.

–Pasaron 30 años de la final, ¿cómo evaluás el arbitraje de Edgardo Codesal aquella noche en Roma?

–Arbitrar una final de la Copa Mundial probablemente no sea el trabajo más fácil. Y en esta línea, creo que Codesal hizo su trabajo. Sé que la gente en Argentina todavía discute la situación con Rudi Voller, como la gente en Alemania todavía discute la situación con Klaus Augenthaler de antemano. Eso es parte del juego, que las personas y los fanáticos discutirán siempre ciertas decisiones y durante toda la vida. He estado en las dos finales, en la 1986 y la de 1990, así que sé lo difícil que es perder una final de la Copa del Mundo. Ambos equipos están en la cima del fútbol mundial y, en retrospectiva, creo que en 1986 Argentina fue un poco mejor que Alemania y en 1990 ocurrió al revés. No se trató de una venganza, fue una revancha para un equipo que venía de perder dos finales consecutivas.

–Ese título de 1990, ¿es el más valioso de los 4 campeonatos mundiales obtenidos por Alemania?

–Los cuatro títulos fueron importantes en el momento respectivo. Pero cuando ganamos en 1990 fue importante porque Alemania se volvió a unificar y el país estaba celebrando el primer gran éxito deportivo juntos entre la parte occidental y oriental del país. Creo que eso fue muy bueno para el país, tras años de división. Y, en lo personal, fue tocar el cielo con las manos porque cumplí uno de mis grandes sueños de chico que era ser campeón del mundo.

–Jugaste dos finales contra Argentina, en México perdieron y en Italia ganaron. Viviste la misma época como futbolista que Maradona, ¿cuál fue el mejor Diego?

–En mi época como jugador, estaba en mi mejor momento cuando fuimos campeones del mundo. Y Diego era el mejor. Todo el mudo estaba rendido a sus pies como futbolista. Diego fue el mejor jugador del mundo. Para que se den una idea, era Messi y Ronaldo en una misma persona. Pero en Italia no fue el mismo de México. Es algo que se sabe, en México estaba en la cima, era imparable. En 1986 fue imbatible y fue el líder de esa fantástica selección Argentina. Tengo un gran respeto por Diego y él por mí, aún tenemos algún contacto.

Brehme y Maradona, en Italia 1990

–Y la última final entre Argentina y Alemania, la de Brasil 2014, ¿cómo la viviste? ¿Qué conclusiones sacás?

–Fue un partido muy intenso, una final típica de la Copa del Mundo. Puede ser que los alemanes hayan tenido un poco más de suerte. Pero analizando toda la actuación durante el torneo, fueron justos vencedores.

–Ya mencionaste que no fue penal a Rudi Voller, pero sí el que debían haber cobrado en una jugada anterior contra Augenthaler. En 2014, ¿fue penal de Neuer a Higuaín?

–Como en el 90, esa será una jugada que la gente probablemente discutirá los próximos 100 años. Pero dejame decirte que hay un proverbio alemán que dice “el penal existe cuando el árbitro toca el silbato”.

–Diego, más allá de lo futbolístico que es indiscutible, suele dividir las aguas y suele recibir críticas. ¿Qué opinás al respecto?

–Creo que la increíble popularidad de Diego no es fácil de manejar. Por lo que es natural que enfrentes algunas críticas cuando estás todos los días en la primera plana de los diarios. Argentina debería estar muy orgullosa sobre las fantásticas superestrellas que nacieron y se criaron en el país.

–Beckenbauer fue otras de las grandes leyendas que estuvo en aquel Mundial de Italia 1990 dirigiéndolos, ¿cómo era como profesional?

–Era un jugador y entrenador increíblemente trabajador con el objetivo de ofrecer siempre la perfección. Eso es lo que la gente a veces se olvida. Porque todo parecía muy fácil con Franz. Pero siempre recuerdo su frase: “El trabajo duro supera al talento, si el talento no trabaja duro”. Y Franz dejó un enorme legado para el fútbol alemán.

–Mencionaste a Messi y Ronaldo, ¿cuál creés que es más completo?

–Pregunta difícil que se hizo con mucha frecuencia. Ambos son los mejores en el fútbol de hoy, personalmente me gusta un poco más el estilo de Messi.

–¿Y el mejor jugador de todos los tiempos?

–Ese es Pelé, no hay duda.