Ludmila Brzozowski

Contengo la respiración

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Ludmila Brzozowski es la única argentina que participó en un Mundial de Apnea Indoor en piscina. Lo hizo en Francia 2015 y en Italia 2018. Tiene 15 récords argentinos y 4 panamericanos. “Ser apneísta es un proceso maravilloso”, dice. Por Marcos Marini.

No está debajo del agua para esconder su propio poder, es su manera de compartir un secreto. Y ahí se encuentra, quieta y cómoda; y se desplaza porque el orden que existen en las profundidades la enamora. Se deja ocurrir al ritmo de su respiración, se siente libre y entiende que esa libertad es peligrosa y arriesgada pero también es un juego divertido que la transporta a su infancia. 

Jean Charles Maes. Mundial Francia 2015. Abrazo mundial.

Ludmila Brzozowski, de 42 años, nació en Río Colorado y ahora vive en Bahía Blanca. Es -entre tantas cosas- apneísta, un deporte que le hizo conocer de memoria su reflejo en el agua y saber que en el fondo del océano, en un lago o en una piscina la espera exactamente lo inesperado. Como lo que le pasó en Chile, en los recientes Juegos Panamericanos de Apnea Indoor, en la que fue su última competencia. El 27 de junio de 2019 fue el día que Brzozowski no pudo volver a conquistar la medalla dorada. Su cuerpo le pesaba de cansancio. “Era ganadora segura, con mis marcas de entrenamiento ganaba en todas las pruebas. Lo que me pasó es que no pude dormir toda la noche anterior. Si bien en el transcurso de la prueba pude resolver situaciones debajo del agua, no alcanzó. Llegué a una cierta cantidad de metros que la hipoxia avanzó y resolver situaciones así era muy complejo”, le cuenta Ludmila a Enganche.

Récord Panamericano en el Mundial de Francia 2015.

-¿Qué te pasó por tu cabeza en ese momento?

-Mi cabeza se apagó unos segundos. No pude hacer el protocolo reglamentario que era darle la señal de OK al juez. Y entonces me descalificaron del resto de las pruebas. Son las reglas y este deporte es extremo y serio. Hubiera sido mi quinto récord Panamericano, aunque igualmente el récord anterior (139 metros en distancia sin aletas) sigue vigente. El problema es que no hice una técnica que se llama la respiración de recuperación. En lugar de hacer eso, respire como si estuviese en el sillón de casa, ni abrí la boca y la hipoxia avanzó. Cerré los ojos y me fui para abajo. El buzo de seguridad me levantó enseguida. Cuándo estaba rompiendo la superficie, me desperté. Entendí todo y puteé: `La concha de la lora`. Me di cuenta que iba a tener tarjeta roja y eso implicaba quedarme fuera de la competencia. 

Laura Babahekian. Retrato Ludmila

-¿Qué aprendiste en todos estos años de la apnea deportiva?

-No es lo mismo el conocimiento que tengo ahora que cuando empecé, que fue de una manera ingenua y eso hizo que me sorprendiera a mi misma. Más allá de eso, no lo vivo tanto como un deporte. Por más que entrene y tenga objetivos deportivos. Si bien me capacité y hasta hice un instructorado, en estos años convertí a mi cuerpo en un laboratorio: exploré, erré, acerté, probé, comprobé y aprendí en cada entrenamiento, guiada por Eloísa, una de mis hermanas. Ser apneísta es un proceso maravilloso: me hizo descubrir fortalezas y me ayudó a creer en mí.

Laura Babahekian. Apnea dinámica sin aletas. Panamericano Chile 2019

-La apnea requiere de tanta concentración, desaparece el pasado y el futuro. Todo se convierte en un inmenso presente. ¿Lo sentís así? 

-Exacto, cuando estás conteniendo la respiración, tenés que tratar de consumir el menor oxígeno posible y hacerlo de una manera eficiente. Si vos pensas en el pasado o en el futuro y no en lo que estás viviendo en ese momento, te demanda mucho oxígeno. El cerebro es uno de los órganos que más oxígeno consume. Cuando hacemos apnea es pensar en vivir ese momento presente. En la apnea dinámica también tenes que prestar atención a muchas cosas técnicas y eso te entretiene de alguna manera. Pero tenés que tener mucho autodominio a nivel mental y a nivel corporal. Hay algo que se llama concepto de no mente, que es estar en el presente. Ni dos metros delante ni dos metros detrás. Es ese metro con el que vas avanzando. Si estás en apnea estática, que es mantener la respiración por tiempo, es más difícil para la parte mental porque estás quieto. 

-¿Cómo educas al cuerpo, a tu mente y cómo son esos cuidados diarios? 

-Me educo través del entrenamiento, pero también leyendo mucho, esto es algo nuevo y no hay mucha información en Argentina. El mejor apneísta no es el que tiene más fuerza, ni mejor técnica. Lo que necesitás es adaptación y eso se logra con el tiempo, con muchísima paciencia. En la apnea deportiva te enfrentas a situaciones estresantes que nada tiene que ver con la apnea recreativa. Cuando lo empezas a hacer de modo deportivo, vas a querer exigirte más y hay que tolerar cosas que no son cómodas. Una de las maneras que tengo de educarme es desvincularme de lo que pasa fuera del agua. Conecto mi cabeza con ese entorno líquido que me envuelve. 

Laura Babahekian. Foto del proyecto TURN ON. Apnea y arte en aguas frías.

-Dentro de ese entorno líquido que contás, ¿ves el peligro?

-Por supuesto, vos estás privando a tu cuerpo de lo esencial que es respirar. Tenés que saber que esa situación te puede llevar a un riesgo. Nosotros lo hacemos por deporte y se supone que conocemos lo que hacemos, que estamos preparados y entrenados. El mayor riesgo en la apnea se da cuando se hace de modo recreativo y sin conocimiento. La premisa en esta actividad, es nunca hacerlo solo. Si vos estás acompañado, te pueden asistir. Pero si estás solo, te hundís. Por más que sea un juego, no deja de ser una actividad en la que exigís al cuerpo a hacer algo que el mismo cuerpo lo va a entender como una situación de supervivencia. El cuerpo actúa en consecuencia. Dentro de esos mecanismos de supervivencia en nuestro deporte se llama Black Out. Eso significa un desvanecimiento, es un apagón donde perdés un ratito la conciencia. Es un mecanismo de nuestro cuerpo, cuando los niveles de oxígeno son muy bajos, el cerebro apaga las funciones voluntarias y entonces sigue funcionando el sistema involuntario. Todo lo que no necesita de nuestra voluntad para que ese poquito de oxígeno hay el cuerpo lo distribuya donde necesita oxígeno para sobrevivir. Pasa eso, ¡pum! te desmayas. Si tenés a alguien al lado que te asista como corresponda, entonces no pasa de una anécdota. Si no tenés a nadie, puede que no la cuentes más. 

¿Qué es lo que no te gusta de este deporte? 

-Que las personas que corresponden que hagan las gestiones no se ocupen de hacerlas. No solamente por mí. Por todos los deportistas que estamos en esto de ir a competencias internacionales y de medirnos con los mejores. Pero tengo que aceptar que es un deporte nuevo en Argentina. El año pasado tuve una posibilidad con Secretaria de Deportes de la Nación pero la gestión no se pudo hacer en tiempo y forma entonces me quedé sin esa posibilidad. El apoyo lo busqué por otro lado. Ahora mi energía está en entrenar, lo hago al mediodía porque ese es el horario que tengo libre el andarivel del club Olimpo. Desde desde hace tres años que tengo mi lugar en Olimpo y me facilitan un montón. Es bastante difícil para el apneista encontrar un lugar donde practicar porque no podemos compartir andarivel con los nadadores. Tengo una cabeza muy inquieta, y estar ahí abajo me obliga a calmarme. Ahí abajo como que me siento en carne viva, me despojo de todo. 

-¿Quién te inspira? 

-Tengo una hermana mayor viviendo en Alemania y fue campeona argentina de Aguas Abiertas. La deportista que me inspira es ella. Me inspira la gente que veo en el club que con 70/80 años van a nadar todos los días. Esas personas me cuentan los problemas de salud que tienen y todo lo que el agua les ayuda a resolver y esa gente me resulta muy inspiradora. Me inspira siempre cuando veo el proceso de las personas. Soy muy analitica y muy reflexiva, en una competencia me pasa lo mismo,  no me encandila si alguien gana una medalla. 

-¿Cómo es el vínculo que tenés con tu familia a través del deporte?  

-A dos de mis hermanas les enseñè a nadar, de chicas jugábamos a hacer apnea. Yo era patineta y ellas iban paradas arriba mío. Yo hacía unas apneas terribles con tal de que ellas la pasaran bien. Y todos esos juegos, tenía un montón de sensaciones que ahora le puedo poner nombre. El agua fortaleció mucho más nuestro vínculo. Tener un acompañamiento de la familia es lo más importante porque sin eso no tiene sentido. Una competencia sin mi hermana, no tiene sentido ir. Ella y yo somos un equipo muy fuerte. Mi papá es el que siempre de chiquitas nos acompañaba a todas las competencias, siempre nos impulsaba mucho a hacer deportes, Mamá también. Ella es la que tiene fuerza para sostener el caos ajeno.  A mi papá le encanta el deporte y siempre que podemos nos tiramos a nadar juntos. Es un vínculo muy fuerte que tengo con él a través del agua. Verlo a los 77 años nadar me inspira, me motiva. Eloisa, mi hermana, tomó un desafío grande cuando decidió entrenarme, me dijo que confiara en ella. Porque yo iba detrás de ese récord panamericano. Lo lograba en los entrenamientos pero no podía hacerlo en las competencias. 

Y allá abajo
Y ahí adentro, 
sin aire, conmigo,
resisto, persisto, existo,
hasta que el cuerpo se olvida del aire
y mis latidos de andar.
Entonces abro los ojos,
despierto y vuelvo a soñar.
El mundo sigue ahí
y elijo el agua, libre,
sin aire, para respirar.

El agua y la escritura son lugares en los que Ludmila encuentra refugio y libertad. “Mujer con escamas que escribe sin respirar”, se define. En las fotos subacuáticas trata de mostrar algo que vaya más allá del deporte, algo que la movilice. El año pasado hizo un cortometraje en Las Grutas, Río Negro. El agua estaba a 9 grados y lo realizó desnuda. Poder trasladar la apnea a lo artístico. Y lo seguirá intentando.  C

-¿Qué profundidad soñás con poder conocer?  

Siempre lo haré sin aletas porque es mi preferido. Lo máximo que llegué es 40 metros de profundidad. Pero ahora quiero explorar bajo hielo. Lo artístico también permite que se vea que hay algo más que el deporte. Por ejemplo, en otros países. aprovechan a los apneístas para hacer publicidades, videos musicales. Acá todavía no se han dado cuenta de todo el potencial artístico que puede haber. Jugar en el agua, con los colores, con la luz. Todo eso tiene una faceta muy impactante. 

-¿Es descabellado pensar a futuro en la apnea deportiva como un deporte olímpico?

-La Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS) ya empezaron con las gestiones para que en 2024 sea un deporte olímpico. La parte que complica las cosas es que la apnea tiene algo muy diferente a otros deportes. La apnea no despierta adrenalina, no puede haber gritos en el público. Tiene que existir la tranquilidad, la quietud. Un silencio para que no desconcentre al apneista. El clima es diferente, no genera una tensión en el público. Lo que sucede, sucede debajo del agua y salvo que haya una pantalla gigante para verlo, se hace muy difícil impactar con emociones al público. Que sea un deporte olímpico no me modifica la manera en la que yo vivo la apnea.

¿Cómo te imaginas que seguirá respondiendo tu cuerpo ante situaciones límites?

-Tengo 42 años y tengo los mismos problemas que todos pero sin embargo llego a la pileta y me transforma la realidad. Muchos tienen una visión de que los deportistas extremos tienen una cabeza superpoderosa, que pueden mover una cuchara con la mente. Yo soy una persona completamente vulnerable, sensible y este deporte me está ayudando un montón a poner filtros. Me cuido mucho más fuera del agua. Por ejemplo, la apnea me sirvió para detectar quienes son las personas que pueden hacerme daño. 

Laura Babahekian. Foto proyecto TURN ON apnea y arte en aguas frías.