Holan

El drone que le gusta a la gente

El entrenador de independiente muestra a fondo su método de trabajo y pide dejar de lado la dicotomía menottismo-bilardismo. Dice que no cree en el lirismo y que recibe consejos de Alejandro Sabella. Holan, a fondo.

Levantalo, levantalo! Más, que quiero verlo sobre la línea”. Llovió durante los últimos cinco días y lloverá en los próximos tres, pero hoy, justo hoy, el sol ilumina con timidez, casi como si pensara que el mundo, o al menos un pedazo, se olvidó de él en el fragor del invierno. Allá arriba, al lado suyo para el que mira desde el suelo todavía húmedo y lleno de barro del complejo de entrenamiento de Independiente en Villa Domínico, se posa en el medio del cielo, un pequeño murciélago de plástico que, para ojos nuevos en este paraje, resulta un imán indescifrable.

El drone sigue a Holan u Holan sigue al drone, todavía no está claro. Pero se van moviendo juntos, mientras Independiente realiza los ejercicios de pelota parada en el día previo a un partido. Ese día, siempre, encierra la planificación, el detalle, por lo tanto, ni el bicho repleto de hélices puede contar nada de ese día de laboratorio. Es de lo único que se aclara que no se puede escribir. Y se cumple. Palabra de honor. Mientras tanto, los doce (sí, doce) colaboradores del entrenador trabajan en simultaneo en diferentes tareas. Tres de ellos, sentados en dos mesas rojas, están al mando de un par de modernas computadoras y, claro, del control del aparatito volador. En el medio de una cancha de fútbol y sin enchufes a la vista, toman corriente de un carro de golf adaptado con baterías para conectar casi cualquier cosa, que tiene empotrada una pantalla led en la que (atención) emiten las jugadas grabadas por la cámara en las alturas, previa edición de los errores y de los aciertos. Ni bien terminan de ejecutar una acción, la misma está disponible, tan sólo unos segundos después.

Tras la práctica, Holan abre su oficina y está dispuesto a explicar su método de trabajo en la dimensión correcta del mismo. Ni la subestimación de mucha parte de la prensa ni el descubrimiento de la pólvora en el juego. El hombre que es mirado con recelo por llegar al fútbol después de ser técnico de hockey presenta su manual de estilo y va a fondo en el rol del entrenador. Hay café, play, rec y…

-Por un lado, se te ha visto junto a los ídolos de Independiente y tratando de rescatar cierta mística en el saludo de los jugadores cuando salen a la cancha. Por el otro, tenés un costado de modernidad tecnológica que impresiona. ¿Cuál de los dos sos?

-Los dos. Lo que yo no puedo negociar es el objetivo, que es volver a poner a Independiente en lo más alto. Después, los medios tienen que ser los más modernos que encontremos. Tienen que ver con los tiempos que nosotros vivimos. Cuando Independiente ganó todo, los jugadores no tenían celulares. Hoy, ni bien entran al vestuario los tenés mandando un mensaje a la mujer o a algún amigo. Yo estoy seguro que el volver a ser aquel equipo histórico y la tecnología no se contraponen. Se suman. Hay que formar un círculo virtuoso.

-Cuando vos empezaste a trabajar, esto no existía. ¿Te fuiste convirtiendo?

-Ser entrenador implica un debate permanente en el enriquecimiento de nuestra tarea. A mí me gusta el ejemplo de Japón, con esa cultura de copiar y mejorar los descubrimientos. En el fútbol viene a ser parecido. Yo miro a las mejores ligas del mundo y me traigo lo que puedo. Sería muy soberbio pensar que tenemos una de las mejores ligas del mundo si los mejores jugadores se están yendo permanentemente. Por eso, hay que nutrirse de los entrenadores que están allá y que son la vanguardia.

-¿Qué pensás de los que te criticaron el tema del drone cuando llegaste a Independiente?

-No me importa lo que piensen de los drones. Yo no tenía auto y me compraba computadoras para analizar el juego. Y viajaba en tren y en colectivo. Siempre pensé que los medios para desarrollar mi profesión son más importantes que lo que se piense. No le voy a andar explicando a todos las razones por las que uso drones. No se trata de un snobismo, se trata de mejorar. Y siempre fui así. Lo saben mis jugadores y jugadoras de hockey. Lo saben todos los que trabajaron conmigo en el pasado. El problema es que la exposición mediática cambia y ahí empiezan a mirarte raro.

-¿Cómo convivís con la crítica y con la mirada de los medios hacia tu método?

-Trato de blindarme y de conectarme con mi cuerpo técnico y con algunos referentes con los que hablo. Y con algunos dirigentes. Después, hay que prestar poca atención, porque te podés volver loco. Lo que sí hago es llamar todo el tiempo a algunos entrenadores de los que trato de aprender.

-¿A quién?

-A Alejandro Sabella. Sabella es una persona formidable y con enormes valores y, a su vez, un gran profesional con una visión analítica para poder expresar lo que ve. Lo escucho y lo admiro. También al Flaco Menotti, que es una palabra mayor dentro de nuestro fútbol. Dentro del club, a Bochini, a Pavoni, a Bertoni, a Santoro… ¿Cómo voy a poder hacer mi historia en Independiente sin hablar con los que la escribieron?

-Tenés a 12 personas en tu cuerpo técnico y contás que hablás con varios referentes. Antes, un entrenador escuchaba a sus dos ayudantes, tenía un profe y ahí terminaba todo. ¿El puesto de técnico es cada vez más el de un conductor de un cuerpo colegiado?

-Creo que sí. Como el director de una empresa que crece tiene a sus gerentes o como un presidente que tiene a sus ministros, siempre es bueno escuchar a otros. Somos un equipo de trabajo. A más miradas, menos errores. Y si privilegiamos la construcción colectiva, ahí somos mejores como cuerpo técnico. La conducción de grupos tiene parámetros para todas las profesiones, porque primeros somos seres humanos.

-¿Qué opinás de los que te etiquetan de lírico? ¿Existe el lirismo en el fútbol?

-Mirá, todos sabemos que queremos ganar. Sea el deporte que sea. El tema es ver qué medios utilizo para eso y con qué valores lo hago. No creo en el lirismo. Creo en encontrar una idea que te lleve a la victoria. Después, todos buscamos lo mismo, que es conseguir ese resultado. Aunque nos guste hacerlo de maneras diferentes.

-Entonces el fútbol de ataque y de posesión de tus equipos tiene que ver más con una mirada efectista, de entender que es el modo más fácil de llegar a la victoria, que con una pretensión estética…

-Un equipo es como una orquesta. Uno se da cuenta cuando una orquesta tiene nivel, porque la melodía seduce desde la escucha. Uno reconoce lo bueno. Cuando una orquesta desafina, uno también se da cuenta. Lo bueno de las orquestas de nivel es que llenan el teatro y se venden más entradas. Eso es ser exitoso. En los equipos pasa lo mismo.

-¿Te definís como menottista?

-Creo que en la Argentina estamos en una tremenda disyuntiva, que es que siempre estamos buscando una grieta, una vereda de enfrente. Se pueden sacar cosas de todos. Claro que Menotti fue un revolucionario y me parece que fue clave en la historia del fútbol argentino en un momento en el que el medio estaba desorganizado y él estableció un método y llegó a campeón del mundo. Pero esto no quiere decir que uno no pueda aprender de Bilardo, por ejemplo en el videoanálisis, debido a que él empezó a mirar videos en un momento en el que nadie lo hacía. Claro que estéticamente me representa el fútbol de la selección de 1978, o la Holanda de los 70, o el Barcelona o la actual Alemania. Pero se puede, y diría que se debe, comprender que todos tienen algo de lo que prenderse para crecer.

-¿Cuándo entendiste que el deporte necesita esa especificidad?

-Siempre. Pero en el hockey no teníamos los elementos que tenemos ahora. Y en inferiores tampoco. Pero cuando llegué a Primera en el fútbol pude cristalizar todo eso que pensaba que había que hacer. Se trata de achicar el margen de error y de darle al jugador la mayor cantidad de cosas posibles.

-¿Cómo te llevás con lo interdisciplinario teniendo en cuenta que venís de otro deporte? ¿Se pueden aplicar cosas al fútbol?

-Sí. Absolutamente. Nosotros tenemos tipos de los que hay que aprender. Sergio Hernández y Ruben Magnano en el básquet. Julio Velasco en el voley. Sergio Vigil, Carlos Retegui, Gabriel Minadeo y Marcelo Garrafo en el hockey. Hay que aprender de los entrenadores de elite, sean del deporte que sean, porque, al final, todos somos conductores de un grupo de personas buscando la gloria.

-Te obsesiona bastante el tema de las estructuras de trabajo. ¿Qué cambiarías de la organización actual del fútbol argentino?

-Lo que creo es que como nación nos falta trabajar en equipo y sellar esas grietas que aparecen en todos lados. El día que lo hagamos a nivel económico, político y deportivo, vamos a crecer de manera sostenida.

-Que es algo que marcaste cuando hablabas del menottismo y el bilardismo…

-Sí. Exactamente. Tenemos que cerrar la grieta del fútbol y que la gente que hace méritos para estar en los lugares importantes lo esté. Y que perduren las estructuras, pase el que pase por cada posición. Eso es lo que me encantaría ver en el fútbol. Las escuelas no son para nada excluyentes. Hablábamos de Menotti y de Sabella y es cierto que tienen miradas distintas del estilo de juego. Pero desde la organización y desde el coaching, son más parecidos de lo que pensamos. Después hay que tomar decisiones que son futbolísticas y es lógico.

-¿Cómo se sella la grieta del fútbol, entonces?

-En una mesa de discusión de alto nivel sobre nuestro fútbol. Creo que podemos encontrar un proyecto de todos. Si dejamos de pelearnos entre veredas, tal vez podamos encontrar una calle que nos lleve al éxito.