Creer o reventar

El fútbol y sus prácticas esotéricas

El mundo del fútbol no esquiva la mirada cuando se trata de cábalas, supersticiones, ritos o prácticas extradeportivas que podrían llegar a colaborar con la obtención de resultados. Incluso, hasta los más escépticos, ante la duda, recurren a estas técnicas sobre todo en instancias cúlmines. Y dentro de la búsqueda de ese servicio adicional, Ángeles Ezcurra es la más solicitada.

Remitirnos a la etapa dorada de Carlos Bianchi en Boca simboliza un antes y un después en los hinchas xeneizes que, aún hoy, tienen presente la templanza del Virrey, la destreza de Juan Román Riquelme, el atino de Martín Palermo y el olfato certero tanto de Óscar Córdoba como de Roberto Abbondanzieri en las definiciones por penales.

Ingredientes que se complementaron y que dieron con una receta tan perfecta que, acaso, llegó a exponer los puntos más débiles de dos gigantes de Europa como Real Madrid y Milan. Y sin la necesidad de recabar tanto en el archivo, en la vereda contraria, los hinchas de River todavía disfrutan del liderazgo de Marcelo Gallardo, la solidez de Franco Armani, la ligereza de Nacho Fernández y, mantienen latente la percepción de Marcelo Barovero tanto como el recorrido de más de 80 metros del Pity Martínez en el Santiago Bernabéu. Pero hay una característica que logra casi lo imposible.

Asemejar a Boca y a River, incluso en estas épocas en las que se discute qué proceso fue mejor. Si el Boca de Bianchi o el River de Gallardo. Y, en el contexto actual, en el que pareciera importar poco cuál es el camino sino tan solo el resultado, el fútbol es tierra especialmente fértil para que germinen con un rol preponderante las cábalas y las creencias sobrenaturales o fuerzas vibratorias.

Ezcurra con Marcelo Gallardo. Foto de @angelesezcurra

Gracias a esta última consideración, Ángeles Ezcurra, sanadora espiritual, tal como se define, llegó al mundo del fútbol por primera vez a fines de 1997 con el llamado de Jorge Alves, asesor de Mauricio Macri y directivo de Boca por aquel entonces. “No tengo idea cómo llegan a mí. Me dijeron que tenía que limpiar. Primero hablé con Alves y después con Macri. No tenía idea de lo que pasaba porque de fútbol no entiendo nada. Pero cuando fui, sentí que el ambiente estaba muy pesado. Cuando entré al vestuario local, me quería morir. Había mucha santería. Vírgenes de todos los colores habidos y por haber. El deportista es muy cabulero”, dice.

A fines de ese año, Boca perdió el Torneo Apertura a manos del River de Ramón Díaz por tan solo un punto. Ni el triunfo en el Monumental con tantos de Julio Toresani y Martín Palermo fue suficiente para cortar una racha que ya llevaba 5 años sin títulos locales. “El recorrido se hace por todo el club. Se comenzó por el estacionamiento, pasamos por Casa Amarilla, el estadio de básquet, oficinas, cada tribuna y campo de juego. Se hace completo. Arrancamos a las 7 de la tarde y terminamos a las 8 de la mañana sin parar. Yo voy caminando y rezando. Mientras voy sintiendo como que me llevan de un hilo y mi cuerpo va absorbiendo las energías negativas que se acumulan en los ángulos de noventa grados. Voy irradiando una luz que va cambiando la energía negativa en positiva. Mi trabajo se hace con oración, que quede claro. Y con agua, aceite y sal. La sal recoge las energías oscuras, el aceite suaviza el ambiente y el agua limpia las mentes de las personas que están en el lugar. Por eso es importante y les pedí, que no me dejen nada cerrado”, afirma.

A pesar de esta advertencia, según Ángeles, en Boca cometieron el error de dejar cerrado el vestuario visitante para que el cambio energético no le favoreciera a los rivales. “Hay una ley que es de causa y efecto. Que no se salva nadie. Lo que le querés provocar a alguien, te va a volver a vos. Por eso les pedí que no dejen nada cerrado. Bueno, lo hicieron. Les dije que iban a perder en el próximo partido que tuvieran como local”. advierte. Casualidad o ley de causa y efecto, pero Boca el primer partido que disputó en la Bombonera por el Torneo Clausura de 1998 fue ante Platense y, el Calamar, logró una abultada victoria por 4 a 0. 

Ángeles explica que el trabajo que aplica en grandes estructuras como los estadios o en algunas más pequeñas como los hogares, no son más que recintos en donde indefectiblemente circula gente que permanentemente emana, según su estado de ánimo, distintas frecuencias. Por eso, sostiene que la “limpieza” también se debe hacer con las personas y, por consiguiente, con los planteles. “Yo le había planteado a los directivos armonizar a los jugadores. Pero el Bambino Veira (entrenador de Boca en aquella época) no quería saber nada de que se tocara al plantel, sobre todo a Maradona. Pero el trabajo en las personas es importante porque nosotros somos frecuencia y animamos a la materia. Creo completamente que todo se maneja desde el plano energético. Y desde el plano energético, uno puede ayudar. Después hay que ver qué planos hay a posteriori. En Boca no solo fueron los resultados. Se empezaron a realizar espectáculos y repuntó económicamente el club. Al levantar el campo vibratorio del lugar vienen mejores cosas, siempre”. Pero, insiste: “Siempre y cuando no hayas hecho nada para joder a otro”.

Ezcurra con Rodolfo D’Onofrio. Foto de @angelesezcurra

En términos futbolísticos, destacarse en algunos de los equipos grandes de la Argentina llama la atención en el resto del mundo. Más aún, cuando las consecuencias son significativamente positivas. Esto mismo, comenta, le sucedió en México, su país de residencia actual. “Cuando me vengo a vivir a México, un periodista del diario El Heraldo, escribió ´Un Ángel Limpió a Boca´, y ahí empezaron los llamados acá. Del América, del Cruz Azul, jugadores del Querétaro. Siempre me tuvieron como a la bruja que limpió la cancha de Boca”.

A diferencia de Argentina, en México muy pocos clubes tienen su propio estadio. Y en el caso del Club América, si bien el Azteca ha sido el escenario que históricamente utilizó en condición de local, no es de su propiedad. Detalle nada menor para el cambio de malas vibras. “Fui al Azteca pero les dije que no lo iba a limpiar. Porque por los vestuarios no pasan solo los jugadores del América. Pasan los de Chivas de Guadalajara, del Cruz Azul, del Pumas, etcétera. La mezcla de energías es aterradora. Porque cada quien le pide al santo que le gusta. Y eso es muy pesado para mí. Además es gigante, pero gigante mal. Imaginate que cuando limpié la Bombonera después dormí tres días seguidos porque el cuerpo queda muy debilitado. Lo que sí podía limpiar era la ciudad deportiva Xochmilco. Porque ahí están las canchas de las inferiores, la pensión, las piletas, las oficinas. Son cinco hectáreas. Era muy grande también. Pero cuando vi las dimensiones ya había aceptado. Hice el trabajo y también empezaron a ganar”, cuenta.

Corre riesgos de desperdiciar tiempo quien pretenda remar en el fútbol contra esta corriente torrencial llamada superstición. Por eso, el llamado de uno de los máximos rivales del club América no se demoró en llegar. Sin embargo, había algunos antecedentes que Ángeles no podía pasar por alto. “Cruz Azul me llamó pero no acepté hacerlo. Porque el estadio está hecho arriba de una cementera donde a los que morían los metían adentro del cemento. Me paré en la cima de una de las tribunas y empecé a ver muchos muertos pasar. Y encima al lado está la Plaza de Toros y ahí hay mucha sangre de animales. No lo acepté por mi cuerpo. No me meto toda esa porquería. ¿Sabés lo que es luchar contra tanto muerto?”.

Si bien reconoce que gracias a Boca logró mayor exposición para que la gente no subestime la espiritualidad, confiesa que tenía una deuda con su hijo, fanático hincha de River: “Cuando iba a Boca mi hijo me pedía que no fuera. Y un día me llamaron de River. Surgió así. Unos meses antes de los incidentes con el micro. Se comunicaron conmigo y yo justo estaba en Buenos Aires. El primer partido que fui, fue contra Racing por Libertadores. Me llevaron a la San Martín baja. Estaba con uno de los secretarios del club. Pero en River recé, no limpié. Aunque les suene raro puedo bloquear o desbloquear arcos. Ayudo a que la pelota entre o no entre a través de la oración”, sostiene.

Con Enzo Francescoli. Foto de @angelesezcurra

Lo cierto es que cada instancia de Copa avanzada, era un llamado nuevo desde la dirigencia de River para Ángeles. Es decir, la fórmula que sirvió de soporte para el exitoso ciclo de Carlos Bianchi, estaba a punto de ser parte del mayor logro en la historia del proceso de Marcelo Gallardo. “Para la final en Madrid yo ya estaba en México, pero se comunicaban conmigo. Yo recé enfrente del televisor, pero ya antes les había dicho que no se preocuparan que iban a ganar. Y así fue. Me preguntaban que quería, porque hay gente que pide cosas a cambio. Yo solo les pedí que compraran mi libro de espiritualidad ‘Y Si Te Animás A Cambiar’, para que se los regalaran a los jugadores”.

El fútbol no es una ciencia exacta, aunque muchos entrenadores se empeñen en dejar todos los cabos atados y bien amarrados. Influyen multitud de factores. Para algunos la suerte no existe y para otros hay que buscarla. Hasta la Selección argentina que fue campeona con Maradona en 1986, le imploró a la Virgen de Tilcara que se acordara de ellos durante la cita mundialista. Mito que tomó mayor repercusión por la presunta promesa de agradecimiento incumplida con la Virgen. Algo de lo que ninguno de los integrantes de aquel combinado se animó a desmentir con claridad. A raíz de esta versión de la historia, Ángeles opina: “Lo que le prometés a arriba, lo tenés que cumplir acá abajo. No prometas nada que no puedas cumplir. No digas nada que no puedas hacer. No falles a tu palabra. Son leyes espirituales que hay que obedecer. No hay castigo divino, no existe. Pero sí existe una responsabilidad de lo que uno hace o dice. Yo no soy Dios para decir si es por eso que Argentina no volvió a salir campeón del mundo. Pero sí creo, repito, en la ley de causa y efecto”.

Carlos Bianchi entre sus dos períodos, obtuvo nueve títulos. Mientras que Marcelo Gallardo lleva once. Si esos son los resultados, es preferible creer…