Patita Lescano

De dormir en la calle a la siesta en el sillón de Maradona

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Patita Lescano vivía en el Parque Lezama y logró salir del olvido gracias a la oportunidad que le dio el líder de Damas Gratis. Fanático del fútbol, terminó conociendo a Diego y a Messi y fue invitado al palco de Cristiano Ronaldo.

Cierra los ojos y se entrega. Aunque la lluvia pega en los cachetes como un guantazo cargado de soledades y de desamparo, el pibe se duerme hipnotizado por el cansancio de los que no tienen adónde ir. Los días no terminan nunca. Las noches que no quieren empezar. Nadie puede acostumbrarse jamás a dormir en la calle en un día de tormenta, con fiebre y tos, acovachado en el Parque Lezama o en una boca del subte y tan sólo esperando a que una vida termine para ver si comienza otra. Si tan sólo despertara en otro lugar…

Cierra los ojos y se entrega. Aunque está despierto hace horas y su corazón palpita de emoción como casi nunca antes, el pibe no se duerme, ansioso por saber qué sueño se cumplirá mañana. Acaba de conocer al mejor jugador de todos los tiempos, Diego Armando Maradona y, además de haber conseguido la hazaña de una foto, logró que el mejor polvo de Fiorito lo invite a dormir a su propio living, en un sillón, luego de un asado memorable. Más tarde tomarán unos mates y charlarán de la vida. Si tan sólo pudiera estirar a esa noche por mil noches más…

En la vida de Jonatan Gabriel Svecoff caben mil mundos, pero además cabe un nombre que lo volvió célebre entre los futbolistas: Patita Lescano. Con el apellido del cantautor cumbiero que le dio laburo y lo adoptó como un primo (Pablo Lescano) y con el apodo derivado de una discapacidad (por un problema en los tendones), empezó como ayudante de la banda Damas Gratis y se ganó el corazón del mundo de la cumbia, al tiempo que conoció las mieles del fútbol. Esta es la historia de un hombre que vivió en la calle y que durmió en la casa de Diego Armando Maradona, que se hizo amigo de Juan Román Riquelme y que viajó a Europa con Ángel Correa, que le sacó una carcajada a Cristiano Ronaldo y que charló con Lionel Messi en el predio de la AFA. Esta es la historia de un pibe por el que nadie iba a preguntar, pero por el que preguntaron todos.

“Vivir en la calle es lo peor. Me cagaba de frío, me mojaba. Tuve tos y fiebre, pero por suerte de nunca me enfermé”, le cuenta a Enganche. Habla sin adornos, directo, sin vueltas, con la sincera crudeza que es su única forma de expresarse. Hace 15 años vive en Fuerte Apache, en la zona lindante a los monoblocks, a partir de la generosidad de una familia que lo rescató para llevarlo al barrio. Desde que se instaló en esa orilla de Ciudadela no volvió a ver a su mamá “por el tema de las drogas y todas las cosas que pasaron”.

Pablo Lescano era un habitué de Metropolis, una meca de la bailanta que funcionó en Palermo hasta el año 2005, donde el astro ascendente de la música popular iba con sus amigos cada jueves y cada domingo. Una noche, Patita lo buscó y le dijo que necesitaba trabajo. “Somos un montón en la banda, ya estamos”, le respondió quien por ese entonces era el tecladista de Amar Azul. Entonces, el guachín le contó que era discapacitado, sin saber que su interlocutor tenía un hermano de esa condición. Como un destello surgió una empatía especial. “Me dejó su número de teléfono, me invitó a verlo y me regaló ropa. Me llevó a dormir a su casa, me dio de comer y me dio plata. No cualquiera te mete en su casa, porque te pueden robar cualquier cosa. Está fisura roba para drogarse o para comer; yo por suerte nunca le robé nada a nadie. Íbamos a los shows y me pagaba la cena. Se estableció una relación con Pablo y su familia que ya lleva años. Me las rebusqué, arrimé y estuve con Damas Gratis mucho tiempo, de asistente. Me hice querer y me conocen en todos los boliches”, cuenta.

Instalado en mundo musical, las puertas empezaron a abrirse. Tanto que hasta traspasó la de la casa de Diego Armando Maradona. Patita hablaba con Rocío Oliva y le rogaba por una foto con el Diez. Una noche el astro apareció en un boliche de San Miguel, para un recital de Damas Gratis y logró la instantánea que tanto deseaba. Pero eso fue apenas la bienvenida. Cuando terminó el show, Diego los invitó a comer un asado en su casa. “Rocío me sentó al lado de él y yo no lo podía creer”, recuerda. Si la intemperie deja marcas para toda la vida, también establece hábitos. A Patita le gusta poco lo que pueda caer sobre una parrilla: “En la calle me acostumbré a comer hamburguesa, pancho y pizza. Esa vez me decían que agarre carne y yo comía papas y pan”, explica.

La cena larga y la sobremesa interminable le ganaron a la noche, en retirada frente a la claridad que asomaba. Cuando todos empezaron a subir a las habitaciones, Patita se tiró en un cómodo. “¿Qué hago yo en un country?”, pensaba. “Buen día, maestro”, le dijo después del descanso el hombre que había sido coronado para toda la eternidad en el verano mexicano del año 1986. “Diego se tomó unos mates y volvieron a preparar un asado para el mediodía, pero como yo me tenía que volver a mi casa me pagó un remís. Lo ves y es uno más, como nosotros. Un crack”. Sólo le pidió la foto en el recital, entendió perfectamente que todo lo otro era una intimidad para disfruatar sin registros.

“A los jugadores les gusta la cumbia y a los grupos de cumbia les gusta estar con los jugadores”, explica con simpleza sobre ese ida y vuelta permanente entre los botines y los instrumentos. Así conoció también a Ángel Correa y a su representante, Agustín Jiménez, con el que vivió un tiempo. Fueron ellos los que lo embarcaron en un viaje increíble. “Tenían que volver a Europa después de jugar con la Selección. Yo estaba con un shorcito, las llaves de mi casa y una mochila en la que tenía el pasaporte. Siempre los acompañaba al aeropuerto y esa vez cuando llegamos a Ezeiza le dije a Angelito que quería viajar a Europa. Se tiraban la pelota con Agustín y cuando me preguntaron si tenía pasaporte y se los mostré no lo podían creer. Entre los dos me pagaron el pasaje y fui a Madrid como estaba, porque adentro de la mochila no tenía nada”, prosigue con su relato con Enganche.

Apenas llegó a la casa de Correa quería salir a pasear, conocer el estadio del Atlético de Madrid, ir a un shopping y recorrer la ciudad. Pero tenía un sueño todavía más grande: conocer a Cristiano Ronaldo. Tres días después de estar en la capital española, Agustín Jiménez se puso en contacto con Jorge Mendes, represente del portugués y ejecutó el plan sin contárselo. “Fuimos a la práctica del Real Madrid y después de dar una conferencia de prensa, Cristiano me vino a ver, me trajo su camiseta, me la firmó y nos sacamos una foto. Después, le pedí un videíto saludándome y lo hicimos”, agrega en el anecdotario que siempre parece tener lugar para una página más. Al ía siguiente fue invitado al palco de CR7 y vio el partido junto al hijo del crack. “Había de todo para tomar y para comer”, recuerda con cariño. Un rato más tarde abrazó por primera vez a Zinedine Zidane.

Previamente al encuentro con el Ganador del Balón de Oro en 2008, 2013, 2014, 2016 y 2017, Patita había estado con quien se había quedado con ese mismo galardón en 2009, 2010, 2011, 2012 y 2015. “Antes de ese viaje yo había estado en el predio de la Selección, también con Ángel y Agustín, y cuando lo vi Chiqui Tapia le pedí que me ayudara a sacarme una foto con Messi. Me preguntó cómo había llegado ahí y le dije con quiénes estaba; entonces me pidió que espere un momento y al rato me llevó a un lugar donde estaba Lionel para sacamos una foto y hablar”, afirma, con la simpleza de quien se maravilla al hablar de un superhéroe. Su cuenta de Instagram es un paseo de la fama.

Patita forma parte de un grupo minúsculo que solo integra menos del dos por ciento de los argentinos. Es analfabeto. Aunque no quiso dar el paso, fue otra estrella del fútbol quien le tendió una mano: “Me hice amigo de Juan Román Riquelme, a pesar de que es muy difícil llegarle. Es un fenómeno, un tipo que ayuda a mucha gente. Yo iba a las prácticas de Boca y me enteré que había varias personas que trabajaban ahí, en el club, gracias a él. Ayuda a todos. Cuando lo conocí y le conté que no sabía leer ni escribir, me dijo que no sea boludo, vaya al colegio, que estaba todo el día en la calle, que él me lo pagaba pero que tenía que estudiar por lo menos dos horas por día”.

Colecciona camisetas y entre las más preciadas destaca las de Riquelme, Correa, Sergio Agüero y Leandro Romagnoli. “Tengo un montón”, cuenta sin agrandarse. En la música también tiene a sus preferidos: “Pablo es el número uno. Lo mejor de la cumbia es Damas Gratis, La Nueva Luna, Dalila y el Potro Rodrigo. Y también lo pongo a Ulises Bueno”. Agradecido, tampoco se olvida de otros que lo ayudaron, como el Pepo, Nene Malo y Chanchín, cantante de la banda Supermerk2.

El chico que recibió todas las piñas que pueden pegar el desamparo y el abandono, ese que parecía destinado a caer rápidamente todavía más abajo de la pirámide, sostuvo la guardia y se puso de pie. En él creció el hombre que empezó a transitar un mundo reservado para muy pocos, entre el arte y el deporte en sus dos expresiones más populares, la música y el fútbol. Ahora que la lluvia ya no impacta en los cachetes, Patita piensa en la próxima foto con un ídolo y sonríe. Ahora sí vale la pena esperar al próximo día.