Rifle Pandolfi

El enganche que encara de frente a los caretas

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Viaja desde los infiernos a los mejores cielos de su vida con honestidad y sin prejuicios. Desde el día que casi muere en una pileta a su admiración por Messi y Riquelme, el Rifle le tira a la hipocresía con munición gruesa.

Fernando Daniel Pandolfi jugó al fútbol en tres clubes y en la Selección Argentina, fue dirigido por Carlos Bianchi y por Marcelo Bielsa, tuvo dos bandas de rock, regenteó restaurantes, consumió pastillas para dormir, cantó en un escenario con Los Piojos, tiró paredes con Juan Román Riquelme, casi se muere en una pileta, ganó una decena de títulos, sufrió depresión, hizo radio y se retiró del deporte antes de cumplir los 30 años. Fernando Daniel Pandolfi está tomando un café en Devoto y durante una hora va a hablar de su vida y de otras vidas. Lo hará de mil maneras, claro, pero sin caretas.

–¿Cómo es ser ex jugador?

–Es muy difícil. Por más que yo me retiré joven, en algún momento te agarra el “¿para qué carajo estoy acá en este mundo?”. Porque pareciera que al dedicarle toda su vida al deporte, uno sirve sólo para eso. Por suerte, con algunos compañeros tratamos de hacer cosas paralelas al fútbol. Tuvimos algún bar. Construimos algún edificio. El más emprendedor de mis amigos es (Damián) Manusovich, que se dedica a la construcción. Yo encontré mi espacio a través de la música. Me gusta expresarme por medio de alguna letra o algún grito. La verdad es que tuve el culo de jugar en el uno a uno y ahí el que fue vivo y pudo ahorrar, estuvo bien después. Si no me hubiera tocado esa época, la realidad sería otra.

Hay una realidad económica, que vos la podés resolver de acuerdo a lo que hiciste en tu carrera, y otra que es personal. Y esa es más compleja, porque sos jubilado a los 30 años…

–Claro, es mucho más difícil. Lo económico te da una tranquilidad a la hora de pagar las cuentas. Es cruel. A cualquier deportista le pasa. Cuanto más grande fue el jugador, más doloroso el vacío. Para un tipo que fue ídolo de un club y que no podía salir ni a la esquina, de repente es difícil que no le suene más el teléfono. O que si suena es para ver si hablás mal de alguien. Creo que esos, que fueron grandes, la pasan peor que yo, que pasé y jugué y bueno, soy un pibe común.

–¿La depresión en el ex futbolista es un tema tabú?

–Yo creo que no es tabú. Me dolió mucho lo de (Julio César) Toresani. Escuchar que un colega se quitó la vida es terrible. Uffff, es una mierda. Hay tragedias en la vida que son invisibles. Uno se pregunta cómo nadie lo pudo ver, pero muchos te dicen que no la podés llegar a ver o palpar antes que suceda. Y todos los de alrededor te dicen “no parecía”. La depresión es jodida. Me pasó, por ejemplo, cuando filmé una película. Un mes y medio de laburo al palo, pa, pa, pa. Y terminó y quedé vacío. Los otros seguían con otras filmaciones y proyectos, pero yo no. Nada. Vacío. O cuando me separé con mi banda. Creo que eso me costó más que dejar el fútbol, incluso. Pero fue a los 36 años, justo a la edad en la que los jugadores se retiran. Y ahí me agarró el bajón más grande. Pasé por lugares de mierda. Algunos lo superan de alguna manera y otros lo tapan con alcohol o con un montón de pelotudeces que te rompen todo. Por suerte fue un momento y tuve amigos y familia que me ayudaron a salir de ahí, de ese momento de depresión, si lo queremos decir así. Después de pasar por eso volví a nacer. Hay que reconocerse a uno mismo. Uno es lo que es. “Bancate ese defecto”, decía Charly García. A veces uno quiere tapar el pasado y que nadie te hable de fútbol y ser músico, pero con el tiempo me pude ir bancando lo que fui como jugador.

–¿Una parte se trataba de amigarte con el que fuiste?

–Escuché a alguien decir que todos tenemos una vida, pero que está bueno vivir muchas vidas dentro de una sola. Por suerte, cuando me dediqué a la música mi entorno era muy artístico y logré sensibilidad desde otro lado, porque cuando sos futbolista vivís en una nube de pedo. Todos te protegen. Tenés que estar siempre bien. Volvés a casa y te hacen sano de comer. Y déjenlo que descanse. Y todo. Y te tenés que cuidar y hacer el entrenamiento invisible, para dormir bien y ser profesional y todo. Pero en el medio te podés confundir, por los flashes. Y eso no es fútbol, es el show del fútbol. Son pocos los pibes que juegan como en el patio de la casa. Porque todo te deslumbra. Vos vivís concentrado tratando de que el domingo no te salga nada mal.

¿Cuán irreal es la burbuja del fútbol?

–Por lo que me cuentan de la generación de hoy, es difícil que larguen el celular y que se sienten a charlar un rato. La sobremesa. Eso es vital. Es lo más lindo. Los medios que tienen los derechos del show business son los que hacen el chamuyo. Y lo puedo entender, porque pagaron la plata para hacer eso. Es obvio. Cuando a un chico se lo nombra mucho y apenas la paró bien e hizo un pase, te das cuenta que es porque lo quieren vender ya. Eso empezó a pasar en mi época y ahora creció, porque el capitalismo se metió en el fútbol. Y se fue todo a la mierda. Antes los equipos duraban y ahora no duran nada. A todos estos monstruos de la selección ni los vimos jugar acá prácticamente. A Messi, a Agüero, a Di María, a Mascherano… Cuando yo me retiré, eso empezaba a cambiar. Por ejemplo, cuando estaba en Vélez los pibes de la barra te pedían que les pagues una birra o te preguntaban qué pasaba con el técnico o lo que fuera. Y cuando fui a Boca fue todo avasallante. Era otro mundo.

“Pasé por lugares de mierda. Algunos lo superan de alguna manera y otros lo tapan con alcohol o con un montón de pelotudeces que te rompen todo”.

–Hablaste de los momentos oscuros cuando te retiraste. ¿Cómo es estar en la oscuridad?

–No me daba cuenta. Hay cosas que te marcan. El 90 por ciento de los ex jugadores se separaron. Hay que preguntarse qué pasa ahí. Cuando sos ex jugador no sabés para qué mierda estás. Molestás en tu casa, porque estuviste poco, siempre de gira y siempre jugando. Y cuando estás, no sabés cuál es tu lugar. La parte oscura fue cuando me empecé a sentir mal. Ya me había retirado hace varios años y caí en la oscuridad casi sin darme cuenta. Quería dormir todo el día. No sabía que era una depresión. Lo único que hacía era ir a comprar pastillas para dormir y hacer cagadas. No hacía lo que me decía el doctor, hacía todo lo contrario. Contar esto me da vergüenza, pero casi me ahogo en una pileta. Una ex novia de ese momento me salvó la vida. Me sacó de los pelos. Si no fuera por ella hoy estaría muerto. No me acuerdo de nada, aparte. Me desperté al otro día con otra ropa y sin acordarme de nada. Fue ahí que me di cuenta que estaba en graves problemas y lo llamé a mi mejor amigo y le dije: “Me tengo que internar porque esto no va más. Solo no puedo”. Fue hace cuatro o cinco años. Con la ayuda de los amigos y de la familia, de a poco, se sale. Pero te tenés que reconocer como un enfermo, porque si la seguís tapando podés terminar muerto.

–¿Dónde estaba el disparador?

–Era depresión y culpa. Pensá que el futbolista gana mucho dinero y sus familiares a veces están en una situación de mierda. Y yo nunca pude vivir bien esa parte. Nunca pude estar feliz. Cuando los que tenés alrededor la pasan como el culo, no podés estar feliz. Y no podés arreglar todo. Culpa, eso puede haberme detonado. Fue un momento que espero que no se vuelva a repetir. Luego de todo lo que te conté, traté de cambiar un montón de cosas. Traté de no salir más de noche. Aunque me cuesta dormirme a la noche, no tomo nada. Me duermo a cualquier hora, pero sin tomar cosas. Si tomo alcohol tiene que ser en un asado, apenas una copita de vino. Traté de detectar lo que me hacía mal y lo que me ponía malo. A algunos el alcohol los pone nostálgicos y a otros verborrágicos. A mí no me gustaba cómo era yo borracho. El hígado también dijo basta. Los dientes, también. Tengo tres implantes de este lado. Y te ves al espejo y es un desastre. Y terminás por no verte al espejo para no mirar cómo estás. Al final, tenés que sentarte enfrente del espejo, ver la verdad, aceptarte y pelear contra eso. Lo cuento por si alguno está en la misma y necesita pedir ayuda. Que pida ayuda a tiempo. Hay que buscarle la vuelta y disfrutar. A mí siempre me costó disfrutar.

¿En el fútbol no disfrutabas?

–No. Había partidos que terminaban y ni me acordaba lo que había pasado. Uno está ahí, labura para lo que te dice el técnico y se olvida de jugar. Román (Riquelme) me decía eso. Que para él es disfrutar o no es nada. El fútbol era disfrute en su vida. “Si es un trabajo, no jugués”, me dijo. Y yo le contesté: “Por eso me retiré joven”. Ese era uno de los que me asombraba cómo salía la cancha y cuando lo hacía parecía que estaba en el patio de la casa. Y el loco me decía: “Pero cómo no me voy a divertir si en el barrio jugaba por plata y a veces había que salir corriendo porque había tiros y lo tenía que cubrir a mi hermano. La Bombonera es un palacio”. Y yo era todo lo contrario, un chico de departamento. Por eso me asombraba esa gente: Román o el Burrito Ortega. Tipos que estaban relajados porque lo vivían así.

–Román dice que para ser el diez de Boca hay que estar loco…

–Es verdad. Yo estuve ahí y es verdad. A mí me costó y le cuesta a muchos pibes. Lautaro Acosta llegó en su mejor momento y condiciones le sobran. Y en Boca no pudo: Lanús es su lugar en el mundo. Mi lugar en el mundo era Vélez. Le pasó al Burrito Martínez. O a mil más. Entonces, cuando volví de Boca y todo perdió el sentido, me retiré.

–¿Cómo te llevás con las drogas sociales y el dóping?

–A mí me da pena, porque antes que nada somos seres humanos y porque la gente piensa que cuando yo digo esto es porque quiero que los pibes se droguen. Y nada que ver. Lo único que digo es que la droga no va con el deporte, pero que si uno se quiere fumar un porrito en vacaciones está en todo su derecho. Todas las demás drogas son muy pesadas y es muy difícil de salir. La droga nos arruinó al mejor jugador del mundo, imaginate. Yo creo que cuando un pibe anda en eso no se tiene que saber. Hay que ayudarlo. El apoyo tiene que ser de los que están día a día. Lo peor que podés hacer es sancionarlo por dos años y mandarlo solo a la casa. Está mal penalizarlo. El jugador de fútbol es joven y tiene amigos y tiene esquina y dice que no a todo para jugar. Y un día puede pecar. ¡Y le caen dos años! Es una locura. No lo matés, controlalo. ¿Cuánto costó que entre un psicólogo a un vestuario? Y con lo bien que hacen los psicólogos. Hay que eliminar los prejuicios y ser más humanos. “¿Te dio positivo de cocaína? ¿Qué te está pasando, hermano?”, hay que decirle. Los pibes son seres humanos y se pueden equivocar. No puede ser todo tan absurdo. ¿Por qué no hacen dóping de alcohol para cuidarnos? Porque los jugadores terminamos muchas veces siendo alcohólicos, porque es lo único que podemos consumir sin que nos salte. Primero es un vinito y después son tres.

“A algunos el alcohol los pone nostálgicos y a otros verborrágicos. A mí no me gustaba cómo era yo borracho. El hígado también dijo basta. Los dientes, también. Tengo tres implantes de este lado. Y te ves al espejo y es un desastre. Y terminás por no verte al espejo para no mirar cómo estás”.

–¿Con el cannabis cómo te llevás?

–Hasta la Organización Mundial de la Salud pidió a todo el mundo que la saquen de las listas de drogas peligrosas. Yo estoy más cerca de irme a vivir a Uruguay que de andar con el culo en la mano por tener una plantita en el fondo de tu casa. La hipocresía de este país me tiene los huevos llenos. Me jode que un político tenga que casarse para levantar en las encuestas o que tenga que tener un pibe en brazos para que vean que es buen padre. Y que la gente vote por esa imagen. Es ridículo. La gente vota con el bolsillo y ahora el bolsillo vale la mitad de lo que valía antes. Cuando era chico me decían que cada diez años este país es un bardo. Y es así. La hipocresía existe en todos lados, no sólo en el fútbol. Por ahí no podés criticar a un presidente de un club porque te cocinan y no laburás más. En el mundo de ustedes los periodistas también pasa.

–Antes dijiste que la experiencia en Boca fue fuerte. ¿Qué papel cumplió Carlos Bianchi en un momento en el que la cosa te avasalló?

–Fue un fenómeno. Yo tuve el culo de jugar en el mejor equipo de todos y ganar tres títulos. Fue increíble. En ese momento, como Vélez no le quería vender jugadores a Boca, tenía una opción muy alta, por lo que era difícil que Boca me comprara. Cuando Bianchi supo que no iban a hacer uso de la opción, me agarró y me dijo: “¿Por qué no te esforzaste un poco más para que te compraran? ¿No te gusta esto? ¿No te gustaría ir a Europa?”. Y se decepcionó. Yo le dije: “Creo que no. Creo que mi lugar es el barrio y mis amigos y Vélez. A mí me gusta eso”. En realidad yo tenía una lesión en el talón y andaba infiltrado y no decía nada. Y jugaba lesionado. Encima me había apurado un barra a la salida del banco, que tenía el dato de que cobrábamos ahí y me dijo un par de cosas que me intimidaron. Ya me había pasado de tener una reunión con la barra ni bien llegué. Todo eso me sacó las ganas. Le conté todo eso y le dije: “Esto no es para mí”.

–¿Hay demasiada obligación en el fútbol de ser exitoso?

–Claro. Por eso lo de Messi es anormal. Que no se canse de ser lo que es y que lo critiquen me re calienta. “Pero en la selección no sé qué…”, dicen. Hermano, disfrutalo, que nunca más lo vas a ver en tu vida. Yo hice, creo, 40 goles en mi carrera. Y el tipo hace 50 por año. Hizo 600 goles. No te bancás 600 charlas conmigo, imaginate bancarte hacer 600 goles. Nadie tiene la obligación de ser exitoso. Pero acá si no ganás no servís para nada.