Dady Gallardo

El Dady de la criatura

Tras haber hecho historia con los Gladiadores, el otro Gallardo que tiene River y que hoy conduce a La Garra traza los mismos sueños que con la Selección masculina. El entrenador del equipo nacional femenino de handball cuenta por qué las derrotas ya les duelen distinto a sus dirigidas y transita junto con ellas un crecimiento a largo plazo.

Hay una imagen en medio de la derrota que a Eduardo Gallardo le da la pauta de que su equipo va por el buen camino. Luego de perder la final de los Juegos Panamericanos de Lima 2019 ante Brasil, el entrenador vio bronca en los rostros de las jugadoras de la Selección Argentina de handball. La chapa marcaba 30-21 para el país que se quedó con la única plaza olímpica en juego, pero el semblante de sus dirigidas no exhibía sólo tristeza sino también rabia. Media hora antes, el entretiempo marcaba un 12-12 que incluso podría haber sido mejor para la Garra. Las chicas mostraban los dientes.

“Cuesta un poquito, pero va pasando la bronca. Pero también generás compromiso por parte de las jugadores y que se sacrifiquen mucho para poder ganar. Me quedo con sus caras de bronca al final del partido. Creo que dentro de lo que ocurrió es bueno que pase porque te hace mejorar”, sostiene Dady Gallardo en la entrevista con Enganche.

“Hasta el minuto 28 del primer tiempo estábamos haciendo un trabajo impecable contra las miosmas jugadoras que habían sido campeonas mundiales en 2013 –batacazo histórico de las brasileñas–. Creo que esos dos minutos finales estábamos para ponernos 13-10 y terminó 12-12. Después, los primeros minutos del segundo tiempo eran fundamentales y nos metieron un parcial de 5-1. Y luego manejaron el partido porque son jugadoras muy buenas”, repasa el entrenador sobre el quiebre de la final panamericana en Lima.

La Garra ya está dando vuelta la página. A fines de mes, la Selección viajará a Noruega para disputar un cuadrangular ante las locales, Brasil y Japón como medida para el otro gran objetivo que el handball argentino tiene en el año: el Mundial de Kumamoto, que reunirá a 24 países pero que apenas entregará una plaza para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

–¿Qué perspectivas hay para el Mundial?

–Compartimos grupo con dos potencias como Rusia y Suecia. Después está China, en un buen nivel, quizás por encima nuestro, Japón, con quien jugamos ahora en el cuadrangular para medir la realidad y queda Congo, que debe estar un poco por debajo que Argentina. El primer paso es la preparación, llegar de la mejor manera y sumar partido tras partido. Y el gran objetivo es terminar entre los tres primeros de la zona para meternos entre los 12 mejores del Mundial.

–¿Cómo se juega contra alguien que es mejor?

–Eso depende de los grupos. Lo que me pasó mucho tiempo con Los Gladiadores es que cuando teníamos un rival que era superior a nosotros, el equipo se potenciaba y estaba convencido de que se le podía ganar. Eso se fue trabajando en la cabeza de los chicos cuando eran jóvenes, pero también te acompañan los resultados. No es sólo eso, sino también lo técnico, táctico, la preparación del partido. Jugar con tus fortalezas y las debilidades del rival. Y deslindar de presión a los jugadores porque en estos partidos no tenés nada que perder y mucho que ganar.

Gallardo habla de los Gladiadores porque tiene algo de experiencia para aportar. Fue el entrenador de la Selección masculina entre 2007 y 2018 y en ese lapso hizo historia más de una vez y logró lo que parecía una utopía: que el handball se olímpico por primera vez. Y por segunda también. La medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 tras vencer en la final a Brasil quedó en la memoria colectiva como el punto de quiebre más importante para dar el salto de calidad.

En el durante, Dady y su cuerpo técnico forjaron la identidad del equipo hasta bautizarlo con un nombre propio. Y deja en claro cómo se dio en medio de otras versiones más marketineras: “El mote surgió en el Mundial de Suecia 2011. Después de que le ganamos al local, pasamos a la Main Round y jugábamos contra Dinamarca en un lugar muy cercano a ese país y me acuerdo que en el estadio, de unas 15 mil personas, parecía que la gente se te venía muy encima que cuando entramos a la cancha nos estaban tirando a los leones. Y así fue surgió el mote “Gladiadores”. Justo el periodista Ernesto Rodríguez me escribió por Messenger y me preguntó qué apodo le poníamos a la Selección, si Los Pucará o Gladiadores. Y elegimos este último. Cuando viajábamos con River, en ese momento ya poníamos el video motivacional con los Gladiadores. Después que se lo adueñe quien quiera” (risas).

–¿Cuándo te diste cuenta que eras bueno como técnico?

–En realidad me di cuenta que era malo como jugador (risas). Hablando en serio, lo que hice fue perfeccionarme. Invertí mucho dinero en mi formación, en traer material del exterior. Primero en VHS, después en DVD, revistas. Todo de Alemania y Francia, principalmente. Después, cuando tuve la posibilidad de viajar con River, que fuimos a Suecia, Dinamarca, Italia, aprovechaba para hacer cursos en cada lugar. Estuve casi dos meses en un Centro de Alto Rendimiento en Francia en 1999. Y así me fui perfeccionando. A los 25, siendo muy joven, empecé a dirigir la Primera de River.

–¿Cómo y por medio de quién llegaste a la Selección?

–En realidad creo que llegué en base a mi trabajo. Primero al buen trabajo que hicimos en River. Eso me posicionó para agarrar la Selección Juvenil en 2006. Salimos campeones panamericanos, llegamos a la semi de un Mundial, que hasta hoy sigue siendo la única vez que una selección sudamericana de varones lo hace. Después lo logró Brasil en mujeres, pero hasta ese momento nadie. Y con ese buen resultado, sumado a la no clasificación de la Selección a Beijing, me salió la chance de la Mayor, pero no tuve padrino ni nada por el estilo. Creo que mi trabajo me llevó a ese lugar.

–¿Cambia mucho dirigir a hombres y mujeres?

–No cambia mucho. Por suerte trabajo con una profe mujer, Priscila Alvarez, que me ayuda mucho en el vestuario. Después, mi forma de entrenar siempre fue la misma. Como siempre fui respetuoso, no pasa nada con las chicas. A veces hay un reto, una puteada, pero es algo normal, es válido y las chicas lo toman bien, pero las prácticas no varían mucho. La forma de entrenar es la misma.

–¿Cómo repartís tus tiempos entre La Garra y River?

–El club me banca los ciclos de la Selección. Entrenamos con el equipo nacional mañana o tarde y después voy a River. Hoy en el club estoy en una función de gestión. Soy subdirector de deportes y trabajo con Daniel Fidalgo, el Director de Deportes del club. Estoy más en la gestión y como head coach de handball. Hago Selección, después River, y así según la necesidad. Y los findes en los que no viajo estoy con los equipos de River.

A decir verdad, con los equipos de River está desde que nació. Socio de toda la vida, hijo de un matrimonio que se conoció en el club y nieto de un ex dirigente, el Gallardo que no es el Napoleón de Nuñez empezó a jugar al handball gracias a la banda y a su mamá, que lo echaba de la casa los sábados para que fuera a hacer deporte.

“El inicio con el handball fue medio de grande –comparte Dady–. Estaba en cuarto año del colegio y jugaba más al vóley y al fútbol. Mi vieja me dijo ‘andate al club que no te quiero acá los sábados’. Y yo, obediente, fui. En el playón vi que jugaban al handball femenino. Al lunes siguiente me probé, quedé y así empecé. Tenía casi 17 años. Al año siguiente tuve una pericarditis y estuve casi 8 meses parado. Estaba a punto de dejar y un entrenador de la Primera… ahora haciendo el análisis creo que fue más de buena onda, me citó a la Primera y seguí jugando cuando ya estaba más para dejar que para seguir. Empecé el profesorado y así fue que llegué al handball. Siempre agradezco a mi vieja que me sacó de casa un sábado (risas). Si no era el handball, no tengo idea qué iba a hacer”.

–¿Cómo están los clubes de handball en las categorías formativas y de qué manera afecta el éxodo cuando son mayores?

–Hubo un impacto muy grande tras la aparición de los Gladiadores y hay muchísima más gente jugando al handball. Hay hasta 7ª División, categoría que se generó en nuevos clubes o clubes que antes no tenían esas categorías y hoy sí. Respecto a los mayores, ahora con las chicas, nos parece bien si se van a clubes de nivel, pero si no preferimos que estén acá con nosotros. Acá se entrena muy bien y si cuando van al exterior no juegan en clubes top, no tiene sentido porque no entrenan del todo bien. Tres veces en algunos casos y llegan mejor las que están acá que las que están afuera.

–¿Cómo es la carga de entrenamientos de la Selección hoy?

–Nosotros entrenamos de lunes a jueves por las tardes y martes y jueves a la mañana. Son seis estímulos semanales, con pelota a la mañana y con una hora de físico en el gimnasio de pesas y hora y media de pelota a la tarde. Eso es regular, pero cuando estamos cerca de una competencia quizás entrenamos lunes a viernes doble turno, dosificando las cargas según cómo lleguen.

–¿Que las jugadoras tengan sentido de pertenencia con sus clubes ayuda en Selección?

–Sí, creo particularmente que los jugadores son de los clubes, deben pertenecer a los clubes y no está bueno que sean de la Selección. Son de los clubes y juegan en la Selección. Así que cuando hay un tema de un Nacional o un partido importante de la Liga, nos avisan y van a los clubes. No hay problema y creo que el sentido de pertenencia es fantástico.

–¿Hoy cómo está el handball argentino en el plano internacional?

–Los varones tienen la suerte de estar en sus terceros Juegos Olímpicos consecutivos y antes no habían ido nunca., Creo que tener startus de olímpico es muy importante y hay que disfrutarlo porque son 12 equipos en el mundo y nada más. Las chicas están en crecimiento, quizás como cuando yo agarré la Selección de varones. Han tenido un crecimiento muy grande. Y de acá a clasificar a los Juegos de 2024 es el objetivo al que aspiramos. Los ciclos no son cortos y era difícil que haya un cambio gigante en poco tiempo. Queremos seguir mejorando torneo tras torneo porque el gran objetivo es llegar a París 2024.