Willy Caballero

El arquero que aprendió a vivir en paz consigo mismo

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Caballero recibió a Enganche en el predio del Chelsea, en Londres. El cáncer de su hija, la llegada a la elite europea y su fatídico Mundial.

Apenas una estación de tren, un señor que intenta venderle su auto a una sexagenaria y un pequeño almacén inglés. Apenas un par de viejos que caminan en un sol que les parece ajeno, tres o cuatro motociclistas y una lona para evitar a los curiosos. Apenas un pequeño mundo detrás del gran mundo que emerge al dar vuelta la esquina: la ciudad deportiva de Cobham, la casa de entrenamientos del Chelsea, al sudoeste de Londres, emerge como un gigante en el medio de la tranquilidad. Y en un puñadito de sombra, sin que lo sepan ninguno de los protagonistas de la apacible mañana isleña, Willy Caballero mira hacia un campo de fútbol y revive sus mil vidas en una sola. Y aunque cerca suyo andan Olivier Giroud, N’Golo Kanté, Willian y varias estrellas más, el ex arquero de la selección Argentina sabe que no hay grandes luces ni oscuras noches que lo desvíen del sentido verdadero de la vida. Aquel que viene consigo desde 2006.

Hace 13 años, Lucía, la esposa de Willy, descubrió que algo andaba mal en la vista de Guillermina, la hija de ambos. Unos estudios arrojaron a la mesa una palabra maldita: cáncer. El tumor en la retina de la pequeña empujó a Caballero a dejar el fútbol para instalarse definitivamente junto con su familia frente al durísimo tratamiento de quimioterapia que habría que afrontar. Así, recién llegado al Elche de España, decidió dejar su sueño de arquero al menos hasta que la cosa se aclarara. Meses después, cuando la historia comenzó a mejorar, volvió al ruedo en Arsenal de Sarandí, donde ganó minutos para el retorno a España. Luego de eso, jugó un lustro en el ascenso, del otro lado del Atlántico.

En pleno arranque de 2019, el arquero que comenzó en Boca, que la yugó por el ascenso y que terminó en lo máximo de la Premier League, primero en Manchester City y luego en Chelsea, sabe que el verdadero motor de todo es la pasión. Por eso, mientras charla con Enganche, recuerda aquel camino tortuoso y revive sus mejores y sus peores noches. Que nadie las tiene todas malas. Que nadie las tiene todas buenas. Eso, sabe Willy, es la vida.

─¿Por qué a una edad a la que muchos están en la casa vos seguís acá?

─Primero, porque estoy en un gran club. Tenemos la Premier League y la Champions League, que ya son mucha motivación. Y, para ser honesto, vengo porque amo lo que hago. No sé hacer otra cosa que no sea entrenar y jugar al fútbol. Estar, incluso aunque no me toque jugar. Empujo y trato de conseguir mi mejor versión para poder aportar lo mío. Por ejemplo, el año pasado se terminaba el contrato y me ofrecieron renovar, cosa que en esta edad como la mía (37) estos clubes grandes no lo hacen. Pueden traer arqueros más jóvenes. Mi llegada al grupo y lo que me involucré hicieron que me renovaran.

─Está el que sale en la tapa de los diarios el domingo y el que aporta en la semana como líder de grupo. ¿Cuán importantes son los segundos?

─A veces sucede que el que sale en la tapa de los diarios no tiene la personalidad para cumplir el rol de líder o de capitán sin brazalete en la semana. Acá, en Chelsea, en los últimos cuatro o cinco años, se fueron Frank Lampard y John Terry, más algunos otros que han pasado. Entonces, esa misión pasa para otros jugadores experimentados. A veces un equipo te necesita más afuera de la cancha que adentro y sos igual de importante.

─¿Quiénes son los buenos en ese contexto?

─Todos. Porque al final, quieras o no, la temporada es larga. El que juega lo defiende en el campo. Y el que está fuera lo defiende todos los días. Sumar cuando jugás es lógico. Sumar cuando no jugás marca que sos un tipo positivo para el grupo. No hacer malas caras. Siempre adelante.

─El futbolista está preparado para resolver todo adentro, pero cada día se encuentra con más problemas afuera. Desde la prensa a la fama, pasando por las redes sociales, el manejo del dinero y más…

─Yo soy bastante tranquilo, bastante equilibrado. Gracias a Boca pude terminar el colegio, que no es poco. Que igual no importa que hable bien, no significa nada, pero para tener la cabeza abierta siempre es buena la educación. En las entrevistas me ayuda. Creo que con las redes sociales se desvirtuó todo, porque la gente está pensando en qué poner o en qué decir, antes de pensar qué puede ocurrir en el partido. Muchos jugadores se hicieron famosos por este tipo de cosas, pero cada uno es libre. Las redes sociales nos acercan a lo lejano y nos alejan de lo cercano. Creo que tenemos que mirar un poco más cerca. Para mí, la familia, los amigos y el club son más importantes que todo lo otro.

─Vos tuviste un episodio muy violento en redes con insultos y amenazas tras el error que cometiste ante Croacia, en el Mundial de Rusia 2018. ¿Cómo viviste eso?

─Nunca vas a agradar a todo el mundo y nunca vas a convencer a todo el mundo en cada acción. Lo putean a Messi, imaginate al resto. ¿Quién soy yo para pretender lo contrario? Lo cierto es que lo del año pasado fue un palo duro, no por el error ni por las críticas, que fueron perfectas y que se soportan, más bien fue bravo por la mala fe con la que obraron muchos contra mi familia, sobre todo. Vivimos en la burbuja de un deporte que abarca pasiones y por el que mucha gente se vuelve loca. Pero en las redes sociales tienen personalidad muchos tipos que cara a cara no la tienen.

─¿El fútbol te sigue o queda en la puerta del entrenamiento?

─Me sigue. Claro. Vivo por el fútbol y lo consumo cada vez que puedo. Mis hijas no me dejan retirarme. Muchas veces bromeo en casa con que va a ser mi último año en el fútbol y me dicen que no voy a poder vivir sin él. Que necesito jugarlo, verlo en la televisión o saber qué está pasando. Es lo que me gusta, analizar y ver qué hicimos bien y qué hicimos mal.

─¿Cómo te llevás con el después?

─Yo sé que cada momento que pasa lo tengo más cerca. Lo lindo es que sigo en un gran club y que me conservo físicamente, que es algo importante para poder soñar con seguir un poco más y con, a su vez, hacerlo bien. Hoy estoy bien para continuar, pero en el fútbol nunca se sabe, porque nunca sabés dónde vas a estar. Me gustaría seguir en el fútbol después del retiro, pero debo aprender mucho para eso.

─¿Qué entrenadores te marcaron?

─Tuve suerte. Empecé con Carlos Bianchi, un ganador nato. Tuve a José Pekerman, que nos bancó mucho a los jóvenes. Tuve a Marcelo Bielsa, del que nadie puede hablar mal. Y yo tampoco. Tuve a Manuel Pellegrini, un entrenador que juega muy bien. Pep Guardiola, que es el mejor enseñando y entrenando. Está visto cómo juegan sus equipos. Tuve a Antonio Conte, que es otro triunfador. Vaya suerte la mía. Pero no hay una sola manera de jugar al fútbol. Ese es un pecado que tienen los jugadores salidos del Barcelona, que conciben una sola manera de ganar, porque es la que siempre practicaron. Hay más cosas que esas. A veces podés elaborar. Otras crear. Otras no. Eso te lo enseñan los entrenadores. Así evoluciona el fútbol. O sería todo como hace 30 años. Me encanta pensar en encontrarle la vuelta a un equipo que la tiene. Porque lo viví en contra, claro. Sobre todo contra equipos de gran talento como el Barcelona o el Manchester City. Me gusta no esconderse ni meterse atrás.

─Estuviste en clubes chicos y en clubes gigantes. ¿Qué es el éxito?

─El éxito es cuando viene un compañero, te da un abrazo y te dice que te lo merecés. Esa gente que valora el esfuerzo te hace sentir lo que es el éxito. Hay gente que piensa que el éxito es ganar títulos. Para mí es conservar a mi familia como la conservo. Los objetivos siempre están, eh. Pero el haber pasado tantos años en Segunda División me hace considerar distinto a todo. Nosotros éramos considerados jugadores de segunda mano, que no dábamos la talla para lo máximo. Y hoy me cruzo con muchos de ellos en las mejores ligas, los abrazo y les digo que se lo merecen, claro.

─¿Tu historia familiar te hace ver al éxito en el fútbol de otra manera?

─Sí, desde ese momento aprendí a disfrutarlo más, a entrenarme mejor y a vivir para el fútbol. Desde que me pasó lo que me pasó me di cuenta que tenía que conseguir el éxito para ellos. Para mi hija, que había pasado por eso. Cuando sos joven y te hacen estrella, no entendés lo que te pasa. Yo arranqué en Boca y en los juveniles. Y de golpe cambió mi vida y me fui al ascenso de España y empecé otra carrera distinta. Por la enfermedad de mi hija dejé el fútbol y dejé todo. No tuve tiempo para pensar. Me pasó. No fui el único. A mucha gente le pasa. Y nadie es héroe en esos momentos. Vas para adelante. Después de eso, encontré el sentido completo, porque quiero entrenar cada día por mi familia.

─¿Los momentos difíciles son los que más te enseñan?

─En el fútbol hay muchas frases y muchos libros y todas son respetables. Muchas reflejan a la vida también. Yo creo que cuando vienen las malas es cuando se conoce a las personas. Ahí conocés a los que te quieren. Sabés quiénes te apoyan. Cuando la mala está, hay que apretar y seguir adelante. Es la única manera.

─¿En el Mundial de Rusia fue así? (Willy intentó despejar una pelota y su mal rechazo ocasionó el gol de Croacia, por parte de Rebic)

─Viví las malas, claro. Las acepté y traté de pasar página, porque seguíamos compitiendo. También fue bueno el cariño de gente que ni pensaba, que apareció en ese momento y que me apoyó. En las malas son pocos los que están, pero son muy honestos.

─¿Cuántas veces pensaste en aquella jugada desde ese momento hasta hoy?

─Pensé muchas veces. Mucho tiempo. Fue un error. Hoy por hoy, si me viniera la jugada igual, la intentaría hacer de vuelta, porque siento que en ningún momento hice una canchereada o una sobrada. Yo no soy de hacer esas cosas. No fue un pase picado para boludear la situación. Quería salir con el Toto Salvio, que venía solo. Y cuando la voy a levantar, le pegué al piso. Estoy seguro que si lo hiciera hoy, saldría bien, porque lo habíamos entrenado con Martín Tocalli toda la semana. Me tocó equivocarme en el peor escenario de mi carrera y se convirtió en gol. Hay otros que se equivocan y no termina en gol. A mí me pasó lo peor. Fue muy duro.

─¿Siendo arquero se paga doble el error?

─Es la lógica del fútbol y la lógica de mi puesto. Por eso en los últimos años, Chiquito Romero se mantuvo tanto y rotaron tanto los segundos y terceros arqueros. El que tenía su chance, si no salía perfecto, se iba. El arquero de Argentina tiene una gran presión añadida. Muchos jugadores pasan y se van. Por eso, cuando se habla de proyecto, se engaña.

─¿Sufriste por esa jugada?

─Claro. ¿Cómo no voy a sufrir? Tenés que sufrir cuando te pasa algo así. Amo el fútbol y gracias al esfuerzo de muchos años pude llegar ahí. Y llego y pasó lo que pasó. Lo había soñado y lo estaba viviendo y de golpe se fue todo a otro lado. Por supuesto. Debía sufrir.

─¿Qué le dirías al Willy Caballero que arrancaba y que todavía no sabía que iba a vivir todo eso?

─Le diría que entrene mejor. Y que si puede salga de la comodidad de Boca Juniors para vivir lo que es el fútbol realmente, que es jugar partido a partido por todo.

─¿Por cuánto te va a acompañar el fútbol?

-Por siempre. Acá en el Chelsea, en la mesa de mi casa, en un bar y en cualquier lado. Juntarme con amigos jugadores a ver fútbol y analizarlo me sigue atrapando.

─¿En qué pensás cuándo apoyás la cabeza en la almohada?

─Lo que más sueño es con que mis dos hijas tengan felicidad y disfruten. Que puedan crear una linda familia. No tengo sueños de títulos, ni partidos, ni jugadas, porque antes los tenía y me hacían más egoísta. Me pongo metas, pero mis sueños están en ellas. No todo termina en un campeonato.