Club Parque

Cuna de talentos

Estuvo cerrado casi 7 años y el 21 de marzo de 2017 reabrió sus puertas; fábrica de grandes futbolistas argentinos, en Parque crecen las ilusiones.

Marcos Sastre 3268. Barrio de Villa del Parque. De esas coordenadas porteñas salieron muchos de los fenómenos que juegan y jugaron al fútbol. Y otros tantos que no llegaron por diferentes motivos también se iniciaron en ese lugar. Club Social y Deportivo Parque es la cuna de varios cracks. Fernando Redondo, Juan Pablo Sorín, Juan Román Riquelme, Fernando Gago, Federico Insúa, entre otros, dieron sus primeros pasos en esas canchitas. Pero sería injusto circunscribirse al éxito aportado por los jóvenes que se destacaron en Primera, en Europa y en la Selección. Se trata de un club caracterizado por albergar las ilusiones de cientos de chicos, logren o no después saltar al fútbol profesional.

“Para mí, Parque es como mi casa, es un lugar donde me enseñaron un montón de cosas, me formaron como persona”, le explica César La Paglia a Enganche. Él también, claro está, realizó sus primeros movimientos con el balón en el club. Pero el ex futbolista de Boca no será solamente recordado por haber jugado allí, sino por ayudar económicamente para que Parque reabriera sus puertas tras siete años sin actividad. Entre mediados de 2010 y 2017, Parque se convirtió en un lugar frío, oscuro y triste. Cerrado. Los chicos debieron trasladarse cerquita para entrenarse en las instalaciones del vecino Club Pacífico y en el complejo que tenía Leonel Gancedo en Bermúdez y Nogoyá. Las remodelaciones, que no tardarían más de tres meses, se convirtieron en años hasta volver a la actividad. Solamente quedaban recuerdos y las paredes, de a poco, se iban achicando. La pelota, claro, ya no era bienvenida en ese lugar.

“Para mí, Parque es como mi casa, es un lugar donde me enseñaron un montón de cosas, me formaron como persona”, César La Paglia.

“Pasaba por la puerta y se me caían las lágrimas. No podía ver que Parque fuera un lugar abandonado. Sentía una angustia bárbara. Los chicos entrenaban en Pacífico, pero no era lo mismo”, argumenta Ramón Maddoni. “Le agradezco a la familia Vignolo. Ellos nos prestaron las instalaciones del Club Pacífico para que los nenes, al menos, puedan jugar a la pelota”. Maddoni,  un cazatalentos puro, es el descubridor de Carlos Tevez, Juan Román Riquelme, Esteban y Nicolás Cambiasso, Nicolás Gaitán, Fernando Gago. Para entender mejor el sentimiento que tiene Maddoni por Parque hay que escucharlo con atención, aunque mejor es mirarlo para observar que de sus gestos brota el amor por un espacio que sirvió y sirve para que los pibes sueñen pero, sobre todo, para darles un lugar de contención. En verdad, un espacio que los aleje de las tentaciones de la calle. “Parque fue parte de mi recuperación en la vida. Yo venía de una separación y tenía una nena de 6 años. Estaba en una depresión. Desembocar en Parque me salvó, me devolvió la alegría y las ganas de vivir”, se sincera Don Ramón. Hace más de 30 años que educa, enseña y aconseja. Las figuras que pasaron por tantos equipos son los ejemplos más conocidos, pero, también, ayudó a muchos chicos que no tuvieron la “fortuna” de ser reconocidos. “Cuando reabrimos las puertas sentí un orgullo enorme”, cuenta. “Me tenían preparada una sorpresa: una de las canchas iba a llevar mi nombre”, expresa Maddoni y las lágrimas lo desbordan.

Para los empleados del club, recordar los motivos por los cuales Parque tuvo que cerrar les produce un dolor tan grande como si se tratase de la pérdida de un ser querido. Argumentan que fueron ajenos al club, pero por suerte el amor fue mucho más grande que los problemas económicos que atacaron la estructura de un club modelo en lo que respecta a la formación de chicos. Otras de las coincidencias es la palabra familia: Parque es familia, cuentan todos. Federico Insúa, ex jugador de Boca y Argentinos, dice que “Parque es una familia inmensa. Todos los chicos que pasaron por el club siguen yendo, es una cultura que no se debe perder nunca. Yo jugaba en Alemania y cuando regresaba al país pasaba a saludar y me quedaba conversando un rato largo”. Y ese entusiasmo se ve. Los abrazos, en realidad, el amor que el Pocho Insúa siente por Parque es casi palpable en cada rincón del club. El buffet, lleno de padres y directivos, envueltos en un clima afectivo y cálido. La pelota, de aquí para allá, gira con alegría y con las ganas de seguir formando personas que representen las ideas que predominan en esas canchitas. “Lo más importante es que vayan a aprender y lo hagan con alegría”, explica el Pocho Insúa. Chicos, padres y entrenadores nunca dejaron las actividades durante esos 7 años de sufrimiento. Por ellos, y por la dedicación entregada, nunca se dejó de competir. “Cuando cerró, sentí que una parte de mi infancia se estaba muriendo”, añade Insúa. Cada vez que se encuentra con La Paglia, el Pocho no escatima en elogios: “Siempre que lo veo le agradezco. Hizo un trabajo enorme. No era fácil lo que hizo. Al contrario, era muy difícil. Le pusieron muchas trabas e igualmente levantó un lugar hermoso. Es por él, si Parque está vivo, en gran parte, es por él”, describe Insúa.

Ramón Maddoni y Parque, sinónimos de fútbol.

“Todos los chicos que pasaron por el club siguen yendo, es una cultura que no se debe perder nunca. Yo jugaba en Alemania y cuando regresaba al país pasaba a saludar y me quedaba conversando un rato largo”, Federico Insúa.

“La verdad… sentí mucha tristeza. Estaba afuera y cuando me enteré que lo habían demolido y no se volvía a reconstruir, tomé la decisión de dar una mano y ayudar a abrir las puertas nuevamente”, describe La Paglia, emocionado por defender las instalaciones. La Paglia, artífice de la vuelta de Parque, hace una pausa, repasa su historia en Parque y afirma: “Parque es una cantera inagotable de jugadores. A pesar de su pequeña infraestructura, en el Mundial 2006 hubo cuatro jugadores que salieron de acá (Sorín, Cambiasso, Riquelme y Tevez). Dentro de lo que es la formación futbolística, Parque es un lugar emblema”.

El 21 de marzo del 2017 llegó el momento esperado y soñado por un grupo de personas que tuvo en La Paglia, acaso a la persona con mayor visibilidad, pero que se unió al ex jugador que nació en Parque y apuntaló un proyecto que valía la pena. Así, el cartel de “entrada” volvió a brillar y las tareas volvieron al lugar que todos querían. Los chicos y los socios volvieron a sonreír. Recuperaron sus tierras. Nunca abandonaron la lucha ni el sentimiento. “Parque está de vuelta, señores”, se unieron en un solo grito. Marcos Sastre 3268 volvió a vivir y con él, otra vez, el corazón futbolero de Villa del Parque volvió a bombear y brillar con el pecho henchido de orgullo. El club, nuevamente, volvió a tener vida para que los chicos recuperaran la ilusión de, en un futuro no muy lejano, firmar planillas en Primera. Porque con Parque, la pelota volvió a sonreír. .