Saint George

El gigante que resistió las heridas de Etiopía

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La historia del club más grande del país africano refleja las cicatrices que su pueblo fue padeciendo a lo largo de su historia. Cambios de nombre, golpes, desgobierno y un eterno resurgir en la camiseta que porta el contenido de una nación en permanente cambio.

Por Nahuel Lanzón, especial para Enganche

Cuando hacia finales del siglo XIX las potencias europeas se repartieron el África entre ellas en el sentido más literal del término, sólo dos estados quedaron por fuera de su dominio: Liberia, vinculada a Estados Unidos, y Etiopía. Primero el Reino Unido y luego Italia, intentaron sobre finales de ese siglo colonizar ese territorio sin éxito. La primera guerra italo-etíope, desarrollada entre 1895 y 1896, encontró al imperio etíope victorioso, comandado en ese momento por el emperador Menelik II. Aquella proeza militar le valió a Etiopía su reconocimiento como un estado soberano por parte de las potencias europeas, que rápidamente empezaron a gestar vínculos diplomáticos con el país. La historia cuenta que fueron estos diplomáticos de carrera que viajaban a Etiopía y sus asistentes, en especial los italianos y británicos, los que llevaron consigo un nuevo pasatiempo que luego fue permeando a la población: el fútbol.

Etiopía e Italia mantuvieron relaciones diplomáticas pacíficas hasta 1935. Eran épocas de la Italia fascista de Benito Mussolini, que tras ver que los “intentos diplomáticos” por influir en Etiopía fracasaban, decidió atacar. Así, tras casi dos años de guerra, el emperador Haile Selassie fue depuesto. En su lugar asumiría el trono el rey Victor Emanuel III y ahora la nación pasaría a ser parte de la llamada África Oriental Italiana. Hasta el momento de la ocupación, el fútbol lentamente estaba pasando de ser un pasatiempo para extranjeros a fusionarse cada vez más en la amalgama local. Un año antes, en 1935, un combinado etíope derrotaba por 3 a 1 un combinado de soldados franceses. Aunque la mayoría de los jugadores eran refugiados europeos o asilados (los tres goles fueron convertidos por un armenio), los etíopes sintieron esa victoria como “propia” y para muchos historiadores, esta es oficialmente la primera victoria de un equipo nacional. Ese mismo año nace el Saint George SA, un club netamente local fundado en el barrio de Arada de la capital Addis Ababa.

La invasión italiana alteró la ecuación por completo: se prohibió que los etíopes practiquen cualquier deporte con ciudadanos europeos. Y la policía amedrentaba y desalentaba cualquier encuentro que pudiera surgir. Incluso se llegó a crear la “Oficina de Deportes para los Índigenas”, que decidía cómo y cuándo los etíopes podían practicar cualquier actividad deportiva. En este contexto, el Saint George debía jugar sus partidos en la clandestinidad, contra equipos formados por inmigrantes que desearan arriesgarse a la ilegalidad de jugar al fútbol contra la población local. Así, de a poco, el club se fue volviendo mas conocido entre los etíopes. En medio de una invasión extranjera que intentaba negar la identidad, un club surgía para resistir esos ataques: era el club de la resistencia.

El Saint George también resistió los intentos de los invasores italianos que buscaban su destrucción a toda costa. Primero, con la fuerza pública. Luego, cuando vieron que esto no daba resultados, con intentos mas simbólicos. Así, por ejemplo, el club fue obligado a cambiar su nombre a Littorio Wube, junto a otros equipos locales. El que nomina, domina. Tesis antigua pero aún efectiva. También se creaban equipos entre los soldados italianos más fuertes para obligarlos a jugar contra ellos y perder, como una forma de derrumbar la moral de los etíopes, que veían en este club un símbolo de su lucha contra la ocupación. Humillarlos era también humillar ese ideal. 

Finalmente, el pueblo etíope resistió la ocupación italiana, que duró relativamente poco. En 1941, Haile Selassie pudo retornar a su país y gracias a una ofensiva militar recupera el control de Addis Ababa. Un año después, el Saint George (ahora con su nombre recuperado), derrotó a un equipo italiano local llamado Fortitudo en un torneo junto a otros equipos de inmigrantes. Esto fue visto como la segunda victoria etíope sobre los italianos.

Ya con Haile Selassie nuevamente en el poder se creó en 1943 la Federación de Fútbol Etíope y se comenzaron a organizar los primeros torneos oficiales. El Saint George era uno de los dos equipos locales que participaba en la mayoría de ellos. El otro era el equipo del ejército. El resto de los clubes seguían siendo principalmente conformados por extranjeros. Así, los resultados que obtenía el Sanjaw (como se lo conoce al club coloquialmente) eran vistos como un triunfo del pueblo etíope sobre otras naciones.


El auge del fútbol en el país se da en la década del ’60, cuando la selección nacional, bajo la dirección técnica de Yidnekatchew Tessema (uno de los primeros jugadores del Saint George y según muchos, el padre fundador del fútbol etíope), obtiene el Campeonato Africano de Naciones de 1962. El logro se llevó adelante tras ganarle la final en suelo propio a la República Árabe Unida, que era la unión de Egipto y Siria. Subido a ese impulso, el Saint George ganó luego tres ligas seguidas entre 1966 y 1968, aumentando así su popularidad.

La década del ’70, sin embargo, iba a volver a ver a Etiopía sumida en la inestabilidad y el Saint George no iba a ser indiferente a la misma. Una feroz hambruna, sumada a los conflictos persistentes entre las distintas regiones, fue el desencadenante final del gobierno de Haile Selassie, que fue depuesto por el Derg (“comité”), un gobierno militar de retórica socialista.

El fútbol no escapó al afán colectivizador del Derg, que intentó hacer una reestructuración total de ese deporte. En un primer momento suspendió a los clubes originales para crear otros nuevos en su lugar, asociados a estructuras del estado tales como industrias, ministerios o las fuerzas armadas. El Saint George en un principio mantuvo su status, pero a los pocos años la lucha volvió a comenzar, cuando el Derg decidió cambiar su nombre a Addis Ababa Brewery, en referencia a las destilerías de la zona de su fundación. El club fue alternando entre ambos dos nombres de forma intermitente, en una historia que parecía volver a repetirse, hasta la caída del Derg en 1991.

Las vicisitudes del Saint George no se relacionaban solo con una cuestión meramente nominal. En un contexto de represión y con las libertades individuales cercenadas, el fútbol comenzó a volverse un campo de batalla simbólico. Así, los aficionados del club y otros equipos “civiles”, encontraron en los cantos en el estadio una forma de expresar su descontento con la situación política del país. Y cada victoria ante equipos vinculados al ejercito, y por tanto al Derg, eran vistos como un triunfo sobre el gobierno. Si esto sucedía, era normal que los partidos finalizaran con incidentes entre los espectadores y la policía, enojada por el resultado de su equipo. En contrapartida, se cuenta que cuando el resultado era negativo para los equipos civiles hasta los taxistas de la ciudad demostraban su descontento impidiendo que policías o militares usaran sus servicios como modo de protesta. Estos ejemplos solo muestran apenas la superficie de un hecho mas profundo socialmente: la resistencia había vuelto a surgir.

Las dos décadas que duró el gobierno del Derg fueron inestables política y económicamente para Etiopía. Con el país sumido en una guerra civil que duró ese mismo lapso, las consecuencias humanitarias gravísimas que ya afectaban a una muy golpeada sociedad no hicieron más que acrecentarse. Finalmente, en 1991, la caída de la Unión Soviética aceleró también el final del gobierno, que fue derrocado por el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), partido que hasta el día de hoy sigue gobernando. Ese mismo año, el Saint George recuperó su nombre definitivamente y desde esa década es el club más exitoso del país, al haber ganado veinte ligas de las treinta ligas disputadas desde ese momento.

La masa de aficionados, sumada al apoyo gubernamental y de algunos de los empresarios más importantes de Etiopía, dotó al club de recursos que otros no poseen. Y si antes el Saint George rivalizaba con el Mechal, el equipo del ejército, ahora lo hace con el Ethiopian Buna Sports Club, un equipo que surgió durante los primeros años del Derg vinculado a los exportadores de Café. Con la salida del régimen, los empresarios privados de ese sector tomaron a ese club como propio y lo dotaron de recursos que, sin alcanzar los del Saint George, le permiten hasta el día de hoy mantener salarios de futbolistas por encima de la mayoría de las ligas africanas.

El paisaje del fútbol etíope está cambiando en los últimos años. Se le está dando mayor visibilidad local a la liga, y los equipos de las distintas regiones del país están empezando a ganar notoriedad, rompiendo la tradición centrada en Addis Ababa. Este cambio en la identidad de algunos clubes, más enfocados en las distinciones tribales y las disputas con la capital, será un factor a analizar en los años venideros. Pero el Saint George siempre mantendrá en su historia las heridas de un pueblo que resistió y resiste una existencia atravesada por dificultades y por lucha. Quizás eso explica la decisión tomada a comienzos de este año, cuando el club decidió pasar a ser propiedad exclusiva de sus aficionados mediante la venta de acciones sólo para los socios, con una recaudación de casi un millón de dólares. Al fin y al cabo, las marcas que lleva no son meramente simbólicas. Son las heridas reales de la resistencia que sus propios hinchas ejercieron en los momentos de mayor opresión.