Juveniles

El ascenso, una cuestión de grandes

La Primera Nacional es una categoría en la que los juveniles no encuentran su lugar. El poco espacio para los jugadores jóvenes contrasta con la gran cantidad de veteranos.

La juventud, muchas veces presentada como un valor en sí mismo, en ocasiones resulta un dique que dificulta el paso hacia un sitio superador. Los prejuicios, las urgencias, la falta de un trabajo formativo, la exigencia, la selectiva oportunidad económica. Son muchos los factores que pueden influir para detener el desembarco del futuro en el mundo de la pelota. La Primera Nacional es una categoría en la que a los futbolistas juveniles les cuesta instalarse. Es excepcional encontrarlos en las formaciones o como alternativa en los planteles de un certamen del que toman parte 32 clubes, 17 del área metropolitana y 15 de puntos más lejanos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para comprender un poco mejor de qué estamos hablando, sólo hace falta revisar un poco los números de las últimas jornadas de la segunda categoría del fútbol argentino. En los 15 partidos de la 20° fecha de la Primera Nacional (Santamaría-Tigre fue postergado), apenas jugaron nueve futbolistas menores de 20 años: Tiago Palacios (Platense), José Ingratti (Mitre), Bruno Amione (Belgrano), Franco Aguirre (San Martín de San Juan), Pablo Palacios (Independiente Rivadavia de Mendoza), Brian Salvareschi (Sarmiento), Ariel Lucero (Quilmes), Alan Espeche (Quilmes) y Yair González, titular en Chacarita con 17 años. Ese mismo fin de semana, en los 12 encuentros de la última fecha de la Superliga aparecieron en acción 30 futbolistas Sub 20. Huracán derrotó a Banfield con tres jugadores de 20 años (César Ibáñez, Nicolas Corde y Agusín Curruhinca, que ingresó en el complemento), uno de 19 (Francisco Ramírez) y otro de 18 (Santiago Hezze). Es curioso como lo que se supone una categoría más elevada se les da mejor a los chicos que están buscando un lugar en el fútbol.

Otra buena muestra de las diferencias entre las categorías y las oportunidades que aparecen para los chicos se advierte en por qué las selecciones juveniles están integradas casi exclusivamente por jugadores que se desempeñan en los clubes de la categoría de elite. El año pasado, la selección preolímpica, sólo incluyó a Fernando Valenzuela (22), de Barracas Central, y la Sub 17 contó con Matías Godoy, de Atlético de Rafaela, y Federico Losas, arquero de Chacarita.

En contrapartida con esos nueve jugadores que lograron asomar en sus equipos, un total de 28 futbolistas por encima de los 35 años estuvieron en simultáneo en los cotejos que culminaron con Atlanta en lo más alto de la Zona 1 y San Martín de Tucumán al tope de la Zona 2. El recorrido más largo es a todas luces una carta determinante, de mayor peso específico que las condiciones que puedan presentar los menos experimentados. La elección de las instituciones y los entrenadores no deja lugar a dudas.

Ahora bien, esta curiosidad muestra el opuesto para el futbolista. Es que varios jugadores con un destacado recorrido en la primera división encontraron en el ascenso el lugar para alejar el retiro. Así, Martín Ríos ataja en Brown de Adrogué a los 42 años, Nereo Fernández en Atlético de Rafaela a los 40, la misma edad con la que Juan Mercier se planta en el mediocampo de San Martín de Tucumán y con 39 años Mauro Mattos sigue mostrando sus credenciales de delantero certificado en All Boys. Además, son muchos los futbolistas que consolidaron y establecieron sus carreras debajo de la Primera División. Es posible que esa combinación sea uno de los motivos que angosta la entrada de juveniles en la categoría.

De acuerdo a algunas reglamentaciones del fútbol doméstico, se puede comprender por qué en el ascenso los chicos tienen menos lugar. Para saber: la principal categoría del ascenso tiene una lógica completamente distinta a la de la menor de las divisiones de los clubes directamente afiliados a AFA. En la Primera D no pueden jugar futbolistas que alguna vez hayan rubricado un contrato profesional y al ser pensado como un torneo formativo cada club está habilitado a tener en su plantel seis jugadores mayores de 23 años, estableciéndose además un mínimo de 12 futbolistas por encuentro nacidos antes del año 1996.

Uno de los motivos que algunos entienden que los chicos no participan de la Primera Nacional, está vinculado al proceso de formación y el despegue. Es decir, aquellos juveniles que asoman con talento en las divisiones menores del fútbol nacional son captados inmediatamente por los de la máxima categoría. Y aquellos que no tienen oportunidades y se mantienen el ascenso se chocan contra una divisional que es extremadamente dura, áspera, de campo de juego casi indomables y en donde las presiones, según los futbolistas experimentados, se multiplican. Testimonios de jugadores como Juan Román Riquelme, el Lobo Ledesma o el Ogro Fabbiani, que tuvieron su aventura en la segunda división, ponen claridad sobre el asunto: “Es una divisional con mucho talento, pero muy dura. Nadie regala nada y se juega al límite todo el tiempo”, dijo Ledesma hace un tiempo en una charla con La Nación.

La Primera Nacional se ciñe bajo el patrón de la longevidad; o al menos, constituye un terreno demasiado dificultoso para los chicos que intentan dar sus primeros pasos en el fútbol profesional.