Erik Morales

El arte de pelear con la sangre en el ojo

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El Terrible Morales, múltiple excampeón mundial de cuatro categorías, repasa con Enganche una trayectoria gloriosa con cruces con Pacquiao y el Chino Maidana.

Si alguien se animara a confeccionar una lista de los peleadores con más sangre, Erik Morales (52-9-0; 36 KO) debe tener un lugar de privilegio en ese ranking. Porque su bravura todavía hace vibrar a los fanáticoss que miran en YouTube las trilogías con Manny Pacquiao y Marco Antonio Barrera. Fue campeón mundial supergallo, pluma, superpluma y superligero entre 1997 y 2011. En la Argentina, su nombre se asocia indefectiblemente al de Marcos Maidana, el noqueador de Margarita que le infló un ojo a los golpes, pero que ni aún así logró noquearlo en 2011. De hecho, el Chino ganó esa pelea en las tarjetas (116-112, 116-112 y 114-114) ante un veterano Morales, de mil batallas. “Ese fue un peleón, mi hermano. Maidana pensó que yo estaba muy viejo, pero no me pudo sacar del ring. Tal vez cometió el error clásico de un pegador fuerte, querer resolver todo con un golpe”, dice Morales, quien atiende la llamada de Enganche, desde Tijuana, México. Amable y bien hablado, no parece ser aquella bestia que era capaz de poner en jaque a cualquier mastodonte del ring.

–La pelea con Maidana fue una verdadera batalla. ¿En algún momento temiste perder el ojo?

–Al margen de que me lastimó el ojo derecho, yo estaba bien y seguro de lo que estaba haciendo. Observando lo que él hacía. Y cuando podía, empezaba a atacar. Maidana es un pegador fuerte, tiene la mano pesada. Pero nada que me impresionara, o que me hiciera pensar que no podía estar ahí. Tenía bien en claro mi objetivo. Cómo iba a tenerle miedo, si yo mismo escogí pelear con él. Por eso estaba muy consciente que podía ganar…

–Sorprendiste a muchos en esa pelea con el Chino Maidana en 2011 porque habías estado retirado entre agosto de 2007 y marzo de 2010.

–La verdad que sí. Pero yo siempre supe que podía. Estaba muy tranquilo. Lo que pensaba no estaba lejos de la realidad. Empecé a ver cómo a Maidana le costaba trabajo. No sabía qué hacer. Él nunca creyó que yo estuviera a la altura. Y haber peleado con solo un ojo, (porque Maidana se lo cerró de un golpe en el primer asalto) demuestra que algo tuve para seguir… ¿Vergüenza? Sí, eso, vergüenza deportiva, le dicen.

–Sos el primer mexicano que le ganó a Manny Pacquiao, eso tu gente todavía te lo reconoce…

–Sí, eso fue una historia linda. Peleamos en superpluma y gané por puntos en 2005. Pero después haber perdido con Pacquiao dos veces fue devastador para mí. Me criticaron mucho. Pero lo que no entendían es que Manny no me ganó por fuerza, no, no, sino por debilidad mía, porque yo no estaba para pelear en superpluma. No podía seguir peleando en ese peso. De hecho, yo ya estaba en el peso ligero, una división arriba

–Siete títulos del mundo en cuatro pesos distintos, ¿sabés de quién estamos hablando, no?

–Supongo que de mí, jaja. Es un tema complicado, nunca estoy pensado en lo que logré. Estoy pensando en hacer más cosas. En qué más sigue. Mirar al frente. Muy pocas veces volteo a ver qué fue del pasado. Siempre estoy enfocado en el futuro y en el futuro. Eso es bueno y malo. Porque tal vez no te das cuenta todo lo que viviste.

–No vivís de la gloria del pasado, pero dos por tres en las redes sociales te aparece algún video tuyo boxeando. ¿Te reconocés o te ves como un extraño?

–Sí, claro. Me reconozco. Me encanta verme boxear. Extraño el boxeo, esa es la verdad. Pero no hay que mirar hacia atrás. Es algo que ya pasó, hay que dejarlo ir. El boxeo es trucos, técnica, físico y un poco de Dios. Esa es la fórmula del éxito. Justamente, la técnica es la parte más importante de esta historia. Te ayuda a mantener el equilibrio, a tener fuerza, a superar los embates. Lógicamente hay un trabajo detrás que te da fortaleza y un poco de Dios que te ayuda a seguir de pie. Si tengo la bendición, pues allá vamos…

–De los 19 campeones que enfrentaste a lo largo de tu carrera, ¿cuál pegaba más duro?

–El que pegaba más duro era Junior Jones, tenía la mano pesadita. Me enfrenté a todos, pero creo que él fue el que tenía la mano más fuerte. Le gané en el 98, en la Plaza de Toros de Tijuana. Pude noquearlo para retener el título supergallo del Consejo Mundial de Boxeo.

–Y de las 61 peleas que hiciste como profesional, ¿cuál fue entonces la más complicada?

–Hay dos que pelean el primer lugar del podio. Contra el Ratón Daniel Zaragoza (6-9-97), porque él tenía mucha experiencia y era difícil ejecutar mi técnica y poner en práctica todos mis conocimientos. Y el primer combate contra Marco Antonio Barrera (19-2-2000) también fue durísimo. Esas peleas son como las que usualmente vemos en las películas, pero de verdad.

–Entre nosotros, ¿a quién le propinaste la peor paliza de todas?

–(Piensa) A Paulie Ayala, lo lastimé mucho, bastante. (Le ganó por decisión unánime, el 16 de noviembre de 2002, en el Mandalay Bay de Las Vegas).

Morales arrancó a boxear a los cinco años en el gimnasio de su padre José, en Tijuana. A esa edad en Argentina los chicos aprenden a jugar a la pelota o andar en bicicleta. El Terrible escucha este comentario y se ríe. “Wow, qué distintas costumbres. Algo genético debe haber en los mexicanos. De hecho, mi hija nunca me ha visto pelear y tiene algo, ya sabe tirar los golpes, no sé cómo hizo”, dice Morales, diputado del Distrito 7 Baja California por el partido Morena, embajador del CMB y entrenador de una de las promesas del box mexicano, el Camello Jaime Munguía.

–¿Qué recuerda el gran Erik Morales de aquel chiquito que vendía frituras en Tijuana?

–Los recuerdos de mi infancia son lindos, los más duros son los de mi adolescencia. Debuté en el boxeo profesional a los 16 años y viajaba todos los días como cinco horas, yendo y viniendo de Tijuana al Distrito Federal. Volvíamos cansados de entrenarnos, seis, siete de la tarde, en combi, metro o taxi. Mal comidos, porque había que hacer dieta, pero con buena cara, porque al otro día, había que volver a levantarse a las cinco.

–Pero lo volverías a elegir…

–Claro, le agradezco a Dios que me dio el mejor trabajo del mundo. El boxeo es todo, es el deporte que me dio la oportunidad de traer a mi familia a una posición diferente, a ser vistos de manera más bonita. Y bueno, poco a poco vamos creciendo, seguimos luchando y dándole oportunidades a jóvenes que logren sus sueños. Al final del camino, al parecer, encontramos el secreto del éxito, que no es más que el trabajo, la dedicación y persistir en un gesto natural: hacer las cosas bien. Ser perseverante con los años.

–A propósito de tu edad, Erik, ¿es verdad que Don José Sulaimán (histórico presidente del CMB) no quería que volvieras a boxear porque no te creía que tenías menos de cuarenta años?

–(Risas) Un día le hablo por teléfono y le digo: “Don José, quiero volver al boxeo…” “No Erik ya ha hecho mucho en el boxeo. Mire la edad que tiene. ¿Cuántos años tiene? 33 años, nooo, yo lo hacía más grande. ¿De verdad 33? Tiene usted razón, lo voy a apoyar…” Don José, pensaba que tenía 40, ja ja. México le debe mucho a Don José Sulaimán, el fue un padre para los boxeadores. De no haber sido por su trabajo, hoy México no tendría tantos campeones mundiales, no sería la potencia que es en el boxeo.

–¿Qué hiciste con los cinturones de campeonato mundial?

–Cuando estaba separándome de mis esposa, me dijo: “¡Llevate tus cosas de acá!”. Entonces, riéndome, fui a buscar a mis hijos. Los junté y los llevé a la sala en la cual había montado un museo. Había trofeos, cinturones, guantes, vendas, pantalones, recuerdos de todo tipo… “Miren, de la mitad de la pared para acá, todo lo que ven es para ustedes y de la otra mitad para allá, también. Los cinturones que gané ya no son míos, esta gloria es ustedes, hijos, no hace falta que ande cargando con esa historia de lado a lado”.

Palabra de Terrible Morales, el boxeador que cultivó el arte de pelear con la sangre en el ojo.