Coronavirus

Atletismo en tiempos de cuarentena

En medio de la pandemia global por el Covid-19, atletas de elite, entrenadores y especialistas médicos explican cómo son sus días inmersos en una crisis sanitaria inusitada y sin fecha de vencimiento.

“Aprovechen a estar con sus seres queridos que tienen en sus casas y dejen de correr en 4 metros cuadrados. Y les llaman héroes. Por favor, como si no pudieran vivir sin correr”, escribió en su cuenta de Twitter, el 28 de marzo pasado, Luis Molina, olímpico argentino en Río 2016 en la prueba de maratón. Nacido en Chascomús pero Lobense por elección y decisión, el fondista, en charla con Enganche, fue un poco más allá de lo que escribió a título personal en un simple tuit: “Comprendo la angustia que se está viviendo, no me es ajena. No juzgo a nadie, pero me cuesta muchísimo entender esa necesidad de mostrar y mostrarse corriendo en un departamento”.

En plena cuarentena preventiva y obligatoria por la pandemia global por el coronavirus, el mundo del atletismo y del running ingresó en una nueva dimensión. ¿Impensada? ¿Inimaginada? Tal vez sí, tal vez no. Esa que divide posturas y miradas, esa que pone la palabra empatía en un lugar políticamente incorrecto y, acaso, incómodo. “Yo entiendo la necesidad de correr. En incontables casos, los denominados runners encontraron en el mero hecho de correr un lugar de mejora para salir del estrés. En nuestro caso es distinto, es nuestro oficio”, dice Mariano Mastromarino, olímpico también en maratón en Río 2016 y medallista panamericano en Toronto 2015 además de ser el último argentino en ganar los 42,195 de Buenos Aires (2014). Justamente, su antecesor, Oscar Cortínez (vencedor en 2004 y olímpico en Sydney 2000), expone: “Los atletas, profesionales y no profesionales, somos animales que gustan de estar al aire libre. Por ejemplo, no nos gusta la cinta pero en estos días es lo único similar a correr en la calle o en la pista. Es el único camino que tenemos para no propagar el contagio. O el rodillo para la bici o la bici fija. Y si tenés los dos ni que hablar porque alternás  el estímulo. Es necesario estar activos”. Y continúa: “Pero acá lo importante es cómo se mantienen activos los atletas de elite. A mí me importan los chicos que estaban clasificados o con chances de estar en los Juegos de Tokio (postergados para 2021). Eso sí, no comparto el hecho de correr maratones en los departamentos. Esos inventos son peligrosos y dañinos. No me parece eso de correr en las casas, mucho más si son chicas salvo los que tienen, sé que son los menos, un patio muy grande. Pero, de verdad, mi deseo es que los atletas tengan lo necesario para entrenarse en su casa”. Cortínez, kinesiólogo y fisiatra (M.N 15.976) que en medio de la pandemia trabaja en rehabilitación cardiorespiratoria, prosigue: “Los chicos de Mar del Plata, por ejemplo consiguieron que les prestaran cintas (Mastromarino, Belén Casetta y Florencia Borelli). Ahora, deseo lo mismo para Joaquín [Arbe], que está en Esquel laburando en su casa. A él, la pandemia le permitió enfocarse en seguir construyendo su casa, pero su vida es como atleta. Debemos gestionar para que nuestros atletas lleguen en las mejores condiciones. Y acá es donde se ve la sangre de los dirigentes para ayudarlos. Si no los ayudan, es porque son unos inútiles y solo les interesan los atletas para viajar”.

El fondista Joaquín Arbe, en medio de la cuarentena, aprovechó para seguir mejorando su casa de Esquel.

La referencia de Cortínez apunta directo al esquelense Joaquín Arbe, maratonista clasificado para Tokio, que hace tres semanas que no corre y apenas sumó algunos estímulos con una bicicleta fija o saltando a la soga. Albañil por herencia familiar, Arbe aprovechó la cuarentena para adelantar obras en su casa: revocó paredes, preparó carpetas, colocó pisos, hizo mochetas en las puertas, conectó el agua potable a la mesada nueva de la cocina, macilló, lijó y está a punto de pintar varios de los ambientes de su casa. “Estaba entrenando en Cachi para prepararme para ir al Mundial de Medio Maratón en Polonia (Gdynia), el nacional de 10.000 metros y el Iberoamericano. Con la suspensión de todo me volví a mi casa y me puse a laburar ahí. Pero necesito entrenar para no perder tanto el estado de forma. Averigüé por una cinta y me la cotizaron por más de 250.000 pesos. Es imposible que pueda costearla, ni con la ayuda de mis sponsors. Un gimnasio de Esquel me quiere ayudar pero no está permitido y no me pueden dar la cinta porque me dijeron que lleva una conexión eléctrica especial”, asegura Arbe.

La situación de Arbe refleja lo que sucede con la mayoría de los atletas argentinos. Surge allí, sin embargo, una diferenciación entre atletas profesionales y no profesionales. Aquellos que corren probablemente con motivaciones que rozan las de un atleta de elite pero que nunca, salvo contadas excepciones, sabrán en rigor lo que significa un triunfo o una derrota en un país donde el éxito deportivo suele definir el apoyo o no de un sponsor o el acceso a una beca. Por caso, Belén Casetta, quien antes de desatarse esta tormenta global había viajado a Kenia para entrenarse y al intentar volver se quedó varada en Brasil. Al regresar a Mar del Plata, tras pasar varios días acuartelada en un hotel de San Pablo, la especialista en 3000 metros con obstáculos se recluyó en su casa. “Llegué directo a mi casa y me aislé de todos. Me sorprendió lo que vi en Brasil, parecía que allá no pasaba nada. Yo, mientras estuve allá, me aislé por completo. Y acá también porque debo cuidar a los míos”, precisa Casetta. “Ahora conseguí una cinta y eso me permite no perder tanto tiempo. No es lo mismo que correr en la pista, lo sé. Pero así me mantengo en forma, mientras estudio y espero que esto pase”, agrega. A unos kilómetros de su casa vive Florencia Borelli, otra marplatense con chances de representar al país en Tokio en los 10.000 metros. “Ni bien se decretó la cuarentena no me volví loca por no correr. Lo que me pasa a mí, les pasa a todos. Y me refiero a que todos los atletas, en mayor o menor medida, estamos parados. Hasta que conseguí la cina y la bicicleta hice entrenamientos de fuerza de movilidad y no más. Entiendo que se quiera correr pero me parece una locura, sobre todo por el cuidado por las articulaciones”, cuenta. Y añade: “Aproveché para hacer muchas cosas que antes no tenía tiempo, pinté cosas, jugué mucho más con mi hijo Milo. Lo que más me molesta no es correr, es no poder salir de mi casa. Es abrumador lo que pasa, las suspensiones de campeonatos de los Juegos Olímpicos es anecdótico, hay prioridades más importantes y la vida es una de ellas”.

Las palabras de Borelli no apuntan con nombres propios ni abunda en ejemplos. Pero es clara y contundente, en un período en el que las redes sociales crecen en audiencia y brotan los vivos de Instagram con ofertas de lo más variopintas. Incluso, sobran los ejemplos de atletas aficionados que se animan a correr maratones en sus departamentos. “El por problema además de hacerlo es mostrarlo. Porque eso se replica, se difunde y se convierte en un peligroso ejemplo. Con todo esto surgió el tema de los influencers de las redes sociales. Partimos de la base que la actividad física es un bien esencial para cada persona. Pero no es lo mismo para todos. Una rutina tiene que tener una orientación específica para cada persona, de ahí el aporte de los entrenadores y profesores de educación física como profesionales. Se trata de un principio de especificidad y eso apunta a una actividad orientada para cada persona”, analiza Mauro Cabrera, a cargo de la escuela municipal de atletismo de Necochea, ciudad balnearia en donde, además, comanda un nutrido grupo de running (Necochea Running) en el que impartió la orden taxativa de no correr en espacios reducidos apelando a trabajos de fortalecimiento, equilibro, coordinación además de sumar contenido teórico para incentivar la lectura de sus alumnos. “En todo esto me llama mucho la atención ver a personas corriendo un maratón en su departamento o un medio maratón en el balcón o en lugares reducidos. La actividad física debe ser saludable y ahí pasa a un lugar peligroso y me preocupa mucho pensando en el día después de la cuarentena. Porque este aislamiento, que todos debemos cumplir, en algún momento se va a terminar”, detalla Cabrera. En sintonía, Jorge Murúa, kinesiólogo del plantel profesional de Gimnasia y Esgrima La Plata, advierte: “Cuando veo personas comunes y corrientes corriendo en sus casas, para mí no es más que una obsesión, es la vigorexia en su máxima expresión. Canalizan a través de una actividad física peligrosa porque lo hacen en superficies muy duras y en espacios chicos. Ahí no se puede desarrollar más que una actividad con mucho freno, cambios de dirección. No soy un especialista en entrenamiento, lo mío es la rehabilitación, pero, por ejemplo, los tendones son enemigos de los cambios de piso y de estímulos. Van a empezar a caer como moscas por las lesiones músculo tendinosas y el que tenga una lesión controlada de rodilla (osteocondritis o lesiones del cartílago articular) la van a activar para mal”.

Para el profesor Diego Santoro, la cuarentena obliga a los entrenadores a agudizar el ingenio en pos de cuidar y fortalecer el sistema inmunológico. “Estamos viviendo un tiempo absolutamente desafiante para los entrenadores, los preparados físicos, para los profesores porque hay que ayudar a mantener la forma del deportista de la disciplina que sea. Hay limitación de espacio en todo sentido. No se cuenta con el material preciso ni específico, salvo contadas excepciones. Por eso se hace central el mantenimiento de la fuerza que colabora para evitar, al momento, de volver las lesiones. No es tiempo para hacer cosas nuevas”, dice.

Leonardo Malgor, ex atleta y entrenador, se suma a la charla con Enganche y afirma: “La organización de nuestro entrenamiento ha sufrido, como para todos, una transformación radical. Estamos viviendo una etapa difícil porque nadie sabe cómo ni cuándo ni cómo va a terminar esto. Nuestros atletas de alto rendimiento tratan de moverse en su espacio, dentro de las posibilidades que tienen haciendo circuitos con trabajos aeróbicos y de fuerza de resistencia. Muy pocos tienen una cinta o una bicicleta fija. Para ellos se hace un poco más llevadero porque así tienen más variantes. Desaconsejamos todo lo que es antinatural. La persona que corre, tanto sea elite como aficionado, no se entrena en su departamento ni en un espacio reducido en el que tiene que esquivar muebles o columnas o sillones. Hacerlo ahí puede ser perjudicial para sus tendones y sus ligamentos”.

La palabra de los especialistas parece monolítica. Se hace compacta porque parte del principio de individualidad como rector del ejercicio físico. “Esto nos llegó de forma sorpresiva y nos obligó a los entrenadores a tomar decisiones y aplicar pautas con prudencia. A mis atletas, sean de elite o aficionados, les digo que estamos en un momento de mantenimiento desestimando los procesos de asimilación y mejora. Y el mantenimiento implica que algunos factores y algunos componentes van a decaer y otros se van a mantener cerca de niveles de estímulo básicos. Entonces todo lo que uno pueda realizar sin lastimarse y sin ponerse en riego es bienvenido. Por eso desaconsejo correr en lugares reducidos. No es in gesto que se pueda hacer de manera sana dentro de un departamento o un balcón. El frenar, el arrancar cambia totalmente el gesto técnico. Por eso, al que puede le sugerí hacer bicicleta para mantener los niveles de vascularización y capilarización sin impacto. Lo que también se puede hacer es ejercicios de fuerza abdominal, equilibrio, flexibilidad y pesas. Y no mucho más”, sostiene el ex atleta y entrenador Fernando Díaz Sánchez.

La resistencia de los atletas profesionales, entrenadores y especialistas médicos contrasta con el postureo que puede observarse en las redes sociales, un peligroso caldo de cultivo donde se soslaya las palabras de los profesionales mientras se aguarda se profundice lo expresado por el presidente Alberto Fernández quien, en la noche del viernes, deslizó la posibilidad de regular la actividad física al aire libre con cada uno de los gobernadores, sin que eso implique una autorización para salir a correr. Por el contrario y mientas se analiza una forma posible para quizás implementar en algún momento y cotejar si funciona, quedarse en casa no es un slogan sino un compromiso con uno mismo y con el otro.