Cerro

“Jamás me imaginé vivir del fútbol, iba a ser abogado”

A Pancho lo conocí a mediados del 2009 cuando el Chaucha Bianco, luego de verlo en un entrenamiento con la cuarta, lo subió a la Primera de Quilmes para jugar el último partido del campeonato. Era culto, callado, amable y con una fuerte impronta provinciana: escuchaba mucho más de lo que hablaba. Al volver de las vacaciones, el entrenador decidió ponerlo en la habitación conmigo durante los quince días que nos pasamos entrenando en Mar del Plata. “Dos locos que se pasan la concentración leyendo, seguro se van a llevar bien”, pensó. Igual, ante la duda, me preguntó antes. “El pibe estudia derecho, ¿te molesta que te acompañe en la pretemporada?”. Estudia y juega al fútbol, cómo no aceptarlo.

-De chico te imaginabas jugador de fútbol?

-Jamás me imaginé vivir del fútbol. Nací rodeado de libros de abogacía: mi viejo es abogado, mi abuelo lo era también. El Estudio Jurídico de la familia quedaba en la esquina de casa. Crecí hablando de Política y de Derecho. Era algo que se charlaba en la mesa con mis viejos, especialmente cuando mi abuelo vivía. (NdeR: Francisco Cerro fue candidato a presidente de la Argentina en las elecciones del 30 de octubre de 1983, por el partido Demócrata Cristiano, junto a Arturo Ponsati. Raúl Alfonsín obtuvo el cargo con el 51% y la fómula Cerro-Ponsati terminó sexta con el 0,31% de los votos.)

-¿Había un mandato familiar con el derecho?

-No necesariamente. En la familia somos cuatro hermanos, yo soy el mayor y el único que estudió derecho, pero podría decirse que viene de familia, así como llamar Francisco al primer varón. Mi abuelo era la cuarta generación de Francisco Cerro. Luego viene mi padre, después yo y el año pasado nació mi primer hijo: el séptimo Francisco de la dinastía Cerro.

-¿Y cómo un Francisco Cerro, entonces, terminó futbolista?

Para mí, el fútbol era una utopía. Hay una frase que dice: “Para qué sirve un utopía, sino para seguir caminando” (NdeR: es una frase de Eduardo Galeano en el texto “Derecho a soñar”.) Bueno, yo caminaba atrás de esa utopía cuando me vine de Santiago del Estero a Buenos Aires. A fines del 2005, todavía jugaba de enganche en la Primera de Central Córdoba, estaba terminando el secundario y tenía todo arreglado para irme a estudiar Derecho a la Universidad Nacional de Córdoba. En un partido me vio el hijo del Flaco Menotti, que en ese momento gerenciaba las inferiores de Quilmes, y me ofreció una chance. Era una buena oportunidad. Lo charlé con mis viejos y me vine como si fuese una aventura, con la condición de seguir estudiando. Así que recién a los 18 años empecé a entrenarme todos los días. Tres años después, debuté en Primera.

-¿Cómo compatibilizaste el estudio con el fútbol?

-Cuando jugaba en Quilmes me identificaban algunos compañeros de aula o los docentes de la Facultad, pero no mucho más. En Vélez eso empezó a aumentar. Creo que ha sido el lugar donde más he crecido como persona y como jugador de fútbol, incluso fui convocado dos veces a la selección, pero el reconocimiento fuerte me llegó cuando en Racing y para ese entonces ya no estudiaba.

-Mencionaste el paso por la Selección. ¿Cómo lo recordás?

-El primero fue un Argentina-Brasil, la vuelta del Superclásico de las Américas del 2012, en la Bombonera. En principio no iba a jugar, pero el Chapu Braña se lesionó en el entrenamiento previo, vino Sabella y me dijo que iba de titular. Ganamos 2 a 1 y después perdimos en los penales. Creo que dejé una buena impresión y por eso me convocó por segunda vez: Argentina-Italia en Roma por la asunción del Papa. Pese a ser un amistoso, estaba todas las figuras, era un partido importante y con Maxi Rodríguez fuimos los únicos dos convocados del torneo local.

-Por cómo lo decís, fue un impacto…

-Claro. Primero conocer al Papa en una audiencia privada en el Vaticano y después conocer a Messi. Encima, fuimos tres días antes a Roma para prepararnos y Lionel se cambiaba al lado mío en los entrenamientos.

-¿Le hablaste?

-No, no me animé a hablarle. No me animé a pedirle una foto. En ese momento, no quería quedar como un cholulo. Hoy, me arrepiento enormemente.

-Y, bueno, uno siempre tiene algo de que arrepentirse.

-Pará, sigue. Termina el partido, salíamos por el túnel, que después se convertía en un pasillo largo, donde el vestuario de Italia venía primero y atrás estaba el nuestro. Cuando paso por la puerta estaba Pirlo, apoyado, con una camiseta de Italia en la mano. Yo pase de largo sin decir nada pero cuando estaba por entrar a nuestro vestuario me dije: “No le pediste una foto a Messi, tenés que pedirle la camiseta a Pirlo”. Así que volví, pero cuando llegué, él ya no estaba. Estaba Kareem El-Shaarawy. ¿Qué iba a hacer? Lo peor era volverme sin nada. Así que no tengo la camiseta de Pirlo, pero tengo la de El-Shaarawy.

-Hablamos mucho del pasado. ¿Qué te imaginás de tu futuro?

-Estoy convencido que quiero seguir jugando al futbol unos cuantos años, luego recibirme de abogado, especializarme en derecho deportivo y dedicarme a defender el derecho de los futbolistas.