Pablo Chacón

El mendocino que se subió al podio con Mayweather

Pablo Chacón compartió la medalla de bronce con el crack estadounidense en Atlanta 96. Se retiró a los 30 años porque casi perdió la vista en el ring.

En Mendoza aseguran que un pibito que juntaba cartones a caballo, y que recorría kilómetros para buscar un tacho con agua potable, alguna vez logró ser mejor que Floyd Mayweather Jr. Según dicen, en Las Heras vive un paisano que tiene la misma medalla que ostenta el megacampeón mundial de boxeo. Y así podríamos seguir juntando susurros. Pero no hace falta, porque todo lo que dicen es verdad. Pablo Chacón, ese hombre que hoy dicta clases de boxeo gratuitas, y que vive de un sueldo municipal, logró ser campeón mundial pluma por dos años. Sin embargo, se ganó el reconocimiento de toda la provincia por un logro que se festejó a grito pelado. En Atlanta 1996, Chacón ganó la última presea del pugilismo argentino en un Juego Olímpico. Las fotos y las filmaciones que están colgadas en Youtube no dejan mentir: terminó al lado de la estrella estadounidense. “Fui mejor tercero que Mayweather, es verdad, ja, ja. Compartimos el tercer escalón del podio de la categoría pluma, porque los terceros puestos no se disputan. Pero por casualidad terminé más arriba que él”, dice Chacón, que mira el pasado con ojos nublados por la nostalgia y por los golpes que le dañaron parte de la visión. Se retiró del boxeo profesional a los 30 años, por culpa de haber sufrido un doble desprendimiento de retina. Pero esa es otra historia. Mejor volver al bronce, esa presea que solo la exhibe para algunas fotos y enseguida la vuelve a guardar dentro de un bonito maletín.: “En Atlanta yo perdí en semifinales con el tailandés Somluck Kamsing, quien luego le ganó la final al búlgaro Todorov. Entonces, como perdí con quien fuera campeón, salí mejor tercero. Por una cuestión de suerte lo fui. Igual si me tocaba enfrentar a Floyd, me ganaba. A él lo robaron en esos Juegos. Ya era el mejor de todos”.

–¿Es lo máximo el boxeo de Mayweather o viste mejores?

A mi me gustó el Mayweather Jr. de los primeros seis, siete años. Siempre fue muy difícil pegarle, pero en esos inicios era más ofensivo. El de los últimos diez años de profesional no me gustó. Era excesivamente defensivo. En los Juegos Olímpicos, ya mostraba mucha velocidad de piernas, era rápido, potente, daba el paso atrás enseguida. El era la figura del equipo estadounidense. Yo lo vi en vivo, y sigo convencido de que en la semifinal con el búlgaro lo robaron. Arrancaron el tercer round empatados 5 a 5, y le sumaron 3, 4 puntos al búlgaro que no existían. Mayweather Jr. conectó varios golpes que no se los contaron nunca.

–¿La base está en el boxeo olímpico? ¿Los verdaderos fundamentos están ahí?

Hacer un ciclo olímpico es lo ideal. Yo siempre apunto a que mis boxeadores lleguen a la Selección porque se foguean a nivel internacional. Es raro que un boxeador haya sido medallista olímpico y luego no haya logrado ser campeón mundial. Yo noto que todos los chicos en la Argentina quieren ser campeones mundiales y no campeones olímpicos. Eso es porque el profesionalismo está muy arraigado. Pero se necesita un referente que inspire a los pibes a seguir el camino olímpico.. Eso es lo que le hace falta a la Argentina. Ojalá que se corte esta mala racha, porque el año que viene se irán a cumplir 25 años sin un podio en los Juegos.

–Por qué se recuerda tanto tu medalla? ¿Porque es la última, por la paradoja de lo que pasó con Mayweather? 

Es raro lo que pasó, tal vez sea un poco de todo. Pero esos Juegos fueron fatales para la delegación argentina. Se lograron solo tres medallas. Y una fue la mía… Carlos Espínola fue plata en windsurf, pero no tuvo mucha prensa porque el deporte no tiene difusión. Un día antes de mi conquista, Argentina perdió con Nigeria la final en el fútbol. Cuando los jugadores fueron al podio, se sacaron la medalla y se la guardaron en los bolsillo, como despreciándola. El periodismo y la gente vio eso. Y me reconoció más a mi. 

–¿Vos lo viviste como un oro?

Para todo el boxeo argentino fue como una medalla de oro. En todo el país la gente ya me conocía y se había conmovido con mi historia. Porque TyC Sports le pidió las imágenes de mi casa a Canal 7 y Canal 9 de Mendoza. Y antes de cada pelea mía, mostraban como la gente se amontonaba en mi casita del campo, a ver mis peleas. Todos vieron cómo a esos tipos millonarios del fútbol les chupó un huevo la medalla. Y que un pibe humilde, que vivía con gallinas, perros, caballos en un rancho, era el más feliz del planeta.

–Luego de los Juegos Olímpicos te hiciste profesional y fuiste campeón mundial en 2001, pero con un reinado corto. ¿Sentís que podrías haber hecho mejor carrera?

Estaba catalogado entre los mejores plumas del mundo, pero la verdad es que no pelee con los clases A. Estaban los mexicanos Marco Antonio Barrera, Erik Morales, Juan Manuel Márquez, y el inglés Naseem Hamed. Me quedé con esas ganas, porque me tocó perder con un rival que en teoría no me podía ganar nunca (Nder: se refiere al inglés Scott Harrison). Fui irresponsable y me costó dar el peso en esa pelea. Si ganaba ese combate, iba a unificar el título con Barrera. Osvaldo Rivero tenía avanzadas las charlas para unificar.

–¿La disciplina es más importante que el talento?

Es un combo, pero para boxear primero tenés que ser un gran atleta, ser un gran profesional, no tomarte esos recreos. Yo le pude ganar el título del mundo de visitante al húngaro Istvan Kovacs, que venía de haber sido un campeón olímpico en Atlanta, en una categoría menor. Estaba invicto en 20 peleas, Era una gran promesa. Eso demuestra que pude haber hecho más. Pero no. Por eso yo digo que fui uno más. No fui un gran campeón. Si hubiera llegado a pelear con algunas de las estrellas de ese momento, tal vez. No es que me tiro a menos. Fui campeón mundial, es cierto, pero no fui un grande del boxeo. Me faltaron esas peleas de las que hablé.

–Te retiraste joven, cuando todavía tenías cartuchos para usar…

El 2 diciembre de 2005 fue mi última pelea. Enfrenté al puntano Algañaraz, en el Luna Park. En el segundo round lo tiré. Y en el cuarto sentí que se me nubló la vista, como si tuviese una lagaña, veía borroso, pensaba que me había entrado vaselina. Entonces cuando llegaba al rincón le decía a mi entrenador que tenía la vista nublada, que me echara agua. Peleé ocho rounds sin ver. Y gané igual. El error mayor, por irresponsable, e ignorancia, fue no ir al médico. Entrené dos meses más. Veía destellos, cada vez era peor. Hasta que me hice ver y se descubrió lo que tenía. Doble desprendimiento de retina. Me operé en Buenos Aires. Unos días más y me quedaba ciego. Hoy uso anteojos. Y ya me acostumbré a no ver bien. El ojo izquierdo me quedó afectado. Yo estaba para más, de hecho, me retiré a tres meses de pelear con la Hiena Barrios por el título mundial. Esa pelea iba a ser el 25 de mayo de 2005 en Mendoza. Hubiese estado linda.

–Después de Reveco y Barros, ¿puede venir otra camada pugilística en Mendoza?

Hay buenos proyectos. Están esperando su momento. Uno que sobresalió es Kevin “El Diamante” Muñoz, quien es campeón mundial juvenil y tiene el título sudamericano. Además tengo un peso mediano, que está invicto en siete peleas. A Yanina Orozco, una welter que peleó en Bulgaria. Y varios más. En total son trece boxeadores profesionales. Busco seguir el camino de dos maestros como Don Paco Bermúdez (hacedor de Nicolino Locche), y Diego Corrientes. Yo soy el último exponente del Mocoroa Boxing Club, esa meca del boxeo que cerró en 1992. Luego hice toda mi carrera junto a Ricardo Bracamonte, discípulo de Bermúdez. Por suerte tuve a los mejores entrenadores. En la Selección me pulió el cubano Sarbelio Fuentes. Aprendí de Carlos Tello y trabajé cuatro años con Amilcar Brusa, el entrenador de toda la vida de Carlos Monzón.

–Cuál es tu forma de enseñar?

El buen estilo, la estampa, el buen boxeo, la izquierda, el gancho al hígado, eso enseño. Intento que no se corte esa cadena, ese ADN del boxeo mendocino. Un boxeador tiene que estar preparado, entrenado, y estar bien complementado. Tiene que tener escuela, una buena defensa. Vemos ataque, defensa y contragolpe. Pero cuando entran al gimnasio, lo primero que le enseñás es la coordinación y los movimiento defensivos. Antes que bloquear es más importante esquivar, hacer cintura. La mano debe estar adelante, el jab en punta, esa es la esencia de la vieja escuela mendocina.

–Pegabas muy fuerte con la zurda, tal vez más que con la derecha ¿Algo para decir? 

(Sonrisas) Es que, te digo la verdad, yo era zurdo. Mi papá, que fue boxeador, me enseñaba como zurdo. Pero cuando llegué al Mocoroa a los 13 años, me topé con Don Paco Bermúdez, al que no le gustaban los zurdos. Así que le dijo a Bracamonte que me parara de derecho. Me pararon con el pie izquierdo adelante, el guante debajo de la axila y empecé a tirar la izquierda como jab de apertura. 

–Qué loco, tus rivales esperaban la derecha, pero tu mano más potente era la otra…

Exacto, la izquierda era la más potente y habilidosa. El gancho de izquierda al hígado y en cross. Esto no se sabía en esa época. Era mi arma secreta. Tuve la suerte que con esa mano tenía pimienta. Por ejemplo, Lucas Matthysse también tenía una muy buena izquierda, noqueó mucho así. Son mañas que marcan la diferencia. 

–Esa viveza te la dio la calle…

En la calle te hacés duro.Yo siempre digo que todas las historias del boxeo son humildes. Fui muy pobre, humilde, pero tuve una niñez e infancia hermosa. A los 10 años empecé a trabajar. Íbamos a cazar liebres, avestruces, con amigos. Era una zona rural. Vivíamos en el barrio cooperativa La Amistad. Íbamos a un kilómetro a buscar agua a una finca. No teníamos luz, gas, ni agua. Eramos cinco hermanos. Roxana, yo, Enrique, Javier y Vanesa. Hice todos los trabajos: fui ayudante de plomería, de albañilería, juntaba escombros, hacía envíos para verdulerías y carnicerías. Hasta que entré a la Selección, con 17 años. Ahí salí de ese lugar. Y con los años pude ayudar a toda mi familia. 

La charla sigue y se detiene en la pensión de Chacón. El mismo la creó para echarle una mano a los que la pelean desde abajo. Tiene seis boxeadores de distintos puntos del país viviendo en su gimnasio. Les compra carne molida y verduras, con la promesa de que ellos busquen changas y entrenen duro. Los boxeadores viven en planta superior de su gimnasio en Molinero Tejeda 1498. “Tengo boxeadores que viven acá, es cierto. Son de Mendoza, San Luis, Misiones y Río Negro. Me contactaron por redes sociales, en busca de una oportunidad. Y yo los entreno, porque quiero ayudar, y a ellos les viene bien. Porque aprenden, se foguean, y hacen experiencia para llegar lejos. La Municipalidad me da una mano, yo soy empleado, y uso esos recursos para desarrollar el deporte. Quiero que ellos sean algo en la vida. No necesito dinero para ser feliz. Quiero ser un gran entrenador. Por eso en mi gimnasio viven estos pibes. Somos una gran familia. Y yo me siento bien, porque le estoy devolviendo a la vida todo lo que me dio”, cuenta. ¿Quién se anima a decir que esté campeón no es mejor que Mayweather?