Mariana Larroquette

Con el fútbol en las venas

En las veredas de Castelar le pateaba a su abuelo, en las calles de su barrio jugaba con los vecinos, rompió con todos los prejuicios y se ganó el apodo de Batichica, por su identificación con Batistuta y su voracidad goleada.

Para comprender por qué nada la detiene, sólo hace falta escucharla. La firmeza, la claridad y la contundencia con la que ofrece explican todo. Apenas algunas inflexiones de distracción, pero siempre enfocada. No se trata de tener un arco enfrente, sin embargo, ella elige ser certera. Es que tiene clarísimo que ella no puede dudar jamás, así creció, con la mirada del otro sobre sus hombros y ella con  mucha calidad supo cómo barrerla con tan solo sacudir sus manos sobre esos ojos escrutadores. Mariana Larroquette tiene la dosis perfecta entre el barrio y la pelota.  Posee las armas exactas para derribar prejuicios. Tiene un talento imposible de  dimensionar para dominar la pelota. Cuenta con una voracidad goleadora envidiable. Cuenta su historia y el silencio pide permiso para prestar atención.

Más de 150 festejos con la camiseta de River, emblema de la selección nacional, figura de UAI Urquiza, Mariana, tiene en su mochila desde hace 27 años una cantidad tremendas de referencias que la ubican en la elite de la escena nacional y en la lupa del terreno internacional. Le corre fútbol por las venas. Pero el recorrido nunca fue sencillo, porque cuando ella jugaba en la vereda al fútbol con sus vecinos fueron más los que se detuvieron a juzgarla que a valorar su destreza: “De chica me discriminaban mucho. Los padres le decían a sus hijos que una mujer no podía jugar mejor que ellos. Por suerte los comentarios nunca me tiraron abajo, todo lo contrario, siempre me sirvieron para motivarme”.

Perfeccionista, cuidadosa y luchadora. Trabajó hasta ya no poder más para mejorar su técnica. Los tiros libres son parte de su repertorio y le cuenta a Enganche por qué tiene una pegada tan exquisita: “Se trabaja todos los días, un ratito después del entrenamiento hay que quedarse y empezar a buscar la manera de cómo pegarle y copiar a los que lo hacen bien. Este último año fue de los tiros libres, muy pocas veces por ahí me tocaba hacer goles de tiro libre y cuando se me empezó a dar dije ya está, le tengo que empezar a pegar al arco de donde sea”.

–¿Primer recuerdo con el fútbol?

–Empecé en la calle a jugar.  Sé que tenía seis años y pateaba con los vecinos. Me acuerdo de estar pateando en la puerta de la casa de mi abuelo, que él fue arquero de San Lorenzo, así que me vino muy bien porque el atajaba y yo pateaba. Eso era en Castelar, en la calle Bogado. Era la única que jugaba en ese momento entre muchos varones. Empecé en un lugar donde era sólo de varones, había como 25 equipos formados y yo era la única chica.

–¿Cómo te adaptaste a todo eso?

–Tuve que cambiar muchas veces de equipo porque por ahí año tras año iban poniendo más complicaciones, por ejemplo, equipos mixtos no, una mujer tampoco… Por ahí había lugares en los que se dejaba una mujer o dos por equipo pero no más, pero bueno yo siempre quería jugar, así que mi papá se encargó de llevarme de un lado para el otro.

–¿Cómo era el momento cuando te decían que no podías jugar porque sos mujer?

–No, no pasaba nada, mi papá me explicaba que ahí no permitían mujeres y bueno, era cuestión de seguir buscando, siempre en algún lugar fui aceptada y querida. No sólo por ser mujer sino también porque jugaba bien, así que eso me ayudó un poco.

–¿Y los compañeros?

–No tenían problema. Teníamos seis o siete años, a esa edad uno es inocente y no anda pensando mal. Creo que eso viene un poco también por la formación de la familia. Si se escuchaba algo malo era por parte de los padres y no por los chicos.

–Claro, en ese momento no se tiene en cuenta los prejuicios que dominan a la sociedad…

–Tal cual, yo hasta los trece ni siquiera me daba cuenta que podía ser discriminada, que podía ser ofendida con algún comentario, yo en ese momento jugaba y entraba a la cancha, también entendía que hay comentarios que son parte de lo que es el folcklore del fútbol. Hay comentarios que nunca me los tome personal y ni me hicieron mal. Pero ahora, viviendo otra realidad, no me gustaría que a otras chicas les pase.

–¿Cuáles eran los comentarios que escuchabas?

–No sé si me los hacían directamente a mí, pero por ahí los padres a sus hijos les decían “cómo te puede pasar una mujer”. Entonces a la próxima me pegaban, o me decían “bueno, anda a lavar los platos”, tenían seis años. Pero bueno, a mí, los comentarios que tengo y tuve siempre en contra, hacen que me potencien, nunca me tiran para abajo. En realidad me dan todavía mucha más ganas de demostrar que lo puedo hacer.

–Cuando empezaste a jugar, tu papá, ¿dudó en algún momento de que podías llegar hasta acá?

–Yo creo que nunca dudó y tampoco nunca se esperó, como yo, estar viviendo lo que hoy me toca vivir. Siempre me bancó, desde que juego en la calle que siempre me acompañó a todos lados.

–¿Recordás cuál fue tu primer gran partido?

–Alguno con la selección en la Sub17, me acuerdo que estábamos en el sudamericano y teníamos que ganarle a Ecuador y me tocó a mí hacer un gol bastante de lejos. Tenía quince años y me tocó hacer un gol creo que de más de treinta metros. Creo que ese día la rompí.

–¿Tenías a alguna jugadora como referencia?

–No en particular, porque no se conocían a muchas chicas que jugaran profesionalmente. Creo que a muchas nos ha tocado imaginarnos jugar como tal jugador y no como tal jugadora. Yo en ese momento miraba a Racing, a Batistuta, siempre digo que fue mi ídolo de chiquita. Si bien el fútbol va evolucionando y van apareciendo nuevos jugadores a los que una admira, yo sostengo que mi ídolo siempre va a ser Batistuta.

–De esa identificación con Batistuta te quedó un apodo…

–Sí bueno, a él le decían el Batigol y a mí me decían la Batichica, creo que ahora se dice un poco más con esto de que se empieza a hacer más visible nuestros partidos y algunos goles que hice.

–¿Anotás los goles? ¿Llevabás una estadística?

–Sí, el encargado de la estadística es mi papá. Me acuerdo que mi vecina me había regalado un cuaderno y yo decía: “Bue, ¿qué hago con éste cuaderno?” Ni siquiera tenía tiempo para dibujar, estaba siempre con la pelota. Entonces, a mi papá se le ocurrió en ese momento anotar todos los partidos, la cantidad de minutos que jugaba, las tarjetas amarillas, rojas –en algún momento tuve alguna–, y los goles sobretodo. Hasta el día de hoy que lo sigue haciendo.

–Deben ser más de 300…

–Deben ser, contando los de los chicos sí, seguramente. Pero con el femenino creo que debo andar por ahí, cerca de los 300.

–¿Cuál fue el que más gritaste?

–Grite muchos, creo que en cada final que por suerte me ha tocado vivir, se gritan de una manera especial.

–¿Que sentís cuando se te acerca una chica y te pide un autógrafo o una foto?

–Me parece muy lindo, todavía creo que ni yo ni ninguna de mis compañeras cae en la realidad de que podemos ser conocidas para alguien o para una chica que recién está empezando a jugar. Creo que eso también hay que cuidarlo y defenderlo.

–Por momentos parece que la evolución del fútbol femenino tiene un vértigo espectacular y en algunas cuestiones da la sensación que los cambios se dan muy pero muy lentos, ¿Cómo ves el cambio del campeonato?

–Creo que a nivel clubes, la UAI siempre se manejó de una manera profesional y nosotras, quizás no notamos muchos cambios, porque antes de ser profesionales ya nos trataban como tales. Pero la realidad es que AFA avanzó bastante, hay muchos equipos que hoy están poniendo el foco en lo que es el fútbol femenino y creo que así se va igualando un poco el torneo. De todas formas siento que todavía falta mucho a nivel institución. Quizás AFA sí nos puede brindar un sueldo a cada una. La verdad es que no vamos a vivir de esto todavía, falta para eso, pero es muy bueno que todas puedan tener algo de remuneración y dedicarse a esto.

–¿Qué sienten al saber que ustedes están despejando el camino para que las próximas generaciones van a tener mejores condiciones?

–Es genial. Nosotras ya vivimos muchas cosas y por ahí “estamos grandes”. La realidad es que nosotras no vamos a poder vivir un fútbol totalmente profesional, pero la idea es esa, que las que vengan atrás no tengan tantas complicaciones como las que tuvimos nosotras, o que no tengan que pasar todo lo que pasamos.

–Además de las cuestiones económicas, ¿Cuál fue la principal complicación?

–Tuvimos contratiempos a nivel selección, no había competencia con la selección y eso hace que Argentina baje mucho el nivel. Creo que hay un montón de jugadoras para poder pelear y ahí creo que perdimos dos años de competencia para mejorar nuestro nivel.

–¿Cuál es la mejor camiseta de tu colección?

–Todas las de Racing, tengo de Cvitanich, del arquero suplente, de Chila Gómez, y tengo de Gustavo Lorenzetti, que me la dio en persona, tengo una de Pillud.

–Te encontraste con Leo Messi, ¿cómo fue el encuentro?

–Espectacular. Por ahí nosotros lo veíamos muy lejano encontrarnos no sólo con él, sino con toda la selección. Pero haber podido compartir un almuerzo antes de un Mundial y que nos cuenten qué sienten ellos antes de un Mundial, creo que fue muy lindo, muy emotivo y ojalá que vuelva a pasar. Fue realmente algo muy especial para todas.