Racing

Del Racing Positivo al destructivo: la crisis que divide a Milito y Blanco

Crónica viva de una relación que se resquebraja y se gasta. Diego Milito y Víctor Blanco, la historia de un vínculo cada día más distante.

Por Matías Ruffet

En la AFA, donde suele ser parte de las fotos de los dirigentes que participan de las reuniones más selectas, algunos lo llaman Víctor Gris aunque su apellido sea Blanco. El cambio de tonalidad no es casual. Muchos protagonistas de la famosa Casa Madre de la pelota coinciden en que el presidente de Racing ha hecho de una aparente tibieza su manera de no quemarse hasta en las internas más calientes del fútbol argentino y, paralelamente, optar por guerras frías, casi silenciosas.

Para Víctor, paradójicamente, la fórmula no siempre es en Blanco ni en negro. En la paleta de colores de una dirigencia que sabe de rosca más que los mejores pateadores de tiros libres, el pincel del mandamás de la Academia supo combinar los tonos y pintar un cuadro ideal a sus intereses. Por un lado, exhibir un legajo indemne de escándalos y, por el otro, no formar parte de la lista negra que otros protagonistas de la AFA cosechan a raudales. Gris era la fórmula del éxito, con el equilibrio como carta de presentación en conflictos en los que otros sacudían las aguas. Una especie de materialización de la frase “a río revuelto, ganancia de pescador”. Primero pasó en Racing, en 2013, cuando Blanco era el vicepresidente segundo que miró desde afuera cómo Gastón Cogorno (presidente) y Rodolfo Molina (vice primero y anterior mandatario) intercambiaron fuego cruzado hasta quemarse y lograr el título de exiliados del club. Aquella batalla interna en la que hubo veredas pintadas en blanco y negro, Blanco transitó la calle gris, claro, y su neutralidad lo dejó al frente de una transición hacia las elecciones de 2014.

El año del Mundial, justamente, sería el del quiebre. Mientras la atención del planeta fútbol estaba en Brasil, donde la Selección cruzó el Rubicón de la mano de Alejandro Sabella y llegó a las semis en las que Chiquito Romero (de origen académico) se convirtió en héroe ante Holanda, el mundo Racing ya había registrado su propia inyección emotiva con otro hecho: el regreso de Diego Milito. El Príncipe, sentado junto con Blanco en el hotel Savoy (propiedad del dirigente), era el primero en firmar después de la peor temporada de la historia del club, con algunos números aún inferiores a los registrados en la temporada del descenso de 1983.

La historia es conocida: Milito levantó el trofeo de campeón el 14 de diciembre de 2014 y encabezó la reconstrucción futbolística que llevaría el sello de #RacingPositivo, expresión que había introducido el técnico de ese plantel, Diego Cocca. Antes de ingresar en la lista de los entrenadores campeones con la Academia, Cocca había sido noticia por la contratación de algunos jugadores representados por su agente, Cristian Bragarnik, hoy rey del mercado nacional, con fuerte influencia en México y hasta con equipo en España (Elche). El caso Gustavo Bou fue emblemático: llegó libre de Gimnasia y sin pretemporada por una apendicitis, lo que causó una explosión de reclamos, sin embargo terminó como goleador del once que dio la vuelta olímpica. En verdad, lo de Bou fue un “favor” que Bragarnik le pidió a Blanco. Al margen, el resultado, los goles, pagaron con creces aquel beneplácito del presidente hacia el representante.

Ese mismo día de la conquista del título Blanco festejó su otro campeonato, el político: con el 50,8 por ciento, ganó unas elecciones en las que el buen andar del equipo durante ese semestre fue clave para captar a indecisos. El “voto Bou”, construido con los goles de la Pantera y los puntos de un conjunto que escaló hasta la cima, se sumó al de los socios atraídos por un discurso conciliador y la premisa de acomodar las finanzas. Si a Racing se le echaba en cara haber vivido infortunios insólitos y hasta un exorcismo fallido, Blanco parecía inmune a esas vibras negativas: cuando las cosas amagaban con derrumbarse, algo bueno le pasaba.

La fórmula de la Coca Cola es una de las más valiosas del mercado mundial. En el Racing post título de 2014, Blanco potenció la fórmula de Cocca: el entrenador, con espaldas más anchas por el campeonato, tuvo superpoderes. Sin un manager, la injerencia del técnico estuvo en los fichajes –en los que Bragarnik era un “consejero externo”–, y en otro plano: hizo movimientos en Reserva (llegó su amigo Gustavo Zapata) y hasta desplazó a Manguera, el histórico canchero del Cilindro, cuyo trabajo en el club siempre fue ponderado. Cocca tenía una llave que dejaría en diciembre de 2015, cuando decidió partir. Milito puso fin a su carrera en mayo de 2016, cuando entre lágrimas se abrazó simbólicamente con la multitud que lo consagró como el rostro y el cerebro de la recuperación hacia una mentalidad ganadora.

Apenas se retiró Milito, Racing quedó inmerso en un proceso de aturdimiento en lo deportivo. Tras aquel primer semestre de malos resultados, la dirigencia había mantenido a Facundo Sava aunque en realidad no estaba convencida de respaldarlo. El resultado de esa ambivalente decisión dirigencial, que incluyó desgastar al Colorado mediáticamente pero sin decirle de manera frontal que su proceso no convencía, provocó un daño mayor: Racing perdió la Copa Bicentenario con Lanús, en agosto, y la dirigencia decidió echarlo. De esa forma, con el torneo comenzado y después de que Claudio Úbeda fuera interino, se buscó a Ricardo Zielinski, cuya línea de juego no tenía relación con la de Sava. El ciclo del Ruso fue muy breve, incluyó una categórica goleada 3-0 a Independiente, no sedujo al plantel con su idea y se marchó en diciembre.

La vuelta de Cocca en 2017, año de los comicios en los que Blanco buscaría la reelección, fue la carta a la que apostó el presidente. Con un plantel cuya calidad iba en una curva decreciente, los cinco triunfos consecutivos en el cierre del Campeonato 2016/17 hicieron que Racing se clasificara a la Libertadores 2018. Como si fuera un deja vu de 2015, Cocca fue empoderado y en la mitad de ese año la Academia presentó entre sus refuerzos a Juan Patiño, Egidio Arévalo Ríos, Rodrigo Amaral, Andrés Ibargüen (hasta entonces, el refuerzo más caro de la historia del club) y Enrique Triverio. Javier García, Renzo Saravia, Lucas Orban, Alexis Soto y Augusto Solari, a quienes el destino les guardaría momentos más gratos en el club más adelante en la línea de tiempo, también habían llegado en ese mercado de pases pero se dividieron entre producciones discretas y malas o la falta de continuidad. Racing estuvo lejos de ser animador del Torneo 2017/18, se marchó de la Copa Sudamericana en cuartos de final, en una floja serie ante Libertad, y Cocca renunció tras perder un clásico frente a los relevos de Independiente, con el agravante de que ese día Lisandro López arrancó entre los suplentes.

En el marco de una evidente devaluación deportiva, anclada a la falta de criterio claro para enfocar un proyecto, la recuperación del club en materia económica –lo que era un déficit histórico– sostuvo las buenas chances de Blanco en los comicios, en los que también jugó la dispersión de la oposición. A sabiendas del agotamiento de los buenos resultados en la cancha, pero con el respaldo de los millones de dólares que ingresaron de 2012 en adelante por las transferencias de distintos jugadores surgidos del club, Blanco entendió que necesitaba de un guía deportivo y convocó a Milito a sumarse. El presidente fue reelegido con el 62 por ciento de los votos y se dio el comienzo del ciclo de Milito como director deportivo, con el arribo de Eduardo Coudet a la dirección técnica.

El regreso del Príncipe a la vida cotidiana de Racing fue celebrada de manera unánime por los hinchas, ilusionados con que la amplia experiencia europea del ídolo le diera un nuevo impulso al fútbol del club. El júbilo de la tribuna no se replicó en un 100 por ciento puertas adentro, ya que algunos dirigentes sentían que la nueva filosofía de trabajo podía hacerlos a un costado o recortar sus márgenes de influencia. Milito y cuatro scouts se encargaron de diseñar un mapa de seguimiento que abarcó las ligas de Sudamérica, el fútbol argentino y, también, perfilar qué jugador se necesitaba desde las inferiores. Por eso, el ex delantero sumó a Miguel Gomís, su descubridor, como coordinador general de fútbol amateur. Y las primeras chispas internas saltaron. Adrián Fernández, presidente de fútbol amateur y parte de la dirigencia de Racing desde el regreso a la democracia en diciembre de 2008, consideró que la acción de Milito llegaba hasta los que eran “sus” dominios.

Al Oso –así lo conocían en la tribuna– lo definen como “un apasionado”, aunque en su rol de dirigente tuvo algunas llamativas reacciones con ex integrantes del club: en 2009, en un partido con Argentinos, vio en la platea a Maxi Moralez –que se había ido a Vélez– y lo increpó ante la mirada de todos, mientras que tres años antes quedó registrado a puro insulto, en La Plata, contra una leyenda de Racing como Alfio Basile por haberse ido a dirigir a Boca. Ese video circuló esta semana en las redes, donde la noticia de la decisión de Milito de marcharse de Racing explotó como una bomba entre los fanáticos. Lo que distancia a Milito de Fernández, principalmente, son las formas. Así como el presidente de fútbol amateur se atribuye las transferencias millonarias de varios jugadores formados en Tita Mattiussi, el predio que es la usina de talentos y dinero para el club, varios trabajadores que fueron parte de los logros y no se llevan medallas ni siquiera estuvieron en blanco hasta la llegada de Milito. Las maneras tan “sanguíneas” del dirigente no son vistas como el modelo para la nueva filosofía que el ídolo sueña en el club. Y si la tensión ya existía pero los buenos resultados calmaban las aguas, las primeras tres derrotas del equipo en la Copa de la Liga 2020 hicieron que algunos movieran sus fichas. Fernández fue a manifestarle su “apoyo” al plantel en la práctica del domingo, más allá de que Milito –sin hacerlo público– hace mucho tiempo le había pedido a Blanco que otros dirigentes no se tomaran atribuciones.

Lo paradójico es que fue Blanco quien llegó con Fernández al entrenamiento. Sí, una guerra fría. El ídolo interpretó el gesto de Blanco como una quita de respaldo a su gestión de fútbol, algo que se agudizó cuando en la reunión de comisión directiva, el miércoles, la posible salida del director deportivo ni siquiera fue parte del temario. Que Milito tenga diferencias con dirigentes como Fernández, Roberto Torres, quien políticamente tracciona en distintos territorios en las elecciones académicas, o Miguel Jiménez, el vicepresidente cuya influencia en los mercados se debilitó desde la irrupción del director deportivo, son partes del conflicto pero no su totalidad. La cuestión central, por estas horas, es que la relación entre Milito y Blanco está prácticamente rota. En el rompecabezas de las señales de falta de apoyo al Príncipe, Blanco sumó otra al declarar antes de la derrota –cuarta al hilo– contra Atlético Tucumán: “No hablé con Diego”.

Aquella impronta del #RacingPositivo y del círculo virtuoso que comprendía el orden de las cuentas, encarnado por Blanco, y una metodología tan minuciosa como revolucionaria de la secretaría técnica dirigida por Milito, con el poder de la información para reducir márgenes de error y generar réditos deportivos y económicos desde el fútbol, se le cruzan los fantasmas del viejo Racing: el autodestructivo. Blanco, considerado por muchos de sus votantes como “el mejor presidente de los últimos 50 años”, también puede quedar en la historia como el presidente cuya gestión no supo, no pudo o no quiso retener a un ídolo cuyo brillo se potenció desde el trabajo y no sólo por los gratos recuerdos que dejó como futbolista. Todos los actos de la última semana le mostraron a Milito la espalda de la mayoría de la dirigencia, que en off le carga las responsabilidades a él y al técnico Sebastián Beccacece si la serie con Flamengo, por la Copa Libertadores, termina con eliminación.

El hartazgo del Príncipe va más allá, su decisión de marcharse –hoy muy difícil de revertir– no depende de los dos partidos contra el vigente campeón de América, sino que observa que su proyecto no tiene banca, pese a que la gestión incluye la obtención del campeonato, de una copa nacional y la presencia habitual en la Libertadores. Sin un presupuesto para su área, las últimas experiencias de  toparse con un “no” para cubrir algunos puestos también lo desgastaron. Aunque entiende que la negativa económica puede ser parte del equilibrio en los números, acumula varias frustraciones en ese sentido porque también le ocurrió con algunas apuestas que hoy juegan en Europa. Ronald Araujo, central de Barcelona, fue descubierto por su equipo de trabajo en un seguimiento en Uruguay, cuando el zaguero recién había pasado de la Segunda a la Primera charrúa. Lo mismo aconteció con el colombiano Luis Sinisterra, un juvenil delantero que detectaron y que –tiempo después– fue fichado por Feyenoord. Juanfer Quintero, antes de llegar a River y meterse en su historia, también había sido uno de los primeros apuntados, pero al factor económico se sumó que Chacho Coudet prefería otro tipo de jugador y hasta sugirió buscar a Ignacio Malcorra, ex Unión.

“Racing adopta métodos europeos para crear los jugadores que necesita”, había señalado Rory Smith en The New York Times. A ese minucioso trabajo subterráneo que desarrolla con Javier Wainer, Diego Huerta, Bruno Gentile y Agustín Anastasi, con horas y horas de videos, análisis e investigaciones que incluían saber todo sobre cada jugador apuntado (hasta el historial médico, comportamientos fuera de la cancha, etcétera), Milito lo había comenzado a ver en Europa y pensó en cómo adaptarlo a la realidad de Argentina, con las particularidades económicas y culturales del fútbol doméstico. Su modelo a seguir fue Monchi, el director deportivo que transformó al Sevilla y que está considerado como el mejor del mundo en ese rol. Justamente ambos interactuaron este año en una conferencia virtual de la prestigiosa Soccerex, que reúne a referentes destacados de la industria de la pelota. Coincidieron en que “la información es poder”.

Al silencio dirigencial sobre esta crisis se contrapone el clamor de los hinchas, quienes en la web ya reunieron más de 7.000 firmas en una petición que evoca el artículo 29 del estatuto y que exige “que la Comisión Directiva solicite la opinión y la intervención de los asociados ante la potencial salida” de Milito. Blanco, quien es el máximo favorito de cara a las elecciones del próximo 20 de diciembre –si el municipio aprueba su realización–, se encuentra con una situación inédita desde que fue elegido por los socios en dos ocasiones: su legajo en blanco puede salpicarse por el contrapunto con el director deportivo. Y en tiempos de comicios ningún dirigente quiere ingresar en la lista negra de un potencial votante. Los hinchas, mientras tanto, se convocan en las redes a salir a las calles este domingo para sostener a su ídolo: “Ya le ganamos al pasado. Que no nos toquen el futuro. Salgamos a defender el proyecto Milito”. El momento drástico achica las chances de decisiones en gris. No es una serie de Netflix, pero en el próximo capítulo de esta historia puede determinar el modelo de club en los próximos años y deja planteado el interrogante: ¿#RacingPositivo o autodestructivo?