Claudio Tamburrini

“El fútbol jamás podrá contribuir a resolver ningún problema o cuestión social”

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Secuestrado por la última dictadura militar, se refugió en Suecia donde estudió Filosofía. Jubilado hace dos años, una charla donde la mirada del ex arquero de Almagro esgrime: "El fútbol no puede, por supuesto, aumentar los problemas existentes en una sociedad. Esos problemas, que son sociales, políticos, económicos y demás, están dados y se manifiestan independientemente del fútbol".

Saber adaptarse a las circunstancias marcó el camino de Claudio Tamburrini. Esa capacidad hizo que inmediatamente después de haber estado secuestrado por la última dictadura valorase positivamente esa experiencia. También le sirvió para que un año y medio después de instalarse en Suecia ya dominase la lengua local con la profundidad necesaria para iniciar sus estudios de Filosofía Moral en la Universidad de Estocolmo. A partir de esa formación académica profundizada en la investigación produjo una valiosa obra sobre la ética y el deporte. Antes de ser privado ilegalmente de la libertad en Buenos Aires y de radicarse luego en el país escandinavo, con guantes y botines era arquero de Almagro.  

Ya no recorre aulas y salas de conferencias. Jubilado hace dos años de su tarea como docente universitario, actualmente transita los tribunales como intérprete sueco-español en distintos juicios. Sin embargo, la tarea a la que mayor tiempo dedica es la dramaturgia. Escribió en colaboración con un guionista profesional una trama cinematográfica que ya tiene un productor y un director de cine suecos incorporados. “En este momento, estamos buscando productores asociados argentinos que se adapten al perfil de la historia, que trata sobre la vida de un refugiado en Suecia 40 años después de su llegada y el impacto que produce en él la crisis migratoria en la Europa de 2015”, le cuenta a Enganche con las facilidades que hoy proporciona la tecnología para una comunicación entre dos ciudades separadas por un océano y 12.500 kilómetros. En simultáneo, está concluyendo el libro que trata sobre esa misma historia. Es decir, invirtió el camino que hizo en 2002, cuando escribió “Pase Libre – La fuga de la Mansión Seré” y luego de la publicación se rodó la película. Además, en el último año se ha dedicado intensamente a un proyecto de ópera.

-¿Qué es el fútbol a nivel profesional?

-Se pueden adoptar tres enfoques de análisis. El primero es el deportivo como un juego, una actividad lúdica regulada por normas; y como tal el fin primario del deporte es la diversión y el esparcimiento, que contribuyen a la salud física y psíquica de los participantes. Un segundo enfoque es ver al fútbol como actividad profesional: aún cuando siguen vigentes las normas y reglas mediante las cuales se define un deporte en particular, se incorporan otros objetivos que no están presentes en la actividad lúdica. La metas es conseguir la victoria y el éxito profesional, con las connotaciones económicas y sociales que eso conlleva. Obviamente, para tener éxito profesional (por ejemplo, en el deporte de élite) se requieren sacrificios y exponerse a riesgos, tanto físicos como psíquicos. Como actividad profesional, no-lúdica, el fútbol y el deporte en general son perjudiciales tanto para la salud física como psíquica de quienes lo practican. Finalmente, un tercer enfoque sería ver al fútbol y al deporte como espectáculo, es decir, como una forma más de entretenimiento (de representación dramatúrgica o “performance”, para utilizar el término inglés que se ha difundido). Esta dimensión del deporte está más vinculada con lo profesional, aún cuando no se puede descartar la posibilidad que también alguna actividad deportiva lúdica puede adquirir difusión masiva y convertirse en “performance”. Esta posibilidad es hoy mucho mayor que en el pasado, gracias a los medios de comunicación social. En teoría, cualquiera puede cargar en las redes sociales imágenes de un partido o actividad deportiva lúdica (es decir, no profesional) y lograr que sea aprobada y compartida por gran cantidad de personas.

-¿Se trata de una industria que maximiza ganancias, un entretenimiento de efectos poderosos?

-El conflicto entre deporte como juego y deporte como actividad profesional es obvio, y lo hemos venido presenciando durante las últimas décadas. Son actividades materialmente similares (en ambas se patea el balón, se trata de encestar, etcétera) pero con fines, y por lo tanto, con una racionalidad completamente diferente. En el juego deportivo no es racional sacrificar la diversión y el entretenimiento para ganar una competencia. Sería contraproducente, considerando los fines de la actividad lúdica. Por otra parte, en el deporte profesional sería también contraproducente dar prioridad al aspecto lúdico (por ejemplo, diversión y entretenimiento): eso podría costar la victoria y, por consecuencia, conllevar al fracaso profesional y económico. Lo nuevo que se ha percibido durante los últimos años es el posible conflicto entre deporte profesional y deporte espectáculo. Existe también un antagonismo potencial entre los fines de uno y otro fenómeno. Por ejemplo, dar prioridad al aspecto de representación dramatúrgica puede aventurar la carrera profesional de un deportista. Pero ese conflicto no es intrínsecamente necesario, como el conflicto entre los fines u objetivos del deporte como juego y el deporte profesional. En algunas situaciones, acentuar la dimensión de espectáculo puede contribuir a conseguir mayor éxito profesional. Y viceversa: ciertas victorias (¡y también derrotas!) profesionales poseen un dramatismo (una estructura dramatúrgica) tal que los hace convertirse en espectáculo de alta calidad.

-¿Por qué el fútbol es tanto más que un deporte?

-A mi juicio, debido a que es el deporte internacionalmente más difundido. Al ser la actividad lúdica más popular en una sociedad, los hechos que ocurren en un campo de fútbol cobran particular importancia para la conciencia social de esa comunidad. La realidad del estadio, inicialmente una representación artificial de la realidad -ya que la competición deportiva es regida por reglas inventadas- se convierte en parte integral de la narrativa social de esa sociedad. En otras palabras, debido a la popularidad del fútbol, lo que sucede en la cancha cobra un significado mucho mayor, como fenómeno que ahora define o caracteriza a todo el cuerpo social. Sin embargo, se debe ser prudente y evitar generalizaciones. Aún limitando nuestra percepción al deporte, la identidad social no necesariamente se basa en el fútbol. Existen sociedades en las cuales son otros los deportes que se consideran manifiestan la particular idiosincrasia de esa sociedad. En Estados Unidos, por ejemplo, el fútbol americano y el béisbol; en Australia, el rugby.

-¿El fútbol puede actuar como una ventana para amplificar los problemas sociales, étnicos y económicos del mundo?

-Depende de lo que entendamos por amplificar. El fútbol no puede, por supuesto, aumentar los problemas existentes en una sociedad. Esos problemas, que son sociales, políticos, económicos y demás, están dados y se manifiestan independientemente del fútbol. Pero el fútbol puede contribuir y hacer conocer esos problemas a más sectores de la población. En ese sentido, se puede decir que logra amplificar –en tanto volver más evidentes- esos problemas. De todas maneras, el fútbol jamás podrá contribuir a resolver ningún problema o cuestión social.

-¿Ve posible que el fútbol supere el machismo y la homofobia que lo dominan?

-Sí, pero para lograrlo es imperioso que el fútbol y el deporte en general elimine la segregación sexual sobre la cual las competiciones deportivas están estructuradas. De la misma forma que en la sociedad es posible llegar a la igualdad genérica sólo mediante la convivencia profesional de personas de diferentes sexos, de la misma forma el machismo y la homofobia sólo podrán ser superados cuando el deporte sea incluyente y permita las competiciones intersexuales.

-¿Hay puentes que unen al fútbol con la filosofía?

-El deporte es una actividad social. Como tal, presenta los mismos problemas que presentan otras actividades sociales: la existencia de trampa, la segregación sexual, el machismo y la homofobia, el chauvinismo deportivo, el “patriotismo deportivo” local, la racionalidad -o falta de la misma- de dar prioridad exclusivamente a un proyecto deportivo como ser el mejor en una disciplina. Todo eso nos confronta con las mismas elecciones difíciles que enfrentamos en otras tareas profesionales. Esos temas son parte de la discusión filosófico- moral.

-Su libro ¿La mano de Dios? presentó una mirada muy particular. Como mencionó, presenta ahí los riesgos que asumen los deportistas de elite. ¿Prohibir el dopaje en la alta competencia es hipócrita?

-Tal vez no utilizaría el término hipócrita; pero diría, al menos, que es contradictorio implementar una actividad hiperprofesional, con un gran nivel de retribución, tanto económica como social, y al mismo tiempo imponer límites al nivel de rendimiento. Es uno de los aspectos de lo que se podría denominar la “calidad” del producto deportivo. Si como funcionario o autoridad deportiva introduzco una actividad mediante la cual se insta a los participantes a dar todo de sí y llegar al nivel más alto posible de rendimiento -como reza el lema olímpico “citius, altius, fortius”-, ¿por qué razón limitar los métodos a utilizar para cumplir con ese objetivo?

-¿La trampa es inseparable del deporte cuando este es una actividad profesional de elite?

-Sí, como en cualquier otra actividad regida por reglas. Pero es cierto que la trampa en el deporte visto como juego es irracional: contradice los objetivos a lograr, que son la diversión y esparcimiento. Pero no lo es en el deporte profesional, al menos si la trampa no es descubierta, puede ser el medio más eficaz para conseguir la victoria, la fama y el dinero.

-Después de 40 años, ¿es posible ver alguna experiencia positiva del secuestro durante la dictadura?

-No sólo después de 40 años, sino ya inmediatamente después de haber concluido esa experiencia. De no haber pasado por esa circunstancia mi vida hubiera, sin duda, tomado otra dirección. El secuestro es por lo tanto una parte constituyente de mi vida: me ha hecho ser quién soy hoy. Es imposible no reivindicar esa experiencia como positiva.

-¿Arriesgarse a la una fuga era elegir entre una muerte segura y otra posible pero que también podía ser libertad como finalmente ocurrió?

-Es siempre difícil interpretar psicológicamente por qué los seres humanos actúan como actúan, ya que nuestra conducta está influida por factores inconscientes. Pero en el caso de la fuga puedo decir que fue una forma de acabar con el cautiverio, aún cuando fallara la fuga. He terminado por comprender que ha sido de esa manera muchos años después. Pero, por supuesto, es una teoría elaborada a posteriori, mucho después de los hechos.

-¿Mira fútbol? ¿Qué liga y qué jugadores le gustan?

-Sólo Champions League, algún partido de la liga española y unos pocos, muy pocos, de la liga sueca. Me fijo en jugadores habilidosos, como Messi por su destreza, pero también en alguien con la fuerza física de Cristiano Ronaldo.

-¿Está pendiente del fútbol argentino en cuanto al juego y su costado dirigencial?

-Sí, sigo sobre todo a Boca y estuve muy de cerca los acontecimientos diligenciares sobre todo a partir del Mundial de 2014. Argentina hubiera podido conseguir muchos triunfos deportivos más de haber contado con otra dirigencia y con un plan serio de trabajo a largo plazo.