Claudio Borghi

La calle en los pies y el pueblo en la boca

El jugador que fue, el técnico en reposo, el comentarista en ciernes, la vida y los conflictos en Chile. Diego, Messi, los recuerdos y la mirada del Bichi.

Es imposible no quedarse suspendido en el espacio cuando se escucha del otro lado a una persona que tiene algo para decir. No importa qué haga ni cuán importante sea, es simplemente observar esa piel curtida y poder ver cómo corre la vida por esos surcos. Es verdaderamente una experiencia que siempre vale la pena. Es historia de 55 años frente a los sentidos. Es un mojón dentro de un capítulo de relatos que encantan. Por eso, cuando los protagonistas hacen su trabajo todo fluye y se corta el aire.

Enganche, calle, sabiduría, respeto, claridad, familia, mundo, experiencia, códigos, aciertos, errores. Una y mil vidas. Claudio Borghi, el Bichi, es todo eso y poco más. Desafía las lógicas deportivas, interpela, invita a pensar, se reconoce terrenal, se acepta uno más, no le escapa a nada, se muestra perfectible, exuda Castelar, respira mundo. Un estilo encantador.

–Sos comentarista, ¿cómo llevás esta nueva etapa vinculado al fútbol desde otro lado?

–Esto ocurrió hace dos años y tanto. Me propusieron comentar fútbol y, al principio, les dije que no me contrataran sino que me invitaran porque no sabía cómo me iba a sentir, cómo me podía ir. Probé durante tres semanas la dinámica, las formas… Porque uno, en ese rol, está hablando de colegas, de compañeros. Entonces tenía algunas precauciones con ese tema. A partir de ahí comencé con algunos partidos de fútbol local y luego de selección. Después surgió la posibilidad de trabajar con Estados Unidos, en el Mundial, con la Copa de las Confederaciones y me fui quedando. Me viene bien porque es mirar el fútbol desde otro lado, desde otra avenida. Y hasta ahora creo que lo he llevado bien.

–Siempre fuiste un tipo con una mirada muy aguda sobre el fútbol, un amante del fútbol que lo disfrutaste primero como jugador y después como entrenador. ¿Este costado nuevo te permite disfrutar el juego de otra manera?

–Lo que pasa es que el fútbol es más simple de lo que la gente nos quiere hacer entender. Creo que está el hecho de que mucha gente dice que el que jugó entiende mucho mejor que el que no jugó y no es así. Hay muchos jugadores que han jugado 30 años y no entienden el juego, sólo lo han jugado. Y en el aspecto mío, la experiencia que tengo como ex jugador y como entrenador me hace ver algunas cosas que la gente no puede ver, no puede entender. Lo que me gustó de esta propuesta es que, justamente, me contrataron para esto, para darle una mirada ni de espectador ni de periodista, sino de entrenador y ex jugador. Y se me hace fácil porque tengo que repetir lo que estoy viendo, que no siempre es la realidad ni lo justo.

–¿Extrañás al entreandror?

–Se extraña, fundamentalmente, el campo, el hecho de estar con los jugadores, con la pelota. Porque yo ahora, quizás, veo más fútbol que cuando dirijo. Porque cuando dirigís te concentrás en tu equipo y en el próximo rival. Y acá tenés que ver diferentes rivales, diferentes equipos, tenés que imaginarte qué puede pasar, cómo lo van a plantear. Veo fútbol desde otra óptica y eso es bastante interesante.

–¿Tenés ganas de volver a dirigir?

–Me cansa la rutina, me cansa hacer todos los días lo mismo. No soy un tipo que está acostumbrado a tener rutinas importantes. Me ofrecen trabajo, pero son para tapar agujeros de equipos que están con quilombo, que tienen problemas, que no ganan. La verdad es que estoy detrás de un proyecto más que de un sacabollos. Entonces se hace difícil, porque los técnicos que ganan se mantienen y los que cambian son, normalmente, aquellos que tienen problemas. Así que me mantengo un poco alejado de la tentación de agarrar solamente para estar en la cancha.

–¿Por qué saliste de ese circuito, qué te empujó a correrte de esa vorágine?

–Soy muy inquieto en lo que me gusta hacer y en estas cosas que me proponen. Encontrar este lugar de trabajo no es que me haya hecho salir del fútbol, sino de la rutina del fútbol. A veces no te llama nadie y te preocupás. Y cuando te llaman decís “pucha, que no me salga porque no me gusta y no quiero meterme en este lío”. Es medio raro, ¿no?

–Leí mucho sobre tu mirada de lo que está pasando en Chile y, en más de una oportunidad, dijiste que sos casi tan chileno como argentino o más chileno que argentino. ¿Cómo te tomó todo esto que sucedió, es imposible correrse?

–Mucha gente cree que yo estoy nacionalizado y yo sigo siendo argentino, no tengo nacionalidad chilena. Lo que sí, ellos me han dado el orgullo de hacerme sentirme uno más. Y eso me agrada mucho, porque hace 27 años que vivo acá; estoy más que habituado. Lo que ha pasado en Chile no lo esperábamos, no esperábamos estos focos de violencia. Y uno queda sorprendido, porque viví tantos años acá y no me di cuenta que esto podía pasar. Pero hay algunas cosas que están muy bien peladas en cuanto a la exigencia, fundamentalmente, con la salud y la educación; ahí el gobierno tiene que dar respuestas. Lo que no estoy de acuerdo es con los métodos de protesta que llevaron a la quema de muchos lugares públicos, muchas empresas chicas o el mismo subterráneo, que lo quemaron y quedó mucha gente en pelotas, porque es el medio de transporte más usado. En algunos momentos se tuvo miedo porque eran turbas incontrolables, pero el tiempo ha hecho que esto bajase un poco. Ahora, falta mucho porque lo que se ha pedido es casi imposible de cumplir en lo inmediato. Creo que el Gobierno se va a poner en campaña para cumplir lo urgente y lo básico.

–Llamó la atención cómo gratamente se involucraron los futbolistas y los deportistas. ¿Por qué se dio de esa manera?

–Hay una empatía con lo que ha pasado y la mayoría de nosotros venimos de lugares carenciados. Entonces sabemos perfectamente lo que está pidiendo el pueblo. Algunos jugadores tienen opinión, y muy buena; y otros, confieso, más que favorecer perjudicaron al momento. Porque cuando uno tiene una opinión y no está informado, esa opinión se convierte más que en una virtud en un problema. Acá, para bien o para mal, se involucró todo el mundo. Y el jugador de fútbol no se quiso mantener ajeno. Los partidos se suspendieron, la selección no jugó. Que no haya jugado la selección es complejo. No digo que haya forzado nada, pero ayudó a que los demás partidos no se jugasen y es un problema porque, más allá del calendario, hay mucha gente que depende día a día del fútbol y se quedó sin trabajo.

–¿Hay debate en función de eso? Porque es cierto que uno se solidariza y está bueno que se hayan involucrado los futbolistas, pero también hay una mirada reduccionista o muy concentrada en un solo lugar y se pierde de vista todo el contexto…

–Claro, se pierde todo porque en Chile hay realidades que no se pueden negar, como es la separación de clases. Se quiso ayudar de esa forma a que la gran masa pudiese pedir y tener mejores condiciones. Y eso se agradece mucho. Me da mucha pena porque si se para el fútbol dos meses, en lo personal no me afecta a pesar de que trabajo en eso, pero hay gente que depende del día a día, como los vendedores o los que son empleados seguridad, porque con el parate pierden una gran parte de su sueldo y en estas fechas especiales como es la Navidad es muy complicado. Tuvimos que apoyar porque era lo que se tenía que hacer, a pesar de que muchos espectáculos siguieron funcionando y lo único que se suspendió completamente es el fútbol.

–La tecnología aplicada al deporte es muy buena con lo perfectible que aún es. En cuanto al entrenador, ¿hace más fácil o más difícil la tarea cuando se la aplica?

–Toda la tecnología que se pueda utilizar, no sólo al fútbol sino a la vida diaria, es buena. Tener un teléfono que me sirva para informarme es extraordinario, pero ese teléfono, a veces, te saca la posibilidad de pensar o de razonar porque solamente tengo que leer. Y eso no te hace crecer el cerebro, sólo te lo alimenta. Y con el técnico pasa lo mismo, toda la tecnología que pueda aplicar es muy valiosa mientras que no me quite la posibilidad de tomar decisiones.

Jorge Valdano, Carlos Salvador Blardo, Diego Maradona y Claudio Borghi. El legado de México 1986

–¿Por qué la Argentina se convirtió en un buen productor de entrenadores?

–Creo que la crisis de 2001 hizo que el entrenador mirase más hacia afuera, porque antes de eso se pensaba casi exclusivamente en el fútbol argentino y, a partir de buenos o malos resultados, se podía cambiar de club o dar una vuelta, pero no se animaba a salir. A partir de 2001 los técnicos argentinos empezaron a salir y a descubrir no sólo a Europa sino también Sudamérica. No se atrevían a ir a Chile, a Perú o Brasil, que no era un mercado regular para nosotros. Y esa crisis permitió salir al exterior a los entrenadores, les abrió el campo de trabajo e hizo dar cuenta que tienen capacidad para dirigir en varios lugares.

–¿Cuál es el entrenador que más te gusta hoy?

–Creo que la revolución del fútbol moderno no la han hecho los entrenadores sino los preparadores físicos. A partir de lo que los PF, los médicos y los científicos han comenzado a mejorar el rendimiento de los deportistas, benefició a los entrenadores. Eso te da un campo de acción mucho más grande. Eso es más que interesante. Y, cuanto al entrenador que más me gusta… Guardiola es el más importante, pero tiene que ver con mucho marketing y cosas que encierra su personalidad que, por su puesto, lo merece mucho. Ancelotti ha ganado muchas copas con equipos grandes, chicos y medianos. Lo que hace Klopp ahora que es muy llamativo.

–¿Podrías enumerar qué cosas aprendiste de determinados personajes como jugador y como entrenador?

–Tuve desgracias en mi vida que se transformaron en suerte. Yo soy un chico de la calle, un chico que si bien tenía familia, vivía gran parte del tiempo en la calle. Entonces, la calle me dio conocimientos, me dio experiencia, me dio trato con la gente. Sé perfectamente lo que es tener plata y también lo que implica no tener para comer. Y eso fue una experiencia muy válida. La vieja que me crió, que fue mi abuela, sin ser una mujer muy académica era muy inteligente, me dio vivencias y me enseñó a tomar decisiones. Tuve gente que me enseñó mucho y gente que, quizás veía en mí algunas cosas especiales, entonces me fue ayudando a cultivarme y eso me dio posibilidades de mejorar. Claro que yo desde dónde salí a donde estoy… Si yo te dijese que lo tenía planificado no sería real, porque no tenía ninguna esperanza ni posibilidades. Entonces, el fútbol fue para mí un tren que pasó y me subí y no me bajé durante muchos años. Me ayudó a conocer gente, a viajar mucho, a ganar dinero, a tener tristezas y alegrías. Es el mundo en el que más me he desarrollado pero sin dejar de pertenecer a otro mundo.

–El futbolista, en la Argentina y también en Chile, ¿necesita más desarrollo personal como lo tienen los que juegan en Europa?

–No creo que podemos compararlo con Europa porque nos llevan años de cultura. No solo  de saber, sino de guerras, de hambre, de que te vaya bien y también mal. Somos un país con 200 años y nos falta recorrido. A pesar de tener la experiencia de nuestros abuelos y bisabuelos, que vinieron de allá. Yo hace años que vengo peleando, especialmente por el fútbol chileno, que es donde más me desarrollé profesionalmente, para una formación integral del jugador, no que solamente jueguen a la pelotita. Por ejemplo, si viaja a Buenos Aires, sepan por qué viajan, qué representa esa ciudad, cómo es su verdadero nombre, qué es el gaucho, qué es el tango… Se encuentran con un entrenador que, en el día libre, los alienta más a ir a un shopping que a un museo. Es que se gana un dinero y se piensa que siempre es así, pero no logramos tener una vida tan agradable post fútbol, ganamos un dinero que después no sabemos cómo invertirlo. Hay que enseñar las cosas más que imponerlas.

–Hay modelos de enseñanzas para los deportistas que demuestran que son bastante eficaces, por ejemplo lo que la NBA hace con sus jugadores, que en su origen son similares a lo que vive un futbolista en Sudamérica. ¿Por qué los entrenadores o las instituciones no se acercan a esos planes?

–Hay distintos tipos de entrenadores y eso es importante aclararlo. Cuando vos me preguntás si yo soy entrenador o formador, tengo dudas de si soy entrenador. Uno quiere sacar resultados inmediatos con los productos que tiene y el otro se va a preocupar un poco más por qué va a ser de la vida del jugador, qué intereses tiene o qué gustos tiene. En el modelo de los Estados Unidos, los jugadores van a las universidades y después de esta etapa pasan a equipos importantes. Sería ideal que nosotros pudiéramos invitarlos primero a jugar a una universidad y después pasar a un equipo profesional. Pero estamos culturalmente muy lejos. En la Argentina quizá es un poquito más fácil porque todo el mundo tiene la chance de estudiar, pero en Chile es imposible porque vas a estudiar lo que tu viejo pueda pagar y si tu viejo es camionero muy posiblemente vos seas camionero. No tenés posibilidades porque la educación es muy cara. Es necesario tener en los clubes esas herramientas, porque nosotros estamos formando personas no un producto.

–¿Hay muchas palabras de relleno en el  universo del entrenador?

–Sí, es comparado con el universo de la política. Cuando no estamos en el puesto prometemos muchas cosas que después no podemos hacer o nos olvidamos, porque nos ocupamos más por lo urgente que de lo importante.

–A la distancia, ¿qué reflexión te merece la experiencia que visite en Boca?

–Fue una experiencia muy buena. La gran diferencia que quizá encuentro con otros entrenadores es que cuando voy a un lugar es por un modelo o un proyecto, no voy por  el resultado inmediato, pero tal vez es un error para los tiempos que se viven. Pero bueno, es mi forma y no lo voy a cambiar, porque es parte de mi esencia. Si hubiera tenido más edad o más experiencia creo que podría haber sido diferente. Pero considero que fue una experiencia extraordinaria. Un mundo que no sabía que existía y cuando me hablaban del Mundo Boca, yo pensaba que eran unos pedantes que creían que tenían un mundo especial, pero una vez que estás adentro te das cuenta que es un universo muy particular y  que el Mundo Boca existe. Así que para mí fue un magister de aprendizaje mejor que haberlo hecho en cualquier universidad gringa o europea.

–¿Qué pensás de Riquelme en la vida política de Boca?

–Me alegro mucho que el marciano haya tomado esa decisión. Yo creo que él tiene condiciones para hacer otras cosas, aunque no estoy en contra que se haya metido en la política del club y que quiera ser el presidente de su casa. Yo hubiera pagado para que él comente fútbol, para que él pudiera hacerle ver a la gente lo que comúnmente no ve.  Yo creo que es un tipo muy inteligente al que deseo que le vaya bien. Y además está con un gran tipo, porque el señor Amor es una persona bárbara.

–¿Por qué le decís el marciano a Riquelme?

–En la intimidad lo llamo así. Yo le digo marciano por qué… Una vez mi hijo me preguntó si había visto alguna vez un plato volador y le dije que no, pero que había visto dos marcianos: Maradona y Riquelme. Por sus formas, por su estilo, por su juego. Riquelme fue un jugador completamente atípico, porque con su altura uno piensa que no se puede ser tan habilidoso, que no se puede tener un gran control del balón. Normalmente los que son hábiles son chiquitos, entonces, no pertenece Riquelme al prototipo de jugadores que se ven todos los días como un Messi o un Neymar. Los jugadores chicos, como tienen el centro de gravedad más cerca del piso tiene otras posibilidades. Este tipo, es muy raro en sus  formas o estilos. Y hasta fuera es diferente, porque la gente lo ve muy tosco y muy duro, pero en la intimidad es un tipo muy agradable, amable y un gran conocedor del fútbol.

–¿Neymar y Messi son más terrenales?

–No, son de otro planeta, lo que pasa es que yo te digo que esos dos son marcianos porque yo tuve la oportunidad de compartir con ellos. Cuando vos ves un tipo por TV no es lo mismo que verlo a tu lado. Yo tuve la fortuna de enfrentarlo a Messi, pero no de verlo todos los días. Yo me acuerdo del Bambino Veira que decía, estos pibes andan en patineta y es una realidad que no se puede negar. Messi podrá tener más títulos o logros individuales que Diego, pero las cosas que yo le vi hacer a Diego, difícilmente las pueda volver a ver. Pero no sólo hablo de los partidos, sino de los entrenamientos… Vos te preocupás toda la vida por hacer una jugada y él en dos segundos lo resuelve. Son cosas muy difíciles de explicar. Siempre digo que estos tipos ven el mundo en cámara lenta y uno lo ve en cámara rápida. Messi las claridades que tiene dentro del área son tremendas, yo creo que debe ver a los rivales pasar en cámara lenta y eso lo hace tomar mejores decisiones.

–¿Vos tomaste dimensión que siempre se habló de vos como futbolista con condiciones como las de Maradona o Riquelme?

–Mirá, hace poco se cumplieron 33 años de la final de Tokio (N de la R: por la Copa Libertadores entre con Argentinos y Juventus, en diciembre de 1985) y como los pibes ahora con la tecnología tienen la chance de hacer de todo y ver aquellas imágenes… Mi hijo editó un video y lo subió a mi Instagram, que manejan ellos y no yo. Después de eso, mi hija de 31 años me mandó un mensaje que me emocionó: “Papá no sabía que eras tan bueno, hubiese pagado para verte jugar”. Entonces, yo dije pucha que mi hija me haga un elogio así… No porque entienda que no lo merezca, sino porque mi hija ve fútbol pero no lo entiende tanto. Yo digo que tuve cosas buenas, no sé si al nivel de ellos. Mi pico de rendimiento alto fue muy corto comparado con el de ellos.

–Si alguien te preguntaba cuál era tu posición en la cancha, ¿vos qué respondías?

–No tenía una posición fija adentro de una cancha. Salvo con Bilardo, que me pedía que corra hacia mi arco y juegue por las bandas… Me sentía limitado porque no me habían instruido para eso. Podíamos decir que antiguamente era considerado el típico enganche. Yo jugaba más a dar pases que hacer goles. Dejar a un compañero frente al arco…

–¿El mejor y el peor Bichi?

–El peor Bichi es aquel que cuando me defraudan soy muy bravo. Tengo la desgracia de tener la capacidad de cortarte y no darte nunca más bola. De borrarte del mapa de una forma tremenda. Y eso no me hace bien, porque no doy segundas posibilidades. Es lo peor que tengo. Hace poco fui a jugar al golf a un club, ahora sólo puedo jugar al golf, y cuando llegué a ese lugar un señor me trató mal y le dije que debería ser más respetuoso. Y ahora, a ese señor lo veo siempre porque trabaja en el club donde juego mucho, entonces cuando paso, no lo saludo. Y me da pena no saludarlo porque me siento una mierda de persona, pero es algo que no puedo controlar. Y el mejor Borghi, es el de la familia, el de compartir, el de pensar que no les falte nada, el de protegerlos, el de tratar de ser buen padre, aunque no sé si lo logro. Pero ese siento que es el mejor Bichi.