Urnas y mujeres

La democracia, divino tesoro futbolero

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En los clubes en los que reina la pelota la igualdad se fortaleció con el voto de las mujeres en la década del 30. Incluso, las elecciones en los años más oscuros también las tuvo a ellas como un bastión para elegir a los conductores de las instituciones más emblemáticas.

Tan popular como colmado de prejuicios, el fútbol creció al sol de pasiones que lo hicieron mucho más que un deporte. Por estas tierras es indudablemente parte de nuestra identidad, de una cultura compartida. Valorada por muchos y despreciada por algunos. En ese caldo se mezclan varios ingredientes. La mirada instalada durante mucho tiempo –y todavía fuertemente arraigada- enfocaba un fenómeno de hombres duros, habilitados al sexismo, incapaces de aceptar otra voz que no fuese la propia. Tablas remachadas con machismo y autoritarismo. Sin embargo hay una historia precedente, lejana, muy diferente. ¿Cómo es eso? En la Argentina la relación de las mujeres con los clubes y de estos con las voluntades mayoritarias se forjaron con una vitalidad que nuestra nación no tenía.

Los derechos aplazados durante décadas y la suspensión de la representatividad política tejieron un sinuoso camino en la historia argentina. Las mujeres recién pudieron expresarse en elecciones generales a mediados del siglo pasado y los repetidos golpes de estado censuraron las urnas en distintos períodos; el último, entre 1976 y 1983. Sin embargo, en los clubes de fútbol el reconocimiento al valor igualitario de socios y socias estuvo casi desde el génesis. Mucho antes de la Ley 13.010, impulsada por Eva Duarte y sancionada el 23 de septiembre de 1947, que estableció el derecho de las mujeres al voto, algo que se materializó en los comicios de 1951 con la reelección de Juan Domingo Perón, en los clubes formaban parte de los padrones desde hacía rato. De la misma manera, durante la dictadura en la que se sucedieron las presidencias de facto de Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo Fortunato Galtieri y Reynaldo Bignone, en las instituciones deportivas la democracia no dejó de funcionar y las autoridades eran elegidas de acuerdo al recuento de las boletas dentro de sobres blancos.

Nacidos al calor de iniciativas populares espontáneas, casi siempre en los márgenes de la urbanidad más refinada de finales del siglo XIX y comienzos del siguiente, los clubes de fútbol se diferenciaron desde el vamos de las élites. Lejos estaban de la lógica de las asociaciones hípicas o las instituciones sociales que alumbraban sus salones barrocos en mítines y cócteles de etiqueta. A pesar de que en sus orígenes el fútbol era una actividad practicada y observada solo por hombres, el crecimiento de los clubes incluyó a las mujeres. Aunque tal vez haya sido más por necesidad que por igualitarismo. “El sistema cívico y asociativista de los clubes nunca trazó una división entre socias y socios, los estatutos de los clubes no hacían esa diferencia. Se puede mirar como algo progresista, seguramente; pero también se vinculaba con un modelo de club que necesitaba tener la mayor cantidad posible de asociados para contar con más recursos”, contextualiza en diálogo con Enganche Rodrigo Daskal, doctor en sociología y especializado en la historia política de los clubes.  

En la década previa a la instauración del profesionalismo el fútbol ya era un fenómeno cultural de alta convocatoria. Los clubes pasaron entonces de canchas barriales a los primeros estadios y en esas nóveles tribunas las mujeres estaban presentes, aunque en un número menor. A pesar del sesgo eminentemente machista del fútbol, el incesante crecimiento de los clubes las contemplaba como socias y espectadoras.         

En 1933 las mujeres de Boca gozaban de plenos derechos al ser socias activas (aunque manteniendo el beneficio de una cuota a más bajo costo que la de los socios activos), por lo que tenían voz y voto. Durante los años de plomo, dos veces las urnas estuvieron habilitadas en Brandsen 805, tal como lo establecía la carta magna de la institución. El 11 de diciembre de 1977 Boca derrotó 2-1 a Central Norte con los goles de Mastrángelo y Jorge Salas en el estadio de Gimnasia y Tiro. Ese mismo día, lejos de Salta, hubo otro xeneize ganador: Alberto José Armando. Presidente del club desde 1960, ese día logró la reelección (el otro candidato era Miguel Ángel Chío) con la participación de 3.044 votantes. Tres años más tarde, la cantidad de asociados que sufragaron se triplicó ante una oferta de cuatro candidatos en las que Martín Noel se impuso con casi es 50 por ciento de los votos a Pedro Orgambide (padre del actual secretario de actas), Miguel De Riglos (que había sido presidente entre  1957 y 1959) y Luis Conde (15 años más tarde sería vicepresidente en la primera presidencia de Mauricio Macri). Con Noel al frente del club, Boca le compró a Argentinos Juniors el pase de Diego Armando Maradona y luego lo vendería al Barcelona.

La vida política de River estaba reglamentada con elecciones presidenciales, para períodos de cuatro años, y comicios de medio término en los que se renovaban parte de los vocales. A lo largo de la última dictadura, Rafael Aragón Cabrera fue quien estuvo al frente del club, al ser elegido en las urnas y luego ratificado del mismo modo. Sin embargo, a partir del Mundial 78, que tenía al Monumental como escenario principal, la relación con los militares en la dirigencia resultó fluida. Tanto que el 4 de mayo de 1978 Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti fueron nombrados socios honorarios, reconocimiento que el club tardó hasta el 24 de abril de 1997 para dar de baja, durante la gestión de Alfredo Davicce.   

Otro de los clubes que mantuvo su representación participativa cuando la democracia estaba amordazada en el país fue Racing, donde hubo tres elecciones durante la última dictadura. La primera se llevó adelante en diciembre de 1976 y el ganador fue Horacio Rodríguez Larreta. Poco después de asumir la presidencia académica, el padre de actual jefe comunal porteño fue secuestrado por los militares y estuvo desaparecido durante dos semanas. Lo tenían en el Pozo de Banfield y según su hijo homónimo la notoriedad que tenía por su lugar en el fútbol fue la que lo salvó. Rodríguez Larreta había tenido participación activa en el Movimiento de Integración y Desarrollo que lideraba Arturo Frondizi, espacio que conformó el FREJULI que llevaría a la presidencia de la Nación a Héctor Cámpora.    

En la otra vereda de Avellaneda, en 1976 la Lista Roja encabezada por Julio Humberto Grondona ganó las elecciones imponiéndose a las propuestas de Agrupación Independiente y Agrupación Independiente Tradicional. Fue reelecto en 1978 y en 1982 quien se impuso en los comicios fue Pedro Iso. En cada una de esas elecciones las socias de Independiente votaron, como lo hacían desde 1939.

En el caso de San Lorenzo, lamentablemente el club de Boedo pareció adelantarse a los tiempos. Cuando los mandos militares coparon las instituciones democráticas el 24 de marzo de 1976, el presidente del Ciclón era un hombre de uniforme castrense que no había asumido por la voluntad de socios y socias. “El teniente coronel Fernando Amadeo Baldrich era vicepresidente de Osvaldo Valiño desde diciembre de 1974 y tomó el mando a mediados del año siguiente al hacerle un golpe institucional”, le explica a Enganche el historiador sanlorencista Adolfo Res. Los años de la dictadura fueron los peores para San Lorenzo, con el cierre del Gasómetro, la expropiación del terreno y el descenso a la B. Tras la presidencia de Baldrich hubo un acuerdo de las agrupaciones (como ocurre muchas veces en los clubes) para que en 1978 el presidente fuese Moisés Annan. En 1980 Vicente Bonina sucedió a Annan sí en una compulsa en las urnas y en 1982 otra unidad proclamó a Héctor Habib.  En relación al voto de las socias, Res ratifica que en el fútbol se adelantó ese derecho: “Si bien en el estatuto no se diferenció nunca a socios y socias, había una cuestión de hecho por la que solo votaban los hombres, pero eso fue hasta mediados de la década del 30 cuando comenzaron a ser parte de las elecciones”.

La participación femenina y la ratificación democrática en tiempos de dictadura en los cinco clubes con más arraigo entre los hinchas se replicó también en otras entidades de todo el país. Los votos sin distinción de género en el fútbol llevan más 70 años. Aunque siempre debieron luchar por lograr su lugar y el profesionalismo para jugarlo recién ahora tiene espacio, las mujeres y el fútbol se conocen desde hace mucho. Sin embargo, las comisiones directivas siguen relegándolas. Acorde a los tiempos que corren, hay agrupaciones en distintas instituciones que impulsan paridad en las listas.

Entre 1976 y 1983, el fútbol le daba a la gente un lugar en el que respirar sin la asfixia de la dictadura. Y le permitía también no oxidar ese derecho a elegir sus autoridades que las botas y los fusiles habían censurado en el país A fin de cuentas, el fútbol ha sido una escuela de democracia que supo marcar el pulso de la representación popular.