Alexander Medina

El guerrero de la convicción

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Soñaba con dirigir en la Argentina y, a los 41 años, Talleres de Córdoba le abrió la puerta. En Uruguay, como futbolista, dejó una huella que le valió el apodo de Cacique, hoy como DT se sostiene bajo ese perfil y le cuenta a Enganche cómo, según su entender, debe formarse un equipo.

El contraste entre la calma que había dejado en Salto y la vibración de Montevideo lo introdujo en un espiral. A los 17 años, Alexander Medina migró desde el fútbol amateur del interior al profesionalismo instalado en la capital y la competencia sudamericana. El siguiente capítulo fue más áspero: tuvo que curtirse en el ascenso uruguayo, en el que estuvo por disolverse el futbolista en formación. “Eran años de jugar poco y que las cosas no me salieran bien”, repasa. Julio Ribas, entrenador de la selección de Gibraltar, le cambió la mentalidad. Se ordenó y fue goleador del torneo oriental en dos ocasiones consecutivas, primero con Liverpool y después con Nacional. La etapa en España la transitó en paralelo con un complejo problema de salud que aquejaba a su padre y que resultó un condicionante adentro de la cancha para él. Regresó a Uruguay, se fue a Chile, cruzó a Buenos Aires y volvió a la otra orilla del Río de la Plata para gritar los últimos goles, tomarse un año de descanso y empezar a dirigir.     

En el tono pausado y reflexivo del entrenador de Talleres de Córdoba es difícil encontrar al hombre que antes de un clásico entre Nacional y Peñarol firmó el decálogo de un fútbol guerrero. A cada respuesta la antecede un silencio que es el breve prólogo de las ideas que enhebra con palabras precisas. En la construcción de sí mismo, a los 30 años ya se había recibido de técnico y tenía en claro que ése era su futuro. “Sobre todo en los últimos años jugaba con cabeza de entrenador, me comportaba en la cancha como tal”, resume.

El hombre que desde hace unos días atesora la gorra que le regaló Diego Maradona, que reconoce que se alimenta de la competitividad, que surfea en la adrenalina de saber que cada fin de semana se exige un triunfo y que se fortalece desde la toma de decisiones que marcan pautas. Ahí está parado el Cacique Medina, a los 41 años, uno de los conductores del fútbol argentino.

–El fútbol argentino, ¿es un destino aspiracional para quienes están en el torneo uruguayo?

–Es cierto que esta liga es a la que más atentos estamos, porque consumimos el fútbol argentino desde que somos chicos. Yo seguía lo que pasaba con Francescoli. Resulta entonces un fútbol de referencia para nosotros y por eso hoy estar acá es un disfrute y una capacitación constante. Era una meta dirigir en la Argentina.

–Parecería que en los últimos años a nivel selección eso se invierte y en la Argentina quisiéramos parecernos más a Uruguay.

–En Uruguay se hicieron muy bien las cosas a partir de un proyecto iniciado desde las juveniles, que ya lleva más de diez años con Tabárez al frente de la mayor. Hay una armonía importante, con una muy buena base de jugadores que permite un recambio constante. Seguramente Uruguay se haya convertido en una referencia para varios países. La selección es una isla adentro de nuestro fútbol, totalmente distinta a la problemática que viven los clubes. A nivel de selección damos una imagen que no tenemos en los clubes, en los que no se gana una Copa Libertadores desde 1988.

–¿Hay un cariño no correspondido de Argentina hacia Uruguay?

–No creo que sea así, siento que hay muy buena química entre los argentinos y nosotros. Claro que hay diferencias, pero no me parece que sea lo más fuerte de ese vínculo. Estuve en Argentina dirigiendo y también pasé por acá como futbolista, tuve compañeros argentinos y las relaciones siempre fueron muy buenas. 

–Para los entrenadores de fútbol profesional, ¿es más importante el liderazgo o lo que puedan enseñarles a los jugadores?

–Las relaciones humanas, el manejo de situaciones y la gestión individual y grupal de las personas tiene un porcentaje mucho más alto a la hora de estar en esta profesión que una ejercitación. Obviamente es necesario tener mucho conocimiento, estar actualizado, elaborar una buena metodología de trabajo y desarrollar capacidades para trasladarles a los jugadores conceptos tácticos y técnicos. Pero el factor humano es clave. El futbolista tiene un plus a la hora de competir si cree en vos. Los entrenadores exitosos, más allá de la capacidad de trabajo que logran, tienen una altísima cuota de liderazgo y de cómo llegarles a los jugadores. 

–¿Hay lugar para que a un técnico le duela tomar alguna decisión?

–Estamos para decidir en distintas cuestiones, desde la más pequeña hasta dejar a un jugador de trayectoria afuera de un partido o comunicarle que no va a seguir en un determinado proyecto. Lo importante es ejecutar con convicción: necesitás ser vos mismo a cada paso, sin detenerte en el modo en que te van a juzgar. Siempre habrá alguien a quien no le guste lo que hacés, o pueden ser incluso muchos, pero cada paso tiene que estar dado desde el convencimiento pleno.

–¿Cómo fue la infancia en Salto?

–Tuve una niñez feliz, en una familia de clase media en la que mis padres siempre me inculcaron valores, me contuvieron y apoyaron mis pasos. En lo material, había cosas que faltaban pero no necesidades.

–Cuando mira hacia atrás, ¿qué ve de sus comienzos en el fútbol?

–Mi primera experiencia como profesional, después del fútbol amateur en Salto, fue en Huracán Buceo. Me resultó difícil adaptarme al profesionalismo, a los entrenamientos, a la conducta que se debía tener. Hubo momentos de dudas, de no saber si podría. Todavía no era tarde pero tampoco una edad temprana cuando comprendí que debía cambiar mi mentalidad. Asumí que no podía hacer las mismas cosas que el resto de los jóvenes de mi edad, que necesitaba dedicarme al fútbol por completo, prestarle atención a mi alimentación y descansar como correspondía. Desde entonces pude lograr un lugar en el fútbol.

–Quedó marcado…

–Esta es una profesión que hace que tengas que vivir por y para el fútbol. El futbolista que hoy quiere trascender no puede darse licencias en lo que hace a sus cuidados. Y los entrenadores no debemos dejar de actualizarnos y crecer en el liderazgo que se necesita para guiar a un grupo compuesto por las particularidades de cada persona.

–¿Qué representa Oscar Washington Tabárez?

–Es el Maestro, siempre lo fue para nosotros. Tuve la oportunidad de charlar con él en algunas ocasiones en el predio de la AUF y cada intercambio me dejó una enseñanza. Es un hombre que sabe perfectamente cómo debe manejarse un conductor frente a los jugadores y por eso hace hincapié en la credibilidad que necesita tener un técnico ante sus dirigidos. Él ha sabido fortalecer ese vínculo como muy pocos.

–¿Cómo era Gallardo en sus primeros pasos en la dirección técnica?

–Cuando se retiró y tomó el equipo como entrenador yo me incorporé como refuerzo y con el tiempo me puso como capitán. Teníamos mucho diálogo, a mí me interesaba saber de las tácticas y las formas de entrenamiento. Tuvo en su primer año un crecimiento llamativo, una enorme evolución que hizo que en el segundo semestre ya diese muestras de ser un técnico diferente. Se le notaba casta y perfil para trascender como técnico; sabíamos que estábamos ante un gran entrenador.

–En la Argentina jugó en Arsenal, ¿se encontró con algo muy distinto a lo que había recogido en aquella etapa?

–Pasó bastante tiempo desde ese momento a este, de aquel paso como jugador a la actualidad como técnico. Nosotros en Uruguay estamos muy relacionados con el fútbol argentino, lo consumimos mucho; por eso siempre estamos al tanto de lo que pasa acá. Como futbolista y como entrenador me había tocado enfrentarme a equipos argentinos en la Copa Libertadores. Pero, desde adentro, me llamó poderosamente la atención lo competitivo que es. Todos los partidos son complejos, con una línea muy fina entre ganar o perder, con adversarios que siempre tienen con qué hacerte daño. Es una liga muy interesante, que te hace crecer porque te obliga a pensar mucho y a planificar cada detalle.

–¿Cuesta salir de la burbuja del deporte profesional?

–Ser futbolista, o entrenador, te hace conocido y eso da beneficios. Pero siempre hay que darse una vueltita por el pasado y recordar cada paso de todo el camino recorrido. Hay que tenerlo bien presente por los hijos, que tienen todo a mano, aunque deben saber que las cosas cuestan. Cuando uno conduce un grupo es importante hablarlo con los jugadores.

–¿El fútbol le quitó algo?

–Después del colegio secundario, no me preparé para otra cosa que no fuera el fútbol; jugar primero y dirigir después. En mi cabeza estaba ser abogado, pero hay tiempo y seguramente lo podré hacer.        

–¿Cómo está en Córdoba?

–Muy cómodo y ya instalado con mi familia, con mi mujer y mis hijas. Disfrutamos la vida diaria. Es una linda ciudad, que la encuentro parecida a Montevideo, y la gente es muy dada para lo que se necesite. Es importante que el lugar en el que uno vive le resulte agradable. Estoy feliz de estar acá y de trabajar en el fútbol en este lugar.