Daiana Ocampo

Cambio de destino

La atleta de 28 años jugó al fútbol en Fénix hasta que debió abandonar su sueño porque debió salir a laburar. A los 20 empezó a descubrir que el atletismo era el camino deseado. "Quería hacerme un control antidopaje y demostrar que soy partidaria del deporte limpio", afirma.

“Bajamos de un avión, descargué el equipaje, volví a llenar las valijas y llegamos a Cachi, Salta. Esta es mi tercera experiencia en la altura. En esta ocasión vine a darle un cierre al gran objetivo del año, mis segundos 42kms, el maratón de Buenos Aires. No puedo describirles la emoción que me da correr en casa, son de esos sentimientos que te erizan la piel, espero verlos ahí corriendo o simplemente alentando, dándonos a nosotros los corredores esa fuerza externa y visible que es tan linda. Hoy fue el primer trote y no les negaré que me costó, con el paso de los días iré adquiriendo mejores sensaciones, como en la vida misma nos adaptamos a todo”.

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Las palabras de Daiana Ocampo, en modo posteo en su cuenta de Instagram, grafican su vida, su pasado, su presente pero, sobre todo, su futuro. El que ella quiere. El que ella sueña. El que ella acuña día a día como atleta de elite. Pero también como madre de Amparo, su pequeña hija de 3 años que la acompaña junto con su marido Damián a todos lados. “La vida de una atleta no es sencilla, pero tampoco imposible”, le dice Daiana a Enganche. “Vivir del atletismo en este país es muy complicado porque entre que la economía no alcanza y el apoyo que aparece de manera intermitente hace que todo cueste un poco más”, agrega. No se frustra Daiana. Al contrario, desde que fue mamá su vida cambió para siempre. “Es notable la fortaleza que me dio la maternidad. Amparo es un bastión en mi vida. Ella me hace empujar mucho más que antes, me hace buscar correr más porque sueño con dejarle un buen legado. Cada vez que corro, en un entrenamiento o en una carrera pienso en llegar porque ella me está esperando y quiero abrazarla lo más pronto posible para agradecerle. Y ella siempre está ahí, feliz, alegre de ver a su mamá. Por eso la llevo a todas las competencias que puedo. O, como ahora, que estamos en Cachi”, cuenta. E insiste: “Estar con ella, por más que no sea en casa me da una fuerza enorme. Si no la puedo llevar a un viaje como me pasó cuando fui a competir a Brasil, me duele mucho. Por ahora es chica y siento que lo hago por un bien en común. Hoy, con un poco más de distancia desde que nació Amparo, pienso que el hecho de ser madre, un hecho tan trascendente como la maternidad,  te atraviesa por completo y te enseña a sacarle la carga a muchas otras cosas y situaciones. Después de ser mamá, el resto de las cosas que te pasan dejás de verlas de manera tan negativa. Es un aprendizaje enorme el que ella me dio. En mi caso, me ayudó a entender que puedo mucho más que antes y no lo digo desde un lugar de creerme una heroína pero ser mamá te hace mucho más fuerte”, explica la fondista que, en la altura de Cachi, a 2300 sobre el nivel del mar, se prepara que volver a correr un maratón: el de Buenos Aires, que se realizará el próximo domingo 22 de septiembre y que oficiará como campeonato sudamericano de la distancia. “Es una carrera súper importante porque ahora, para clasificar para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se accede por un sistema de ranking y no sólo por una marca, por un tiempo –sostiene la atleta de 28 años–. Es un poco más cruel, pero hace un tiempo estamos embarcados en el sueño olímpico”.

Foto: Franklin Guillén

En su hoja de ruta, Daiana siente que aún le queda mucho por correr. Mejor dicho, dice, por recorrer. “Corro desde los 20 años. Por eso siento que aún me queda mucho en este deporte que descubrí cuando había dejado de jugar al fútbol en el club Fénix. Había empezado de chica en el barrio y después llegué al club hasta que debí dejar porque en casa teníamos la necesidad de salir a trabajar. Estuve varios años en un corralón en atención al cliente. Y correr me permitía hacerlo cuando podía, sin un horario fijo como se tiene en un club”, rememora la reciente campeona sudamericana de medio maratón, prueba celebrada el pasado domingo 25 de septiembre en Asunción, Paraguay, con una marca de 1h13m26 que la ubica 4º en el ranking histórico del país. Prueba donde le practicaron su primer control antididopaje. “Fui a Asunción con la ilusión y el trabajo bien hecho pensando en tratar de llegar al podio. Y se dio. Y también fue la primera ocasión en la que me sometía a un control antidopaje. Era algo que estaba esperando, lo necesitaba porque es mi forma de alzar la bandera del deporte limpio. Estoy muy contenta por haberlo hecho porque mucha gente habla por hablar y dice cosas porque parece que es fácil decir cosas, hablan porque es gratis. Quería hacer eso y demostrar que yo soy partidaria del deporte limpio”, afirma.

Primeros pasos:

“Un día salí a correr porque sí, me puse un punto fijo desde mi casa hasta un puente de la Panamericana, no sabía qué distancia era. Usaba un cronómetro viejito que tenía la malla rota. Y así fui sumando kilómetros y días de entrenamiento. Hasta que un día hicieron una carrera en Pilar y la gané. Diría que gané porque no había tanto nivel. Con poco entrenamiento hice la distancia en 43 minutos”, detalla la ex delantera que jugaba con la 7. “En ese momento las mujeres que jugábamos al fútbol eran mal vistas, era como la marimacho y esas cosas. Hoy por suerte, cambió mucho y se le dio otro lugar a la mujer. En realidad se ganó un lugar de manera justa. Era necesario ese cambio de chip mental en lo social, pero mucho más importante en la vida personal, la real, porque cómo se explica por todo lo que pasó la mujer. La mujer tiene una valentía superior de por sí. Y en esto también entra la maternidad. Esto no lo digo desde un púlpito. Lo digo desde el lugar de que no hay otro dolor que supere eso, te lo aseguro”, añade.

Su primer dinero en el atletismo llegó tras ganar una carrera de 8km que hacía la extinta revista El Gráfico en 2013, en los bosques de Palermo. Ese día, admite, sintió por primera vez que valía la pena el esfuerzo. “Jugar y ganar: eso nos pasa a todos. Así es Amparo. Cuando jugamos una carrera le pregunto quién va a ganar y ella me dice “Ampi”. Ese espíritu es innato, ser competitivo. Y al ganar mi primera carrera me di cuenta que eso me gustaba. Y el día que gané mi primer dinero sentí una gran emoción”, reconoce y admite que “el gran salto lo dí cuando me empecé a meter en la pista. La pista te define, te da la elegancia, la forma, te educa, te enseña. Cuando bajé la barrera de los 34 minutos, ahí siento que pasé a otra categoría”, afirma.

Daiana junto con su marido Damián y su hija Amparo en Asunción

–Hablás de tu primera platita, pero para viajar en abril pasado a Rotterdam, donde hiciste tu debut en maratón, debiste hacer una rifa. Y esa situación es repetida en todos los atletas que deben acudir a un modo autogestivo que bordea lo artesanal y que genera cierta amargura…

–Eso es cierto. No es lo ideal. Uno sabe del esfuerzo que hace todo el mundo para vivir, para llegar a fin de mes. De eso, uno es muy consciente porque no vive otra realidad. Y también es cierto que el apoyo debería llegar del Estado y de sponsors. Y eso suele llegar cuando ganás, cuando trascendés. Y eso claro que duele, que molesta.

A pesar de todo, Daiana no se resigna y dice que “siempre hay que ir por más, mirar para adelante sin olvidar el pasado que, en definitiva, te forja en todo sentido”.