Don Bosco

El campeón que tras la vuelta olímpica se fue al descenso

Un club patagónico vivió la increíble situación de ser campeón y pocos días después irse al descenso.

Llorar de alegría y de tristeza. Festejar un campeonato y adosarle enseguida la amargura del descenso. Eso transitó Don Bosco en 2018. Una fecha antes que culmine el campeonato de la Liga de Neuquén, el conjunto de Zapala gritó campeón tras un torneo que lideró de punta a punta. Sumaba así la cuarta estrella en la historia del club, tras las consagraciones de 1989, 1998 y 2003. Pero la alegría se ensombreció por el descenso simultáneo. Campeón y a parar a una categoría inferior, sí.

¿Cómo pudo suceder algo así? El reglamento del certamen neuquino establece que la sumatoria de puntos de todas las divisiones de cada club es la que determina sostener la categoría o perderla. La medida fue tomada para que las instituciones no solamente se preocupen por la primera, sino que también a las inferiores se les otorgue la misma relevancia y dedicación. Muchos dirigentes no estuvieron ni están de acuerdo con esta decisión, porque entienden que obliga a los chicos a pensar solamente en ganar y no en divertirse ni aprender. Lo que hagan pibes de 11 años termina por definir lo que ocurre con los mayores.

El 16 de diciembre del año pasado Don Bosco gritó campeón, pero desde entonces transitó una semana de festejos contenidos en el temor, porque en la última fecha la lucha no sería por una vuelta olímpica sino para quedarse en la primera división local. Finalmente, la sumatoria de puntos total no le alcanzó y el descenso se hizo inevitable.

“Lo que pasó hizo que tengamos sentimientos cruzados. Resultó una alegría grande salir campeones y el descenso no me dolió tanto porque busqué tomarlo como un aprendizaje que nos permita llegar a lago mejor. No es un deshonra perder ni bajar de categoría. Ese es el mensaje que bajamos en el club: lo importante es competir con buenas herramientas, en cualquier categoría. Juntarse con compañeros y compartir es lo importante; así se disfruta el fútbol”, expone José Belabarba, coordinador del club, en diálogo con Enganche.

El recorrido por la segunda división de Neuquén se desarrolló con la fuerza y el impulso de un campeón herido que necesitaba demostrar lo inmerecido que era lo que le había ocurrido. Con un promedio de cuatro tantos por partido, El Barrio -como lo apodan- goleó en todos los encuentros y ascendió con el sobrante de un par de fechas.

Don Bosco está rodeado de calles de tierra, lleno de potreros que abastecen de jugadores y con gente que trabaja para el crecimiento del club. El único punto positivo de su estadía en la B fue volver a enfrentar al rival de toda la vida: Unión de Zapala. Jugaron dos veces y festejó en ambas. Con esas victorias, además, logró dar vuelta el historial. En uno de esos encuentros la celebración se desmadró cuando un hincha causó incidentes con el uso de pirotecnia. El castigo resultó ejemplar para el culpable al sancionarlo con la prohibición de asistir a la cancha y a cualquier otro evento deportivo a lo largo de 20 fines de semana. Y eso no es todo: cuando juegue Don Bosco deberá presentarse en la comisaría de la ciudad y permanecer ahí durante todo el encuentro.

Fundado el 18 de abril de 1963, mientras la presidencia de la Nación la ocupaba de modo provisorio José María Guido, desde el momento en el que abrió las puertas por primera vez el club se preocupó por tener una línea de conducta que lo distinga. Así es como en la actualidad los padres que insultan a los rivales o a los árbitros son sancionados. Si algún jugador del primer equipo no se compromete como corresponde y pasa por alto las pautas de descanso establecidas también es reprendido: para entrenarse y jugar deben estar en buena forma.

Los dirigentes de la institución están en desacuerdo con el reglamento que la Liga estableció para los ascensos y descensos. Argumentan que ellos no forman jugadores, si no personas con valores. El mayor orgullo futbolístico de Don Bosco es Marcos Acuña. El mundialista en Rusia 2018 comenzó a jugar al fútbol en el club zapalense, al igual que Rubens Sambueza.

Fernando Pettineroli es el mejor jugador que tiene la institución. Un delantero de 24 años que mira videos de Rafael Santos Borre, el futbolisa de River al que admira. Además de calzarse los botines atiende el local de su papá para ayudar en la familia. “Hace 15 años llegué al club, era chiquito y no recuerdo mucho. Mi sueño siempre fue jugar a la pelota y ahora que lo logré quiero ayudar al club para que crezca en lo deportivo y en lo económico”, se entusiasma. Con Messi como ídolo, cuenta que a los 17 años lo llamaron para jugar en el exterior: “Me buscaron de Chile y viajé. Jugué dos temporadas en Huachipato, pero después me volví. También me llamaron de Cipoletti para jugar en el Federal A, pero decidí quedarme en Don Bosco. Soy felíz en este lugar. Tengo todo acá”, explica con inconfundible tono de pertenencia.

Es al estrella del lugar. Un chico no vidente y simpatizante del club pidió al egresar de la secundaria que el jugador que lleva el número siete en su espalda estuviese en la entrega de diplomas. Pettineroli presenció la ceremonia y posteriormente le regaló una camiseta. “Sentí mucha alegría, era algo muy difícil de explicar. Que me pida a mí que esté en su egreso fue algo importante en mi vida, te hace sentir especial y son cosas que nos las olvido ni las cambio por nada”, narra emocionado el Messi de Neuquén.

En la máxima expresión del fútbol argentino, Tigre expuso el desatino con el que muchas veces se elaboran los reglamentos cuando en la temporada pasada ya descendido fue campeón de la Copa de la Superliga. En la lejanía de la Patagonia, Don Bosco vivió algo muy similar en Neuquén. El equipo de Zapala dirigió esa bilis en un solo trago y rápido regresó a primera. Don Bosco silenció el descenso con el grito de campeón.