Cumple Diego

Cuando Maradona pudo ser jugador de River

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Antes de pasar de Argentinos a Boca en 1981, River pudo ser el destino de Maradona, que llegó a ilusionarse con vestir la camiseta con la que nadie puede hoy imaginarlo.

Era un tesoro que relucía ante la vista de todos. Subyugaba a propios y ajenos cada vez que entraba a una cancha persignándose y a los saltitos, con la camiseta roja de vivos blancos o el modelo que invertía la distribución de los colores. Argentinos Juniors no sólo contaba con el goleador del fútbol argentino. También tenía al más brillante jugador del país y al que varios ya catalogaban como el mejor del mundo. Todo eso era Diego Armando Maradona. Desde La Paternal se elevaba como la apoteosis perfecta de la pelota. Para el Diez no había diferencias entre los mejores defensores de los equipos grandes y los rivales menos calificados en los equipos que por los torneos Nacionales asomaban por la Primera división; todos sucumbían ante sus gambetas y las pinceladas de esa zurda movida con trazo celestial.

Diego terminó el año 1980 con 43 goles en 45 partidos. Dos de esos tantos se los había marcado a River, en el Monumental, por la 18° fecha del Metropolitano. Esa misma noche, los presidentes del Millonario y el Bicho se reunieron a partir del interés del club de Núñez por contratar al capitán de Argentinos. Ante el requerimiento de Rafael Aragón Cabrera, Próspero Cónsoli se negó a ponerle un valor a su estrella: le respondió que no estaba a la venta. Latente, siempre por debajo de la superficie, el interés de River se mantendría. Pero fue recién después de finalizado aquel año que volvería a exteriorizarse. Y esta vez con mayor firmeza.

La última vez de Maradona con la camiseta de Argentinos Juniors fue el 23 de noviembre de 1980 ante Platense por la fecha final del torneo Nacional. Luego, el Bicho se quedaría afuera de la lucha por el título en cuartos de final al caer ante Racing, sin Diego, convocado por César Luis Menotti a la Selección nacional. River, dirigido por Ángel Amadeo Labruna, quedó eliminado en la misma instancia ante Newell´s, pero con un imparto mucho mayor: después de ganar en el Monumental recibió seis goles en Rosario. Entonces, después de la pirotecnia, las cenas y los brindis de fin de año, Aragón Cabrera pisó el acelerador para sumar al futbolista más codiciado del momento.

En enero, las reuniones se repitieron una tras otra. Cónsoli sabía a esa altura que no podría retener a su estrella de ninguna manera. La fama de Maradona ya era mundial a partir de un talento que no tenía similares. Así fue como frente al titular riverplatense le puso precio: 13.000.000 de dólares. La cifra resultaba inalcanzable, por lo que Aragón Cabrera ofertó la mitad de ese dinero y el pase de dos jugadores, uno de los cuales podía ser Leopoldo Jacinto Luque.

Diego ya había hecho público alguna vez su amor por Boca. Un grupo de personas recordó esas declaraciones cuando a inicios de febrero de 1981 fue al Monumental con su familia a ver un partido juvenil como parte de un certamen internacional que se disputaba en Buenos Aires. No la pasó bien. En el regreso a su casa, le aseguró a Claudia Villafañe que no volvería a pisar ese lugar.

“River me hizo una oferta –a Cyterszpiller, en realidad- más que interesante. Aragón Cabrera, que era el presidente, le dijo a Jorge que yo iba a ganar como el jugador mejor pago del club, que en ese momento era el Pato Fillol. Cuando me lo comentó, le contesté: Ojalá que el Pato gane cincuenta mil. No sé una cifra exagerada, cualquier guita, porque si no era por mucha plata, yo no iba. (…) Aragón se dio cuenta que yo no estaba convencido, porque me mandó un mensaje a través de Jorge: Decile que arregle por la misma plata que Fillol o va a tener problemas. A mí me sonó a amenaza. (…) Jorge había averiguado cuánto ganaba Fillol y era un buen paquete, pero yo ya no quería saber nada. Además, si al plantel que tenía River me sumaba yo, nadie nos hubiera podido mojar la oreja. En ese momento River tenía a Passarella, a Gallego, a Merlo, a Alonso y a Jota Jota López”. Así lo contó el propio Maradona en Yo soy el Diego, su biografía realizada por Daniel Arcucci y Ernesto Cherquis Bialo.

Con el enojo de Diego por el incidente en el Monumental y la falta de recursos de River para satisfacer las demandas de Argentinos Juniors a cambio de dejarlo ir, Boca se juró verlo vestido de azul y oro. Pero apareció Barcelona, que con un enviado especial estaba dispuesto a hacer respetar un precontrato que habían acordado con Argentinos y Don Diego.

En una nota televisiva, a pesar de iluminar con la sonrisa de ese pibe que estaba en el centro de la escena, Maradona exponía en partes iguales ilusión, desencanto, apuro y tranquilidad: “Ahora lo más firme parece ser lo de Boca; lo de River quedó un poquito muerto por el ofrecimiento que nos hizo Aragón Cabrera. Las tratativas las hace Jorge, yo no me meto para nada. Por supuesto que no vivo en un sótano, estoy en una casa normal como cualquiera y me entero de todo lo que pasa en mi país. Por eso estoy un poco confundido y le dije a Jorge que quiero que termine esto lo antes posible porque ya, sinceramente, no soporto más. Tenía la ilusión de ir a River, pero vivo Aragón Cabrera y me derrumbó la ilusión. Ahora está lo de Boca para quedarme en el país. Si me compra Boca o River cambiaré de casa enseguida, pro si me compra Barcelona no me puedo ir hasta el 82, así que hasta el 82 seguiré vistiendo la camiseta de Argentinos Juniors”.         

Maradona estaba en Mar del Plata cuando un llamado le confirmó que jugaría en Boca. Cuatro millones de dólares por un préstamo hasta junio del años siguiente, cuatro millones más obligatorios por la compra definitiva en esa fecha y seis jugadores de Boca para Argentinos, cuatro de forma definitiva y dos a préstamo. Ese era el precio que bajó el martillo. Firmó su contrato en el mediodía del 20 de febrero de 1981 en la Bombonera y por la noche disputó en ese mismo estadio un amistoso entre Boca y Argentinos, en el que jugó un tiempo para cada equipo. Dos días después se concretó el debut oficial ante Talleres de Córdoba, con dos goles de penal, el primero cuando “la soltó como una lágrima” según el inmortal relato de Víctor Hugo Morales.

Para mitigar el desconsuelo de haber perdido a Maradona a manos de su rival de siempre, River intentó dar el golpe de efecto con la contratación de Mario Alberto Kempes. El Metropolitano de 1981 se lo quedó Boca y en el Nacional la vuelta olímpica fue para River, pero sus figuras se fueron tan rápido como habían llegado. Una nueva crisis económica argentina disparó la cotización del dólar y desdobló el tipo de cambio. El Xeneize no pudo cumplir el acuerdo con Argentinos y por eso Diego se fue a Barcelona, mientras que el Millonario tampoco loggró sostener los compromisos con Valencia y el Matador regresó a España.

Tuvieron que pasar 14 años para que Maradona vuelva a Boca para cerrar su carrera como futbolista. Era una vuelta que dejaba atrás la suspensión por doping y las experiencias como entrenador en Mandiyú y Racing con las que había buscado mitigar la imposibilidad de entrar a una cancha con los botines. En 1995, River era el último destino de Diego en el mundo del fútbol, un imposible que ni siquiera entraba en el terreno de la fantasía. Muy distinto a lo que había sucedido en 1981, cuando había estado tan cerca del Monumental como ilusionado con vestir la camisera de la banda roja.