Vaticano

Corriendo en el nombre de Dios

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En el país más pequeño del mundo se juega un torneo único y especial: la Clericus Cup. La juegan sacerdotes de todo el mundo.

En el mundo del fútbol hay torneos que tienen características únicas. Pero por más diferentes que sean los hinchas que alientan a sus equipos tienen algo en común: pedir ayuda ‘divina’ cuando a su equipo necesita una ayuda externa porque las cosas adentro de la cancha no salen bien. Sin embargo, hay un torneo que une esas dos características: es único y tiene teléfono directo con ese tema de la ayuda de arriba. En uno de los nueve estados soberanos que no forman parte de la FIFA se juega el torneo que tiene a Dios como principal hincha. Bienvenidos a la Clericus Cup. 

Esta particular liga se juega, como no podía ser de otra manera, en el país más pequeño del mundo: el Vaticano. Dentro de esas 44 hectáreas de territorio, el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, creo el torneo con la intención de revitalizar el deporte en la comunidad cristiana y proporcionar una competencia atlética amistosa para los miles de seminaristas que estudian en Roma. Es la Copa del Mundo del mundo clerical. 

La Clericus Cup es organizada por el Centro Deportivo Italiano (CSI) junto con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y el Pontificio Consejo de la Cultura. El campeonato convoca a equipos de sacerdotes y seminaristas de más de 60 países. Y tuvo, desde la llegada del papa Francisco, un hincha fanático del fútbol y de San Lorenzo, una mayor repercusión. Por eso, desde 2007, los sacerdotes dejan de lado las misas y los sermones para ponerse los cortos y durante nueve fines de semana jugar un torneo de espaldas a la Santa Sede. 

El torneo tiene su propio reglamento, diferente al que se usa en los torneos regidos por FIFA, en el que se permiten cinco cambios por equipo; cada tiempo es de 30 minutos; si hay empate en cualquier fase se definirá por penales, cinco para cada equipo; los puntos se dividen así: 3 al ganador, 2 victoria por penaltis y 1 por derrota en penales. A su vez hay tiempo de dos minutos durante el juego para ajustar detalles tácticos o hidratarse, y los equipos que utilicen este recurso no podrán hacerlo más de una vez por partido y se utiliza la tarjeta azul para suspender por cinco minutos del mismo partido a cualquier jugador que impida la continuación del juego o tome la pelota con la mano.

Para imitar al rugby, desde 2014, en la Clericus Cup se metió el tercer tiempo bautizado como ‘fair-pray‘ (oración limpia) en el que los jugadores de ambos equipos se saluda luego del final y se juntan en la mitad de la cancha para rezar y dar las gracias. Los 16  equipos se dividen en cuatro grupos, donde clasifican los dos primeros para luego enfrentarse ocho equipos en fase de cuartos de final, de ahí clasifican cuatro a semifinal y los dos que ganan disputan el título.

En la edición de este año participaron 359 sacerdotes, de 67 países diferentes, y el campeón fue el formado por los seminaristas africanos del Pontificio Colegio Urbano de Propaganda Fide, quienes les ganaron por un contundente 3 a 0 al equipo del Colegio Sedes Sapientiae. Con este nuevo triunfo, los conocidos como los “Leones de África de Propaganda Fide” se alzaron por cuarta vez con la “Clericus Cup”. 

Sin VAR, “nuestro tenemos al de arriba que todo lo mira”, le dice un sacerdote al programa español El Día Después. A los campeones no les hizo falta la nueva tecnología. Ellos ganaron en buena ley, levantaron la copa, festejaron un rato, para después cambiar los cortos por la sotana y volver a su lugar en el mundo: la iglesia.