Pablo Vico

El entrenador que vive en su oficina hace más de dos décadas

Setenta y dos pasos. Esos son los que da todos los días hace veintidós años Mr. Home Office. Pablo Vico es un símbolo del ascenso, y en tiempos de trabajo en casa, el entrenador de Brown de Adrogué nos cuenta cómo es vivir dentro del club en medio de la pandemia.

La pandemia de coronavirus que tiene al mundo viviendo entre paréntesis hizo que muchas rutinas, por no decir todas, cambien radicalmente. Para no ir más lejos, el COVID-19 hizo que en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires el porcentaje de personas que empezó a hacer home office se incremente a pasos agigantados. Para muchos habrá un antes y un después. Para otros el nacimiento de un trabajo sin tener que pisar una oficina es el comienzo de la nueva normalidad. Pero para él esto no es nuevo. Al contrario. Este panorama es el mismo desde hace más de dos décadas. Porque en un fútbol argentino plagado de excentricidades, lujos y números estratosféricos, Pablo Vico nos enseña cómo es la vida de Mr. Home Office.


Uno, dos, tres, diez, veinte, cincuenta, sesenta, setenta, setenta y uno, setenta y dos. Cada mañana cuando se levanta, el hombre que vive en su trabajo hace la misma rutina todos los días hace 20 años. Son exactamente esa cantidad de pasos los que separan su cocina de la cancha del club al que llegó para no irse más. El Flaco tiene un monoambiente en el que conviven su habitación, su living, su comedor, su cocina y su sala para analizar videos de los rivales y de los propios. La cucheta y la otra cama que lo desborda, esa mesa redonda y el televisor completan el habitat natural del entrenador del ascenso que vive en la cancha del club que dirige.

Enganche habló con este símbolo de Brown de Adrogué, para que cuente cómo se conlleva la soledad dentro de la inmensidad de un club. Las tribunas vacías hacen que el silencio retumbe en la cabeza de un hombre que tuvo en la muerte de su hijo Cristian, hace cinco años (N. de R.: manejaba una camioneta cuando una banda de ladrones, que escapaba de un asalto, lo embistió para mandarlo a un hospital y luego quitarle la vida), el dolor más grande de su vida. Un dolor que derivó en un infarto, primero, y una depresión, después, que lo obligan a tomar doce pastillas por día.

–Noté en las últimas entrevistas que diste, sobretodo hablando de la cuarentena y tu salud, que estabas asustado con este tema de la pandemia. ¿Seguís así o ya estás más tranquilo?, ¿cómo la transitás?

–A ver, yo hace cinco años tuve un infarto y eso me da temor al ser una persona de riesgo, viste. Ahora, hacer lo necesario como para cuidarte, sí hago lo necesario para cuidarme, todo lo que requiere. Pero, a ver, si me pongo a mirar la televisión y ver los noticieros me pongo mal viste, digo “che, esto no”. Es como que por momentos no quiero mirar televisión, miro los canales de música, miro los canales de deportes, agarro mi computadora y me pongo a mirar trabajo, a mirar partidos de Brown para que se me pase un poco el tiempo, o me voy al gimnasio, pero también tengo que estar algo informado a ver qué es lo que pasa, si el pico viene bajando… y eso es como que te atemoriza un poco, viste. Yo acá, en la cancha, tengo doce camas en el buffet, ojalá que no sean utilizadas. Dicen que van a ser para los choferes de ambulancias cuando tengan que hacer trabajo doble turno. Vos te podés imaginar que si llega a venir un chofer o un enfermero, yo lo primero que tengo que hacer es irme a mi departamentito, me voy, urgente. Y claro que estás asustado. Yo creo que la mayoría estamos asustados, pero ojalá que esto no me invada a que me pegue muy mal y me deje durante todo el día pensando que algo me puede suceder.

–¿Salís a comprar o te llevan todo?

–No, no, a ver, mayormente le pido a mi hija y ella me trae. Me trae lo elemental te quiero decir, lo que necesito, que yogurt, que queso crema, que pan lactal, que un bizcochuelo; y después la comida la preparamos acá, yo no salgo prácticamente. El único día que salgo, ¡bah, salgo!, es cuando a veces estoy tan aburrido metido acá en el predio que agarro el coche, y con todos los recaudos necesarios me doy una vuelta por el centro de Adrogué. Al menos, yo que sé, en vez de ver las paredes de Brown veo un poco de gente, ¿entendés? Y los domingos cuando me invita mi hija para almorzar voy, tomo los recaudos necesarios, me pongo alejado de mi nieto, alejado de ellos, con una distancia de dos metros, con mi barbijo, con mi alcohol, viste, tomando siempre mis recaudos, que es el único momento que uno tiene de alegría, cuando vos podés compartir un rato, al menos dos o tres horas, con tu familia. Pero después viene la noche, viene la semana y te pone mal.

–Tu caso es único, no tengo que explicar por qué, hace veinte años vivís en Brown de Adrogué. ¿Cómo es vivir solo en un club? ¿Te asusta estar en un lugar tan grande o ya estás acostumbrado?

–No, al principio uno se podría asustar, pero yo vivo acá con el utilero, que tiene su lugar también. Somos dos. En un principio, cuando estaba solo, sí me daba miedo, había mucha oscuridad, no había tantas luces y bueno, a medida que fue pasando el tiempo eso se fue mejorando. Y ahora estar en el club es algo normal para mí, es algo muy normal, es mi casa y como tal la cuido y la respeto, pero igualmente yo tengo mi departamentito, pero mi departamentito es un monoambiente, antes de estar solo en ese monoambiente prefiero estar acá con el utilero, hablamos, charlamos, preparamos la comida, es otra cosa que estar viviendo solo.

–Decías que es muy triste la soledad, ¿cómo te sentís en la soledad? ¿cómo la llevas? ¿es lo que más te cuesta?

–Y, cuando llega la tarde noche, ahí es cuando uno se siente solo, se siente mal, es como que vos decís “¿qué hago acá en este cuadrado?”. Yo estoy acostumbrado a estar siempre con gente, a charlar, hablar, rodeado de mucha gente… y esta soledad a mí me mata. Estoy pendiente del teléfono, a ver si alguien me manda un mensaje, algo. Yo creo que en mi vida hice tantas notas como las que vengo haciendo en esta cuarentena. Acepto todas las notas porque me siento acompañado, charlo, hablo con ustedes, o cuando llega mi cuerpo técnico que saben que estoy medio bajoneado. Ellos vienen, están conmigo dos horas, charlamos de fútbol, hablamos, hago pasar el tiempo mirando en la netbook trabajos nuevos o miro partidos. Pero igual no es lo mismo que estar un rato con gente.

La casa y el club es lo mismo para Pablo Vico. Carlos Sarraf

–¿Creés que el mundo del fútbol se olvida de las personas? Porque vos sos un tipo que hace un montón que está en el fútbol y, obviamente, tu situación es distinta a la casi todos…

-(Interrumpe) No, mirá yo no me puedo sentir así. Honestamente te digo, yo no. Yo te podría mandar montones de cosas que me envían los hinchas de Brown, aunque no solo el hincha de Brown, el hincha de Temperley, de otros equipos, periodistas… No me siento solo y abandonado. Cuando me hago la cabeza es cuando llega la tarde noche y decís “¿qué hago ahora?”. Bueno, ocho y media, nueve, ya me voy a acostar y miro un rato de televisión, que a lo mejor estaba acostumbrado a otras cosas, a compartir un poco más el día, a salir un poco más con el coche, a estar en la casa de mi hija o visitar amigos. No, yo no me siento así, porque la verdad he tenido respuestas de muchos técnicos que me han llamado, porque se han enterado que yo estaba bajoneado, que estaba triste y eso para mí es importante. Quiere decir que vos en la vida estás haciendo las cosas bien y demostrás o tratás de hacerlo, que sos buena gente, porque si no nadie te llamaría, nadie te daría pelota.

–La pandemia hizo que haya un montón de “Pablos Vico” por ahí, personas que capaz están solas, que son de riesgo y no pueden ver a nadie por miedo a contagiarse, ¿qué consejos les darías desde tu perspectiva o experiencia personal para que se les pase el día más rápido?

–Yo me levanto a la mañana tipo nueve de la mañana porque ahora no tengo que hacer nada, sino en plena labor a las siete de la mañana yo ya estoy levantado, me pongo a limpiar mi departamento, desinfectarlo todo, limpio sobre lo limpio, desinfecto el baño, el lugar donde estoy prácticamente todo el día, estoy con el desinfectante tirando por todos lados. Después me meto en el gimnasio, cuando vengo del gimnasio empiezo a desayunar y a tomar mi remedio (N. de R.: toma 12 pastillas por día), después me pongo a caminar por el patio. Cuando llega la tarde noche ahí si me pongo a lo mejor a leer un libro, siempre hablando de futbol, o sino me pongo a mirar trabajos, o partidos de Brown para ver lo que se hizo mal para tratar de corregirlo en un futuro, esas cosas, pero igualmente no te llena, no te llena. Lo que tenés que tener es la tranquilidad de poder sobrellevar esto porque es muy difícil. No sé si soy quién para darte un consejo, tratar de tener la cabeza ocupada y no pensar en la soledad. Saber que esto en el día de mañana tiene que estar terminando, si nosotros hacemos las cosas como realmente corresponde, ¿no?

Vico en el patio de su casa. foto: Carlos Sarraf

–En estos tiempos, sobretodo en el fútbol en el cual todo es tan variable, tan fusible, vos hace veinte años estás en el club. ¿Qué te hizo o hace estar tanto tiempo en una misma normalidad?

–Hace veintidós años que estoy acá. Lo que me acercó a Brown fueron circunstancias de la vida, las cuales me han llevado a estar en la cancha de Brown viviendo, ¿no? Después de una separación yo vivía en una pensión, en la que ya estaba hace tres años y en aquel entonces, el papá del actual presidente del club Juan Vairo (N. de R.: Juan Carlos Vairo) hizo la concentración y me dijo: “¿Por qué en vez de estar en una pensión no te venís a la concentración a vivir? Te vas a sentir más acompañado, estás más cerca de tu trabajo…” y le dije que me parecía una buena idea. A partir de ahí, del año 1998, yo vivo acá en la cancha. Sí tengo mi sitio, un monoambiente chiquito en el cual cuando estoy en pareja me voy a mi departamentito, es algo lógico viste, el respetar siempre el espacio en el cual estás viviendo. Pero nada, yo que sé, estoy acostumbrado ya a todo esto.

A pesar de que la vida del bigote más conocido del ascenso parece estar vinculada únicamente al Tricolor de Adrogué hubo un Vico diferente antes de ser el Vico sinónimo de Brown. “Trabajaba en el Hospital Lucio Meléndez, vivía en una pensión lleno de problemas, como todo el mundo porque la plata no alcanzaba, tenía que estar estirando y comer una sola vez por día porque tenía que pagar el alquiler de la pensión o del sitio donde estaba viviendo, yo que sé, cuidándome de lo que iba a gastar porque la cosa se me hacía muy difícil. Yo de mi trabajo a la pensión donde vivía estaba a ocho cuadras, iba y venía caminando, después llegaba la tarde y me encerraba, escuchaba radio, a veces miraba televisión, era una persona normal”, recuerda del otro lado del teléfono.

Pero para este amante del fútbol esa vida no estaba completa hasta que le abrieron la puerta del club. “Por intermedio del presidente de Brown tuve la oportunidad de venir a trabajar acá al club. Pasé por todas las actividades: baby fútbol, escuelita, divisiones inferiores menores, mayores, interinato, hasta que me pude afirmar en una Primera División. Ya de esto van a ser doce años (NdeR: debutó en 2008, tras la renuncia de Juan Carlos Kopriva)”.

–¿Cómo fue la primera vez que te paraste frente a un grupo?

–Y viste, el saber que uno fue tomando la experiencia, porque yo también fui jugador profesional (N. de R.: fue jugador de Brown cuando militaba en la D). Tomé la experiencia de lo que me dejaron aquellos técnicos en esa época, que a lo mejor te tenías que estar actualizando porque el fútbol había cambiado, pero bueno, es saber cómo tengo que tratar a un chico, qué es lo que le puedo enseñar, qué es lo que vos podés demostrar de lo que vos sabés para que el chico pueda progresar. Vos no te olvides que yo empecé con baby fútbol y miraba a los padres exigirles a los chicos un resultado. Y para mí era más importante que el chico aprendiera para que pueda progresar en un futuro, porque todos veían un Maradona, viste, y yo digo “¿por qué tanta exigencia?”. O veía que retaban a un chico cuando perdía un partido, y yo en esa secuencia me metía y discutía muchísimo con los padres por ese emotivo. Después uno se fue preparando, me fui a estudiar, fui a aprender, fui a ver qué es lo que más podía dedicarle y darle a los chicos, y bueno así fui cursando hasta llegar a lo que era una Primera División.

–¿Por qué creés que se les baja ese mensaje a los chicos?

–No sé, será por la forma de ser del argentino. Nos creemos que somos superiores a todos, pero yo creo que este bichito que anda dando vueltas nos va a enseñar a que en el mundo somos todos iguales. ¡Basta de soberbia, basta de ser los mejores, somos todos iguales y hay que estar atento a ayudar al prójimo!. “El que sale segundo es un fracasado”, suelen decir, ¿por qué? Si yo hice una campaña espectacular siendo segundo, no se me dio un campeonato, bueno, mala suerte. Yo salí campeón en el 2015, en el quinto minuto adicional, y sabés cuantos partidos había perdido antes en los minutos adicionales. Entonces, si perdés dicen “éste no sabe nada”, y cuando lo gané soy un fenómeno, el argentino es así.

–Brown es un club que suele mechar chicos de inferiores que llegan a la Primera. ¿Cómo hacés para que los chicos no salgan contaminados con ese chip?

–Nosotros les damos la oportunidad a muchos chicos de que se puedan mostrar y verlos trabajar con la Primera, a ver si realmente se pueden adaptar. Vos cuando entrás a tamizar no quedan todos, a lo mejor te quedan para trabajar en el año dos o tres chicos. Bueno, a esos dos o tres chicos los vas trabajando y les vas enseñando lo que realmente vos querés que hagan en un campo de juego. Nosotros no le damos la responsabilidad al chico cuando un resultado no acompaña de tirarlo adentro de la cancha, todo lo contrario, yo hice debutar un chico de diecisiete años cuando le estábamos ganando a Ferro cuatro a cero, le digo “andá y entrá a la cancha y divertite hijo, hacé lo que hacés en los entrenamientos”. De esa manera vamos trabajando con el chico, hay veces que no te responden a la medida que vos pretendés, porque no es lo mismo jugar en divisiones inferiores que largarlo dentro una cancha con tres mil personas.

“Esto va a cambiar al fútbol profundamete”. Pablo Vico, DT de Brown de Adrogué fotos Carlos Sarraf

–¿Cómo hacés para ir adaptándote a los tiempos? ¿Cómo te actualizás? Porque el pibe que llega hoy a la Primera no es el mismo que llegaba hace diez años…

–No, pero yo creo que vos como entrenador te tenés que estar preparando. Yo arranqué siendo un profe, un ayudante de campo y hoy tenemos ocho personas en mi cuerpo técnico. En mi vida pensé que iba a tener un analista de video y trabajar con la neurociencia, y sin embargo, lo estoy haciendo. Hoy en vez de tener un profe tengo tres profes de gimnasia, en vez de tener un ayudante tengo dos ayudantes más. Somos tres técnicos, tengo entrenador de arquero, cuando antes el técnico entrenaba a los arqueros y les tiraba un par de pelotas para que vayan palo y palo. Hoy es completamente diferente, son todos trabajos cortitos, rápidos, bien estimulantes. Al analista de video le digo “a ver, analizáme el seguimiento de tal jugador, fíjate por qué no me rinde de la misma manera en un amistoso que en un partido por los puntos”. Hago reuniones a veces por zonas, zona defensiva, zona de volante y zona de delanteros, y yo en mi vida pensé que tenía que haber trabajado así.

–¿Cómo sos como líder para delegar el tema del poder? Porque teniendo ocho personas delegás muchas cosas, ¿te costó? ¿fue natural?

–Nosotros no trabajamos con soberbia, sino a través de la humildad, de hablar, de ponerle la mano en el hombro y explicarle qué es lo que realmente pretendemos que esta persona haga dentro del campo de juego. Yo para salir a buscar un resultado positivo durante un año primero tengo que formar un grupo, para formar ese grupo y tener un jugador primero tengo que saber, no que es un excelente jugador y que me va a hacer veinte goles por partido, sino si adentro del vestuario es buena persona. Sino me es buena persona no me sirve para nada y me rompe un grupo. Entonces, primero tengo que ver la calidad de persona que sos, qué es lo que me podés entregar y qué calidad de persona sos cuando te toca jugar y cuando no te toca jugar. Recién ahí podés jugar en Brown de Adrogué, si las condiciones que yo pretendo las reunís.

–¿Te pasó muchas veces de dar de baja a un jugador o de no elegir a un jugador porque no sumaba en cuanto a lo humano?

–Sí. Cuando quiero contratar a un jugador yo le pregunto a cinco o seis personas, técnicos que lo hayan tenido. Cuando no tengo buenas referencias yo lo dejo pasar, no me interesa traerlo, por más talentoso o necesario que sea para mí plantel.

–¿Cómo hacés ahora para bajarles un mensaje de tranquilidad a tus jugadores?

–Como lo hacemos en cada principio de temporada, yo me manejo así, así y así. Yo no les miento en nada a ellos, si vos le mentís al jugador las cosas no te van a ir bien. Ellos ya saben que esta situación que está atravesando el club va a ser muy difícil y que a muchos se le termina el contrato, y otros tantos van a quedar en libertad de acción. No le podés mentir al jugador porque detrás del jugador hay una familia. Ahora, si yo tengo veintiséis, veintiocho jugadores tampoco me puedo quedar con todos, por las condiciones en las que está el club. Hoy se están abaratando los costos a más no poder, yo no les puedo mentir, y cuando se estaba hablando para una renovación de contrato también se las comenté “muchachos, estoy tratando de hablar con el presidente para buscar una renovación de contrato. La cosa está muy difícil, no sólo para mí sino también para ustedes”.

–¿Cómo te imaginás el futuro en cuanto al fútbol?

–Yo creo que va a cambiar todo. Que no va a haber contratos exorbitantes, que tanto el jugador de fútbol como el cuerpo técnico nos tendremos que bajar un poquito a la Tierra y no pedir algo que realmente no se pueda pagar. Creo que esto cambió, no sé si para bien o para mal, pero cambió. Va a haber mucha gente desocupada, muchos técnicos desocupados, y yo me incluyo eh, porque pierdo cinco o seis partidos y me tengo que ir también. Esto va a ser muy difícil, yo creo que va a ser muy difícil.

–¿Te imaginaste algún día dirigiendo fuera de Brown? ¿lo pensaste?

–Claro. ¿Cómo que no? Lo he pensado. Ojalá pueda dirigir a Brown en Primera División. Estuvimos cerca dos años seguidos y perdimos en las semifinales. A mí me gustaría, como te dije en un principio, yo creo que este cuerpo técnico, no Pablo Vico, te estoy diciendo este cuerpo técnico está preparado para dirigir en Primera. Yo creo que las tres o cuatro oportunidades que tuve siempre se ha interpuesto gente de poder, de mucha plata, que ha traído su gente, entonces yo he quedado a la espera.

–En estos tiempos de pandemia se habla mucho del agobio del home office, de trabajar desde casa, del no descanso o la sobre exigencia. ¿Qué consejo le darías a la gente que lo hace por primera vez?

–Hay que saber marcar tus tiempos. Yo creo que es muy difícil viste, porque a lo mejor la confianza mata después al dirigente y cree que siempre estás disponible. La gente dice “Vico vive en la cancha, vamos a verlo…”. No, mi horario es de las nueve de la mañana a las doce del mediodía, después dejame tranquilo, dejame pensar, dejame hablar con mi gente para ver qué es lo que puedo diagramar para hacer mañana. El hecho de que Pablo Vico viva acá no significa que vengas a romper las guindas a cada rato.

–¿Te costó marcar esa distancia?

–No, porque me encierro y no le doy bolilla a nadie, y eso que acá en el predio siempre hay gente. Ahora, cuando uno tiene ganas de charlar un rato con la gente o tomar un poco de sol sí, salgo, charlo con uno, con otro. Pero yo creo que la gente también tiene que tener un cierto respeto, en el cual yo tengo mis tiempos y ellos tienen que saber cuáles son mis tiempos. Vos imagínate, yo un día después del partido, que vos me vengas a golpear la puerta del departamentito a las nueve de la mañana del domingo… no flaco, pará, tengo la cabeza comida, sabés lo que es dirigir un partido noventa minutos. Déjame pensar qué fue lo que hice mal, bien, déjame tratar de corregir, y déjame pensar qué le voy a decir al jugador al otro día sobre lo que hicieron bien y lo que hicieron mal.

–¿Qué cosas del Vico que recién arrancaba como entrenador mirás ahora y decís “qué burro, lo que hacía”?

–A ver, yo cometí y voy a seguir cometiendo muchísimos errores. A mí lo que más me costó, y he cometido errores ahí, fue cuando me tocó enfrentar un plantel con dieciocho jugadores y dar una charla técnica. Porque vos escuchás a la gente que dice “¿sabés lo que es esto para mí? Pan comido”. Yo quisiera verte meterte adentro de un vestuario y tener dieciocho jugadores que te están observando a ver qué es lo que vos vas a decir. Porque tenés que saber de qué forma te va a jugar el rival, cuáles son los jugadores que tenés que estar cuidando, cuáles son las condiciones de cada jugador, qué es lo que pretendés para contrarrestar. Me he equivocado en las condiciones de jugadores o en repetir a lo mejor una misma charla tres partidos seguidos y que el jugador diga: “pero siempre me decís lo mismo”. Ahora hago prácticamente tres charlas por semana. Hago la del día del partido, la del video y un repaso de motivación el día del partido. Son tres charlas, y antes hacía una y con un temor bárbaro a equivocarme.

–¿Cuánto te cambió la vida después de la muerte de tu hijo?

–La visión de la vida no, sí me cambió el carácter, la forma de ser. Hoy por ahí no soy tan tolerante, antes a lo mejor agachaba la cabeza y escuchaba, ahora no, ahora arranco enseguida en moto, ahí me cambió la vida.

–¿Estás enojado?

–No enojado, yo a lo mejor no tolero la traición, no tolero que hables a mis espaldas. Hay una sola persona que me puede llegar a calmar, es mi profe, nadie más, después no escucho a nadie, yo voy para adelante. Me voy a chocar con una pared un día de estos, terrible, pero bueno, ¿Qué va a ser? Es mi forma de ser, me cambió la vida en ese sentido y a veces me pregunto ¿Por qué me tocó a mí y no a vos? Todavía no le encuentro una respuesta a eso, estuve con psiquiatra, con psicólogos, pero cuando hablaban boludeces agarraba, me levantaba y me iba.

–¿Caíste en depresión?

–Sí, todavía estoy tomando pastillas para la depresión.

Pablo Vico en tiempos de coronavirus. Foto: Carlos Sarraf

–¿Cómo hacés para que la depresión no se meta adentro de tu discurso a la hora de hablar con los jugadores?

–Hay veces que si los resultados no se dan me bajoneo. Pero trato de salir adelante, viste, siempre con la ayuda de mi cuerpo técnico; hablamos, charlamos, vemos lo que se hizo mal, lo que se hizo bien y qué es lo que tengo que estar corrigiendo.

–Le decías a Mariano Verrina, de Clarín, cuando recién arrancó esta cuarentena, que esto es lo más parecido a cuando saliste de terapia, ¿te hace acordar este momento de encierro a eso?

–Sí, es verdad. Cuando salí de terapia yo no me movía de adentro de la concentración. Y eso que hacía treinta y dos grados de calor. De a poco fui saliendo y tomando un poco de sol porque estaba amarillo. Pero bueno, ahora es más o menos parecida la situación de estar encerrado tanto tiempo, pero como te dije al principio, ahora al menos agarro el coche y doy una vuelta manzana y miro a la gente. Está bien, no sube nadie a mi coche, pero algo tengo que hacer sino me voy a volver loco.

–¿Cómo te imaginás la primera práctica?

–No, no me la imaginé porque sé que el fútbol no va a arrancar hasta octubre, noviembre. No el fútbol, las prácticas. Y tengo que ver quiénes son los jugadores que van a quedar y con cuántos me voy a ver de nuevo. Pero va a ser algo muy lindo, muy hermoso. Abrazarlos no los voy a abrazar, pero sí los voy a saludar muy efusivamente; a los que quedan, claro.

–¿A qué le tenés miedo, Pablo?

–¿Y vos a qué le tenés miedo? La verdad…

–Y, dicen que todos le tenemos miedo a morir.

–Y yo estoy igual que vos. Te podés imaginar que yo le tengo miedo a la muerte, quiero seguir viviendo, no sé cuánto tiempo más, pero quiero seguir viviendo. No quiero que este bichito me mate, no quiero, quiero disfrutar un poco más a mi hija, ya perdí a mi hijo, quiero disfrutar un poco más a mis nietos.