Riquelme

El inabarcable

El demorado estreno del documental sobre el astro de Don Torcuato de Sebastián De Caro produjo una catarata de comentarios en las redes sociales. Con geniales pasajes de baile en cámara lenta y una fotografía impecable, pero también con algunos claroscuros en la selección de las declaraciones, la reflexión sobre cómo contar a un personaje de esa magnitud nos ha traído hasta aquí.

“A su juego yo lo siento como un discurso, como un diálogo en el que participan varios personajes que se ayudan y se complementan unos a otros y que deben calcular al milímetro el momento de su intervención para que el efecto artístico sea perfecto. Riquelme, entonces, como un poeta o como un director teatral, juega calculando y pensando. Pensando su juego y el de todos. Esta inteligencia abarcadora es lo que más me gusta del fútbol”. Juan Román Riquelme se desplaza por la pantalla y por el césped de la Bombonera y Alejandro Dolina vierte acaso el mejor pasaje de la trama de “Román”, el homenaje-partido-documental (primero rechazado y luego autorizado) con el que Sebastián De Caro retrata al máximo ídolo de la historia de Boca y que fue estrenado gratuitamente en la plataforma YouTube el viernes 24 de abril a las 22 horas.

Ni bien comenzó el estreno, las redes sociales se poblaron de detractores y de abogados defensores de una pieza que, acaso como todo aquello que involucra a Juan Román, levantó polvareda. La secuencia muestra un seguimiento permanente al último partido de Riquelme en Boca, jugado en mayo de 2014, y encadena una paleta de testimonios en off que sostiene con elogios creativos, anécdotas personales, valoraciones artísticas y participaciones algo peculiares a la danza del astro frente a la pantalla durante más de una hora. La primera conclusión que detenta el documental y que seguro sea una de las pocas que desengriete a los amigos y a los enemigos de la película es que Riquelme es absolutamente inabarcable.

Ni la magnánima figura del Indio Solari, tal vez el pariente más cercano a Román en lo que a devociones y discreciones respecta, alcanza para pintar acabadamente al enganche. Mucho menos lo hacen algunos de los componentes circunstanciales de la nómina. Aunque tampoco se invalidan entre sí. Más bien se suman, pero no se ecualizan. Aquello se vuelve todavía más complejo por la determinación del director de no especificar qué voces son las que hablan. El espectador va jugando acertar y eso, quiérase o no, distrae. Sin embargo, la inabarcabilidad de Riquelme escapa a De Caro, a Martin Scorsese, al periodismo deportivo, a la política, a las cadenas que compilan sus goles y hasta a quienes bien lo conocen.

Lo mejor del documental ocurre entre los pies y la cabeza del bailarín azul y oro, que se contornea y se acompasa en un swing extravagante y que, bien acompañado por la música, se vuelve una coreografía adictiva. La calidad de ese Riquelme que pinta la obra, que (cuándo no) juega un partidazo en una noche la que todos los flashes lo miran, que desnuda las limitaciones de algunos de sus compañeros, que se despide como si siempre amenazara con volver, que parece detenido en el tiempo es, justamente eso, casi un pedido desesperado al reloj para que no siga marcando los días que vendrán sin ese fútbol gigante y, sobre todo, único. Único. Y es que a veces da la sensación de que volveremos a ver buenos, buenísimos, casi Messis o casi Maradonas (acaso eso sean entre ellos), pero difícilmente volvamos a observar un talento tan contracultural bambolearse en una cancha como lo hacía Juan Román a la hora de intelectualizar el juego.


El proceso del documental también pone de manifiesto a la pintura inabarcable. “Yo no puedo hacer nada. Daniel Bolotnicoff (representante de Román) se reunió con esta persona. Yo nunca me lo crucé. Hay gente que quiere hacer libros y yo les digo ‘háganlos, pero yo no tengo nada que ver’. Cuando quiera hacer un documental, lo hago yo”, había asegurado Riquelme en 2017, cuando la cinta de De Caro iba a estrenarse en el BAFICI. En ese entonces, el director decidió frenar la circulación por tiempo indeterminado debido a que no tenía la autorización del astro para darla a conocer. Luego de dos años, y en el medio de una pandemia, un inesperado tiro al blanco hizo que en Don Torcuato se viera la película y se habilitara a su publicación, de manera gratuita y sin fines de lucro, en la plataforma YouTube. “Ante todo muchísimas gracias por el respeto que demostraste al pedir autorización para poder compartir el regalo que me hiciste. Estoy muy agradecido. Para mí es demasiado que me demuestres tanto cariño. Por favor agradecele a todo tu equipo de colaboradores y a todos los que participaron en algo tan lindo”, publicó Román en su Instagram y allanó el camino.

La infinita piscina de contenido de internet tiene productos buenos, irregulares y de los otros respecto a la vida y a la obra de Juan Román Riquelme. Entre los primeros, RománXRomán, un documental que recolecta testimonios de la boca del astro para una pintura periodística se impone como otra vertiente a la hora de pensar al personaje. “El caño más bello del mundo”, libro de Diego Tomasi, vislumbra una preciosa acuarela de reflexiones sobre costados filosóficos y estilísticos del crack. Hay canciones, resúmenes, compilados, cuentos y más. Ni con todo eso alcanza para abarcar a Riquelme.

Mientras cinéfilos, futboleros y fanáticos discuten hasta altas horas de la noche, sigue pendiente el testimonio fundacional que nos dará (si es que lo hace) a la biografía definitiva del astro de Don Torcuato: su voz. Si alguna vez Juan Román Riquelme tiene un libro, una película o una serie que logre abarcarlo, será su propia palabra la que comande ese barco, igual que lo ha hecho (a pesar de los denodados intentos del periodismo por atribuirle cosas) a lo largo de toda su carrera. Por lo tanto, y hasta el próximo debate, este texto queda invalidado. Sí, tampoco aquí íbamos a lograr retratar a Román, que, como el fútbol mismo, es absolutamente inabarcable. Y está bien que así lo sea.

En este enlace, el documental completo: https://youtu.be/72yhbZhCqHg