Darío Conca

El trotamundos

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Se retiró del fútbol en abril pasado para dedicarse a disfrutar de su familia en Miami, donde juega al golf, deporte con el que planea dedicarse a competir.

Tigre. River. Universidad Católica. Rosario Central. Vasco Da Gama. Fluminense. Guangzhou Evergrande. Shanghai SIPG. Flamengo. Austin Bold FC. Diez equipos, más de 150 goles en casi 600 partidos y miles de kilómetros definen la hoja de ruta futbolera de Darío Conca, el hombre que nació hace 36 años en General Pacheco. Su caso, es verdad, roza lo atípico: en 2011 era el quinto futbolista mejor pago del mundo. Pero un año después, su apellido ascendió al primer escalafón. Arribar a Guangzhou Evergrande, de China, lo elevó al estatus de futbolista mejor remunerado del planeta, incluso, por encima de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. “Algunas veces me cansaba eso, me incomodaba porque eso no me definía. No definía cómo era ni de dónde venía. La vida es algo más que el dinero”, le cuenta a Enganche, desde Miami, su nuevo lugar en el mundo que eligió junto con su mujer y sus dos hijos para vivir tras su retiro en abril pasado. Y agrega: “Siempre mantuve mis costumbres: el asado, el vino y el dulce de leche. El mate no porque me cae mal desde chico. A mis hijos les encanta el dulce de leche”.

Tardó en llegarle el reconocimiento. Lo admite y asume que eso, tal vez, lo hizo una persona más paciente y cerebral. Sus pasos por Tigre, en segunda categoría, y los tres partidos con River quedaron como un retrato en sepia. De Chile volvió a Central para, desde allí, dar su primer gran impacto: continuar su carrera en Brasil, donde logró el salto soñado. Tras una experiencia paso por Vasco Da Gama, se convirtió en ídolo y emblema de Fluminense. Allí, en Flu, el volante zurdo jugó cuatro años, accedió a la final de la Copa Libertadores, en 2008, en la que eliminó en semifinales a Boca (defensor del título), con un resultado global de 5-3. En la final y tras haber convertido un gol en el partido de ida, perdió por penales (erró el primero para su equipo) con Liga de Quito, de Edgardo Bauza. Más allá de ese traspié, su mejor temporada fue en 2010, cuando obtuvo el título de la Serie A brasileña. Ese año fue destacado como mejor jugador del torneo que le valió la inclusión en el once ideal de América. Y, un año más tarde, aparecieron los prepotentes millones de dólares chinos para llevarlo a un inhóspito fútbol asiático que empezaba abrirse al mundo a partir del deseo del presidente Xi Jinping, un amante del fútbol. Como precia el sitio Panenka, el “Plan Chino”, ideado por el gobierno de Pekín y la Federación China de Fútbol, tiene como objetivo que el país se convierta en una superpotencia mundial de fútbol en el año 2050. Y Conca, claro, fue una de las puntas del iceberg. Su presencia en China abrió el camino para que luego vinieran talentos como Anelka, Drogba, Robinho, Oscar, Tévez, Paulinho, Keita, Kanouté, Lavezzi, Hulk o Jackson Martínez. Con Guangzhou Evergrande, el volante consiguió seis títulos, entre ellos la Champions League de Asia, y luego recaló en Shanghai.

–¿Cómo fue ese cambio, porque en Brasil te convertiste en ídolo, te volviste uno más de ellos?

–Estuve seis meses en Rosario Central y casi no me tocó jugar. Fui a Vasco Da Gama y los primeros meses no me fue bien. Estaba para irme, para volver a la Argentina porque no estaba jugando y quería estar cerca de mi familia. No me sentía cómodo y de repente, un entrenador me dejó 10 partidos afuera y me hizo entrenar nada más para ponerme a punto. Y una vez que estuve bien físicamente me dio la oportunidad, empecé a crecer y, por suerte, no paré.

–¿Quiénes fueron los más grandes con los que compartiste tu carrera, los que más te marcaron?

–Deco, Fred y, en Vasco, Romario que cuando llegué estaba a 10 goles de llegar a los 1000. Romario fue el más grande que tuve como compañero. Te sorprendía en las prácticas. Lo había visto mucho en la tele. Pero verlo en vivo era algo espectacular.

–¿Recordás alguna anécdota con Romario?

–Una vez jugábamos Vasco contra Flamengo. Yo estaba en el banco y él tenía 998 goles. Tenía que hacer dos y el Maracaná estaba lleno. Terminé jugando y, en un pasaje, se la toqué, quedó mano a mano y se la sacó el arquero… en el vestuario me dijo: “Gringo, casi te hiciste famoso. Si hacía ese gol, te conocía todo el mundo”. No se reía, me lo decía en serio. Tiene esas cosas, disfrutaba de lo que hacía. Su día a día era eso. Nunca me animé a pedirle una camiseta, más por la forma que tenía y el peso que tenía en el vestuario. Yo era muy nuevo y siempre fui muy tímido. La camiseta de él, la 11, ya venía con la cinta de capitán lista. Fue un grande.

–¿Cómo llega lo de China, en un momento que estaba creciendo y ese fútbol era más una apuesta?

–Al principio, estaba en Río muy adaptado. Mi esposa tiene a toda su familia ahí. Entonces fue difícil porque, además, mi familia estaba cerca e iba y venía para estar más tiempo juntos. Primero dije que no porque estaba muy bien en Fluminense. Ahí era feliz. Y después de una reunión con el presidente y el empresario me mostraron cuál era su proyecto, qué querían hacer con esa plaza. Querían cambiarlo por completo y me convencieron. Me fue muy bien, a mí y al club.  Mis dos hijos nacieron en China. El primero nació en Guangzhou y el segundo en Shangai. Por eso, le tengo un enorme cariño a ese país. Ellos tienen dos nacionalidades, por más que los chinos sólo pueden tener una: el padre o la madre tienen que ser chinos para que el hijo tenga el pasaporte de su país. Yo, sin embargo, los considero chinos porque nacieron ahí. El más grande, que tiene 7, nos dice siempre que él es chino.

–¿En tu paso por China, cómo te manejaste?

–Tenía un traductor que me puso el club. Había uno que hablaba en portugués y otro en español porque estábamos yo y Lucas Barrios y varios brasileños. En mi casa decidimos tener empleados chinos: la niñera y el chofer. Como no podía manejar tenía que tener chofer. De esa forma aprendimos un poco y ellos aprendieron un poco de portugués de nosotros. Pero casi todo lo que hacíamos era con el traductor.

–¿Por qué no podías manejar en China?

–En China ni siquiera el registro internacional te sirve. En esas cosas son muy particulares y sacar el registro es muy complejo. Sumemos los carteles, cómo hacía para entenderlos. Por eso, lo más simple era tener un chofer que intentar sacar el registro.

–El jugador argentino suele tener problemas de adaptación a otros escenarios futbolísticos. En tu caso fue todo lo contrario: rompiste el paradigma del jugador argentino en Brasil y estuviste varias temporadas en China, mientras otros jugadores no aguantaron por el contraste cultural, por el cambio cultural. ¿Qué te ayudó?

–Creo que en mi caso fui decidido a firmar un contrato y a adaptarme. Me mentalicé en eso. Sabía que iba a hacer todo para adaptarme porque siempre pasé por momentos difíciles. En Brasil, al llegar, ya tenía amigos que me facilitaron las cosas. Y en China intenté acercarme a ellos para entenderlos. Creo que me ayudó mucho la curiosidad por saber sobre su cultura y sus costumbres. Y eso te acerca al otro. La curiosidad por aprender nuevas culturas te abre puertas.

–En tu nueva vida aparece el golf, un juego totalmente distinto al fútbol. Empezaste y dijiste que no descartás la idea de dedicarte a jugar de manera competitiva…

–Siempre me gustó ver golf. Y pensaba que era algo que me iba a gustar. Estar en un campo es algo muy lindo porque, personalmente, ver el césped verde me lleva a mi infancia en la que soñaba con ser jugador de fútbol al ver un campo de juego. Y ahora me pasa con el golf. Después, en Río, me mostraron cómo se juega porque vivía cerca de una cancha. Fui un día y me gustó, me atrapó. Y hoy entreno como realmente tiene que ser. Primero me lo tomo como un juego, pero veremos cómo y cuánto progreso para dedicarme más.

–¿Por qué un deportista de elite elige el golf, qué encuentra en un deporte tan distinto al fútbol?

–La tranquilidad, la paz, la serenidad que te da estar en un lugar con tanta calma. En el fútbol, con 36 años, todo se te pasa muy rápido. En el golf te podés mantener un poco más y podés empezar a esa edad. El entorno es absolutamente diferente. En el fútbol, en cambio, no depende todo de vos, dependés de tu equipo, de tus compañeros. El golf es más individual y eso me lleva a pensar que puedo hacer algo solo en el que todo dependerá de mí. Y eso me gusta porque es un desafío distinto al que estaba acostumbrado.

–¿Qué darías por ganar un Masters o un torneo grande de golf?

–Me tocó ganar cosas en el fútbol y ganar es siempre gratificante. El reconocimiento siempre es especial. Cuando conquistás algo también se mide el sacrificio que hiciste por ese objetivo. Por eso cuando lo lográs se disfruta tanto. No sé bien qué daría por ganar un torneo de golf, creo que mi tiempo para dedicarme al deporte.

–¿Con quién aprendiste a jugar y contra qué famoso o conocido te enfrentaste?

–Aprendí en Río con un profesor y después jugué con Hernán Mancuello porque jugábamos juntos en Flamengo, acá en Miami tengo otro profesor. Todavía no me tocó enfrentarme con jugadores de golf que sean importantes o famosos.

–Volviendo al fútbol, ¿Por qué no volviste a jugar a la Argentina?

–Bueno me tocó hacer una carrera afuera en la que tuve reconocimiento en Brasil y China. No volví a la Argentina porque cuando tuve una chance y se podía hacer una gestión Tigre no me quiso. Quería volver al equipo en el que empecé, era un orgullo defender a Tigre, en especial el año pasado que estaba peleando por el descenso y tenía todo para volver. Pero no me quisieron, por ahí el técnico que era Lobo Ledesma le dio importancia a que yo quería volver y el presidente tampoco estuvo convencido. Tenía el deseo de hacerlo, mi familia también lo quería, somos de la zona y poder ayudar a Tigre en ese momento delicado me gustaba. Me había tocado vivir un momento así en Fluminense y pensaba que era el momento de poder repetir lo que había pasado en Fluminense que nos salvamos en el último partido y sentía que podía ayudar a Tigre. Por no se interesaron en mí y por eso no volví.

–¿Cuál es el jugador actual de River que más se parece a vos?

–Creo que por ser zurdo y jugar en la misma posición, Quintero hace lo que yo hacía en la cancha. River tienen una gran cantidad de jugadores. Igual lo que hace Quintero es impresionante y a mí me hubiera gustado parecerme a él. Y también me encanta Nacho Fernández que no se entiende por qué no está en la selección de la Argentina.