Luis Pianelli

El amo de las cuerdas

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De nylon, de poliéster, de kevlar, de tripa natural, no hay material que el mejor encordador argentino no pueda manejar. Más de 17 Grand Slam en la mochila, integrante del equipo campeón de la Copa Davis en 2016, miles de raquetas puestas a punto y el arte de preparar las armas para los tenistas.

“Lo primero que prueban los grandes tenistas cuando llegan a un Grand Slam, es la tensión de las cuerdas”. Sin vueltas, la máxima autoridad de la Argentina en materia de encordados, Luis Pianelli, sumerge a Enganche en un universo tan interesante como poco conocido para quien no está metido en la cocina del deporte en el que Roger Federer es el amo. Y justamente el suizo, pone mucha, pero mucha, atención sobre cómo le corre la pelota cuando golpea contra su encordado. Material sintético o tripa natural, más o menos libras, una, dos, tres o quince raquetas recién encordadas… Bienvenidos al mundo de las cuerdas, allí donde se esconden parte del talento de muchos monstruos del tenis.

Más de 17 Grand Slams en su mochila, horas y horas en aviones, presión, responsabilidad y una tarea tan delicada que sobre él hay demasiadas miradas a la hora de entregarle la espada bien afilada al gladiador ATP que usted pueda imaginar. “Pensá en el tenista que se te ocurra desde 1999 para acá y estoy seguro que tuve su raqueta en mis manos para encordarla”, explica Pianelli, que exuda pasión cuando se mete de pleno a contar de qué se trata el arte de encordar.

Miles de dólares invierten los tenistas en tener su herramienta perfectamente preparada. Federer, en una temporada puede llegar a gastar más de 200.000 dólares en encordados, un trabajo que hace la empresa Priority 1, la compañía que fue fundada en Tampa, en Florida, por Nate Ferguson, que fue el encordador de Pete Sampras. Ahora bien, muchos tenistas utilizan el método prizemoney, es decir, de acuerdo a la instancia a la que logran llegar es lo que pagan por tener su “daga” perfectamente afilada. Aunque claro, por lo general esos gastos corren por las marcas que los patrocinan. Por ejemplo, Dominique Thiem, hombre de Babolat, puede llegar a gastar por torneo entre 1.500 y 2.000 euros.

Hay una infinidad de técnicas para encordar, también diferentes marcas, pero para ser un profesional como Pianelli, poder hacerse de una máquina para preparar las mejores raquetas del circuito, hay que pensar en una cifra por encima de los 10.000 dólares. “Arranqué con los encordados cuando era muy chico. Yo vivía en Arroyo Seco y en el único lugar que encordaban raquetas era en Rosario. Es decir que para cambiar las cuerdas había que hacer 30 kilómetros para llevarlas y después ir a buscarlas. Me acuerdo que juntábamos varias de muchos de los que jugaban en la zona y las llevábamos con mi papá. Hasta que un día mi viejo se cansó de hacer ese viaje hasta Rosario y cuando fue a Buenos Aires me compró una máquina chiquita para que me encordase mis raquetas. Entonces, en el pueblo me pedían que me encargue de las cuerdas de todos”, recuerda el hombre que en su primera  experiencia grande, en Roland Garros 99, tuvo como primera experiencia grande tener que encordar la raqueta del austríaco Thomas Muster.

Las cuerdas son un mundo en sí mismo. Tensión, grosor y materiales.  La tensión depende de cada tenista, que se encarga de enviar un mail en cada competencia con la cantidad de libras que quiere tener, el promedio es de 50 libras. El grosor y la forma también juegan un papel importante, porque puede ser redondo, hexagonal, triangular y pentagonal. Pero el material del encordado es determinante, porque pueden ser de nylon, poliéster, kevlar… La marca Luxilon, que usan casi todos los tenistas del circuito profesional, es la que maneja el mercado. Pero también las cuerdas de tripa natural, las más caras y delicadas para trabajar, son las que eligen muchos para combinar con las sintéticas. Pianelli cuenta que apenas 5 empresas en el mundo se encargan de este tipo de material que proviene del intestino de las vacas (se estima que se necesitan las tripas de dos animales y medio para encordar una raqueta) y quien domina la escena en este tipo de cuerdas es Babolat. “No son muchos lo que tienen las herramientas para trabajar sobre este tipo de cuerdas y tampoco es sencillo encontrar profesionales que sepan cómo tratar la tripa natural. Y en referencia a los encordadores, es cierto que trabajar con ese material es mucho más artesanal y delicado”, explica uno de los integrantes del equipo de Copa  Davis campeón con la Argentina en 2016.

Es un trabajo muy intenso el del encordador profesional. Pianelli ya no está a tiempo completo con esta actividad y sólo se limita a trabajar con el equipo de Copa Davis y tiene que trabajar sobre apenas 5 raquetas. Sin embargo, en la época en la que estaba en plena actividad, en un Grand Slam, podía encordar hasta 200 por jornada. Incluso, recuerda que trabajaban mañana tarde y noche. “No sabés lo que era saber que a un par de metros estaba jugando Federer y yo estaba encerrado en una habitación encordando”.

Para comprender un poco mejor. Rafa Nadal utiliza cuerdas de monofilamento y encuerda sus raquetas en el mismo día, ya que utiliza el servicio del torneo. Y hasta llegó a hacer encordar durante un partido (tardan unos 15 minutos en hacerlo) y puede usar hasta ocho raquetas durante un juego a 5 sets. Mientras que Federer deja su equipo de raquetas el día anterior y retira todo en un horario especialmente acordado. También María Sharapova era una cuidadosa sobre la materia. Llegó a tener en su avión  privado a un encordador personal. Y en un partido a tres sets podía llegar a tener listas 12 raquetas.

Ahora bien, ¿todos tiene la chance de gastar tanto dinero en estas cuestiones? De ninguna manera. Incluso, para quienes participan de Challengers, que no suelen tener grandes premios, saben que encordar una raqueta puede salir unos 15 dólares y por lo general usan 5 por torneo. Es decir que si no logran avanzar en la competencia pueden llegar a ganar unos 250 dólares y no se pueden dar el lujo de gastarse 75 en cuerdas. Por lo general, cuentan con máquinas pequeñas y se encuerdan ellos mismos sus raquetas.

“Uno de los momentos más importantes de mi carrera en el deporte y me animaría a decir que de mi vida, fue haber integrado el equipo que ganó por primera vez en la historia la Copa Davis para la Argentina”. Las palabras de Pianelli se vuelven especiales, se advierte un sentimiento particular por lo que lo que está contando. El hombre le dedicó su vida a la actividad, porque comenzó casi a los 13 años y ahora a los 51 siente que alcanzó todo lo que se imaginó y más. “Dejé de hacer esto con tanta intensidad porque me pasaron muchas cosas: no me quedaron sueños por cumplir, ya no tengo el físico para estar casi 17 horas trabajando parado frente a la máquina para encordar y por la familia. Me perdí varias cosas y ya no lo quería más”.

Su máquina es su compañera que está vestida de gala con las estampas nada menos que de Juan Martín Del Potro y de Roger Federer. En el tipo de máquina también se guarda parte del secreto, la de Pianelli es de la marca Wilson, que son para trabajos elite y cuesta por encima de los 6000 dólares. Pero para un amateur o para un tenista que no pueda asumir los costos de tener su propio encordador, no puede pagar el costo de 40 a 50 dólares por raqueta en un Grand Slam o no tiene una empresa que le cubra los gastos en cuestión, puede comprarse una portátil por 170 euros.

Las cuerdas, un mundo en el que Luis  Pianelli está parado en la cima y enseña en cada palabra.