Matías Ola

El argentino que quiere conquistar los 7 mares

En medio de mares helados, tormentas impredecibles y amenazas subacuáticas, el tucumano tiene como objetivo cruzar el mundo a nado. La historia de un deportista extremo que sabe convivir con el riesgo y prepara su cuerpo para las situaciones más adversas.

El agua se convierte para él en un parque de diversiones que lo envuelve y que lo llena de placer. El nadador Matías Ola disfruta de nadar en las geografías más insospechables. Lo hizo en el Canal de la Mancha, en Jordania, en Japón, en Manhattan y en las Islas Malvinas. Todavía disfruta como un nene que ve el una rompiente por primera vez y allí se queda, inmóvil, casi de manera obstinada, como si el tiempo se detuviera y el mar fuera su herramienta imprescindible para vivir. Y acciona con su cuerpo: patada, brazada, respiración.

Matías Ola nació en Tucumán hace 35 años, pero sólo hace 14 que sabe nadar. Tarde pero seguro, ese vicio de meterse al agua llegó por la necesidad de enfrentar a puro movimiento a un asma que le presentaba diversas complicaciones. La infancia del pibe que sufría para respirar lo marcó tanto que lo llevó a sumergirse en la gran pasión de su vida: “Aprendí a nadar a los 21 años recién y todo se dio muy rápido, demasiado. Apenas me tiré al agua sabía que tenía condiciones. No me puedo imaginar lo que hubiese pasado si empezaba antes en este deporte. La realidad es que lo disfruto, gracias a la natación pude conocer el mundo y me olvidé del asma ”, dice a Enganche con su tono sereno que lo caracteriza.   

Matías Ola es esa persona que sabe que con esfuerzo y dedicación se puede conseguir éxito y bienestar. Y la tranquilidad con la que habla es su mejor carta de presentación. Naturaliza cada una de sus acciones, incluso las más increíbles. Todas las travesías las realiza sin traje de neopreno y por eso este año sufrió de hipotermia al intentar cruzar el Canal de la Mancha y tuvo que abandonar. Él, lejos está de verlo como un fracaso. “Son circunstancias que pueden pasar. El frío se me apoderó del cuerpo y juro que no pude seguir. Duele que el frío me haya ganado, pero es la verdad. Me sirvió para volver a motivarme para entrenar más para hacerlo el año que viene. Lo voy a hacer durante más tiempo en aguas frías”, comenta, siempre poniendo delante al 2020.

El año próximo tendrá como objetivo seguir con la travesía de los siete océanos, que vendría a ser la versión en natación en aguas abiertas de las siete cumbres del alpinismo. En la montaña implica hacer cima en cada uno de los picos más altos de cada continente. Trasladado a las aguas abiertas es cruzar a nado siete estrechos y canales alrededor del mundo. Eso sí, con la condición de que sea sin traje de neopreno. 

La historia de Matías Ola es la de una persona común pero que a la vez hizo cosas extraordinarias. Un nadador que siempre va más allá de los límites y de lo que las posibilidades lógicas dirían que un cuerpo puede soportar durante horas y horas en aguas gélidas. “Lo peor de estar tanto tiempo en el mar es que el agua salada te lastima. Muchas veces salgo con los labios hinchados y la piel muy desgastada. Son los riesgos que me someto. Al igual que muchas veces me pasó de ver tiburones o que me piquen medusas. Son cosas a las que sabés que te podés enfrentar y estoy preparado. Lo importante es que siempre me siento bien cuidado y tengo un gran equipo detrás. Al mirar a la embarcación, yo ya me doy cuenta cómo están las cosas. Muchas veces no me siento cómodo nadando. Veo que mi entrenador no tiene equilibrio, que no me puede dar bien la hidratación o la comida. Cuando pasa eso me digo que no es el día, que no era hoy. En eso trato de convencerme”, reconoce. 

El miedo es una palabra que jamás estará en su diccionario de vida. La esquiva. A veces me enojo con diferentes situaciones del mar. Es que soñé tantas veces con cruzar diferentes canales. Hace unos años llegué hasta Japón, fuimos a un pueblo pesquero. Y luego por razones climáticas, no pude hacerlo. Tuve que salir del agua por un tifón. Ahí sí me enojé, me sentí frustrado. Cuando ocurre eso tengo algunos días de desgano, pero después se pasa. La natación siempre me sacó de todo. Me hace mantenerme distraído. Me da la posibilidad de despejarme si algún día estoy triste. La natación siempre me despeja. Cuando nado es saco mis ideas. Ahí pienso”, dice.    

Ola entiende que detrás de cada brazada hay un mensaje que le quiere transmitir al mundo. Por eso mismo armó una asociación con la idea de lograr que Argentina sea un punto de encuentro y un lugar donde los nadadores de travesías de aguas abiertas como él vengan a hacer distintos desafíos en el país. “Quiero que más deportistas vengan a buscar desafíos en Sudamérica. Tenemos el Río de la Plata compartiéndolo con Uruguay y el Canal de Beagle, compartiéndolo con Chile. Crucé muchos canales, copié modelos y por eso creé una asociación para promover los cruces a nado acá en el país. Esa es una de mis misiones”, dice.   

Matías Ola sigue cobijando a su espíritu en movimiento y en cada brazada y en cada patada insiste en que de la mano de la natación en aguas abiertas puede transmitir emociones. Allí deja en claro, sin contemplaciones, que la felicidad siempre se puede moldear a pesar de corrientes adversas. Se trata de imaginar océanos.