Maradona

Cuando a Diego le cortaron las piernas

A 25 años de una frase que quedó inmortalizada para siempre, Enganche dialogó con dos de las personas que hicieron posible aquella nota en Estados Unidos 94.

Mientras un grupo de futbolistas aturdido y desorientado ingresaba al Cotton Bowl, en un hotel a unos pocos kilómetros del estadio, su líder proscripto ejercía una catarsis. La Selección no podría con Bulgaria esa tarde en Dallas y Diego Armando Maradona tampoco terminaría de comprender en aquella jornada aciaga por qué atravesaba lo que le tocaba vivir. Las imágenes que paralizaron a la Argentina tuvieron, además del protagonista, obviamente, a dos periodistas y un camarógrafo como hombres indispensables para que ese testimonio en carne viva saliera aire. Enganche habló con dos de ellos para reconstruir cómo se gestó la nota que hace 25 años obró de cadena nacional para la capitulación del ídolo.

“No quiero dramatizar, pero creéme que me cortaron las piernas. Me cortaron las piernas a mí, a mi familia, a los que estaban al lado mío. Ahora nos sacaron del Mundial, nos sacaron de la ilusión… Y, por sobre todas las cosas, creo que me sacaron del fútbol definitivamente, porque no creo que quiera otra revancha. Tengo los brazos caídos y el alma destrozada”. Con la voz sostenida en un hilo y los ojoso inundados para contener las lágrimas, recluido en su habitación y con una chomba oficial de la Selección, el 30 de junio de 1994 Maradona le contaba a un país paralizado lo que sentía al quedarse excluido del Mundial de Estados Unidos. Un control de dopaje había encontrado en su muestra de orina restos de efedrina.

Entrevistado por Adrián Paenza, el capitán argentino había acomodado sus primeras palabras para alegar su inocencia: “Juro por mis hijas que no me drogué. No sé qué hacer; quiero correr, quiero volar. No sé qué hacer. Me preparé muy bien para este Mundial, como nunca. Hablan de la efedrina y yo después del partido corrí 10 kilómetros. Y me duele mucho porque me cortan las piernas. Me dan por la cabeza en un momento donde uno tiene la posibilidad de resurgir de un montón de cosas. El día que me drogué fui y le dije a la jueza: Sí, me drogué. Y lo pagué con dos años durísimos de controles y rinoscopias. Pero así no lo entiendo, porque no tienen argumentos. Creía que la justicia iba a ser buena. Conmigo me parece que se equivocaron”.

Las imágenes y las palabras que pasaron a la historia las tomó Gustavo Rodero, quien sostenía una de las Sony betacam de codificación NTSC que la empresa Torneos y Competencias había alquilado en Estados Unidos. Su arribo a Dallas había sido pocas horas antes, proveniente de Boston, y terminó de enterarse todo lo que ocurría en el taxi que compartía con el periodista Horacio De Bonis. Llegó al hotel, atravesó el caótico hall atestado de gente y se juntó con Paenza rumbo al encuentro con Diego. “Fui a la habitación que me habían dicho para preparar todo lo mejor posible para la nota. Cuando Diego entró me quería morir. Él estaba muy triste, lloraba y lo abracé. Mirá lo que nos hicieron, me dijo. Después, durante toda la nota yo estuve llorando; trataba de estar atento al foco y la llegada en condiciones del sonido, pero casi no me podía concentrar en lo que decía por la tristeza. Era un ambiente horrible”, le cuenta a Enganche.

Rodero, director de cámaras y realizador reconocido en la televisación deportiva, había forjado una relación con Maradona que perdura hasta estos días con gestos de mutuo cariño cada vez que se encuentran. El vínculo había nacido a comienzos de ese año, cuando comenzó a registrar la preparación de Diego que había arrancado en un agreste paraje de La Pampa. Ya en Estados Unidos, cada paso que daba Maradona estaba captado por su lente, desde los entrenamientos hasta las notas que también hizo con Paenza dentro del campo tras las victorias ante Grecia y Nigeria. “Mi objetivo siempre había sido que Diego me reconozca dentro de un esquema de gente que trabajaba al lado suyo. Tenía que hacer un laburo que sabía era muy importante, por tratarse nada menos que de Maradona, y a la vez no invadirlo, como se hizo tantas veces con él. Y me daba espacio, porque la relación se había puesto muy sólida, muy buena”, explica.

El astro desconocía qué había pasado. “No sé por qué apareció (la efedrina), quizás por un descuido nuestro; pero no es todo lo que se pueda llegar a hablar o decir. Dicen que me drogué para jugar. Juro y recontra juro por mis hijas que no me drogué. Si yo llego en esta condición no necesito drogarme para jugar. Si entreno como entreno, ¿qué necesidad tengo de buscar una droga?”, explicaba. Paenza era el más entero de quienes estaban en esa habitación, Rodero no podía ocultar su congoja mientras Diego seguía con su explicación.

Mientras la nota transcurría, en el lobby del hotel Four Seasons esperaba Alejandro Fabbri, periodista que había estado instalado en el centro de prensa de Dallas desde el arranque del Mundial. Su rol sería decisivo para que la nota saliese al aire.

“Lo único que quiero es que quede claro a los argentinos, que no me drogué; que no corrí por la droga, corrí por el corazón y la camiseta. Me duele el hecho de haber llegado con la cabeza a las rodillas, de haber conseguido la elasticidad que buscábamos con Fernando (Signorini) desde hace un montón de tiempo. Me duele haberlos ilusionado tanto y haberme ilusionado yo con llegar a la final y poder correr. Yo no sé quién va a ser campeón, pero teníamos todo. Y ojalá que los muchachos puedan demostrar que el fútbol argentino sigue vivo sin Maradona. No me drogué y no defraudé a los que me quieren”, concluía.

Fabbri recuerda en diálogo con Enganche que recibió el tape de manos del productor Julián Abadi y lo que ocurrió desde entonces: “Me subí a un auto rojo, con el cassette y un celular de esos enormes que había en ese momento. Tomé la autopista confiado en llegar bien, era un trayecto para recorrer en 15 minutos, una distancia similar a la que puede haber de Constitución a Liniers. El problema fue que era el horario de la salida del trabajo y la autopista estaba colapsada. No había ninguna salida; ir por ahí era el único camino posible”.

Mientras Fabbri estaba atascado con la nota que haría historia, ahora en la habitación de Diego estaban otros tres periodistas, Tití Fernández, Roberto Leto y Héctor Gallo. Tití también recordó su experiencia de aquel momento: “Diego estaba sentado en la cabecera de la cama sobre una almohada. Todos estábamos muy compungidos y con pocas palabras, pero Diego de todas maneras tuvo la gentileza de dar una nota. Yo había estado muchas veces junto con Maradona a lo largo de mi carrera, antes y después de ese día; siempre tuvo grandes gestos conmigo y con todo el equipo de Víctor Hugo (Morales) con el que yo trabajaba en esos años. La verdad que nunca lo vi tan triste como aquella vez”.     

El partido entre Argentina y Bulgaria por la última fecha del Grupo D arrancaba a las 18.30 y Fabbri había salido del hotel cerca de media hora antes: “La escena que no puedo olvidarme es que yo estaba arriba de un auto que nunca había manejado, haciendo un trayecto desconocido, con un cassette que sabía que contenía una nota muy importante pero de la que no tenía los detalles y un teléfono que no paraba de sonar preguntándome por dónde estaba. Faltaban apenas más de 10 minutos para que empezara el partido cuando pude tomar la bajada de la autopista, llegué hasta la parte de atrás del estadio, donde estaban los móviles, y le tiré el cassette por la ventanilla a Charly Herbojo, que era el productor que estaba ahí”.

Sin chequear ni editar el material, pusieron el tape y le dieron play. El tiempo apremiaba. Canal 13 no puso al aire la salida de los equipos a la cancha porque estaba con la nota más esperada. Entonces, cuando los futbolistas se formaron para los himnos, el director de cámaras Juan Loschiavo fundió las imágenes para lograr un efecto de alta emotividad. Fabbri explica que recién pudo ver el producto final algunos días después, porque esa transmisión era exclusiva para Argentina, y que lo que pareció una producción bien planificada no fue más que producto del azar y la repentización. “Fue la única palabra de Diego para una Argentina que estaba terriblemente entristecida por lo que había pasado con un equipo que sentíamos era candidato a ganar el Mundial”, contextualiza Fabbri.  

Entumecida por el golpe devastador, la selección de Alfio Basile vagó por el campo de juego sin poder evitar la derrota ante Bulgaria, que se impuso 2-0 con los goles de Hristo Stoichkov y Nasko Siracov. En octavos de final ante Rumania tampoco habría reacción y ese sería el final del Mundial. Aquel partido Diego lo comentó para Canal 13, con quien tenía contrato de exclusividad.      

En el libro El último Maradona, los periodistas Andrés Burgo y Alejandro Wall cuentan con detalles pormenorizados –en una crónica maradoneana muy recomendable– los días previos y posteriores al doping y todo el entramado tejido en un hecho que conmocionó al mundo. “Cuando Diego dijo me cortaron las piernas dejó una frase que se asemeja a un epitafio. Y quizás no haya sido tanto un epitafio para él como para la Selección misma, porque es muy impresionante como después de aquel momento, pese a pasaron muchos equipos y distintas circunstancias, Argentina no pudo volver a ser campeón. Tuvo a Messi, estuvo cerca en Brasil 2014; pero no pudo volver a ganar. Esa frase significa un incluso un corte en la relación hinchas-Selección, porque creo que desde entonces los hinchas no volvieron a vincularse de la misma manera con la camiseta argentina”, reflexiona Wall consultado por Enganche.

Atrás quedaba el debut con la camiseta celeste y blanca en la Bombonera, el llanto al verse fuera del Mundial en casa, el primer gol ante Escocia, la frustración de España 82, el parto sin epidural para llegar a México, el partido eterno ante Inglaterra, la exhibición frente a Bélgica, la gloria azteca, el tobillo como un melón en Italia 90, el regreso frente a Brasil, el Ave Fénix ante Australia, el último gol a Grecia y la abrupta despedida ante Nigeria.  

Hace 25 años nos cortaban las piernas. Y ya nada volvería a ser igual.