Hermanas Natta

Dinastía futbolera

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Magalí, Luciana y Ayelén se criaron con pelotas armadas con medias y con pasión por Independiente. El motor que las llevó hasta la primera y la selección.

Cortó la llamada y se puso a llorar. Las lágrimas no eran el reflejo de una noticia de esas que nadie quiere recibir. Todo lo contrario. Tenía la cara bañada con la incontenible alegría de la citación al seleccionado Sub 17. A Magalí Natta le quedó grabada para siempre esa conversación del 11 de marzo último, cuando entrenarse en el predio de la AFA y ponerse la camiseta argentina en una cancha de once jugadoras dejó de ser un anhelo para comenzar a materializarse en la más concreta realidad. Con 16 años, sus días se reparten entre Platense, Sportivo Barracas y el estudio en la escuela secundaría. En el Calamar es parte de un momento histórico como integrante del plantel que disputa el primer torneo femenino con profesionales. Y tuvo un privilegio: marcar el primer gol de la institución en la nueva era cuando en la primera fecha convirtió de penal ante Racing. Con otra camiseta, en la versión de cinco jugadoras también se desempeña en la máxima categoría.

Entre sus compañeras en ambos clubes, Magalí tiene a dos que son especiales. Luciana, en Platense, y Ayelén, en Sportivo Barradas. Se trata de su gemela, con quien comparte el conjunto de Vicente López, y su hermana mayor, con la que suele integrar formación en el futsal. La dinastía Natta combina manejo y presión, avance y retroceso, marca y gol.

El amor por la pelota surgió con naturalidad en un hogar futbolero. Cada fin de semana el plan impostergable para mamá, papá y las tres hermanas giraba alrededor de Independiente, en el estadio de Avellaneda o frente a un televisor. El Rojo como punto de encuentro familiar quedó relegado cuando las chicas (que supieron darse el gusto de jugar en el equipo del cual son hinchas) comenzaron a competir sábados y domingos. Lo cierto es que el fútbol en la casa estuvo desde siempre. “Si no había pelota entonces la armábamos con medias o lo que fuese pero ahí estamos las tres siempre pateando. En casa nos apoyaron desde el primer momento para que juguemos”, recuerda Ayelén en diálogo con Enganche. Hasta 2018 vestía la camiseta de Racing, pero este año la cambió por la de Sportivo Barracas para compartir equipo con una de sus hermanas. También supo desempeñarse en cancha de once, en Independiente.

Ayelén está convencida de que el impulso que tomó la actividad se va a sostener. Considera que tanto el fútbol como el futsal jugado por mujeres ganaron un lugar en los medios de comunicación que será clave y que esa difusión de la actividad hará que haya cada vez más recursos y más jugadoras. La mayor de las Natta no duda en destacar a Magalí como la mejor de las tres: “Es inteligente para jugar y además habilidosa; gambetea y tira caños”.

Luciana también tiene la misma visión: “Me encanta ver jugar a Magalí porque tiene un juego que la destaca mucho y tiene cosas que las demás no tienen. Me gusta mucho cuando la pisa y empieza a encarar o hace jugadas buenas. Se merece estar en la Selcción y ojalá le toque ir al Mundial”. La Copa del Mundo para menores de 17 años se disputará en noviembre de 2020 en India y las chicas argentinas buscarán la clasificación en el Sudamericano del año próximo.

Como volante central y también posicionada más en ofensiva, Magalí busca marcar diferencias desde la técnica. “Mi fortaleza es hacerme cargo de la pelota y distribuir el juego. Además, confío mucho en mi pegada”, se presenta. Le gusta jugar en la mitad de la cancha, pero ahora extraña a su gemela, ya que juntas componían un doble pivote central en el eje de la cancha que quedó desarticulado porque Luciana todavía no fue promovida al primer equipo de Platense.   

“Estar adentro de la cancha con ella es lo mejor. Nos entendemos mucho en el juego, aunque a veces nos peleamos, jajaja”, cuenta Luciana. Está pendiente del debut, lo espera con ansiedad y asegura que hacerlo con su gemela sería un instante perfecto. “Lograr algo que siempre quisiste y conseguirlo con la conexión que tenés con una hermana sería lo máximo”, se ilusiona.

El club Los Andes, de Munro, fue el primero en el que jugó. “Ahí aprendí mucho”, rememora. Más tarde formó parte del futsal de Boca y estuvo en Independiente en cancha de once. Lleva tres años en Platense y la convocatoria por parte de Diego Guacci y Bárbara Abot al seleccionado Sub 17 marca la consolidación de su crecimiento. Formó parte del plantel argentino que ganó el cuadrangular internacional con Chile, Paraguay y Uruguay que tuvo lugar el mes pasado en el estadio de Estudiantes de Caseros. Sin embargo, la camiseta celeste y blanca no le era ajena: en 2018 participó del Sudamericano Femenino Sub 20 de futsal en Chile.

“La realidad para las mujeres hoy es otra, mis amigos y mi familia me apoyaron y me acompañaron desde que arranqué. No me tocó padecer críticas machistas por jugar al fútbol”. Magalí conoce perfectamente todo lo que implicó el tránsito previo al lugar que hoy empiezan a ocupar las mujeres en el fútbol.

“Todos los días, en Instagram y Twitter veo más cosas del fútbol femenino. El crecimiento que está teniendo es buenísimo. Falta mucho, sin dudas; pero creo que de a poco, tirando todas para el mismo lado y alzando la voz, el avance va a ser mayor y va a sorprender para bien”, enfatiza Luciana.

Ayelén juega con Magalí y Magalí también juega con Luciana. Las tres hermanas son puro fútbol. Se acompañan en la cancha y se alientan desde afuera, juntas, como desde chicas cuando el juego preferido era correr con la pelota en los pies.