Lautaro Guanetti

Aprender a comunicar

"Me di cuenta que si seguía alimentándome mal, no iba a llegar a ningún lado", dice un futbolista que aprendió a comer y que le escapa a hablar. Por Marcos Marini

Al defensor de Vélez no le gusta hablar, se siente incómodo en ese rol pero accedió a una charla con Enganche y dejó conocer su costado más ìntimo. Alguien que tuvo que aprender a alimentarse para evitar lesiones y estar en un alto nivel de competencia. “Este grupo humano de Vélez te ayuda a ser mejor persona”, confiesa.  

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—La mayoría de las veces soy muy cerrado. Soy una piedra, me cuesta mucho demostrar mis sentimientos y hablar. Y eso que me me viven jodiendo para que lo haga, incluso me lo dice mi representante. Sé que tengo que hablar porque hoy la comunicación es importante. También que comenten de uno en los programas deportivos ayuda para que te conozcan. Pero te repito, soy un tipo que le cuesta hablar.  

Quien lo dice es Lautaro Giannetti. Y hay que creerle. Ahora está sentado y si bien parece tranquilo, cuando suelta sus primeras palabras, comienza a mover las piernas, también los brazos, se rasca la cabeza, se acomoda el pelo, levanta la mano pero solo para pedir un café con leche. A veces, también baja la mirada. Después de unos minutos, Lautaro impone un ritmo de mayor fluidez y todo se empieza a poblar con más y más palabras. 

—Ninguno me llama para hablar porque saben que soy de pocas palabras y eso muchas veces molesta. Ahora estoy tranquilo, recuperado de la lesión, pensando en jugar con Racing. Tengo unas ganas tremendas de jugar. Por eso estoy acá, dispuesto a hablar. Trato de estar bien yo. De hacer todo lo que me haga bien a mí. En el fútbol y en la vida.

¿No te gusta hablar con los periodistas? 

—No me gusta, me cuesta, sabés qué pasa….

Lautaro Giannetti empieza a mirar a los ojos y continúa:  

—Casi todos te hacen la mismas preguntas. Los que me llaman para hablar siempre es para saber qué pienso del rival, cómo me preparo para el próximo partido. Yo trato de abstraerme de todo eso. Por eso hablo poco. Soy una persona más de las tantas que andan por la calle. Muchos jugadores se piensan que por la guita que hay en el fútbol se pueden llevar la vida por delante. 

¿Siempre te costó hablar? 

—Al que me acompañó y se preocupó por mí en las malas, siempre voy a estar para el diálogo. Acá todos viven del exitismo y te llaman cuando las cosas van bien. Es muy difícil que me veas en la televisión. Valoro mucho el que estuvo siempre preocupándose por ver cómo estaba. A esos, sí. Cada vez que haya que hablar, no hay ningún problema. Al que siempre aparece cuando estás bien, trato de pasarle a un costado. Sé que hoy la televisión ayuda un montón, un jugador anda bien, se empieza a nombrar en todos lados. Ahí los clubes de Europa paran las orejas. A mí la verdad que me da lo mismo. Yo quiero seguir en Vélez y sueño con volver a vestir la camiseta de la Selección.  

Decís que hablás poco… Pero llegaste a ser capitán de Vélez en muchos partidos y sos un referente dentro del plantel.

—Con mis compañeros dentro de un vestuario, no me cuesta, es un entorno que los veo continuamente, que tengo buena atención. Con ellos estoy para lo que necesiten. Son los que siempre estuvieron. Y me quedo con lo interno de las personas con las que convivo a diario. Si bien algunos partidos, fui capitán, no creo que tenga la cinta por ser un líder. Hablan más otros jugadores. Eso sí, siempre trato de estar pendiente de todos. Tengo 25 años. No soy pendejo ni tampoco un viejo. Entonces puedo ser el intermediario de los más pibes con los más veteranos. Me creo en ese compromiso. En ese sentido, trato de hablar con todos. 

¿Qué enseñanzas te dejaron esos tiempos de lesiones? 

—Me sirvió a madurar, a empezar a darle mucha atención a los cuidados personales. A veces uno siendo pibe dice: «Me tomo una cerveza, me como unas papas fritas, total no me va a hacer nada». Y la verdad que entendí, que por la mala alimentación todo se paga. Yo en esos momentos podía estar muy triste pero no se lo contaba a nadie. Ni a mi novia. A mi no me gusta que me vean triste. Si tengo que llorar, voy a llorar a escondidas. Cuando me pasó esto de la lesión me iba a la habitación y lloraba solo. Sin que me vea nadie. Me di cuenta que si seguía alimentándome mal, no iba a llegar a ningún lado. Entonces, uno adquiere nuevos hábitos.

¿Nunca te vieron llorar?  

—Salvo en alguna charla grupal, que alguien diga unas palabras y me emocione. Ahí se me pueden haber caído unas lágrimas. Pero llorar desconsoladamente nunca me van a ver. En realidad la última derrota con Boca lloré, en la Copa de la Superliga. En el grupo hablamos mucho, nos decíamos que era injusto perder de esa manera. Estaba muy angustiado. Hablábamos con el grupo y se nos caían las lágrimas. Lloré por injusticias. En esos dos partidos hicimos un gran esfuerzo y no nos llevamos nada. En Vélez construímos un grupo humano el cual aprecio muchísimo y se armó un vestuario muy lindo.  

La comida muchas veces tiene el poder de manejar nuestras voluntades. Se requiere de esfuerzo, pero también de educarse. Y Lautaro Giannetti asegura que desde que llegó Gabriel Heinze junto a todo el cuerpo técnico se encargaron de construir las bases de este Vélez a través de buenos hábitos saludables. El pilar de un buen equipo se sostiene en los cuidados personales, en lo invisible. Reglas de alimentación, la nafta de todo deportista. También en reglas sobre el uso de la tecnología, la distracción que tienen todos los humanos. Y en eso anda Lautaro Giannetti. “No somos jugadores las 3 horas que dura un entrenamiento, lo somos todo el día. En mi lesión fue donde hice el click, empecé a madurar y a tomar este deporte mas enserio. Continuamente estoy viendo mi manera de alimentarme. Lo frito ya lo dejo de lado, la gaseosa también. Cuando me junto con amigos, a veces me cuesta un montón negarme a diferentes comidas”, confiesa el nacido en San Nicolás.

¿Desde cuándo adquiriste nuevos patrones en la alimentación? 

—Yo no le daba mucha importancia a las comidas. Y ahora me doy cuenta de un montón de cosas. quiero cumplir a rajatabla con todo el tema de la alimentación. Son todos cuidados que no se ven, pero te aseguro que hacés la diferencia. Uno crece y el cuerpo se modifica, puede responder diferente. A veces te tenés que dar la cabeza contra la pared para entender. A mi me tuvo que pasar la rotura de ligamentos en la rodilla y empezar a darme cuenta. Igual lo de la rodilla son circunstancias asociadas al fútbol. Pero sí reconozco que tuve lesiones musculares que con mejor alimentación se podría haber evitado. 

Tan pendiente está Lautaro Giannetti de cuidarse que en sus últimas vacaciones en Brasil siempre el entrenamiento estuvo en sus pensamientos y en sus acciones. “Sabía que si en vacaciones no entrenaba, la vuelta me iba a costar un montón. Entrené, corrí todos los días, me cargué de trabajos intermitentes, hacía pasadas en la cinta del hotel. Lo hice porque no quería perder ritmo. Con este cuerpo técnico se entrena de una manera muy intensa, sé que no puedo regalar nada. No quiero hacer cagadas con mi cuerpo. Por ejemplo, después de los entrenamientos almorzamos todos juntos en la Villa Olímpica. Cuando me alimento ahí, sé que está todo controlado y equilibrado. Como tantas calorías, tanto de hidratos, tanto de proteínas. El estar bien de peso corporal es fundamental. Es más, nos pesaron el martes, también el jueves y el sábado (por hoy) lo harán antes del partido. Me tienen controlado”, asegura con una sonrisa. Y agrega: “Tuve que bajar 5 kilos, justo cuando me doy cuenta de eso, me rompí la rodilla. Y lo que más pensaba era que iba a subir mucho de peso en ese proceso de recuperación. Hoy las lesiones quedaron atrás y ya estoy muy bien”. 

¿Te arrepentís de algo? 

—A veces uno cuando es chico dice: «como tal cosa porque esto no me va a hacer nada, como algo por acá, como algo por allá». En algún momento, te la das. Hoy siento que estoy en un buen nivel y todo se lo atribuyo a los pequeños cuidados diarios. Te tenes que dar la cabeza contra la pared para darte cuenta de lo importante que es la alimentación. 

En cuánto al uso de los celulares… ¿También hacen hincapié en modificar conductas y abstraerse de ese mundo virtual? ¿Lo pueden lograr? 

—Por pedido de Gabriel (Heinze) se nos está yendo esa costumbre de estar pendientes del celular. En el club lo utilizamos mucho menos, nos hablamos cara a cara. Tenemos un gran grupo humano. Sabemos que los celulares te distraen. En el vestuario nuestro costó. Nosotros mismos, tratamos siempre de dejar el teléfono de lado para que exista un mejor diálogo. Si estás encerrado con el télefono, estás en otro mundo. Gabriel o Fabián (Cubero) siempre nos dicen. Cuando uno tiene un excelente grupo humano se pueden compartir un montón de cosas. Si uno está tan pendiente del teléfono, se olvida de lo primordial que es disfrutar momentos. No queremos que los celulares nos corten temas de conversación. En ese sentido, Heinze nos educa para que dejemos el teléfono, que le demos poca importancia a las redes sociales. Porque uno no sabe cuánto lo puede afectar. Yo trato de alejarme de todo. Capaz que te mandaste una cagada y te llegan un montón de mensajes llenos de insultos. Pero al otro partido hiciste un gol o evitaste uno y todo se da vuelta, te endiosan. Quiero estar tranquilo. 

¿Qué lugar ocupa la fama y el dinero en el fútbol y en tu vida? 

—Tengo una familia que es todo. Mamá Sandra y sobre todo Daniel, mi viejo. Me inculcó que en la vida hay que ser humilde y hay que saber de dónde viene uno. El siempre está en la cancha que juegue, siempre está al lado mío. Cada vez que a uno se le van los patos, lo primero que hago es pensar en eso, en los valores que me dio mi familia. Y en ese sentido, puedo dormir muy tranquilo. En este Vélez creeme que el grupo humano te ayuda a ser mejor persona. 

¿Cómo es el día a día con Heinze de técnico?   

—Tiene mucho carácter, es un apasionado de lo que hace. Se instruye mucho. Cuando te dice de hacer tal cosa, te lo fundamenta. Continuamente está analizando todo. Sabe hasta lo que le vas a preguntar y te responde todo. Por eso, nosotros creemos en la idea de él. Trabajamos con una intensidad que pocas veces la vi. Es cierto también que el fútbol evoluciona constantemente. Desde que yo debuté, hoy siento que se juega otro fútbol. 

¿Qué cambió desde tu debut en 2012? 

—La dinámica, la intensidad. Hoy si no corrés, no podés jugar. Sé que por partido corro promedio 10 kilómetros, pero tengo compañeros que corren 13/14. Según también la intensidad. Vamos a ver cuánto corremos el sábado con Racing. Sé que si al juego no le aplico carácter físico, no llegó a ningún lado. Nos entrenan para eso. Para cuando tenemos la pelota, hacerlo lo mejor posible, de jugar, de ser intenso y dinámico. Y a la hora de perderla, recuperarla con intensidad y pasarla  rápido. Ese es nuestro nuestro ADN. Somos un equipo que a la hora de jugar, jugamos. Pero cuando no tenemos la pelota, nos rompemos hasta lo que no tenemos por conseguirla. 

¿Es difícil abstraerse de la locura del fútbol? 

—Uno tiene que saber convivir con eso. Sabemos lo que es el fútbol en Argentina. La gente es apasionada pero uno tiene que saber separar sus momentos también. No quiero perder momentos con gente que me hacen bien desde lo humano. Eso también me ayuda mucho. 

¿Qué recordás de tu paso por las selecciones juveniles? 

—Sé que los dos pasajes que tuve con la Selección tanto en el Sudamericano 2013 como en Los Juegos Olímpicos de Río, no fueron buenos. Ojo, yo soy muy autocrítico. Ahora miro para adelante. Ojalá vuelva a vestir esa camiseta. Es lo que más quiero. 

¿Qué aprendés de Cubero? 

—¿Del viejo? Ja. Un montón de cosas, de ser profesional. Alguien que a los 40 años está cómo está, es un ejemplo. A mi él me sirvió para darme cuenta que si seguía alimentandome mal, no iba a llegar a jugar mucho más tiempo. Con ver lo que hace Cubero, ya está. Yo no soy mucho de hablar ni de andar preguntando, trato de mirar y sacar lo bueno. Tratar de adaptarlo a mí y ver de qué manera puedo mejorarlo.

La mala alimentación, las diversas lesiones y las pocas palabras ya parecen ser un  recuerdo lejano en la vida de Lautaro Giannetti. 

¿Ya sabes lo que vas a cenar en un rato? 

—Pollo con ensalada. De eso no va a salir.