La Bombonera

Crecer o no crecer, una cuestión de vecinos

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Desde hace años se apunta a los habitantes de las casas lindantes a la Bombonera por no lograr la expansión del estadio; sin embargo, su versión es diferente.

Es el corazón del barrio, el lugar de referencia, un escenario al que todos los días llegan visitantes de distintas partes del mundo. La Bombonera es La Boca. El escenario de mil batallas y festejos no está solo, sino más bien todo lo contrario. Se desborda de pasión cada fin de semana y allí está el nudo. Ya no hay estructura para sostener semejante locura. Ampliar al coloso implica una complejidad que aun no se logra resolver. Enganche buceó entre las historias de los vecinos que conviven con la omnipresencia del estadio mítico y son la parte excluyente para que la estructura pueda sentirse más gigante.

¿Qué hay de cierto en que no quieren vender? ¿Existió algún acercamiento u oferta concreta? Rubén Lopresti es el referente vecinal de la calle Iberlucea. Afirma tener el respaldo de los habitantes del lugar para ser su representante. Y cuenta una versión particular de la fracción que es clave para que La Bombonera encuentre más espacio para crecer y aumentar su capacidad.

Siempre en la misma geografía, Lopresti tiene un gran sentido de pertenencia por los muros, calles, veredas y cada uno de los recovecos de este enclave tan identitario de la Ciudad de Buenos Aires. La vida cotidiana y la mística van de la mano. Al abrir una de las ventanas de su casa la escenografía que se despliega es la de esa cancha conocida en todo el mundo.

“Los vecinos no estamos dispuestos a vender si Boca condiciona los precios de las propiedades”, asegura con énfasis el líder vecinal. Y agrega: “Si hay alguna propuesta decente, sí queremos vender. Pero nunca existió una propuesta concreta. Hubo un intento una vez, en el 2015, con (Oscar) Moscariello, el vicepresidente de ese entonces, que nos dijo que nos ofrecía lo que vale cada propiedad y un 20 por ciento más. La tasación la hacían ellos. Yo en ese momento elevé la voz para expresar que los vecinos estábamos en desacuerdo porque no queríamos que nos condicionaran. Nos ofrecían una seña que era menor a la tercera parte del precio final y firmar un contrato para que cuando el total de los vecinos estuviera de acuerdo, nos dieran el resto. Cuando dijo eso nos levantamos y nos fuimos”.

Por si alguna duda quedaba con respecto a la relación y el clima que se vive en el barrio, Rubén se encarga de resaltar en cada tramo de la conversación con Enganche la sintonía que obtuvieron entre los afectados. “Los vecinos estamos unidos y queremos vender. Todos quieren vender: lo tengo refrendado y aprobado propietario por propietario”.

La conversación recae insistentemente en subrayar que nunca existió por parte del club la idea de negociar seriamente. “Nunca hubo una propuesta firme. Si hubieran querido comprar las propiedades desde esa única vez que se contactaron en 2015, ya hubieran comprado más de la mitad. Nos dicen que van a comprar las casas y después no pasa nada.  Uno no sabe si arreglarlas o no porque quizás vas a demolición. Después está el día a día, en el que somos perjudicados. Los techos se han prendido fuego por la pirotécnica que se lanza en los partidos. Y encima los bomberos y las ambulancias no pueden pasar por los vallados. Una vez falleció un vecino que se descompuso porque la ambulancia nunca pudo pasar. También en días que no hubo partido, a las cinco de la mañana se ha dado que se escuchaban ruidos de todo tipo. Camiones que entran y salen con montículos de arena que después dejan en las veredas y tapan las bocas de tormenta. Y así por decirte algunas cosas”, enumera. 

En el contacto con los hinchas, llama la atención el rumor extendido sobre el supuesto desprecio de los vecinos por la Bombonera. Esa presunción se desarticula inmediatamente cuando se preguntar qué piensan de la posibilidad de remodelar el símbolo principal que tiene el barrio hace casi 80 años. “Los vecinos estamos a favor de la ampliación. Queremos lo mejor para el barrio y no estamos pensando en que nos queremos salvar. Porque escuché por ahí que dicen que nos queremos salvar, y no es así. Nosotros, los vecinos, sí pensamos en el club y en el barrio. Una cosa fue de la mano con la otra durante toda la vida. Y la reforma favorece a todas las partes: al club, a los hinchas y a los vecinos. Comprando los frentes se soluciona la capacidad y se realza la zona. Nos sentimos muy dolidos cuando nos cantaron desde la segunda bandeja para que vendiéramos. Porque nosotros no queremos perjudicar al club. Nosotros somos los que sufrimos restricciones y además estamos dispuestos a vender”, enfatiza Lopresti.

Inmerso en las distintas posibilidades que se han barajado, se inclina –en representación del grupo que asegura defender– hacia una de las posibilidades que se mencionaron: “Los vecinos evaluamos las diferentes propuestas y estamos de acuerdo con el proyecto del arquitecto esloveno. Porque no solo le va a dar vida al barrio sino que le va a dar lo que los socios necesitan. Además uniría la Usina del Arte con Caminito, y habría un corredor turístico que le daría al barrio mayor iluminación y una vida diferente”.

En las últimas temporadas, Boca expuso su opulencia económica con la compra y venta de futbolistas en un mercado de pases del que siempre obtiene altísimos dividendos. Las cuentas xeneizes se blindan con cifras cada vez más imponentes. Entonces la reflexión y cuestionamiento se instala en quienes son dueños de la solución del principal inconveniente de uno de los clubes más importante de América: “El comentario entre nosotros está. Te dicen en la cara que Boca tiene un alto superávit, pero lo único que hacen por el Templo es aumentar los baños, ampliar el palco presidencial y cambiar el césped dos veces por año”.

El reconocimiento a la Bombonera es planetario. En 2015, la publicación británica Four Four Two hizo un ranking de los 100 estadios más emblemáticos y la colocó primera. En 2017, la revista alemana Kicker también la puso en el primer puesto de los mejores estadios del mundo. En 2018, el diario español Marca hizo una compulsa que ubicó a la cancha de Boca como el segundo estadio más importante. Este año, la revista holandesa Staantribune también valoró a la Bombonera como el estadio número 1. Con la misma estructura que cuando fue inaugurada el 25 de mayo de 1940.    

La Bombonera es La Boca. Rubén Lopresti asegura que los vecinos de la calle Iberlucea están en esa sintonía. Saben que tienen algo muy valorado y que quien lo quiere tiene con qué satisfacerlos. Una ecuación tan simple como compleja.