Martín Terán

De los tries al campeón del mundo al gol que salvó a Atlético Tucumán

Martín Terán llegó a ser parte de Los Pumas, pero sintió que ya había dado todo en el rugby y se retiró. Unos meses después, los dirigentes del club de fútbol de sus amores lo vieron con la redonda en los pies y decidieron ficharlo. El hombre que cruzó la frontera entre los dos deportes y salvó del descenso al Decano todavía vive en el recuerdo de un tanto salvador.

Aunque se sentó a comer con el mismísimo Nelson Mandela, nada lo movilizó tanto como aquello que sintió en una cancha de fútbol del ascenso argentino. Aunque sorprendió al encumbradísimo campeón del mundo con dos conquistas, lleva pegado a sus recuerdos a aquel cabezazo con el que años después salvó a su equipo del descenso. Aunque llegó ser considerado uno de los mejores del planeta en su posición, nada fue como escuchar a una tribuna entera corear su nombre. Aunque hizo casi todo lo que un hombre puede hacer en el mundo con una guinda en la mano, jamás se sorprendió tanto como cuando por una redonda lo empezaron a reconocer los taxistas de su ciudad. Martín Terán fue un destacadísimo jugador de rugby que luego de vestir la camiseta de los Pumas se convirtió en futbolista profesional a los 26 años para cumplir el sueño de jugar en su amado Atlético Tucumán.

Terán en la tarde del sueño del hincha.

Casi como un mandato familiar, a los 6 años ya corría y tackleaba, a los 19 debutó en la primera de Tucumán Rugby Club y a los 21 disputó la Copa de Mundo en la que le marcó dos tries a Australia en el partido más incómodo del certamen para el seleccionado que terminaría quedándose con la copa Webb Ellis. De baja estatura y liviano en la balanza, en el norte argentino pocos creían que tendría lugar en los Pumas. Se equivocaban.

Los tries a Australia en el Mundial de 1991.

Ágil y escurridizo, arrojado y cerebral, se destacó con su capacidad para encarar, superar rivales y llegar al ingoal. Apenas debutó comenzó a marcar diferencias que no tardó en trasladar al plano nacional con el combinado tucumano. Los Pumas lo necesitaron enseguida como una pieza importante y por eso fue titular en los tres partidos del segundo mundial de la historia y lo mismo haría cuatro años más tarde.

El plantel sudafricano capitaneado por François Pienaar, campeón del mundo en la Copa del Mundo de 1995, solamente tenía un jugador originario. Chester Williams era el único sin ascendencia colonizadora y había sido el primer negro en sumarse a los Springboks superada la segregación del Apartheid. Ese wing tenía a Terán como uno de sus modelos y en la cofradía mundialista logró conocerlo para pedirle un intercambio de indumentaria. El tucumano no conserva las medias y el short, pero sí la camiseta verde con el número 11 amarillo. No es su único tesoro, también tiene las casacas de dos de los mejores wines de todos los tiempos, el australiano David Campese y el neocelandés John Kirwan.

Las camisetas que guarda Terán; entre ellas, las de Williams, Campese y Kirwan.

Estaba en plenitud, pero después de participar en dos mundiales, apilar títulos en Tucumán y consagrase también varias veces con el seleccionado provincial no quiso jugar más. “Dejé de jugar al rugby en mi mejor momento porque sentía que ya no tenía nada más para dar”, le cuenta a Enganche. Uno de doce hermanos, las reuniones familiares son de casi 100 personas. Nunca estuvo dispuesto a alejarse de ese afecto. Había recibido ofertas para hacerse profesional en Inglaterra y Australia, pero el aire de los cerros, la paz de los valles y el amigable ritmo de la capital tucumana siempre compusieron su lugar. Entonces, no solo descartó la posibilidad de vivir del rugby y radicarse en otro país, sino que optó por un retiro prematuro.

Al verano siguiente, en un partido de fútbol entre amigos en Cerro San Javier se lució como un delantero rápido y escurridizo. Esas mismas características que lo habían hecho destacarse en el rugby le abrieron una puerta impensada. Unos dirigentes de Atlético Tucumán que estaban ahí y lo conocían le ofrecieron jugar en el club. “Yo era muy hincha, viajaba a todos lados siguiendo al equipo. No podía creer lo que me estaban diciendo, pero acepté sin dudar un instante porque me sentía capaz”, recuerda.

El gol de Terán que salvó a Atlético Tucumán del descenso en 1997.

Firmó un contrato y el primer año jugó en la liga tucumana: se encumbró en la tabla de goleadores con 14 tantos. El siguiente paso fue jugar en el Nacional, donde disputó un clásico ante San Martín y luego marcó un gol que todavía es recordado en el estadio José Fierro. Es que sobre el final de la temporada 1996/1997 el Decano se jugaba la permanencia y un gol suyo de cabeza en el último tramo de un partido ante Douglas Haig logró la salvación. Entró cuando faltaba menos de un cuarto de hora con el equipo descendido y salió en andas como héroe de un festejo delirante. El sueño del hincha era realidad.

“Soy de una familia de rugby, pero para mí no hay nada mejor que el fútbol. No hice nada más importante que los dos tries a los Wallabies en 1991, pero nada medio tanta transcendencia en Tucumán como ese gol”, asegura. La aventura del fútbol duró menos de lo que hubiese querido, pero en su carrera deportiva todo fue a máxima velocidad.

Jorge Jerez, jugador de Atlético en aquel plantel que evitó el descenso le contó a Enganche cómo vivió aquella rareza de tener a un Puma como compañero: “Tuvo la valentía de dejar el reconocimiento mundial que tenía en el rugby para jugársela en el fútbol para cumplir su sueño de hincha en Atlético. Lo consiguió porque tenía condiciones a partir de su velocidad y decisión para encarar. Pero también por su humildad. Transmitía la sabiduría que había adquirido en el rugby en el fútbol, porque era un deportista de categoría internacional en su deporte original. Se convirtió en un jugador importante para el equipo, tanto que hizo un con el que nos salvamos del descenso. Fue un compañero que dejó enseñanzas”.

Con los colores celeste y blanco, Terán participó en etapas germinales de los éxitos posteriores. En los Pumas formó parte de un proceso mucho más intuitivo que pergeñado, porque la preparación y la planificación de competencia estaban a un abismo de las potencias. Cuando se animó al desafío del fútbol, Atlético Tucumán limitaba sus aspiraciones a sostenerse en el ascenso; ser protagonista de primera división y ser parte de la Copa Libertadores no entraba ni en el terreno de la utopía.

“El rugby argentino se organizó desde los jugadores hacia los dirigentes, ese fue el recorrido para llegar a esta etapa de protagonismo. Agustín Pichot también tuvo un rol clave. Hoy estamos a poco de ganarles a los seleccionados más fuertes del mundo. Todo eso hizo también que el rugby se popularice, se abra y deje de lado el sesgo elitista que tenía”, explica.

Al mismo tiempo, elogia a Mario Ledesma y a Ricardo Zielinski. A Bocha por “la preparación que adquirió en Europa y Australia sin perder la pasión por la camiseta argentina”. Al Ruso “porque sabe ver jugadores, potenciarlos y armar equipos fuertes”.

Después de tres años como futbolista tuvo un efímero regreso al rugby algunos meses antes de casarse y, tras eso, dejaría la actividad definitivamente. Padre de cinco hijos, comerciante gastronómico junto con el también ex Puma Patricio Mesón, Martín Terán sigue en su terruño. Aunque las tardes en Tucumán Rugby Club siguen siendo un clásico, ve poco a los Pumas y a Atlético porque reconoce que le cuesta dominar aquellos nervios que nunca sintió con la ovalada en las manos ni con la redonda en los pies.