Corrida de Cipolletti

Historia de la carrera más rápida y mejor paga de la Argentina

Desde su primera edición en 1986, corredores argentinos y extranjeros la eligen por su circuito llano y sin viento. Pero también por el trato que reciben y por los premios económicos. Pasado, presente y futuro de una de las pruebas de calle más tradicionales de la Argentina.

Esta historia empezó a escribirse antes de la cuarentena con distanciamiento social obligatorio decretado por el presidente Alberto Fernández por la pandemia global de coronavirus. Hagamos de cuenta que mientras usted lee esta nota es sábado 7 de marzo de 2020 y Cipolletti, en Río Negro, el epicentro. El reloj marca poco más las 21, apenas un puñado de minutos pasada la hora señalada para que se dé inicio a la 35° edición de la Corrida de Cipolletti, una tradicional carrera que cada año aglutina a varios de los mejores atletas argentinos y de la región. ¿El motivo? Resulta muy sencillo, acaso, saber los porqués: el trato y los premios, dos ítems sensibles en tiempos de running masivo y convocante con las redes sociales exponiendo de manera a veces descarada a influencers que, en muchos casos, “hablan” del arte de correr sin otro sustento que la cantidad de seguidores en una dantesca batalla por los likes. Pero, en palabras de los propios atletas, resultan aún más contundentes las motivaciones para estar allí. “No se trata de ego ni vanidad, pero que de una carrera se preocupen en todos los detalles no sobran los casos. Hay mucha utilización de los atletas”, dispara lacónico Eulalio Muñoz. Y añade: “En la organización nos tratan 1000 puntos siempre. Cuando yo empecé a correr, Rodrigo (su entrenador) me llevó a Cipolletti con 17 años y corrí en 32m24s y quedé 21° en la general, a un puesto de agarrar dinero (se premia con plata en efectivo del 1° al 20° puesto). Al otro año no fui pero al otro ya me inscribieron como elite y corrí en 30m45s y a partir de ahí siempre nos han tratado como atletas profesionales, nos pagan el combustible para ir y venir, el alojamiento y la comida. ¡En muy pocas carreras nos tratan tan bien! Le debemos mucho a los hermanos Pichipil (actuales organizadores). De Cipolletti sólo puedo decir que estamos más que agradecidos y que es la mejor carrera de la Argentina. Personalmente, año tras año, mejoro mis tiempos y me da una confianza al 100% luego de correr ahí. Este año corrí igual que el año pasado pero mejoré posiciones y eso me da confianza también”. Coco, junto con su entrenador Rodrigo Peláez, hicieron 800 kilómetros y de un tirón desde Esquel, su lugar en el mundo, porque querían estar en “una carrera que siempre nos tuvo en cuenta, incluso cuando Eulalio todavía era un proyecto de atleta de alto rendimiento”, le dice Peláez a Enganche.

Los corredores de elite, listos para iniciar la prueba 2020.

La ciudad es una fiesta. En verdad, Cipolletti vive la Fiesta de la Actividad Física y, con los años, esta carrera se convirtió en el termómetro central con más de 12.000 personas que disfrutarán de una prueba participativa de 4km y una competitiva de 10km en la que los atletas, los de adelante y también los de atrás, se sacan chispas. “Acá, mayormente, se viene a correr fuerte. El circuito plano y, usualmente, con nada de viento invita a buscar marcas. Queremos que todos se sientan parte de esta fiesta. Y los atletas de elite, que siempre son muchos menos que los amateurs, siempre fueron fundamentales. No queremos compararnos con nadie ni con otras carreras. En la Corrida buscamos que los corredores de elite se sientan protagonistas”, cuenta Marcelo Pichipil, uno de los cerebros actuales de la Corrida junto con su hermano Diego. Ellos son los rostros visibles, claro, pero detrás suyo hay alrededor de 500 colaboradores que se apropian de la carrera a partir de un sentimiento de pertenencia genuino que produjo la carrera pedestre desde sus inicios en 1986 cuando, con apenas 70 corredores hombres (las mujeres recién se sumaron en 1988), empezó a germinar en plena primavera democrática con el triunfo del olímpico (en 5.000 y 10.000 metros en Los Angeles 1984) Julio César Gómez. En rigor, una idea de Diego Zarba, un cordobés de Villa María que había sido atleta y como profesor de educación física, en 1985, decidió afincarse en aquella localidad sureña de Río Negro en busca de un cambio de vida. “Estaba en un momento de cambios en mi vida. En todo sentido. Como atleta había probado suerte en Buenos Aires con Domingo Amaison (leyenda viviente del atletismo doméstico) y en ese momento tuve un quiebre y necesitaba hacer algo, debía decidir qué hacer con mi vida y me ofrecieron irme a Cipolletti como profesor de educación física. Fue de un día para el otro que me fui”, recuerda Zarba, mentor de la Corrida y hoy a cargo del K42 de Villa la Angostura, una de las carreras de montaña más importantes de estas latitudes. Una vez allí, Pedro Dobrée, por entonces presidente del Consejo Municipal de Cipolletti, le propuso concretar una actividad deportiva que identificara y uniera a Cipolletti y alrededores. Así surge la Corrida de Cipolleti que tiene a la tandilense Elisa Cobaena como la más ganadora con once ediciones consecutivas (de 1995 a 2005 inclusive), más allá de los cambios de circuitos que de 9,200 metros pasó a 12km y hace unos años se certificó en 10.000 metros medidos y aprobados por la World Athletics (ex IAAF).

Malgor, ganador de la edición 1992. Foto: gentileza Leonardo Malgor.

La convocatoria, en aquellos tiempos alejados de la telefonía celular y de Internet, se daba desde una cabina telefónica. Sobre todo, en los primeros años, uno a uno, los atletas eran tentados a sumarse. “En la primera Corrida se observó un buen recibimiento de la gente local. Había muchas personas en las calles, pero nunca me imaginé que sería lo que es hoy. Llamábamos a los corredores desde una cabina. Eso sí que era un trabajo artesanal”, recuerda orgulloso Zarba a un costado del arco de salida. Y continúa: “Al principio separábamos el circuito con sogas y a partir de la 3° edición lo hacíamos con sillas. En la previa, con varios camiones íbamos a las escuelas de la zona que nos prestaban las sillas y las poníamos sobre la vereda y las enganchábamos con sogas largas por debajo y eso hacía que los espectadores estuvieran sentados y el resto detrás suyo como se hacía en los corsos” Luego, el boca en boca replicó (hoy podría decirse viralizó) aquel concepto inicial en atletas locales y sudamericanos que pedían ser parte de una carrera que valoraba la legítima esencia del deportista, aquel que cada fin se semana se pelaba los codos, por no decir las suelas de sus zapatillas, por ganar alguna carrera que entregara premios dinerados. La difusión, cuentan varios memoriosos apostados a un costado del circuito, la hacían en un auto viejo al que le colocaban un parlante propalador prestado por el Partido Intransigente que montaban en el techo. Con los años, un viejo Rastrojero de la Municipalidad oficiaba de móvil parlante que iba por las calles, muchas de tierra claro, avisando cuándo se hacía la Corrida.

“La primera vez que viajé a la Corrida de Cipolletti fue en 1991. Viajamos tres corredores y un entrenador desde Mar del Plata en un Ford Fairlane. Gastó tanta nafta ese auto que el organizador de aquel entonces, Diego Zarba, nos preguntó en chiste si habíamos ido en auto o si habíamos carreteado como un avión porque se habían comprometido a pagarnos el combustible. Estar ahí era una necesidad del atleta. Estar porque ahí, más allá de la plata, era algo muy importante para nosotros que vivíamos de correr. Te encontrabas y enfrentabas a los mejores de la región y eso te servía mucho porque te marcaba dónde estabas parado”, explica Leonardo Malgor, ganador en 1992 y tercero en 1993 y 1994. En sintonía, Javier Carriqueo, nacido en San Martín de los Andes hace 40 años, opina con el corazón a flor de piel. Patagónico como la carrera, el olímpico en Pekín 2008 (en 1500 metros) y Londres 2012 (en 5.000 metros) dice: “Para los corredores de calle de la región se trata de una de las carreras más significativas y esperadas de la zona. Y para los de elite se da un trato muy bueno porque desde la organización se hace un esfuerzo muy grande por reunir a lo mejor. Ponen un colectivo de Buenos Aires para que vayan los atletas del Gran Buenos Aires o les pagan los viajes. Y también suman extranjeros para elevar la vara. Creo que es la carrera más fuerte en cuanto a nivel técnico. El clima acompaña mucho porque se hace en marzo y de noche sin tanto calor, y muchos atletas vienen del final de su pretemporada de preparación general y los agarra en una buena etapa competitiva”. Carriqueo es un hombre de pocas palabras. Callado y pausado, pero cuando dice sus palabras coinciden con su elegante forma de correr. Y esta carrera despierta en él una empatía única. “La Corrida está muy arraigada a la ciudad y a su gente. Cuando tenía 13 o 14 años supe sobre la carrera porque todo el mundo hablaba de la Corrida y leía en los medios regionales porque tenía mucha repercusión. La corrí por primera vez en 1999 y pude ganarla en 2002 y 2015 (fue 2° en 2012), y eso para uno de la zona es muy importante. Imaginate que recién en 1990 uno de la zona pudo ganarla. Fue Tranquilino Valenzuela (de Chos Malal), después de tres podios en las primeras cuatro ediciones (también ganó en 1995)”.

35°Corrida Ciudad de Cipolletti

Gracias por ser parte de una nueva edicion de La Corrida!!!

Publicado por Corrida Cipolletti en Martes, 17 de marzo de 2020

La carrera en la punta finalizó hace un puñado de minutos. En poco más de 29 minutos, el cordobés Bernardo Maldonado se alzó con la prueba y $40.000 en efectivo, para dejar atrás al esquelense Eulalio Muñoz y al concordiense Martín Méndez como escoltas. “Carreras así o la de Reyes, en Concordia, o la Corrida Internacional del Diario Crónica, en Comodoro Rivadavia, siempre valoraron al atleta y lo tuvieron como protagonista central. Y eso para nosotros era súper importante porque carreras hay muchas, pero no en todas te cuidan como se debe”, se sincera el entrerriano Méndez. Mientras la brasilera Tatiele Roberta de Carvalho, la mujer más rápida, felicita a su escolta la misionera Chiara Mainetti, quien cuenta: “Como corredora del interior, soy de Eldorado, Misiones, siento un apego muy grande por las carreras fuera de Buenos Aires. Se nota otro espíritu, ni mejor ni peor. Es distinto para quienes venimos de lejos, nos hacen sentirnos en casa. Llegué el viernes al medio día y me vuelvo el lunes a la noche. El trato que recibimos, muchas veces, influye en nuestro desempeño”. A su lado, en el trailer que oficia de espacio exclusivo para los más de 40 atletas de elite, Maldonado ensaya una explicación: “Vine el año pasado y corrí muy fuerte y quedé 3°. Vine este año en medio de mi preparación para el Mundial de Medio Maratón en Gdynia, ciudad costera de Polonia (que ya fue reprogramado para 17 de octubre de 2020 por la pandemia de coronavirus) y me quedé con el primer puesto. Y eso significó llevarme 40.000 que me sirven mucho para vivir. Corrí con bronca y mucha angustia por lo sucedido horas antes, cuando se suspendió el Mundial de Medio Maratón. Había hecho un gran esfuerzo, trabajando para reunir fondos y viajar… Nosotros vivimos de esto: de correr. Y en esto de correr, las carreras del interior son las que más cuidan a los deportistas. Los cuidan desde el respeto de pagarles todos los costos (viajes, estadías, comidas y gastos) y encima te llevás un buen premio. En Buenos Aires eso no pasa seguido y eso nos duele mucho”.

Largada de la Corrida de Cipolletti en 1987, única edición que se hizo de día y quedó en manos de Pedro Cáceres. Foto: Gentileza archivo Municipalidad de Cipolletti.

Los fundamentos esgrimidos de Maldonado pueden sustentarse a partir de una sencilla comparación. Por caso, la Corrida de Cipolletti, en 2019, entregó al ganador masculino y femenino (el paraguayo Derlis Ayala y la cordobesa Rosa Godoy) $25.000 (unos 600 dólares al cambio de entonces) a cada uno (un 40% más que en 2018), mientras que otra emblemática competencia en Capital Federal como las Fiestas Mayas (hoy Carrera Maya), que se organiza desde 1971, le otorgó al vencedor de 2019 (Eulalio Muñoz) $3000 en efectivo (unos 75 dólares al cambio de entonces) además de un voucher de supermercado por $4000. Este notable contraste suele ser queja permanente de los atletas de elite, es cierto. También es real que correr una carrera implica, por el solo hecho de largar, aceptar el reglamento. Y aquí surge una encrucijada que ubica a los propios deportistas como responsables de aceptar presentarse en pruebas que no valoran lo hecho antes, durante y después de correr a todo o nada. “Los atletas debemos sincerarnos y hacernos cargo. Si querés correr por prensa y difusión vas a Buenos Aires sabiendo que perdés plata porque tenés que costearte todo vos. Y si querés correr por plata tenés que ir al interior del país donde te respetan y valoran por lo que sos. Es así y está en nosotros cambiar esto. Por ejemplo, en Uruguay, donde hay muchos menos atletas de elite, los propios corredores se ponen de acuerdo y si no hay un premio en efectivo no corren. Será cuestión de unirnos”, replica Maldonado para abrir un interesante y necesario debate que implique que los propios atletas se involucren en una cruzada con los organizadores de carreras, a partir de un consenso o una legislación provincial primero y nacional después.

La noche aún no concluyó. Todavía, los corredores continúan cruzando a raudales la meta mientras se abrazan (recuerde que aún no estaba decretada la cuarentena), se saludan y festejan por sí mismos y también por otros. Como Rodrigo Lizama, de Cultral Có, que hace unos días perdió su trabajo pero necesitaba correr para sentirse vivo. En definitiva, como todos los que corren más allá del tiempo, las marcas y las distancias.