Corea del Norte

El camino indescifrable del fútbol norcoreano

Encontrar información sobre el país liderado por Kim Jong-Un es toda una proeza. Sin embargo, un cronista de Enganche recontruyó los papiros de la historia del fútbol de esa nación. Política, bloqueo y participaciones estelares, todo aquí.

Ingresar en el fútbol de Corea del Norte es toda una aventura. En una nación tan críptica como enigmática los datos son escasos, las fuentes confusas, y en muchos casos uno debe tamizar cuánto hay de realidad y cuánto de deseo, ya sea para glorificar o demonizar, en aquellas escasas piezas de información que se pueden recolectar. Aun así, este hermético país tiene una historia más que viva que tiene a la pelota como protagonista, y ofrece al menos, una pequeña ventana a un mundo que, de otra manera, nos sería totalmente desconocido.  El fútbol ya jugaba un rol muy importante a comienzos del siglo XX, cuando no había dos Coreas sino una sola, y la misma estaba bajo el dominio del imperio japonés. En ese marco y ante la pérdida de soberanía, fue este popular deporte el que gestó un ambiente propicio para el sentimiento nacional que de otra manera estaba vedado. Incluso, varios equipos coreanos tuvieron importantes resultados ante equipos japoneses en la década del ’20 y el ’30. Este éxito era visto como una fuente de energía para el sentimiento patriótico y anticolonial. A modo de ejemplo cito a un entrenador coreano, que antes de un partido ante un equipo japonés le dijo a sus jugadores: “No sólo juegan al fútbol, están luchando por la independencia del pueblo coreano”. Toda una constante en esta historia.

Avanzando en el tiempo, entra en escena un comandante guerrillero que luchó contra el imperialismo nipón en la región norte de Manchuria: Kim Il-Sung. Formado en la Unión Soviética, fue introducido ante el pueblo norcoreano como un héroe y rápidamente se hizo del poder absoluto de esa novel nación en 1948, cuando se proclamó el padre fundador de la misma. Tras la división del paralelo 38 entre Estados Unidos y la Unión Soviética y la posterior Guerra de Corea que cesó en 1953 (aunque nunca se firmó un tratado de paz y ambas coreas técnicamente siguen en guerra hasta hoy), quedó definitivamente asentada la República Democrática Popular de Corea del Norte como la conocemos hoy en día.

A partir de la formación de la nueva República, el fútbol comenzó a transitar los caminos más conocidos de los estados comunistas en aquel entonces. El deporte en general jugaba un papel muy importante en el acervo simbólico de aquellas naciones, pues reforzaba valores pertinentes como la solidaridad, la unión, el trabajo en equipo, y más importante, permitía competir contra otros países para solidificaba la identidad propia. Por este motivo, la selección nacional se volvió un ícono importante dentro del deporte local. Esto se vio reforzado con la clasificación al Mundial de 1966, donde se aprovechó una sucesión de eventos afortunados, ya que, al boicot africano a ese mundial, que solo otorgaba un cupo compartido entre Asia y África, se le sumó que de los países asiáticos y el de los de Oceanía. La selección norcoreana fue la única que participó de esas eliminatorias junto a Australia. Corea del Sur desistió de participar por problemas logísticos y económicos. Filipinas, que aplicó para ingresar, no cumplía los requisitos. Y Sudáfrica, que había sido movida de África a Asia, fue suspendida un año antes por la problemática del apartheid. Tras derrotar a la selección australiana por 6 a 1 y 3 a 1, Corea del Norte se aseguró una plaza para la gran disputa mundial.

Lo que siguió es historia conocida. El equipo dirigido por Myong Rye-Hyon fue una de las grandes revelaciones del torneo, en especial tras su victoria por 1 a 0 a Italia que le permitió avanzar a la siguiente fase, dónde vendió cara su derrota ante nada más y nada menos que la Portugal de Eusébio por 5 a 3. A su regreso a Pyongyang los jugadores fueron tratados como héroes, aunque también cuenta la leyenda que muchos de ellos sufrieron en carne propia los castigos del régimen por diversos actos de “deshonra” y mala conducta durante el certamen. Como sea, el alto coraje mostrado en esa actuación le valió a la selección el apodo de “Chollima”, un caballo alado mítico de la iconografía. Tras este éxito inicial, su segundo gran momento fue durante el final de la década del 70, cuando logró su primer título oficial: la medalla de oro en los juegos asiáticos de 1978. Aquello, sumó a una clasificación a los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 y un cuarto lugar en la Copa Asiática de Naciones de 1980 disputada en Kuwait. Dicha participación es, hasta hoy, su mejor incursión en el prestigioso certamen continental.

Kim Il-Sun, sin embargo, nunca le dio demasiada importancia al fútbol y la selección pasó por un periodo de ostracismo por varios años. Sólo en 2010 volvió a la escena internacional tras su milagrosa clasificación al Mundial de Sudáfrica, donde relegó a Arabia Saudita al repechaje en una última fecha llena de drama donde terminó imponiéndose por diferencia de gol. Con mucha más historia bajo el correr del tiempo, este mundial fue recordado por varias escenas, como el llanto de Jong Tae-Se durante el himno antes del encuentro frente a Brasil, o los reportes nunca corroborados de trabajos forzados y castigos tras la goleada sufrida ante Portugal (con el agregado de que ese partido fue transmitido en vivo por primera vez en décadas tras un acuerdo con la FIFA). A este resultado le siguieron varias participaciones en la Copa Asiática de Naciones, sin clasificaciones a la última fase, pero con el retorno a poner al país en el plano continental.

El Rungrado Primero de Mayo es el estadio más grande del mundo.

No obstante, el gran motor del fútbol en Corea del Norte no fue el equipo masculino sino el femenino. Esto se dio en especial durante el ostracismo de la selección masculina, cuando la femenina, por el contrario, logró grandes resultados. Ya bajo el mando de Kim Jong-Il y con un apoyo mucho más fuerte, la selección femenina se convirtió en un símbolo de la fortaleza nacional y logró tres campeonatos asiáticos y tres medallas de oro en los Juegos Asiáticos, además de campeonatos juveniles en las categorías sub 17 y sub 20 a nivel mundial. La armada coreana llegó a ser considerada una de las naciones más fuertes del mundo en la escena hasta que un caso masivo de dóping mantuvo a las jugadoras alejadas por algunos años de las competencias. Eso concluyó cuando no se obtuvo la clasificación al Mundial de Francia 2019 ya que, paradojas del destino, por diferencia de gol Corea del Sur quedó primera en su grupo.

Los intentos de Kim Jong-Il por invertir en el deporte no fueron del todo cuantiosos ni exitosos. Aunque valoraba la actividad y hubo iniciativas interesantes, como la selección unificada entre ambas Coreas que disputó la Copa del Mundo Sub-20 de 1991, no pudo cristalizar su proyecto. Sólo cuando su sucesor Kim Jong-Un empezó a tomar las riendas del país, primero de manera subrepticia y luego de manera formal tras la muerte de su padre, el fútbol comenzó a tener un mayor apoyo estatal. En primer lugar, porque Kim Jong-Un es fanático. De hecho, cuentan que durante su estadía en Europa era un fiel seguidor del AC Milan. En segundo lugar, por motivos de prestigio internacional y economía. Así lo marcó el propio Líder Supremo, como se hace llamar oficialmente en el cargo, en uno de los libros que escribió glorificando la historia de su familia: “Los deportistas deben acatar sus programas de entrenamientos como si fuesen órdenes de combate, dadas por el Partido y sus campos de entrenamientos como campos de batalla donde se implementan las ideas del Partido y se defiende a la Nación”.

En primer lugar, se le dotó una estructura más formal y tradicional al fútbol local, que le permitió al país poder, por ejemplo, participar de las disputas de clubes continentales. Reconstruir el fútbol norcoreano es difícil, ya que las fuentes no abundan. Sin embargo, podemos saber que los equipos pertenecen a las distintas provincias, distintos ministerios o secciones del gobierno. Por ejemplo, el equipo más importante, el 25 de Abril, pertenece al ejército y su nombre deriva de la fecha en la que la armada fue fundada. Otro ejemplo es el Amrokkang SC, que pertenece al Departamento de Seguridad Estatal. Hasta hace algunos años, no había formalmente una liga: se jugaban torneos a lo largo de tres meses en las distintas regiones y luego los ganadores avanzaban a un torneo final. Como consecuencia, la actividad oficial del fútbol era reducida y extenuante. Finalmente se creó una liga formal, con dos grupos, que compite en un período más extendido de tiempo. Gracias a esto, el 25 de Abril logró competir en la AFC Cup, la segunda copa de clubes asiáticos en jerarquía, y logró importantes resultados, como el subcampeonato obtenido en 2019, donde perdió en la final ante el Al-Ahed, nada más y nada menos que el equipo perteneciente al Hezbollah en el Líbano. Algunos encuentros locales son transmitidos por la televisión, generalmente a manera de resumen, aunque hay videos de partidos completos también. Y muchas veces se ve público en el estadio, aunque no podemos saber si están presentes por voluntad propia o porque son obligados a presenciar el encuentro. Generalmente coincide esto con los partidos que cuentan con la presencia del gabinete de gobierno, incluido a veces, el mismísimo general Kim.

El líder norcoreando en un palco durante un partido.

Es bajo su mando, también, que los colegios comenzaron a implementar el fútbol de manera sistemática en sus currículas. Al mismo tiempo, arrancó una tarea de scouting nacional para detectar los mejores talentos y enviarlos a la Pyongyang International Football School, una academia dedicada exclusivamente a formar a los y las futbolistas que deberán representar a la nación en el futuro. A su vez, el objetivo oculto es traer divisas al país, ya que debido al bloqueo que sufre el régimen, la retención a los sueldos de sus trabajadores en el extranjero es una de sus fuentes de ingresos más importantes. Así, lograr tener futbolistas de primer nivel puede significar un importante aporte a las arcas del estado. Este no es un plan a futuro, sino algo que está sucediendo ahora mismo y cuyo mayor exponente es el joven Han Kwang-Song. La joven promesa llegó a Italia gracias a una afiliación entre Corea del Norte y la Academia ISM en Perugia, mediada por el entonces senador Antonio Razzi, miembro del partido de derecha Forza Italia. El trato era enviar los mejores jugadores del Colegio de Pyongyang para que luego comiencen su camino en el fútbol italiano. Así Han pasó por el Cagliari y el Perugia, donde tuvo una gran temporada en la Serie B que le valió un traspaso a la Juventus y que lo hizo jugar en el equipo Sub-23.

Niños en la escuela de fútbol en Pyongyang.

Finalmente, este año el potente delantero fue transferido por siete millones de dólares al Al-Duhail de Qatar. La intromisión de la federación en la vida del futbolista es total: no le permiten tener redes sociales, le controlan sus pocas apariciones mediáticas y llevan un constante seguimiento sobre su vida diaria. Su paso a la Juventus no estuvo exento de polémicas, ya que muchos denunciaron que al contratarlo la institución de Turín financiaba al sistema norcoreano. La Fiorentina, por su parte, estuvo en un embrollo similar al intentar firmar al futbolista Choe Song Hyok. La incertidumbre hizo que desistiera de realizar dicha operación. Estos tratos, incluso, llevaron al parlamento italiano a investigar si tales transacciones entraban en conflicto con las sanciones internacionales impuestas a Corea del Norte. Finalmente, no sucedieron mayores desarrollos.

Todas estas actividades, entre tantas otras, tienen otro protagonista: la FIFA. El organismo que nuclea al fútbol mundial siempre ha estado dispuesto a ayudar a Corea del Norte a integrarse a las distintas competiciones y a desarrollar su fútbol. Pero la necesidad de tener un contacto más fluido con la federación se dio a partir del mundial que compartieron Corea del Sur y Japón en 2002, dónde se temía algún tipo de represalia o atentado. La idea era (y es) tener contenida a Corea del Norte para evitar el mayor grado de disrupción posible en la zona. Esto implica darle a veces un trato especial y permitir algunas cosas, de manera extraoficial, que a otras federaciones no se les permitiría, como ciertas demandas en torno a los derechos televisivos y a cuestiones organizativas a la hora de disputar cotejos internacionales. O, sin ir más lejos, la más que visible intromisión del estado en la federación, cosa que FIFA suele aborrecer salvo cuando no es conveniente hacerlo.

El beneficio de estas tratativas es mutuo. La diplomacia paralela que ofrece el deporte permite lograr cosas que la alta geopolítica no logra, como el partido clasificatorio disputado el año pasado entre Corea del Norte y Corea del Sur en suelo norcoreano. Hasta ese momento, sólo una vez desde el inicio de la guerra se habían enfrentado en terreno local, durante un amistoso por la paz en 1990. Luego, ya que Corea del Sur y Corea del Norte siguen formalmente en guerra, siempre se le negó la entrada a los surcoreanos, con la consecuencia de esos duelos en terreno neutral. Este partido se enmarcaba en un proceso de distintas acciones que llevó el gobierno de Kim Jong-Un para distender sus relaciones con occidente y en especial con Estados Unidos y Corea del Sur. Otra de ellas fue también un encuentro de fútbol femenino ante ambas naciones durante el 2018, pero aquí la historia, por la impronta y por ser una clasificación al mundial, era distinta. En ese sentido, el rol de la FIFA, que intentó mediar para que se pueda llevar adelante el partido, fueron fructíferos, aunque no pudieron televisar el mismo ya que entre otras demandas, Corea del Norte exigía casi dos millones de dólares como compensación. En su lugar, le entregaron un DVD al staff de Corea del Sur una vez terminado el encuentro, que igualó 0 a 0. El partido se disputó sin público. Sólo hubo algunos invitados especiales, como Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Los jugadores de Corea del Sur tuvieron que desplazarse a China, único punto de entrada oficial a Corea del Norte, y estuvieron vigilados durante toda su estadía, algo normal cada vez que un equipo internacional va a disputar un encuentro a Pyongyang. La comitiva tuvo que ser reducida y nadie podía entablar contacto con ninguna persona que no esté previamente designada por el gobierno, ni tampoco iban a poder tener contacto con la prensa. A pesar de todas estas complicaciones, el partido se pudo llevar a cabo y fue todo un símbolo, que hoy, a la vista de los hechos más recientes, parece haber sucedido hace una eternidad.

En la actualidad, el misterioso repliegue de Kim Jong-Un se da a la par de numerosos rumores sobre su estado de salud y sobre quién está comandando los destinos de esta críptica nación. Su hermana, Kim Yo-Jong, parece estar tomando las riendas del gobierno y se ha vuelto a generar un conflicto importante con Corea del Sur. En este contexto local, sumado al contexto global que trae la pandemia, el futuro inmediato de Corea del Norte está enmarcado en un gran signo de interrogación, aún para los analistas políticos más avezados. Y con ello también el futuro de los ambiciosos planes con el fútbol de Kim Jong-Un. Lo que es seguro es que la tensión política se seguirá filtrando a través de este deporte. Todavía le quedan muchas escenas por recorrer. Solo el tiempo nos irá abriendo sus puertas.