Walter Perazzo

Caminante del fútbol

Jugó con Diego y contra Diego, se fue a la B, salió campeón y largó por pudor. Técnico y formador, es un ícono del fútbol de los 80 que transita el universo del juego de la pelota con felicidad.

San Lorenzo y Argentinos empatan 1 a 1. Cancha de Huracán. El Ciclón con camiseta blanca y el Bicho de rojo. El primer gol del partido, apenas a los 12 minutos, es otra obra de Diego Armando Maradona, el pibe estrella de 19 años que estaba en la antesala de los 100 goles en Primera división. El empate Santo en el segundo tiempo lo consigue un chiquilín de 17 años, Walter Perazzo. Casi 30 años después de aquel 4 de junio de 1980 compartieron diferentes momentos en el predio de la AFA, con prácticas y charlas, cuando uno era entrenador de la selección mayor y el otro técnico de la Sub 20.

“Hace unos días, a partir de lo que pasó con Diego, de esa tristeza, pensaba cómo nunca en Ezeiza nos pusimos a hablar de aquellos partidos que compartimos en los ´80. Capaz en ese momento estábamos muy enganchados con el trabajo, con los jugadores. Es una lástima no haber tenido esas charlas, porque él se acordaba de todo”, le cuenta Walter Perazzo a Enganche. A los 58 años, el técnico de Temperley repasa una vida de fútbol, un camino que fue haciendo al andar y que todavía recorre y disfruta.

Debutó en el Gasómetro en el anteúltimo partido del desaparecido estadio de Avenida La Plata. Aquel bautismo se lo dio Carlos Salvador Bilardo, que luego lo llevaría a Estudiantes y más tarde a la selección. Los primeros pasos fueron una carrera alocada: antes de los 20 años se había ido a la B y había salido campeón.

–¿Cómo fue descender con San Lorenzo y al campeonato siguiente dar la vuelta olímpica con Estudiantes?

–Esa circunstancia marcó mi carrera. Yo era chico, recién estaba apareciendo en el fútbol. Pero en esos dos años me di cuenta qué tenía que pasar en un club para irte al descenso y qué era lo que había que hacer para salir campeón. Esas experiencias y los compañeros que tuve en los dos equipos me hicieron ser el futbolista que desarrollé después.

–El arranque fue difícil, siendo un chico de 16 años y en un equipo grande que estaba en una crisis enorme.

–San Lorenzo a comienzos de los ´80 vivió una debacle total. Estaba económicamente muy mal, con muchos problemas institucionales y futbolísticamente desesperado. El descenso se veía venir, en 1980 nos salvamos en la última fecha contra Tigre y al campeonato siguiente perdimos la categoría. Eso me sirvió mucho para forjar el carácter, siendo tan chico, pero fue complejo vivir un momento así.

–¿Qué mejoró y qué empeoró en relación a los jugadores de antes y los de ahora?

–Los futbolistas están mejor preparados físicamente y tácticamente; tiene más disciplina porque es más profesional. Pero se perdió técnica y atrevimiento. Al haber más vértigo, velocidad y dinámica se perdieron algunos fundamentos y eso hace que la creatividad sea menor.

Perazzo festa su gol y se va de la cancha en el 1-1 con Argentino de 1980

–¿Y dirigencialmente?

–Para mí mejoró, lo cual no quiere decir que esté bien. Sin dudas falta mayor profesionalismo en la organización. Pero yo noto más seriedad en los clubes en cuanto a los cumplimientos y los compromisos. En los años ´80 era todo más improvisado y era común estar meses sin cobrar.

–El dinero, ¿también es muy distinto?

–Eso es relativo. Yo en San Lorenzo gané dos Liguillas y en Boca fui campeón de la Supercopa y la Recopa y los premios no alcanzaban ni para comprar un auto nuevo. Pero entre los mejores jugadores de los equipos grandes no cambió tanto; si tomamos en cuenta lo que costaba un departamento en ese momento y lo que vale ahora. Para esa elite de futbolistas no creo que haya mucha diferencia con lo que se gana hoy.

–¿Sufrió en alguna ocasión por ser jugador de fútbol?

–No, porque siempre me tomé mi carrera con mucho amateurismo, en el sentido de que me gustaba jugar al fútbol por sobre todas las cosas. Cada uno de los problemas que pudiese haber, institucionales, de plata o deportivos, me quedaban en segundo plano: yo disfrutaba siendo jugador de fútbol. Disfruté toda mi carrera, desde el primer día hasta el último.

–¿Y la presión?

–Presión… No sé. No es fácil soportar las críticas, los vaivenes, la obligación de tener que ganar siempre. Sin embargo, yo entendía que era así, que eran las reglas del juego, que en el fútbol profesional se vivía así. Por eso, pese a todo, mi carrera como futbolista la disfruté mucho, sin dudas.

–¿Cuánto hay de leyenda y cuánto de realidad con lo que sucedía en el fútbol de Colombia en los ´80?

–Yo sabía lo que pasaba con los carteles del narcotráfico; es decir, conocía de su existencia porque se hablaba de lo que sucedía. En el fútbol era conocido que manejaban algunos clubes con dinero muy importante. Pero en mi paso como futbolista y en mi vida cotidiana no tuve ningún problema. Socialmente mi cotidianidad era muy limitada y no transitaba por lugares que sabía podían ser peligrosos. En Bogotá y en Cali no me tocó atravesar ningún hecho desagradable o complicado.

–Corea y Canadá son destinos exóticos para el fútbol, en aquel momento más todavía, ¿fueron experiencias positivas?

–A Corea tenía pensado ir con mi familia, pero terminé yendo solo porque sabía que la vida iba a ser difícil. La comunicación, la comida, las costumbres, los viajes, todo implicaba estar muy dispuesto. En Canadá, en cambio el tiempo, que fue corto, fue muy lindo. Estaba en Montreal, una ciudad muy desarrollada y que celebraba sus 250 años, motivo por el cual también había decidido armar un equipo de fútbol que fuese más competitivo.

–¿Y al regreso a la Argentina?

–El retiró se dio solo. Yo había estado varios años afuera y la verdad que cuando volví me sentí un poco perdido. Y la verdad que no quería andar yendo a ofrecerme a los clubes. Me daba vergüenza ir a pedir que me contrataran, no me parecía ético. Y entonces decidí que si me buscaban de algún equipo seguía, pero si no, hasta ahí había estado bien. Y como no recibí ningún llamado, me retiré a pesar de que tenía una edad en la que podía seguir jugando, en la que yo sentía que todavía podía hacerlo bien.

–¿Sufrió ese final?

–Los primeros seis meses fueron muy difíciles, hasta físicamente, porque el cuerpo tenía un habito que dejó de estar. Y el cosquilleo de entrar a la cancha era algo que me faltaba, una ausencia que sentía mucho. Había un vacío. Estaba angustiado y ni siquiera quería ir a la cancha por la melancolía que me daba.

–¿Y cómo lo superó?

–Manteniendo la cabeza ocupada en otras cosas y haciendo el curso de técnico. Ahí encontré una transición que me hacía bien. Y al final el tiempo afuera del fútbol fue corto, porque pude empezar rápido como entrenador.

–Después de medio siglo de fútbol, jugándolo de chico, formándose en inferiores, como profesional y luego como entrenador, ¿cómo vive hoy el fútbol?

–Feliz. Disfruto el día a día, entrenar, estar en el club, compartir con los jugadores, enseñar. Estoy al frente de un equipo profesional, pero me gusta mucho la docencia en el fútbol, estar cerca de los más jóvenes. Los partidos, competir, tiene sus cosas, pero después de tantas batallas estoy tranquilo. Hay un desborde de locura que yo no tengo. Sigo queriendo tanto al fútbol como cuando era un chico.