Carlos Martín Volante

El hombre que le puso su apellido a un puesto

A un par de cuadras de la cancha de Lanús nació el futbolista que llevó su talento al fútbol brasileño y su estilo de juego redefinió el estilo del mediocampista tradicional sudamericano; esas características fueron las que valoraban los técnicos y para explicarle a sus dirigidos cómo pretendían que se desempeñen les decían: "jugá de Volante"

A quien creyese conocer todos los secretos de los cancerberos voladores delante de los tres postes con sarcasmo podría renombrárselo como José Arquero. Si existiese una defensora inmejorable en técnica, lectura de juego, destreza y fortaleza sería en ese imaginario de perfección María Central. Y de haber un atacante que jamás hubiese fallado una chance para festejar un gol sería Pedro Delantero. Pero hubo alguien que, sin ironía ni fantasía, efectivamente le puso su nombre a un puesto: Carlos Volante. Porque antes de que la nomenclatura futbolera girase hacía la ampulosidad para ponderar a interiores y carrileros, todos los que jugaban en la mitad de la cancha eran volantes. Y eso fue por Carlos.

Hijo de inmigrantes había nacido a pocas cuadras de la cancha de Lanús y ahí, hace un siglo, comenzó a jugar al fútbol. A los 19 años, debutó con la camiseta granate el 19 de noviembre de 1924 en el empate 2-2 con Tigre. Jugó como half izquierdo en aquellas líneas medias de tres hombres delante de los zagueros y como sostén de la W compuesta por cinco atacantes. Ese año jugó apenas tres partidos oficiales. En 1925 jugó dos encuentros y en 1926 actuó solamente en uno. En total disputó seis juegos oficiales para Lanús entre 1924 y 1926.

Con el rigor de un arqueólogo del fútbol, Alejandro Fabbri acomoda las cosas al aclarar que “hay leyendas que lo colocan en el amateurismo en San Lorenzo y Vélez, pero no son reales; nunca jugó para ninguno de esos dos equipos. Y precisa su carrera: “Su campaña comienza en Lanús (1924-26), donde había hecho las divisiones inferiores; luego pasó a General San Martín (1926) y de ahí se incorporó a Platense (1927 hasta abril de 1931, cuando finalizó el torneo de 1930)”, describe Fabbri. Con la camiseta del Camalar jugó 97 partidos, marcó diez goles y alcanzó la notoriedad suficiente como para ser tapa de la revista El Gráfico. Según el sitio Historia de Boca Juniors, se puso la camiseta de Boca para un amistoso el 6 de enero de 1928 y marcó un gol en la victoria 5-1 ante un combinado local. “Mientras jugaba en Platense, debutó para la Selección Argentina, en el 1-1 con Uruguay, en Montevideo. Ese del 16 de junio de 1929 fue su único partido en la Selección”, repasa Fabbri, y ordena también sus pasos al otro lado del océano Atlántico: “En Italia se incorporó al Livorno (campeón de 1932/33 de segunda división) y pasó por Napoli y Torino. Llegó a Francia a fines de 1934, donde jugó para Rennes, Olympique Marsella y Paris Football Club. Luego del mundial de 1938 en Francia se incorporó a la delegación brasileña y viajó hacia Brasil con el plantel”.

Su desembarco en el fútbol carioca para convertirse en jugador de Flamengo y bautizar al puesto con su apellido estuvo precedida por un particular tránsito y escape de Europa. Cuando el fascismo de Benito Mussolini estableció la obligatoriedad de que los hijos de italianos se alistasen al ejército, en un ambiente asfixiante que presagiaba la Segunda Guerra Mundial, cruzó la frontera para instalarse en Francia. Cuando en 1938 se disputó el Mundial en Antibes, Burdeos, Le Havre, Estrasburgo, Lille, Marsella, París y Toulouse, el guitarrista argentino Oscar Aleman, también vecino de Lanús y quien había vivido en Brasil, lo contactó con la delegación de la selección que todavía no era verdeamarela, sino que aún se vestía de blanco con vivos azules. Volante se integró como colaborador de múltiples prestaciones, incluyendo la de masajista. Cuando lo vieron jugar en las prácticas, lo invitaron a que se sume al regreso a Brasil para calzarse los botines otra vez en Sudamérica. 

Contratado por Flamengo, donde jugaría cinco años, se diferenció por su ubicación en el eje de la cancha y una enjundia en el juego que eran desconocidas. “Mostró una función como mediocampista central con un estilo que resultaba algo novedoso para la época”, explica Fabbri. La utilidad de esa manera de desempeñarse en la formación del conjunto de Río de Janeiro empezó a ser imitada por otros equipos, y la forma de los entrenadores para explicarle al futbolista designado cuál era su tarea, era simplemente decirle que lo hiciesen como Carlos Martín Volante. Entonces, el apellido dejó de ser tal para convertirse en un puesto, denominación que se extendió por todo el continente.

En su texto “Un centrojás llamado Volante”, Marcelo Calvete alumbra el pasado y el origen de la denominación: “El primer gran centro-half del fútbol brasileño había nacido cerca de la cancha de Lanús, y que tanta había sido su impronta en el fútbol de Brasil que con su nombre fue rebautizada esa posición en el terreno de juego, y la nueva denominación, con el paso del tiempo, se había extendido a todo el continente. Los futbolistas y entrenadores que emigran al fútbol europeo expresan su curiosidad sobre un término –volante- que en Europa se desconoce por completo, mientras que en todas las ligas de Sudamérica es de uso corriente. (…) Ahora sabemos que surgió en Brasil, cuando con la llegada de Carlos Volante advirtieron que el típico 5 rioplatense se desempeñaba de manera diferente, y para simplificar la orden, los entrenadores solían indicarle a sus dirigidos jugá de Volante”.

Cuando Europa todavía crujía agrietada por la guerra que había presagiado, Volante se retiró del fútbol. En 1946 inició su carrera de entrenador en el mismo equipo en el que había empezado a jugar: Lanús. Al año siguiente volvió a Brasil y trabajó como técnico hasta 1970. En aquellos años como conductor, Volante fue distribuyendo volantes por un lado y otro. Su apellido ya había dejado de pertenecerle para ser patrimonio del fútbol.