Camino a la gloria

">
A 16 años del mítico reality show de Canal 13, Enganche reconstruyó las increíbles historias de sus finalistas y recorrió junto a ellos el sueño de ser futbolistas visto a la distancia. De Aimar Centeno y su prueba en el Real Madrid al programa estadounidense que catapultó a los hermanos Funes Mori a la fama, la cara y cruz del sueño televisado de la pelota comienza en un reparto de Coca Colas.

Son las 10 de la mañana de una jornada de invierno y la camioneta para lentamente en la puerta de un pequeño local. Un hombre baja de ella, conversa un rato, anota unas cosas, se despide y se va. Arregla un pedido de gaseosas, pero le quedan varios más, todos en la cercanía de Junín. Esos pocos vecinos que van y vienen buscando la compra del día no saben que acaba de pasar frente a sus ojos un futbolista de excepción, el mejor entre más de 12.000, el que deslumbró a los formadores más entrenados, el que llegó al Santiago Bernabéu y el se puso la ropa del Real Madrid. Aimar Centeno se vuelve a subir a la chata para seguir camino. Esas Coca Colas no se van a vender solas.

“La idea es armar un equipo de fútbol y que, de ahí, el que se destaque vaya a probarse al Real Madrid”, aseguraba, hace 16 años, Mario Pergolini, el conductor del ya mítico “Camino a la Gloria”, el reality argentino que buscaba talentos ocultos en el país y que tuvo en vilo a una generación de pibes cada lunes a la noche cuando, desde la pantalla de Canal 13, el público seguía el derrotero de un grupo de jovencitos de entre 14 y 19 años que peleaban por el trofeo. Esa copa conducía directamente a una semana bajo el mando de los entrenadores de la Casa Blanca del fútbol español. La selección quedaba a cargo de un jurado compuesto por Roberto Perfumo, Carlos Mac Allister, José Basualdo, Delém y Javier Castrilli, que de 12.000 sacaron 4.000, de allí 2.000, 400 y los finales 42 que se alojaron en una concentración en el Hindú Club. En pleno impacto tras el diciembre fatal del 2001, aquella salida hacia Madrid parecía el sueño dorado de la época.

Las leyendas populares sobre los cracks que pasaron por Camino a la Gloria y no atravesaron los filtros son de lo más diversas. Lo cierto es que Aimar Centeno, un volante de 16 años oriundo del pueblito bonaerense de Agustín Roca, viajó hacia España y se probó en el Real Madrid. Lo que trascendió menos es que en su primera práctica tuvo la mala fortuna de desgarrarse el aductor a los pocos minutos. Los nervios y el viaje fueron un combo agotador para el tímido jovencito, que llegó a dar una entrevista como gran promesa al diario ABC, donde le criticaron su falta de elocuencia para hablar. La estadía de una semana se prolongó a un mes, debido a que Centeno se recuperó en las instalaciones del conjunto blanco. El final era previsible: no quedó y fue devuelto a Argentina, donde tuvo pasos cortos por River (compartió plantel con Radamel Falcao y Augusto Fernández) y Chacarita. Luego, anduvo por Sarmiento de Junín, pero no pudo llegar a debutar en Primera División. Aimar volvió a su pueblo y decidió ser feliz en el Origone FC, con sus amigos. “Cuando voy a Capital, la gente se queda mirándome. Es como si me reconocieran. Los que sí, me preguntan dónde estoy jugando. Les contesto y ya: no me jode”, le contó hace algún tiempo al periodista Nicolás Rotnitzky.

El segundo en aquel certamen contesta feliz mientras vuelve del profesorado de educación física. Santiago Fernández, volante derecho, estuvo a punto de ganar Camino a la Gloria y era el preferido de varios de los jurados. “Me dijeron que después del programa nos iban a probar en Boca y en River, pero nada de eso pasó. Me quedé jugando en Excursionistas y a los seis meses me vino a buscar Gustavo Mascardi, que me llevó a Ferro”, relata Fernández. Mascardi, que gerenció con desastrosos resultados al equipo de Caballito durante los inicios de la década pasada, se llevó al segundo mejor del reality y a otra de las perlas, Andrés Amodey, un prometedor jovencito que no obtuvo el cetro por algunos actos de indisciplina. Luego de que pagaran 25.500 pesos por su pase, Fernández se desarolló en Ferro, donde debutó en Primera y jugó por varios años. Su carrera siguió en el Olaría de Brasil, Agropecuario de Carlos Casares, Chacarita y Unión Aconquija. A los 30 años, una lesión en la columna vertebral terminó empujarlo a decidir el retiro.

Ver jugar en el 2018 a Javier Coletti es ver jugar a un crack de barrio en su máxima expresión. A los 35 años, sus pisadas en un potrero de zona norte llevan bajo la suela al gen del enganche argentino. A principios del 2003, el tercero detrás de Centeno y Fernández fue apadrinado por el Pepe Basualdo, que luego del programa lo conectó para la firma de un contrato que lo llevó al Querétaro de México. Allí jugó seis meses bajo la dirección de Julio César Uribe, un entrenador de largo camino que llegó hasta el comando de la selección de su país en el 2007. Luego de medio año en el plantel profesional, la federación mexicana bajó el cupo de extranjeros y Coletti se quedó sin ficha, aunque cumplió su contrato. Al final del vínculo, dejó la práctica profesional y se quedó trabajando para el club como ojeador de talentos. Su jefe de entonces, recuerda, era un “narcotraficante que hoy está preso en los Estados Unidos”. En México, una noche, cumplió el sueño de conocer a Diego Maradona y regalarle un reloj. En el medio de la cena debió refugiarse en el baño a llorar de la emoción por una anécdota de Diego.

Matías Ragusa, otro de los finalistas, fue el que más lejos llegó, al menos en términos de distancias. El delantero rosarino encadenó 12 clubes del ascenso italiano, en los que que marcó más de 120 goles. El artillero capitalizó en el Thermal Ceccato, Independiende de Bigand, Asti Calcio, Chioggia Sottomarina, Gaeta, Noventa, Asolo Fonte, Montegiorgio, Arronese, Porto Potenza y el afamado Venezia, que hoy milita en la Serie B. Además, pasó por Unión Casildense, el Porvenir y varios equipos más de la Argentina, donde se encuentra afincado y retirado tras 14 años de fútbol. Alexis Damián Luna fue otro que tuvo recorrido entre Fénix, Cipolletti, Deportivo Roca y Círculo Italiano.

Javier Castrilli, ex árbitro y jurado de Camino a la Gloria, recuerda con cariño a Roberto Perfumo, el Mariscal fallecido en el 2016, que también fuera parte de la elección de jóvenes talentos. “Fue un honor trabajar con él. Del programa tengo el mejor recuerdo. A algunos de los pibes todavía los tengo de amigos en el Facebook”, rememora con ternura el Sheriff. Y marca: “Solucionar las diferencias naturales con el esfuerzo por entenderlos en sus respectivas historias en plena competencia es un recuerdo imborrable. Claro que volvería a una experiencia como esa, incluso en el disenso. En la cocina de la convivencia fue un enorme aprendizaje para todos”. Y destaca que los finalistas tenían todos material para jugar en la máxima exigencia.

La historia de los realities de talentos futboleros tiene un gran final feliz, aunque fuera de Camino a la Gloria. En 2001, Rogelio y Ramiro Funes Mori, cursaban los últimos años de la primaria cuando viajaron a vivir a los Estados Unidos. Años más tarde, ambos se inscribieron en ‘MLS Dream’, un programa televisivo participaron 2.000 jóvenes futbolistas que peleaban un lugar: al ganador se le ofrecía un contrato profesional con el FC Dallas. Rogelio ganó y Ramiro lo siguió. Sin embargo, lejos de terminar en la liga local, ambos partieron al Chelsea, donde se probaron con éxito durante dos semanas, tras las que debieron volver por falta de pasaporte comunitario. Desde allí, River apareció en el camino de ambos. Rogelio juega en el Monterrey, tras pasos por Portugal y Turquía. Ramiro lo hace en el Villarreal, al que llegó desde Everton, lugar desde el que saltó a la Selección Argentina.

Años después del mítico Camino a la Gloria, Aimar Centeno puso el fútbol en segundo plano y se dedicó a ser preventista de Coca Cola en la zona de Junín, junto a sus hermanos. Aunque sigue jugando al fútbol en su pueblo, llegó a contar que a la distancia no repetiría su incursión en el reality. “Creo que el camino para llegar es otro, el camino en el que iba antes de entrar al programa”, cuenta, refiriéndose a su paso previo por la legendaria cantera de Renato Cesarini. Aunque cree que aquello le restó, valora el hecho impensado de terminar probándose en el Real Madrid, donde conoció a Emilio Butragueño y a Vicente del Bosque, entre otros.

Santiago Fernández trabaja como asesor de seguros en un banco, desde el que sale y va derecho a meterse en el profesorado de educación física, su nueva pasión. Todavía hay gente que le recuerda aquel programa con enorme suceso. “Me encantó haber estado. Lo disfruté muchísimo y me marcó para ser jugador de fútbol. Tuvimos charlas hermosas con tipos de trayectoria. Aprendí mucho”, explica. Y remarca: “Paré con el fútbol por una fisura y porque no era la vida que quería. No quería llegar a los 50 años roto de la cintura. Más no podía dar. Viví cosas lindas”.

Javier Coletti volvió a la Argentina en el 2008 con una mano atrás y otra adelante, pero con un pequeño ahorro con el que llegó a comprarse su departamento. Hoy es conductor del Ferrocarril San Martín, donde a diario hace el recorrido Retiro-Pilar. Aunque dejó de ser el flaquito que rompía cinturas en Camino a la Gloria, sigue jugando para Los Pitucos, un equipo del torneo de la Juventud Fraternal Peronista, donde juegan los trabajadores de los trenes. Allí es leyenda por sus títulos de goleador y figura. Este cronista lo vio jugar y cabe hacer justicia: la rompe. “Sin dudas volvería a vivir el programa otra vez. Nadie me quita lo bailado. Fuimos a concentrar al Hindú Club, donde sólo podían llegar Boca o River. Nosotros vivimos como reyes”, dice y todavía no puede creer que tras su participación la gente lo paraba por la calle para saludarlo.

Matías Ragusa no tiene dudas en confirmar que el programa “fue una experiencia distinta a lo que es la vida real”. Y apunta: “Fue como ir de viaje con amigos y jugar al fútbol”. Sin embargo, sostiene que no le trajo beneficios en su carrera: “Es más, se me hizo más difícil después”. Con el dinero que juntó en Europa, se abrió una inmobiliaria y hoy trabaja como corredor en el rubro en la provincia de Santa Fe.

Aimar Centeno, Santiago Fernández, Javier Coletti y Matías Ragusa se suman a otros nombres del imaginario popular, como Mariano “El Bati” Lagreca, Maxi Cavallo, Alexis Luna, Emilio Gallo, Víctor Zabala, Valentino Bonavita, Juan Ignacio Miranda, Andrés Amodey y otros tantos pibes talentosos más que fueron parte de un sueño televisivo que duró lo que duró la emisión. Detrás de las cámaras, muchos de ellos siguieron peleando por un destino con la pelota. Con 16.9 puntos el día de su capítulo final, Camino a la Gloria hubiera sido lo más visto del día en la gran mayoría del 2018. Aunque parezcan olvidadas, hoy aquellas estrellas caminan entre nosotros. Por eso, no se distraiga, un crack puede estar vendiendo gaseosas adelante suyo.

Funes Mori