BOXEO

El mentor de una Maravilla

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Extravagante. Así es el personaje que estuvo detrás de un campeón del mundo como Sergio Martínez. Su tío: Raúl Paniagua.

Hace unos veranos en Villa Gesell, Raúl Paniagua, tío y mentor de Sergio Maravilla Martínez, develaba el misterio sobre por qué el ex campeón mundial de los medianos peleaba con las manos abajo, sin una guardia convencional como la media de los boxeadores. Uno de los asistentes a la charla se levantó y le dijo: “Todo bien, maestro, pero eso no es seguro. Para hacer una carrera, tenés que cubrirte la cara”. A lo que Paniagua respondió: “Disculpe señor, pero el boxeador que mejor defensa tuvo en la Argentina fue el que más veces peleó con las manos abajo: se llamaba Nicolino Locche, le decían el Intocable”. 

La anécdota es recordada porque Paniagua es un entrenador estrafalario, que rompe el orden establecido, sale de lo convencional. Cuando el común denominador habla de golpes, de potencia, de ataque, él elige otro camino: enseña y hace un culto de la defensa, resignifica el valor del truco (la gambeta del fútbol) e insiste con una idea de boxeo psicológico, que desmoraliza al rival de turno.

–¿Es tal como se dice que usted, junto a su hermano Rubén, formó a Maravilla Martínez?

–El boxeador hace al entrenador, no el entrenador al boxeador. Hay púgiles tan buenos que son capaces de resistir hasta una mala enseñanza. El boxeador no tiene que hacer nada que yo necesite. Tiene que hacer lo que él necesita. Yo no le puedo dar ganas a nadie. Los entrenadores podemos estimular, y decir: “Usted quiere llegar, yo no”. “Usted debe romper los límites”. “Usted debe comer sano”. “Usted debe descansar”. Un deportista necesita esa gasolina que se la da el entrenamiento, los buenos hábitos, pero ningún técnico carga combustible.

–¿Cómo es manejar un grupo en un gimnasio de boxeo?

–Un gimnasio es una sociedad en miniatura. Está el flaco, el gordo, el charlatán, el callado, el ladrón, el que mira culos, el que va a ser campeón mundial, el que va a contar chistes. Si nosotros como entrenadores no somos capaces de detectar lo que cada persona va a buscar a un gimnasio, nunca vamos a ser maestros. Si tenemos diez personas que quieren competir, tenemos diez problemas a responder. Cada uno tiene un porcentaje distinto de valentía, de creatividad, de potencia, etcétera.

–¿Cuáles son los atributos que sí o sí debe tener un boxeador?

–Te puede faltar de todo, pero no valentía. Atención, pero no te pido que pelees a base de esa característica. Tenela ahí, en la guantera. Si luchás en base a inteligencia, creatividad, velocidad, tenés soluciones madres. Hay personas que basan su boxeo en valentía y llegan igual, pero terminan todos machucados. Son eficientes, pero no eficaces. La eficacia es lograr algo a cualquier precio. Y la eficiencia es lograr algo, pagando menos. En el boxeo no importa lo que se consigue, sino el precio que se paga. Cuando te resulte necesario usar la valentía, usala. Como Maravilla con Chávez Jr., Sergio manejaba todo con inteligencia y ahí usó la valentía. Se sacó el traje de Maravilla y se puso el de las pelotas en el último round.

–¿Existe la creatividad en el boxeo? 

–El engaño es lo que yo llamo creatividad. ¿Un ejemplo? Es el golpe que no llega o el hecho de insinuar que hago una cosa y hago otra. Los golpes hay que cargarlos en la cabeza. ¿Alguna vez jugaste a los videojuegos? ¿Viste que hay que mantener apretado un botón para cargar un disparo? Acá es lo mismo. Un día hablando con Sebastián Heiland le pregunté: “¿A vos te gusta la caza? “Sí, me encanta”, me respondió. Bueno, entonces grabate esto: “Actuar sin pensar es como disparar sin apuntar”. Cuando uno caza un pajarito, no tira así porque sí con la gomera, uno mide el tiempo de ejecución, no la distancia. Entonces en el boxeo es lo mismo. Los golpes salen de la cabeza.

–¿Cuál es el dibujo correcto de los golpes para que impacten con mayor estruendo? Mano de Piedra Duran dice que hay que meter el cuerpo para pegar…

–Cerrá los ojos. Si te pego, te va a doler, ¿cierto? ¿Sabés cuál es el golpe que más duele? El que provoca sorpresa. La sorpresa magnifica el impacto. El golpe duele como el otro lo recibe, no como uno lo lanza. ¿Qué hay que estar afirmado para pegar fuerte? El golpe está mal escrito incluso en el diccionario. La idea es que el impacto sorprenda al objetivo y no el objetivo al impacto. Un muchacho de EE.UU., Canastota, me preguntó por qué Maravilla ponía la cara a su rival. “Porque todo rival es codicioso”, le respondí. Entonces, lo que hay que hacerle es ofrecerle un presunto provecho. “Estoy pero no estoy”, dijo Sun Tzu, en el Arte de la Guerra.

–Pero volviendo a la pregunta, ¿por qué Maravilla Martínez peleaba así, con ese estilo “Sui Géneris”, como dicen en México?

–No le hagas caso al físico, el físico es una ilusión, lo que realmente sirve es lo que uno piensa. Acción y reacción. La acción manda y la reacción obedece, de hecho el instinto es el atajo del pensamiento en el boxeo y en la vida. Nosotros solucionamos más problemas por instinto que por pensamiento. Cuando uno conduce, sabe que aprendió en base a razonamiento, y soluciona con instinto. Messi soluciona más cosas en base al instinto. El hábil se mete en un lugar sin saber que va a salir, pero sabiendo que va a salir. Maradona era eso.

–¿Hay tiempo para pensar arriba del ring? ¿O solo hay que hacerle caso al instinto?

–Es como cuando manejás… Por momentos sí, y por momentos no. 

–¿De dónde surge el talento? ¿El hábito hace al monje?

–En Japón es imposible que surja un Maradona. Allá la pelota no es un juguete. Si la agarran, es a los 12 años, sin ningún aprendizaje anterior de fútbol… Si hacés todos los días el movimiento, el cuerpo obedece, porque tiene memoria. Maradona le hizo ese gol a los ingleses porque esa maniobra ya la hacía en el andador con el ovillito de lana en Villa Fiorito.

–Volviendo al boxeo, ¿a qué le pega un boxeador?

–(En sentido metafórico) Un boxeador le pega a la injusticia, a la novia que lo engañó, al patrón que lo pelotudeó, a la madre que lo abandonó. Le está pegando a algo. Quiere subirse a la prosperidad a las trompadas con la gente que se lo negó. Es una venganza contra todas las humillaciones que pudo haber recibido. El boxeador le pega a todo eso, porque, en realidad, el rival no le hizo nada.

–¿Cuáles son los miedos de los boxeadores?

–Más miedo a lastimar que a ser lastimados. Si te digo: “Matá a una persona”¿No te da miedo? Cuando subís a un ring, ¿a qué subís? Tu nervio va a ser porque irás a destruir a alguien. Los golpes no te van a doler. Hay diferentes clases de miedo. Está el miedo a la derrota y miedo al triunfo, llamada nikefobia. Nike es la diosa de la victoria griega. Miedo al triunfo como lo tuvo por ejemplo Lucas Matthysse; cuando tuvo que tener su noche de gloria, se borró. 

–¿Por qué el boxeo nunca fue y nunca será un juego?

–Por una razón sencilla: no comenzó como un deporte, como el fútbol, el básquet o el tenis. El boxeo prehistórico era destruir una persona en dos días. Y con el tiempo lo reglamentaron. Guardia, guantes, ring, rounds, cuentas de protección y todas esas cosas. Pero no deja de ser lo que era antes: destruir sin ser destruido. Mucha gente se volcó a las MMA por el morbo. La gente paga un ticket de cien pesos y quiere tener derecho a ver una muerte. No es un juego, lo convirtieron en un deporte espectáculo. 

–¿El boxeador argentino tiene un ADN que los identifica?

–No, porque somos un crisol de razas. No somos japoneses. Acá hay tanos, judíos, franceses, españoles, suizos. Tenemos distintas formas de vivir. Y mucho se compara al boxeo con la vida, en parte puede ser cierto, pero en parte no. Tengo mi contradicción. Todos dicen la vida es como la pelea porque hay que levantarse. Pero arriba del ring tenés que ser un HDP, arrogante, mentiroso, y pegarle por donde sea al rival. Abajo del cuadrilátero hay que ser buena persona. Si te tiernizan el corazón perdés. Abajo no podés conseguir nada a las trompadas, siendo soberbio y arrogante. Así te pelearías con medio mundo.  

–Hay otros estilos de boxeadores, no sólo los engañadores…

–En Japón e Inglaterra pelean como viven, estructurados. El único boxeador creativo es el afroamericano, porque es vago y engaña. Al tratar de economizar porque no le da el estado físico, el afroamericano usa la picardía como atajo al éxito… A mí me gustan los que piensan. Yo soy amante de la defensa. La defensa es pensar en ella. El que desconfía gana en la pelea, y en la vida. Mayweather Jr es el más grande de estos tiempos porque no le da oportunidad al que no la tiene. (NdelaR: el polémico nocaut ante Víctor Ortiz cuando fueron a chocar los guantes es un ejemplo de ello)

–¿El mejor es el que sabe leer las probabilidades de golpes que puede lanzar el oponente…?

–Sí, uno era Maravilla. A diferencia de Locche, Maravilla no esquivaba: hacía errar, que era diferente. Son dos acciones distintas. Es una cuestión de acción y reacción. Locche te ponía la cara quietita y le daba la acción al rival y él reaccionaba, lo hacía accionar al rival. Sergio en cambio te ponía la cara y lo hacía reaccionar al rival. De cualquier modo, para qué entrar en tanto detalle, para la gente es exactamente lo mismo… Actualmente me gusta mucho el trabajo que hace el ucraniano Vasyl Lomachenko, es un boxeador perfecto. 

–En la primera pelea, Leonard amagó pero Durán no cayó en ninguna trampa… ¡No todo es amagar, Paniagua!

–Hay gente que amaga hasta en la forma de vivir. Hay boxeadores que saben mucho, es cierto, y que no se dejan engañar. Carlos Monzón por ejemplo. Era inmutable. Los que no te miran a los ojos son los peores, como le pasó a Maravilla con Margarito. Porque el engañador propone, y el rival no te hace caso. No te dialoga mentalmente. Sergio quería dialogar mentalmente, y Margarito dialoga físicamente. Margarito esa noche nos ganó a los dos.

–Ali fue el más grande de todos, siendo que no manejaba dos de las tres distancias. ¿Cómo explicaría eso?

–Ali fue el más grande porque un ABC bien aplicado vale más que un diccionario incompleto. Cuando Ali se murió dije: “Falleció el boxeador del futuro”. Los tontos y los genios tienen una sola cosa en común: son incomprensibles. Ali enfrentó a Estados Unidos y ganó. Esa fue su pelea más importante. Vendía fantasía arriba del ring, disfrazaba las peleas, era todo un show. El podría haber subido y pegado dos o tres trompadas, así se terminaba todo rápido, pero no hubiera sido la leyenda que es hoy. Lo de él era un acto de escapismo.

–¿Cuántas clases de boxeadores hay? Peleadores, estilistas, noqueadores, contragolpeadores…

–Hay tres clases de boxeadores: el eficaz, el eficiente y el efectista. El eficaz es el que gana a cualquier costa, Antonio Margarito era uno de ellos. Pegaba y recibía. Pero bueno, ahí anda, ahora está hablando con los árboles y los árboles le contestan encima. El eficiente logra lo mismo (ganar) con menos gasto, como Floyd Mayweather Jr. Y el efectista, el que tira por todos lados, Manny Pacquiao. 

–También está el boxeador que no entrena y rinde como nadie… 

–Hay boxeadores que necesitan entrenar la mitad y rinden el doble que otros. El Roña Castro, por ejemplo. Lo que la naturaleza non da, don Salamanca non presta. Hay boxeadores que fuman y chupan y rinden el doble que los que duermen entre algodones y toman vitaminas. A la naturaleza hay que respetarla.

–¿Cómo ve al boxeo nacional?

–Ninguna persona puede intentar formar a alguien sin estar formado. Es como intentar escribir un libro sin haber leído uno. Pero no hay que ser pedantes tampoco. Nadie puede enseñar a nadie. Es decir,  Pep Guardiola no le enseñó a jugar a Messi. Lo supo ubicar. Al boxeador no le tenemos que enseñar, hay que saberlo ubicar. A dónde le va a ir mejor. Enseñarle lo que ellos vienen a aprender. No lo que nosotros le queremos enseñar. El objetivo primordial es que ellos muestren su potencial. 

–¿Entonces la crisis del boxeo argentino no es culpa de los mánagers ni los boxeadores?

–El problema del boxeo argentino no es de aprendizaje, es de enseñanza. Jamás vi un entrenador con un libro en la mano.  Yo no fui a la escuela, fui hasta tercer grado. Pero trato de mejorarme día a día. Hay que resignificar el deporte. Esto no es un sacrificio. Es una profesión y nadie elige algo que no le gusta. Así que a los boxeadores les digo que dejen de decir pelotudeces y disfruten. Lo más importante es ganar, pero no es lo primero. Hay muchas cosas antes. Vivir y boxear.