Gabriela Garton

De norte a sur para desandar un camino propio

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Nacida y criada en Estados Unidos, a los 22 años Gabriela Garton se vino a vivir a Argentina. El fútbol y los estudios académicos como parte de una revolución

Ese destino que parecía tener al tenis como meta ineludible, ella misma terminó torciéndolo hacia el fútbol. A pesar de que a los 4 años ya empuñaba una raqueta, esas manos terminaron enguantándose para contener los remates de las delanteras rivales. Gabriela Garton, arquera de la selección argentina femenina de fútbol nació en Minnesota y creció en Florida. Hasta los 22 años vivió en Estados Unidos, cuando la curiosidad por una parte de sus raíces, las inquietudes por ampliar sus estudios universitarios y el deseo de seguir jugando al fútbol la impulsaron a cambiar el norte por el sur del continente.  

Apenas entrados los 80, Graciela había concluido sus estudios de medicina y tras obtener su título en la UBA decidió emigrar a Estados Unidos. Allí, en el ámbito hospitalario, conoció a John y formaron una pareja. Amantes del tenis, cuando nació su primera hija, a finales de mayo de 1990, la llamaron Gabriela por esa tenista argentina que menos de cuatro meses después ganaría el US Open en Nueva York. La interna familiar abre un flanco al ligar el nombre con el de una tía, pero la protagonista principal asegura que por Sabatini ella también es Gabriela.

“Allá el fútbol es uno de los deportes más populares entre las mujeres, sobre todo para las nenas. Jugar al fútbol a los 8 años era lo más normal. Ya en la universidad es más competitivo; yo entré becada en ese sistema. Las instalaciones con las que cuentan esas instituciones y la capacidad de organización son increíbles”, le explica a Enganche.

La carrera universitaria que había arrancado en Florida y concluyó en Texas tuvo un camino deportivo en el fútbol y otro académico al obtener una licenciatura en Estudios Latinoamericanos. Al finalizar esa etapa asumió que en Estados Unidos no conseguiría avanzar en uno ni otro plano: las especializaciones de posgrado eran demasiado caras y el fútbol profesional se reducía a unos pocos equipos con un nivel altísimo. Así, en el año 2011 comenzó a tramitar la ciudadanía argentina para radicarse en el país de su mamá y continuar en las canchas y aulas.

Viajó a Argentina sabiendo que tendría lugar en River y mientras jugaba en el club de Núñez inició una maestría en la Universidad de San Martín. La tesis, elaborada cuando ya estaba en UAI Urquiza, luego se plasmó en el libro “Guerreras, fútbol, mujeres y poder”. Su presente deportivo transita ahora en la incertidumbre de estar sin club, mientras que la certeza se afirma en el doctorado que cursa en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Además, es becaria del Conicet desde 2016: “Minas, machos y fóbal: un análisis de género en la narrativa futbolística argentina” es el trabajo que tiene como director a Pablo Alabarces.  

Cambiar de hemisferio implicó toparse con una realidad opuesta a la que había conocido en el fútbol universitario norteamericano: “Cuando llegué me encontré con otra cosa, y eso que mi primer contacto con el fútbol de acá fue en la selección. Cuando me sumé a River estábamos muy olvidadas y muy marginadas; hasta nos costaba conseguir una cancha, porque si cualquier equipo masculino la necesitaba nos corrían a nosotras. En Estados Unidos no me había pasado nunca porque teníamos nuestro propio lugar”.

Gabriela recorrió un camino inverso al de su madre y al de otros muchísimos argentinos que decidieron dejar su tierra para intentar forjar un futuro más próspero en naciones económicamente más potentes. “Cuando llegué, la primera pregunta por mi tonada (que a este cronista le resulta imperceptible) era de dónde era, y cuando la respuesta era de Estados Unidos entonces la segunda pregunta era qué hacía acá”, recuerda. El cuestionamiento por su decisión de vida era recurrente, no solo por parte de quienes no la conocían, sino incluso también de sus propios familiares. Sin embargo, Gabriela nunca dudó. “En principio me impulsó un poco la curiosidad, para ver cómo había vivido mi mamá acá. Siempre que venía a Argentina me encetaba y me quedaba con ganas de estar más tiempo. Entonces quise probar cómo sería vivir acá y estar con mis abuelos. Eso, más la posibilidad de seguir jugando al fútbol y estudiando me decidieron”.   

Los viajes familiares a Argentina se espaciaban año por medio, hasta que en 2000 los tíos y primos de Gabriela también se instalaron en Estados Unidos y las visitas se redujeron. Tener a esa parte de su familia más cerca le permitió a Gabriela vincularse mucho con el castellano, porque en su casa se hablaba en inglés a partir de que su madre no quería dialogar con sus hijas, Gabrilea y Vanesa, en una lengua que el padre no comprendía.

“Acá se estigmatizaba a la mujer que jugaba al fútbol y por eso lo quise entender desde el lado académico, sobre todo viniendo de un país donde el fútbol es uno de los deportes más populares entre las mujeres y el más exitoso a nivel mundial. Necesitaba entender cómo un lugar tan futbolero como Argentina estaba muy atrasado en la rama femenina”, profundiza.

El 21 de agosto se celebró en nuestro país el día de las futbolistas, en conmemoración del hito conseguido por las mujeres en que 1971 se financiaron su viaje al Mundial de México y en esa fecha golearon 4-1 a Inglaterra. “Es un paso importante que las futbolistas tengamos nuestro día. En este último año y medio se logró mucha visibilidad. Cada vez se escuchan más nuestros reclamos, tenemos más apoyo de la AFA y los clubes dieron un primer paso para crear una liga profesional”, valora. De todas maneras aclara que “en cuanto a las bases que hay que colocar y el apoyo institucional todavía hay mucho para seguir mejorando”. “El desafío es que este crecimiento siga, sobre todo a nivel juveniles, y no sea solo un boom por lo del Mundial”, enfatiza.

La argentinidad que siempre latió dentro suyo la trajo hasta acá para ser parte de la revolución de las mujeres en el fútbol. La satisfacción de vivir la experiencia de haber participado recientemente del Mundial de Francia le resultó inigualable. Los estudios sociológicos en el ámbito académico más prestigioso también giraron alrededor de la pelota y sus muchas implicancias en la cultura nacional. Para Gabriela Gabriela Garton el fútbol siempre fue más que un deporte.