Formula 1

Cuando la Fórmula 1 tenía tono argentino

Hace casi 20 años que no hay pilotos argentinos en la Fórmula 1, algo muy distinto a lo que sucedió en los orígenes de la principal categoría del automovilismo mundial.

Imaginar hoy a un piloto argentino en la Fórmula 1 es solo eso, una recreación mental. La principal categoría del automovilismo, que no comenzó su temporada 2020 por la pandemia que mantiene paralizados todos los espectáculos deportivos, es un destino inaccesible para quienes aceleran y frenan en esta parte del mundo. Además de talento en la conducción y formación en las pistas europeas, para acceder a ese circuito de elite se necesitan millones de dólares, muchos millones. El único latinoamericano que tiene lugar es el mexicano Sergio Pérez, sostenido por la sideral fortuna de Carlos Slim. Sin embargo, hubo un tiempo en el que el protagonismo argentino no tenía competencia.

En 1953, Juan Manuel Fangio, José Froilán González, Oscar Gálvez, Onofre Marimón, Carlos Menditeguy, Adolfo Schwelm Cruz, Pablo Birger y Roberto Mieres estuvieron al volante de los monoplaza que orillaban los 300 kilómetros por hora y en los que se jugaban la vida en cada curva. Además de contar con ocho pilotos, el Gran Premio de Argentina era el primero del año y el único del hemisferio sur. En el campeonato que consagró a Alberto Ascari para el segundo título de la historia para Ferrari (el propio italiano había celebrado con la escudería de Maranello el año anterior), Fangio (subcampeón) ganó en Italia, Froilán fue tercero en Argentina, Holanda y Francia y Marimón se subió al podio en Bélgica.

Siete pilotos argentinos participaron en la temporada siguiente, que estuvo teñida de celeste y blanco al hacer flamear la bandera en lo más alto en siete de las nueve carreras del año. Después de ganar en Buenos Aires y Spa-Francorchamps con Maserati, Fangio pasó a Mercedes Benz y en el debut de la automotriz alemana en la F1 el de Balcarce volvió a llegar a la meta antes que todos, esta vez en Reims. En el siguiente Gran Premio, Silverstone, José Froilán González con su Ferrari fue el primero en cruzar la bandera a cuadros. Luego, el Chueco ganó en Nürburgring, Bremgarten (en ambas Foilán fue segundo) y Monza. La carrera en Alemania había resultado trágica por el fallecimiento de Marimón en los entrenamientos al despistarse en una curva y caer por un barranco de 30 metros. Tras la carrera, Fangio y Frolilán, primero y segundo, lloraron abrazados por la pérdida del protegido de ambos.

Fangio y Froilán González lloran la muerte de Marimón en Nürburgring.

Fangio logró en 1954 su segundo título del mundo y el primero del tetracampeonato que enlazaría hasta 1957. “Nosotros en Mercedes contábamos con la diferencia: teníamos tres mecánicos cada piloto. Exclusivos, no cambiaban”, recordaría el hombre que también fue campeón con Alfa Romeo, Ferrari y Maserati.

“Si un gobierno me dio apoyo, lo devolví con triunfos. Cumplí. Pero no por eso voy a enrolarme en el partido que, en el gobierno, me ayudó”. Fangio nunca se mostró enrolado en el peronismo, que entre 1945 y 1955 impulsó como nunca al deporte argentino en su infraestructura interna y su proyección al exterior. La destacada presencia argentina en los primeros giros de la Fórmula 1 no hubiese sido posible sin el apoyo brindado desde el estado nacional.

“¿Sabés cuántas personas manejan en el mundo? Millones. ¿Cuántas licencias se otorgan para pilotos de carreras? Miles. Pero sólo algunos cientos son competitivos. Y dentro de esos, sólo hay algunos que son realmente buenos. Y después viene la Fórmula 1. Hay apenas 21 pilotos en la Fórmula 1. De esos 21, sólo seis son realmente muy buenos. Y de esos, sólo tres son excepcionales. Y, generalmente, sólo hay un genio. Fangio fue el mejor de todos ellos. El mejor de todos los tiempos”. Con esas palabras en el inicio de “Fangio, el hombre que domaba las máquinas”, Jackie Stewart, campeón del mundo en 1969, 1971 y 1973, pone en perspectiva histórica al piloto argentino que se convirtió en leyenda.

El 15 de abril de 2001, en el Gran Premio de San Marino, Gastón Mazzacane dio 28 vueltas al circuito de Ímola, en el que siete años antes había perdido la vida Ayrton Senna, antes de que el motor de su Prost Acer no aguantase más. Desde aquella vez ningún polito argentino volvió a la Formula 1, la categoría más relevante del automovilismo mundial que en su génesis estuvo impregnada de celeste y blanco.