Literario

Dos de Italia

En esta oportunidad, dos historias nos regala El Profesor. Dos relatos con anclaje en el país europeo. De Ricardo a la Tía Dionisia, con el fútbol como excusa.

1) Le digo que no sé

Llama mi amigo Ricardo. Está filosófico. Me pregunta si él se comporta así casi siempre o casi nunca. Le digo que no sé. Me pregunta si al sol y a la sombra los separa un abismo o un parpadeo. Le digo que no sé. Me pregunta si el todo y la nada funcionan como adversarios o como socios. Le digo que no sé. Me pregunta si la vida es larga como la Panamericana o fugaz como el agua, que se escurre y se escurre. Le digo que no sé. Me pregunta si miserables son los que producen la miseria o los que la padecen. Le digo que no sé. Me pregunta si un penal es la circunstancia en la que dos personas están más solas o más juntas. Le digo que no sé. Me pregunta si el mar expresa la inmensidad o los individuos representan la insignificancia. Le digo que no sé. Me pregunta qué haría si pudiera elegir entre no haber experimentado jamás las tristezas o atravesar unas cuantas y al final aprender. Le digo que no sé. Me pregunta si prefiero la fantasía de un placer perfecto o la realidad de un placer con vaivenes. Le digo que no sé. Me pregunta si entusiasma más luchar contra la injusticia o habitar un mundo en el que todo ande tan justo que ni sea necesario luchar. Le digo que no sé. Me pregunta si hacerse preguntas implica avanzar o conduce a detenerse. Le digo que no sé.

Mi amigo Ricardo me pregunta si lo mejor de nuestra amistad es estar conversando o saber que volveremos a conversar. Le digo que no sé. Después me pregunta si entiendo cómo es posible que en Bérgamo hace poco la muerte montó un imperio esparciendo un virus y ahora el fútbol invita a la vida porque Atalanta, el equipo de la ciudad, tira paredes, gana partidos y un martes cualquiera le mete seis goles al Brescia. Le digo que no sé.

Me pregunta si la filosofía y el fútbol son diferentes o existen como dos pretextos para varias cosas y, también, para hacerse preguntas. Le digo que no sé.

Tampoco sé si, al despedirme, hago o no hago bien al entregarle mi única certeza de la charla: le digo que lo que sí sé es que, por filosofía y por fútbol, Atalanta juega muy bien.

2) Contar hasta tres

La Tía Dionisia había escuchado el sustantivo Sassuolo tres veces en los últimos tres cuartos de siglo aunque eso no le importó cuando también tres veces, pero en un minuto, bramó el tercero de los goles de ese equipo al que empezaba a percibir como una de esas pasiones que merecen que el corazón bombee el triple. Tres pasos desparramó hasta arrimarse a su viejo tocadiscos y tres veces nos hizo escuchar “El tiempo está a favor de los pequeños” en la versión que tres décadas antes grabó Silvio Rodríguez. Cuando tres de nosotros le preguntamos en el volumen triple que exigía su sordera por qué se había transformado en hincha de esa camiseta, nos contestó en tres oraciones que durante los tres viajes más recientes en los que había llevado sus tres esencias (su memoria, sus afectos y sus sueños) hasta Italia siempre el campeón era Juventus. Estaba por detallarnos tres de los paseos que hizo en esos tres viajes y, de golpe, descargó tres puteadas sin solemnidad cuando la Juventus embocó el tercero de sus goles y fijó el tercer empate de ese partido que, según un cálculo que le llevó apenas tres segundos, seguro atrapaba la atención de como tres millones de personas. Tres suspiros de esperanzas soltó en los tres ataques en los que Sassuolo casi quiebra la paridad en tres y tres sofocones de alivio dejó partir en las tres réplicas con las que la Juventus tampoco se dio el gusto de convertir y sumar tres puntos.}

Con el 3 a 3 consumado, la Tía Dionisia de nuevo desandó los tres pasos que la ubicaron frente a su tocadiscos y nos invitió a oír “El tiempo está a favor de los pequeños” en tres ocasiones más. Le consultamos, claro que en volumen triple, por qué fluía ese tema si, al cabo, el Sassuolo no había derrotado a la Juventus. “Habrá que probar una vez, dos veces, tres veces, pero algún día los pequeños vencerán a los poderosos”, dijo. Después, salió al patió, enfocó a las Tres Marías y formuló tres promesas: así será, así será, así será.