Literario

Felicidades

">
Los deseos del Profesor, más que deseos bien podrían ser aportes a la humanidad... desde su más profunda humildad.

1) Para el año que empieza, aunque a veces la respiración se nos achique y esas veces el aire, de jodido que se pone, nos haga burlas porque nos sabe atragantados, podemos desear felicidades y hacerlo no desde los labios y sí desde las tripas, porque en el año que empieza y en todos los años tenemos a mano esta frase del italiano Antonio Gramsci que nos alumbra con la polenta de los sueños persistentes y la señal de las broncas saludables: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida”.

2) Para el año que empieza, aunque a veces en lugar de la eternidad sabrosa de las papas fritas mastiquemos las bostas de nuestras rutinas peores, podemos desear felicidades y hacerlo no desde las convenciones y sí desde las convicciones, porque en el año que empieza perdura la invitación de entonar y hasta de gritar esos versos que no nos saldrán tan afinados como a la cantante francesa Zaz pero que son tan de ella como son nuestras y nuestros: “Si alguna vez me olvido las noches que pasé/ Las guitarras y las voces/ Recuérdame quién soy/ por qué vivo”.

3) Para el año que empieza, aunque a veces se nos marchiten un poco la piel y un mucho las ganas, podemos desear felicidades porque en el año que empieza tenemos la oportunidad de redescubir nuestra piel y otras pieles y también la oportunidad de sembrar ganas viejas y ganas nuevas junto con ganas desconocidas y ganas que ya conocíamos, gracias a que en un libro que jamás será antiguo el maestro brasileño Paulo Freire escribió esta idea para el pasado y para el porvenir: “Afirmar que los hombres y las mujeres son personas y como personas deben ser libres y, sin embargo, no hacer nada tangible para hacer de esta afirmación una realidad, es una farsa”.

4) Para el año que empieza, aunque a veces insultemos y nos insultemos porque por fin suponíamos lucir la llave de las cosas pero las cosas se transforman en otras y las llaves también, podemos desear felicidades porque el año que empieza estará edificado, como están todos los años, por la perspectiva de que nos deshagamos para volver a hacernos y para deshacernos de nuevo y volver y volver y volver a hacernos, ya que nunca somos sino que siempre estamos siendo y, si nos conformamos o nos confundimos, perdura en la punta de los dedos o en la punta de la lengua esa frase hermosa de la hermosa Rosa Luxemburgo: “Quienes no se mueven no notan sus cadenas”.

5) Para el año que empieza, aunque a veces la realidad nos ubique con la lengua en el suelo y esas veces al suelo no le interese nada nuestro y menos nuestra lengua, podemos desear felicidades porque, en el suelo o en cualquier sitio, guardamos la maravilla de soltar estas palabras que encadenó el italiano Pier Paolo Pasolini con vocación de que sean palabras ni de Pasolini ni de nuestra lengua sino de la condición humana: “Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante, que ocupa el poder, que escamotea el presente, ni qué decir el futuro, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser. Ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde. Es un ejercicio que me parece bueno y que me reconcilia conmigo mismo. Soy un hombre que prefiere perder más que ganar con maneras injustas y crueles. Grave culpa mía, lo sé. Lo mejor es que tengo la insolencia de defender esta culpa y considerarla casi una virtud”.

6) Para el año que empieza, aunque a veces nos anudemos en nostalgias legítimas y parte de esas veces suceda que las nostalgias se conviertan en certezas ineludibles, porque el tiempo es una materia que se nos escurre más veloz que el agua y más incomprensiblemente que el fuego, podemos desear felicidades inclusive en el nombre de las y de los protagonistas de esa nostalgia, de las gentes a las que extrañamos despiertos y dormidos, de quienes nos faltan en el “buen día” y en los almuerzos, porque esa gente, justo esa gente, está entre la gente que nos empuja a decir “buen día”, a paladear almuerzos y a existir nomás, sobre todo si leemos y releemos a la francesa Margaret Yourcenar cuando avisa lo que avisa: “Todo ser que haya vivido la aventura humana vive en mí”.

7) Para el año que empieza, aunque a veces las malas trampas de la mala memoria nos condenen por un rato a desaprender qué es la belleza y qué es la grandeza, podemos desear felicidades, intensas felicidades, felicidades que nos darán felicidades, porque, al cabo, ahí anda la vida, maltratada pero resistente, enmugrecida pero empecinada, la misma vida que provocó que la chilena Violeta Parra le entregara veinte gracias y un “gracias a la vida que me ha dado tanto” porque, entre otras cosas, “me dio el corazón que agita su marco/ cuando miro el fruto del cerebro humano/ cuando miro el bueno tan lejos del malo/ cuando miro el fondo de tus ojos claros”.

8) Para el año que empieza, aunque de tanto en tanto se nos extravíen la risa, la sonrisa y hasta los motivos de la risa y de la sonrisa, podemos desear felicidades porque la risa y la sonrisa son y serán un gusto y un derecho, una tentación y una pelea, un triunfo sobre la muerte, sobre la opresión y sobre quienes oprimen y, más que nada, una reivindicación modesta pero invencible de la alegría porque ya lo argumento el Negrito Fontanarrosa, también modesto, también invencible: “De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro”.

9) Para el año que empieza, aunque periódicamente colapsemos en indigestiones de bronca a causa de negacionistas, profesionales y amateurs de la mentira, acaparadores de la guita y del poder, arruinadores de la fraternidad de las palabras, edificadores y edificadoras de un universo en el que las mayorías son la basura que sobra o ni siquiera basura y pura sobra, podemos desear felicidades porque desear felicidades implica desear memoria y verdad y justicia, y desear eso conduce, por ejemplo, a repasar la poesía que nadie desaparecerá nunca del argentino y desaparecido Roberto Jorge Santoro: “Si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,/si un día se va,/yo crucifico al amor,/y después de enterrar a mis hermanos,/me voy con el tranvía de la muerte/a clausurar mi corazón en una plaza”. Y porque si desaparecen a los poetas habrá más poetas, como anuncia, argentino y rapero, Wos: “Un mago nos quiere hacer desaparecer/ Pero esta plaga rara nunca para de crecer”.

10) Para el año que empieza, aunque sin mentirse hay que asumir que apilamos experiencia en desalientos, podemos desear felicidades porque en el año que empieza alguien sabrá pronunciar “te quiero”, y alguien más elegirá no rendirse, y alguien más junto con alguien más decidirá organizarse a favor de la justicia o de la libertad o de los abrazos, y alguien encontrará cómo emerger de sótanos propios o ajenos para capturar un reflejo del reflejo del sol, y alguien ayudará a que a otras y a otros les ocurra eso mismo, y alguien meterá un gol, y alguien no lo lo meterá pero se esmerará para meterlo, y alguien creerá que de las sombras no se sale pero más despacio que rápido saldrá, y alguien se topará con un mierda pero no querrá ser así de mierda, y alguien tendrá tristezas lamentablemente definitivas pero además tendrá un futuro en el que quepan otras emociones que esas tristezas, y alguien nacerá, y alguien amará a esa o ese que nació, y alguien resolverá que pensar sólo en uno o en una es despilfarrar la herramienta de pensar, y alguien entenderá que la felicidad no es algo que cae como la lluvia aunque tenga la fugacidad de la lluvia sino que es una construcción tesonera y valiente, y alguien inventará una canción que cobije un poco de todas las músicas y un poco de todos los ecos, una canción como si fuera del Flaco Spinetta para decir esto: “Mañana es mejor”.

Para el año que empieza o para el año que sea, felicidades, felicidades, felicidades.